Canelo: La prueba del silencio

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El silencio de aquel público no es casual. Es el resultado de un encuentro que nunca terminó de ocurrir

Hay noches de boxeo que se sienten en el vientre antes de que suene la campana. La del sábado próximo creo que no será una de ellas. Saúl “Canelo” Álvarez encabezará una cartelera en Riad y, con toda probabilidad, lo hará por última vez en un país del que ha extraído cientos de millones de dólares sin que la gente de allí lo haya comprado jamás como la gran estrella internacional que es.

Esa distancia no es un detalle logístico: es el centro de la historia. El silencio de aquel público no es casual. Es el resultado de un encuentro que nunca terminó de ocurrir.

Álvarez, a los 36 años y con trece meses de inactividad, llega para desafiar a Christian Mbilli por el título supermediano del CMB. El franco-camerunés es peligroso, agresivo y llega invicto. Canelo no gana por nocaut desde 2021 y su última victoria fue ante William Scull, precisamente en Riad. Sin embargo, Mbilli, como muchos boxeadores africanos, presenta una debilidad conocida frente al golpeo al cuerpo, especialidad de Álvarez, lo que le abre una oportunidad real de volver a brillar por la vía del nocaut.

En la misma noche pelean Jaime Munguía, Rafael Espinoza y David Picasso, una generación que todavía pelea para oídos que sí responden. Todo eso está bien sobre el papel. El problema es el escenario: The Venue, un recinto de capacidad limitada, en un país que en estos días vive bajo la amenaza de ataques sobre sus aeropuertos y donde el último tramo del traslado tendrá que hacerse por tierra.

Canelo le dijo a Turki Alalshikh que pelearía “pase lo que pase”. El gesto tiene dignidad. El contexto no deja de ser absurdo: un campeón mexicano cerrando un ciclo millonario en un territorio donde el boxeo sigue siendo un espectáculo importado.

El contrato con Riyadh Season es, sin duda, uno de los más lucrativos de la historia del boxeo. Sin embargo, el dinero no ha comprado el ruido. Las grandes noches de Álvarez en México y Estados Unidos se sostuvieron sobre un público que entiende el oficio, que grita, que dividía la arena y que, para bien o para mal, formaba parte del combate.
Allá en Arabia Saudita ese ruido no existe. El desfase horario agrava la desconexión con el público de América, el que sí sabe de boxeo.

Después de esta pelea, a la vista quedan a lo mucho dos combates más. Uno de ellos será, como hace mucho tiempo lo anuncié, el próximo año en el Estadio Azteca, donde seguramente se romperá ese silencio y esa división del público para ofrecerle a Álvarez una despedida monumental.

Mientras tanto, esa noche del sábado en el desierto será otra prueba de que el boxeo, en su esencia, tiene poco en común con el mundo árabe.

Esperamos una función digna, como aquellas que montaba Don King en sus mejores noches, con el ruido y la tensión de antaño, aunque muy lejos, en un horario adverso y ante un público que de este deporte sabe poco. Ojalá Box Azteca pueda salvar la noche.

Fuente: Heraldo de México

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