La humanidad vive uno de los momentos más críticos y terribles de su historia; se han desatado temas que alertan cambios sobre la vida tradicional de nuestra civilización: el cambio climático constituye una amenaza real que modificará el medio ambiente y la producción, y arrasará países enteros; junto a ello, la pandemia del Coronavirus ya cobró millones de vidas humanas y aún están en indefensión más de la tercera parte de la sociedad; la hambruna –consecuencia de una pobreza absurda e inesperada— mantiene en niveles de pobreza extrema a miles de millones de seres humanos y, si no fuera suficiente, hoy surge la amenaza siniestra de una guerra nuclear que –sin duda— sería el fin de la civilización, al menos como hasta hoy la conocemos.
Ucrania es una nación que –a través de su historia— ha mantenido un sólido nacionalismo, con civilización y cultura propias. Por su territorio pasó la invasión napoleónica y también las tropas de Hitler que asolaron de manera brutal a Europa.
Este país es el principal productor de amoniaco en el Viejo Continente, asimismo, uno de los más importantes abastecedores de acero y de granos; posee una posición geopolítica y estratégica relevante, ha sido dominada –tanto por el Imperio Zarista de los rusos, cuanto por la Unión Soviética—, hoy nuevamente la ambición de reconquista surge de la Federación Rusa, que considera como territorio sometido a la defensa de sus fronteras a todos los países que –después de la Segunda Guerra Mundial— ingresaron al Sistema Comunista y constituyeron el Pacto de Varsovia y la base de la gran Potencia Soviética.
No sólo afectará esa zona del mundo, pues ahora nos encontramos con un Planeta globalizado, en el que los arsenales nucleares se han desarrollado de tal manera, que una guerra atómica sería el fin de la historia.
Cuando Chamberlain, Primer Ministro Ingles, fue engañado por Hitler, se pensó que con la entrega de Austria y Checoslovaquia se detendría el avance de los Nazis, sin embargo, no fue así, la invasión de Polonia comenzó con el Holocausto; pensamos que los tiempos de la Guerra Caliente habían terminado y que las nuevas armas, con que se enfrentarían las potencias, sería el manejo de los instrumentos comerciales y financieros y que el equilibrio de los armamentos impediría actos de barbarie, como hoy los contemplamos. Más tarde, muchos creyeron que se trataba –como en el caso de Crimea— de apoderarse de las Repúblicas Pro-Rusas en la zona de Donetsk, pero no ha sido así, se trata de una invasión por aire, mar y tierra a todos los ucranianos.
México hace bien en solidarizarse con la condena mundial desde la tribuna del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en apego al Derecho Internacional y a nuestros principios constitucionales en materia de política exterior.
Estas circunstancias, sin precedente, nos obligan a reflexionar en que la discusión de nuestros problemas no debe quedarse en las mezquindades que hoy vivimos, donde los temas centrales se reducen a preguntar ¿cuánto gana un reportero?, o ¿cómo vive el hijo del presidente? Estamos obligados –como nación— a elevar nuestra discusión política, para avizorar un destino sólido para la nación mexicana.
En esta confrontación el ganador será China, que podrá comprar y utilizar el petróleo y el gas de Rusia; pero en la realidad todos perderemos, porque los Jinetes del Apocalipsis avanzan entre el dolor y la muerte.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
Fuente: heraldodemexico








