El Mayo: las huellas de un imperio criminal que marcaron a Quintana Roo

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El Mayo Zambada, se declaró culpable en Brooklyn, pero su historia está marcada por un hecho ocurrido en Cancún: la ejecución de su hermano Vicente Zambada, en tiempos del gobernador Mario Villanueva Madrid.

«La confesión en Brooklyn»

Ismael “El Mayo” Zambada, capo histórico del narcotráfico mexicano, sorprendió al declararse «culpable en una corte de Brooklyn» de haber dirigido por más de medio siglo una red internacional de drogas. Desde los años setenta, el sinaloense traficó miles de toneladas de cocaína y corrompió a policías, militares y políticos en México para sostener su imperio.

En su mensaje final ante el juez, Zambada pidió perdón por el daño causado. Sin embargo, más allá de las palabras, su caída judicial abrió de nuevo los expedientes ocultos de «Quintana Roo», un estado que fue pieza clave en la expansión del narcotráfico hacia Estados Unidos.

Vicente Zambada: sangre en Cancún

La vida del Mayo dio un vuelco cuando su hermano «Vicente Zambada» fue ejecutado dentro de su casa en Cancún. Era la década de los noventa, tiempos del gobernador «Mario Villanueva Madrid«, cuando Quintana Roo se convirtió en refugio de capos y plaza estratégica para el trasiego de drogas.

El asesinato estremeció a la organización. Testigos de aquella época relataron que el propio Mayo se trasladó hasta Cancún para despedirlo, asistiendo discretamente al sepelio en la funeraria Jardines de Paz. La ceremonia, protegida por un anillo de seguridad y bajo el silencio cómplice de las autoridades, se convirtió en una escena emblemática del poder criminal enquistado en el Caribe mexicano.

El procurador de los capos

El funeral habría estado custodiado por «Miguel de Jesús Peyrefitte Cupido», entonces Procurador de Justicia de Quintana Roo. Años después se supo que Peyrefitte figuraba entre los funcionarios señalados por proteger y favorecer las operaciones del «Cártel de Juárez», asentado con fuerza en Cancún bajo el manto político de Villanueva Madrid.

La historia dio un giro siniestro este 2025, cuando «Peyrefitte Cupido fue hallado muerto en una casa de Cuautla, Morelos». Aunque el dictamen oficial habló de un “infarto visceral”, la confusión fue inmediata: durante horas circuló la versión de que la **PGR atraería el caso** e incluso el delegado de la Procuraduría en Morelos, «Raúl González Duhart», declaró que se trataba de un homicidio.

Su muerte cerró un capítulo de impunidad, pero también confirmó los fantasmas que desde hace tres décadas rondan a Quintana Roo.

La sombra de Mario Villanueva

El nombre de «Mario Villanueva Madrid», exgobernador prófugo y procesado por narcotráfico, sigue ligado a esa etapa en la que Cancún funcionaba como enclave del crimen organizado. Durante su mandato, capos del Cártel de Juárez y emisarios de Sinaloa operaron con protección institucional, estableciendo una red de complicidades que aún hoy resuena en expedientes federales.

El asesinato de Vicente Zambada, el funeral blindado y la protección a cárteles son piezas de ese rompecabezas donde política y crimen se fundieron en el Caribe.

Cancún: turismo y crimen entrelazados

El atractivo turístico de Quintana Roo fue, paradójicamente, su talón de Aquiles. Las rutas aéreas, los puertos y la fachada hotelera ofrecieron al narcotráfico la oportunidad de lavar dinero, mover cargamentos y tejer redes de corrupción. El Mayo Zambada, con su capacidad camaleónica para adaptarse, supo aprovechar esos resquicios.

Hoy, mientras enfrenta a la justicia en Estados Unidos, las lecciones de Cancún permanecen vigentes: el crimen organizado no solo se impone con violencia, también se enquista en las instituciones y se camufla entre el turismo de lujo.

El eco del pasado

La historia de El Mayo no se entiende sin Quintana Roo. La «ejecución de Vicente Zambada en Cancún», la «protección de funcionarios como Peyrefitte Cupido» y el «poder político de Mario Villanueva» forman parte de la memoria oscura del estado.

Mientras en Brooklyn el capo pide perdón, en el Caribe mexicano su sombra sigue proyectándose. Porque las rutas, las complicidades y los fantasmas de aquellos años no murieron: siguen ahí, recordando que en Cancún, detrás de las playas de arena blanca, se tejió parte del imperio criminal más longevo de México.

Fuente: lapalabradelcaribe

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