Por Christian Ximena Cisneros Salinas
En las últimas semanas, ha generado gran controversia la declaración de Donald Trump del pasado 20 de enero sobre su intención de designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Sin embargo, esta no es la primera vez que se propone una medida similar. En 2011, el Congreso de Estados Unidos intentó sin éxito aprobar esta designación tras el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses a manos del crimen organizado. En 2019, Trump retomó la iniciativa después del asesinato de nueve miembros de la familia mormona LeBarón, quienes tenían doble nacionalidad y fueron atacados en una zona fronteriza del norte de México.
Las implicaciones de esta medida para México son numerosas y abarcan distintas áreas. En el ámbito económico, una de las principales preocupaciones es la posible afectación al comercio internacional. De acuerdo con la legislación estadounidense, el gobierno de Estados Unidos tiene prohibido firmar acuerdos comerciales con organizaciones terroristas. México, al ser parte del Tratado junto con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), depende en gran medida de su relación comercial con estos países, ya que más del 80% de sus exportaciones tienen como destino estos mercados. La incertidumbre derivada de esta medida podría afectar la estabilidad económica, debilitando el peso, encareciendo las importaciones y generando un impacto negativo en el empleo y el comercio.
El sector financiero también enfrenta retos significativos. La clasificación de los cárteles como grupos terroristas obligaría a los bancos en México a reforzar sus controles y adoptar un enfoque más restrictivo para evitar sanciones por parte de Estados Unidos, lo que podría traducirse en una reducción en la concesión de créditos y otros servicios financieros, afectando particularmente a sectores como la agricultura, la ganadería y el transporte, que en algunos casos tienen vínculos indirectos con el narcotráfico. Además, el endurecimiento de la vigilancia sobre las transacciones haría más costoso y complicado mover dinero dentro del país, lo que podría desacelerar la economía, dificultar el acceso a financiamiento y afectar la generación de empleo.

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En materia migratoria, la medida se suma a un contexto ya complicado. De acuerdo con datos de El Financiero, en los primeros días de la nueva administración de Trump, más de 10 mil personas fueron detenidas en la frontera, el triple de lo que ocurrió en el mismo periodo durante el mandato de Joe Biden. Además, el gobierno estadounidense ha bloqueado fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), los cuales financiaban a diversas ONG y programas sociales que brindan ayuda humanitaria a migrantes en la frontera. Esto agravará la situación de miles de migrantes deportados o varados en territorio mexicano. Asimismo, la medida podría justificar una mayor injerencia de Estados Unidos en México bajo el pretexto de combatir el terrorismo, debilitando la soberanía nacional y complicando la cooperación bilateral en seguridad.
En conclusión, la designación de los cárteles mexicanos como grupos terroristas traería consigo efectos negativos para México en diversos frentes, desde el comercio y la economía hasta la migración y la seguridad nacional. Ante este escenario, resulta fundamental que el Ejecutivo establezca un posicionamiento firme y una estrategia clara para proteger los intereses del país y mitigar los posibles impactos negativos.








