Los niños ven porno cuando no han dado ni su primer beso, lo que afectará a sus futuras relaciones

Juan González-Anleo, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, considera que hace falta «agarrar el toro por los cuernos» y dotar de educación sexual a los menores tanto en casa como en la escuela

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Según estudios recientes, el contacto de los menores con la pornografía comienza a los 9 años, «cuando a los 10, 11, 12…, un niño normalmente no ha dado ni su primer beso —asegura Juan González-Anleo, uno de los autores del informe «Jóvenes españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia», de la Fundación SM, y doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca.

Explica que una de las razones es que un tercio de los niños tiene móvil a los 10 años y a los 12, el 79%. «Se habla mucho del control parental; sin embargo, hace 5 meses se lanzó un sistema maravilloso para controlar que los menores de 18 años no entraran en este tipo de contenidos. Se hizo un experimento para ver cuánto tiempo tardaba un menor de 15 años en desactivarlo. ¡Exactamente 2 minutos! Ellos son los nativos digitales y los que saben hacer las cosas. Los adultos, en muchos aspectos vamos por detrás», asegura.

Es cierto que tienen móvil a edades más tempranas, ¿pero cómo llegan al porno a estas edades cuando no saben ni lo que es?

Oyen hablar a sus compañeros y les entra la curiosidad. El porno llega a través de la pantalla con imagenes sugerentes que les incitan a pinchar. Lo contradictorio es que lo visualizan antes de dar su primer beso, de saber qué son las relaciones sexuales y lo más aberrante es que los contenidos que ven no son solo de una relación entre un hombre o mujer. Están viendo bukake (sexo en grupo, donde una serie de varones se turnan para eyacular sobre una persona, ya sea varón o mujer); gang bang (un tipo de orgía en la que alguien mantiene relaciones sexuales con tres o más personas del sexo opuesto o del mismo sexo); zoofilia (relaciones sexuales de una persona con animales), entre otras prácticas. Es más, hay una página web en la que se ofrecen visualizaciones de sexo por categorías: con extraterrestres, monstruos y vampiros…, pero también con silla de ruedas, dolor, gritos, mutilaciones, secuestros, violaciones, tortura, necrofilia, estrangulamiento…

¿Qué impacto produce en los menores ver estas imágenes?

Hay que plantearse cuáles son los modelos de aprendizaje porque los niños observan y todo aquello que tiene éxito, lo repiten una y otra vez hasta que queda grababo en su mente. El joven normaliza estos contenidos y prácticas que considera «normales» porque no tiene ninguna otra referencia. Cuando llega el momento, lo exige a su pareja, y ahí vienen más problemas.

¿Por qué? ¿Cómo influye en su primera relación sexual?

Porque no solo quieren tener una relación con la pareja, exigen una serie de actos muy diversos entre los que destaca la violencia y la humillación. Estos vídeos pornográficos promueven la cosificación de la mujer, que es utilizada. Ni siquiera su placer es importante. El problema es que no hay paralelamente una educación sexual adecuada. La UNESCO habla de una educación sexual de amplio espectro, a lo que se suma que ni en las escuelas ni en las casas se recibe esta educación.

¿Sigue siendo hoy un asunto tabú?

Sí, sigue siendo tabú. Se habla poco, alguna vez los niños pueden comentar algo con los hermanos mayores, pero sigue siendo tabú.

¿Qué deben hacer los padres si ven a su hijo viendo imágenes pornográficas?

Hablar con ellos. Prohibir que lo vean es imposible, sobre todo a esa edad. Si se prohibe tendrán mayor interés en verlo porque así funcionan los niños y jóvenes. Es esencial que se tome el toro por los cuernos y se hable, no solo de ponerse o no el preservativo, sino de darle educación de amplio espectro, como pide la UNESCO.

¿Y cómo se agarra el toro por los cuernos?

Con educación sexual, primero en casa, y, después, en la escuela. Además, creo que la censura es necesaria porque la necrofilia, los estrangulamientos, las torturas, mutilaciones… Eso no debería verlo nadie, y menos los niños. En Francia, ya se han cerrado varias páginas en internet, pero desde el Estado. En España debería regularse igualmente por comunidades o por el Estado. Tiene que haber un consenso politico y social. Después nos extrañamos cuando suceden casos como el de la manada. Nos llevamos las manos a la cabeza, pero lo que ha pasado es que los jóvenes repiten acciones que ven en internet y entre ellos se animan en grupo. Imitan comportamientos y si desde los 9 años ven estos contenidos los normalizan, se acostumbran a ellos.

Cada vez más jóvenes se animan también a mostrar su cuerpo y seducir en redes sociales. ¿Por qué?

Cada vez hay más sociedad de espectáculo. Uno se convierte en producto de información y en las páginas pornográficas se emiten contenidos producidos por los propios consumidores e, incluso, ven que los vídeos propios tienen muchas visitas. Entonces, se animan a publicar más vídeos. Hay páginas web en las que se da un paso mas, cuelgan material y el público ofrece dinero para que se quiete más ropa. Es poco dinero, pero muchas personas dando poco dinero es bastante cantidad al final. Esto enlaza con la precariedad de los jóvenes, porque muchos pueden sacan 600 euros extra al mes. Como no se agarre el toro por los cuernos la situación se va a desbordar en muy poco tiempo.

Fuente: ABC

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