La historia comenzó en 1815, cuando Napoleón Bonaparte -camino de su exilio- visitó por última vez la Malmaison, donde pasó con su mujer los dos años más felices de su vida. Allí murió Josefina, repudiada y aislada en 1814. «Nunca tuvimos ninguna pelea de verdad.
En 1821, un cirujano amputó el pene y trozos del intestino del cadáver de Napoleón. ¿El pene es auténtico? Nadie lo sabe. En 1999, este fetiche macabro fue adquirido en una subasta por John Lattimer, un urólogo estadounidense que desembolsó unos tres mil dólares por el pene momificado.








