Científicos vinculan este silencio inquietante con los efectos de The Blob (“La Mancha”), una enorme masa de agua anormalmente cálida.
El mar frente a la costa de California guarda un silencio inusual que preocupa a la comunidad científica.
El canto de la ballena azul, considerado uno de los sonidos más potentes y característicos del océano, ha disminuido de forma notable en los últimos años, una señal que expertos interpretan como un posible aviso de un problema mayor en el ecosistema marino.
Un estudio publicado en febrero en Public Library of Science analizó, durante seis años, grabaciones obtenidas con un hidrófono instalado en el fondo marino del Ecosistema de la Corriente de California (CCE).
La investigación monitoreó los cantos de tres especies de grandes ballenas barbadas —azul, rorcual común y jorobada—, detectando una marcada caída en las vocalizaciones de las dos primeras después de 2017.
¿Qué tiene que ver ‘The Blob’ con este silencio inquietante?
Los científicos vinculan esta disminución con los efectos de The Blob (“La Mancha”), una enorme masa de agua anormalmente cálida que se desplazó desde el mar de Bering y el golfo de Alaska hasta la costa oeste de Estados Unidos entre 2013 y 2016.
El fenómeno elevó la temperatura del mar hasta 4,5 grados por encima del promedio y desencadenó una proliferación extrema de algas tóxicas, provocando lo que los investigadores califican como “el envenenamiento más extendido de mamíferos marinos jamás documentado”.
La floración de estas algas diezmó la población de kril —el alimento principal de la ballena azul— y forzó a los cetáceos a invertir más tiempo en la búsqueda de comida.
“Es como tratar de cantar mientras mueres de hambre”, explicó John Ryan, oceanógrafo del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI).
El resultado: una reducción de hasta un 40% en los cantos de ballena azul.
Mientras las jorobadas, con una dieta más variada que incluye peces, aumentaron su presencia acústica, las ballenas azules se vieron obligadas a ampliar su rango de búsqueda, reduciendo así el tiempo destinado a la reproducción. Esta alteración del comportamiento podría tener un impacto duradero en su población.
Según la bióloga marina Kelly Benoit-Bird, fenómenos como The Blob se han triplicado en frecuencia desde la década de 1940 y amenazan con alterar profundamente los ecosistemas oceánicos.
“Si no encuentran alimento, y pueden recorrer toda la costa oeste de Norteamérica, eso tiene consecuencias a gran escala”, advirtió.
Los investigadores insisten en que escuchar a las ballenas no solo revela su estado de salud, sino también el de todo el ecosistema marino. Como resumió la ecóloga Dawn Barlow:
“La ciencia demuestra que el cambio climático está afectando a los océanos. Escuchar y aprender de estos lugares es esencial para nuestro futuro. Ahora más que nunca, es importante escuchar”.
Fuente: New York Post / sipse








