NOSTALGIA PRUSIANA TRAS EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN ALEMANIA

Ciudadanos del Reich, más de 20 mil, tienen grandes apoyos entre las élites de la sociedad, y su objetivo es recuperar el imperio alemán de 1871

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¿A quién no le gustaría poder dar marcha atrás en el tiempo, hasta un momento previo a los grandes errores que determinan la existencia? Ese sentimiento cobra en ocasiones carácter colectivo, como acabamos de ver en Alemania, donde se ha manifestado un movimiento nostálgico de la era anterior al pasado nazi, aquella en la que la grandeza prusiana permitía todavía la autocomplacencia y en la que el Holocausto no había arrojado al pueblo alemán al pozo negro de su propia historia.

Como surgidos de ‘La Edad de la Inocencia’, la novela de Edith Wharton, irrumpieron en la actualidad los Reichsburger, un heterogéneo grupo que había trazado un ambicioso complot para regresar a la ordenada y predecible sociedad de 1870, un plan que pasaba por un golpe de Estado, la toma por las armas del Bundestag y el secuestro de todos los parlamentarios alemanes, para después derrocar y sustituir el gobierno democráticamente elegido por un Consejo de corte autoritario y presidido por el Príncipe Heinrich XIII de la Casa Reuss. El problema de los viajes en el tiempo es que suelen aterrizar aparatosamente contra la realidad.

El enorme estupor que el proyecto ha despertado en la opinión pública alemana tiene como base la convicción de que el proyecto de esta anacrónica pandilla no podría, de ninguna manera, culminar con éxito en una democracia consolidada como la alemana. Pero entre la incredulidad y la hilaridad, Alemania se ha visto obligada a preguntarse a sí misma quiénes y cuántos son estos Reichsburger. Y sobre todo, con qué grado de apoyo social, político y financiero cuentan realmente, y los resultados no son tranquilizadores.

Según la información presentada por las fuerzas de seguridad alemanas a la comisión parlamentaria de Interior que sigue el asunto, el presunto grupo terrorista tenía una lista negra con los nombres de políticos y durante la redada que desmanteló el golpe fueron incautadas 94 armas en poder de los 54 detenidos, cifra que ofrece una idea de su capacidad militar. Entre ellas había 10 obtenidas de forma ilegal y el resto operaba con licencia.

En cuanto a sus conexiones con el ejército y la política, un empleado de la Oficina Estatal de Investigación Criminal de Baja Sajonia que trabajaba en el campo de la seguridad de estado está entre los detenidos y varios de ellos habían pertenecido a la unidad especial de la Bundeswehr «Comando de Fuerzas Especiales» (KSK), un suboficial todavía en activo. Birgit Malsack-Winkemann, jueza de 58 años al frente de un juzgado de Berlín hasta el mismo día de su detención, había sido diputada del Bundestag por el partido Alternativa para Alemania (AfD)entre 2017 y 2021.

AfD se ha desvinculado completamente del golpe y varios miembros destacados han restado importancia a la amenaza golpista. Sin embargo, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, el servicio interior de inteligencia, insiste en que la amenaza existe y ha crecido exponencialmente durante la pandemia, de lo que dejó constancia en sus informes correspondientes a 2020 y 2021. Por este motivo había decidido infiltrar agentes en el movimiento.

Círculos exclusivos

Los textos dejaban claro que el núcleo duro se estaba volviendo más violento y que el movimiento Reichsburger, que cuenta con unos 23.000 seguidores en Alemania, estaba obteniendo nuevo público entre las ideologías QAnon, importadas desde Estados Unidos, el movimiento antivacunas y la extrema derecha. Todos estos círculos son sistemáticamente ridiculizados en las redes sociales, pero un detenido examen permite comprobar que gozan de cierto predicamento en círculos relativamente exclusivos.

Detención de Heinrich XIII por las fuerzas especiales el pasado 7 de diciembre en Fráncfort
Detención de Heinrich XIII por las fuerzas especiales el pasado 7 de diciembre en Fráncfort AFP

Cuando Heinrich XIII presentó una ponencia en el Worlswebforum de 2019, entre el público figuraban directivos de señaladas empresas globales, banqueros centrales y el exbajista de los Rolling Stones, Bill Wyman. Esa conferencia fue inaugurada por el presidente de la Conferederación suiza, Ueli Maurer, y la intervención de Heinrich XIII, titulada ‘Por qué la élite de sangre azul se convirtió en sirvientes’ fue aplaudida, síntoma de acceso a restringidos escenarios y, como poco, cierto grado de aceptación.

El respetado empresario del sector inmobiliarios había hablado sobre el caos que impera en el mundo desde que la nobleza fue retirada del poder tras la Primera Guerra Mundial y de sus sospechas de una conspiración global detrás de estos acontecimientos, sin que nadie disintiese en la sala. Los Reichsburger están convencidos de que el Riech alemán y la monarquía prusiana todavía existen de hecho y que la política democráticas está dominada por fuerzas oscuras entre las que apuntan a los judíos.

En este punto es obligado repetir la pregunta: ¿qué grado de apoyo real en la sociedad obtiene este discurso? Y basta con levantar la vista para comprobar que cuentan con respaldo político y financiero lo suficientemente importante como para haber levantado de la nada el antiguo palacio imperial prusiano, el Berliner Schloss, con el que la capital alemana acaba de recuperar su sky line prusiano. Este edificio es prueba erigida en piedra del afán colectivo por recuperar una Alemania perdida y su azarosa historia muestra el enorme valor simbólico que tiene para los seguidores de Recihsburger.

Traslado al Palacio de Berlín

Una de las primeras decisiones de Guillermo II en el trono, al que ascendió en 1888, fue trasladar la residencia del Rey de Prusia y emperador alemán al Palacio de Berlín. Instaló su apartamento en la antigua vivienda de Federico el Grande, toda una manifestación de intenciones, y comenzó las obras del Schloss. Su consigna fue que el nuevo edificio debía eclipsar la magnificencia de los franceses.

El grandioso palacio imperial, levantado al inicio de la lujosa avenida Unter den Linden, frente a la catedral y al Lustgarten, el parque a través del que se accedía a los museos que albergaban las colecciones artísticas y arqueológicas, quedó bastante perjudicado por los bombardeos de la II Guerra Mundial y tuvo además la mala suerte de quedar en la zona rusa tras la partición. El Gobierno comunista de la RDA dinamitó los restos del edificio por orden expresa del secretario general del partido, Walter Ulbricht, que levantó sobre sus cimientos el Palacio de la República, que después de la caída del Muro tuvo que ser a su vez derribado a causa el elevado nivel de amianto utilizado en su construcción.

En en año 2000, apenas se trasladó la capital de Bonn a Berlín, surgió una iniciativa privada para reconstruir el Palacio de Guillermo II, un proyecto que ha costado unos 700 millones de euros, que ha llevado 30 años, que ha requerido el consenso explícito de la administración y las instituciones y que ha contado con grandes donaciones privadas. Si alguien duda que los ‘Reichsburger’ cuentan con cierto nivel de apoyo entre el resto de la sociedad alemana, no tiene más que pasearse por la Schlossplatz y contemplar la antigua sede de los Hohenzollern, su imponente fachada barroca, su magnífica cúpula y su pétrea evocación de esplendor, dignidad y gloria.

Fuente: ABC

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