Dicho lo anterior, harían mal en no acercarse a la serie estrenada recientemente por ViX, llamada con precisión “Chávez contra Chávez”
Más allá de su condición de mejor deportista mexicano, de ser un top 20 y hasta 15 en la historia del boxeo mundial y de tener esa conexión muy infrecuente con las multitudes que en México ponemos bajo la etiqueta de “ídolo”, Julio César Chávez es una figura inusual en el contexto de este país por la claridad y la abundancia con que ha hablado públicamente de su vida privada. No es nuevo en él.
Libre hace años ya de la cocaína y el alcohol, a los que fue un adicto de los que llegan a los verdaderos infiernos, hombre de negocios con éxito y figura de los medios, nunca ha rehuido hablar de los pasajes más tenebrosos de sus peores años con muchos detalles escalofriantes, lo mismo en entrevistas, conferencias o ruedas de prensa.
Dicho lo anterior, harían mal en no acercarse a la serie estrenada recientemente por ViX, llamada con precisión “Chávez contra Chávez”, que retrata la vida del seis veces campeón del mundo con un detalle, una profundidad y una franqueza realmente extraordinarios.
Dirigida y escrita por Diego Enrique Osorno (lo conocemos por “El alcalde”, “1994” o “Sierra Madre”), la serie, de cinco episodios, camina en torno a dos ejes. Uno es el extraordinario material de archivo, una parte bien conocida, otra parte inédita o casi, con el que Osorno reconstruye muy hábilmente, de entrada, la carrera extraordinaria de Chávez, de la pelea con el Azabache Martínez, que lo empezó a disparar a la fama; al primer combate con Meldrick Taylor, agotador, ganado in extremis; a la pelea tremendamente mediática con Macho Camacho, otro talento consumido por las adicciones; a la paliza a Greg Haugen en el Azteca, y a sus momentos de decadencia, desde la derrota con Óscar de la Hoya a las peleas finales, con algunos verdaderos bultos, en medio de una adicción sin freno.
Pero hay algo más que combates. Buena parte de este material atiende a la vida privada de Chávez, entre su primera esposa, sus hermanos y sus hijos, en un retrato íntimo muy bien trenzado. El otro eje son las entrevistas, que incluyen a sus dos esposas, a Mike Tyson, a Mauricio Sulaiman, al expresidente Salinas de Gortari o a sus hijos, pero, sobre todo, al propio Chávez.
La serie es en buena parte una conversación con su protagonista, descarnado, valiente, entrañable, simpático con esa simpatía sinaloense. Una conversación, al margen de lo que sabíamos, llena de novedades.
El resultado es contundente: el retrato más completo y más complejo de un deportista excepcional, sí, pero también un retrato del boxeo con toda su tenebra y toda su grandeza, de la cercanía constante del crimen organizado a todos los terrenos de la vida mexicana y, en un terreno que Osorno conoce muy bien (vean “1994”), a las raíces de aquella época de la política nacional que conocemos como neoliberalismo.
Fuente: Heraldo de México








