China, Rusia y Corea del Norte: el reacomodo del tablero geopolítico

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Por un lado, el presidente chino busca consolidar su narrativa de que Occidente ya no tiene la capacidad de dictar las reglas del comercio, la seguridad ni la tecnología.

La reciente reunión entre Xi Jinping, Vladímir Putin y Kim Jong-un no puede leerse como un simple encuentro protocolario entre líderes de tres regímenes autoritarios. Más bien, representa un síntoma claro del reacomodo del tablero geopolítico mundial en un contexto de creciente fragmentación del orden internacional.

Por un lado, el presidente chino busca consolidar su narrativa de que Occidente ya no tiene la capacidad de dictar las reglas del comercio, la seguridad ni la tecnología global. Xi proyecta a China como un contrapeso al poder estadounidense y europeo, y encuentra en Moscú y en Pyongyang aliados dispuestos a secundar esta visión, aunque desde motivaciones muy distintas: la sobrevivencia en el caso de Kim, y la necesidad desesperada de romper el aislamiento en el caso de Putin.

Para Rusia, acosada por las sanciones económicas y el desgaste militar en Ucrania, la foto con Xi y Kim ofrece oxígeno político y la apariencia de no estar sola frente a la OTAN. La narrativa del Kremlin se fortalece al presentar una supuesta coalición de Estados “resistentes” frente a la hegemonía occidental. Sin embargo, en el fondo, Moscú aparece cada vez más como un socio menor, dependiente de la compra china de hidrocarburos y del suministro norcoreano de armamento y municiones.

En el caso de Corea del Norte, Kim Jong-un obtiene una relevancia internacional que rara vez se le concede. Su régimen, usualmente tratado como un paria, se vuelve pieza de cambio en las tensiones globales: proveedor de armas a Rusia y pieza útil para China en su pulso estratégico con Washington. El costo, sin embargo, es el reforzamiento de la narrativa de amenaza nuclear que perpetúa su aislamiento.

El problema de fondo es que esta convergencia no se limita a una alianza circunstancial. Marca un desafío abierto al sistema multilateral y a la arquitectura de seguridad que emergió tras la Guerra Fría. La foto conjunta de Xi, Putin y Kim funciona como un mensaje: hay un bloque dispuesto a cuestionar las normas, a intercambiar recursos militares y económicos, y a sostenerse mutuamente frente a sanciones y presiones diplomáticas.

El riesgo para Occidente es doble. Primero, que se subestime esta alianza por considerarla frágil o meramente oportunista. Segundo, que en su intento por contenerla, Estados Unidos y Europa refuercen la narrativa de “asedio” que estos regímenes utilizan para legitimar su permanencia en el poder. El reacomodo geopolítico en curso no implica el regreso a un bloque comunista como el del siglo XX, sino la consolidación de un eje autoritario donde la prioridad es resistir y sobrevivir, aunque sea a costa de dinamitar los últimos consensos globales.

La pregunta ya no es si Occidente puede aislarlos, sino si tiene la capacidad y la voluntad política para renovar un proyecto internacional que sea más atractivo que la unión de regímenes cuya fuerza radica en su rechazo compartido a las reglas de la democracia liberal o lo que queda de ella.

Fuente: Heraldo de México

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