El Chocolate Bienestar nos enseña el camino

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El Doctor Patán vio cómo la Compañera Presidenta reivindicaba el Chocolate Bienestar, que al parecer están llenos de vitamina B2 y son agroecológicos, y sonrió de felicidad, pleno, por dos razones.

La primera: me quitaron el peso de la duda, una toxina burguesa que nos rompe el alma a los militantes de izquierda. Los chocolates del pueblo bueno, sabrán ustedes, traen sellos de esos que el Doctor Gatell decidió ponerle a toda la comida salvo las jícamas y el quelite.

Fiel seguidor de los preceptos de la 4T, incluso de aquellos que pone el referido Doctor Muerte, que como ya he dicho es el único de los compañeros del movimiento por el que no tengo el menor respeto, estaba en una encrucijada. Me explico. A su Doctor le parece que el chocolate es un magnífico acompañamiento para el whisky, al que gracias a Dios –¡no lo hagan!– no le han puesto etiquetas.

Pero había dejado de entregarme a ese maridaje, limitándome a acompañar el single malt con puros dominicanos, por un principio de fe militante. Así que los Bienestar, cuando los anunciaron, me abrieron el camino: “Producidos por la Cuarta, y bendecidos por las manos de productores de los pueblos originarios, tienen que ser sanísimos”, me dije con esperanzas. Luego vi los sellos, y se me vino el mundo encima. Hasta que nuestra presidenta salió a la palestra y lanzó un sonoro “Dense” –con otras palabras.

Sobre todo, el “dense” presidencial me ha llevado a entender lo de los sellos de un modo totalmente distinto, menos estresante y por lo tanto sanador. En casa, lo de seguir el etiquetado ha sido difícil. Muy cuesta arriba. A aquí su doctor, por ejemplo, le parece que el tequila blanco de antes de comer se lleva muy bien con unos Doritos Nachos, cosa que tenía dolorosamente vetada por las consideraciones antes referidas.

Pero mi caso no era el más difícil. A la señora le gusta prepararse una versión casera de los dorilocos, que consiste en abrir la bolsa horizontalmente con unas tijeras y vaciarle, por ese orden, cueritos, chicharrón prensado, jalapeños, Valentina y jícama (es inmune a la gastritis, por sus orígenes tlaxcaltecas). De igual modo, nos habían quedado prohibidos el cucharazo de leche condensada, las cubas con Coca clásica y los nachos con queso amarillo ultra procesado.              

Bueno, ya no. Ahora entiendo que los etiquetados son como el semáforo epidemiológico que se inventó Muerte en la pandemia. Ya saben: aquel gigantesco “Lo dejamos a su criterio” que consistía en decir, en la conferencia de prensa diaria, algo como “Hoy es verde con notas amarillas y medio anaranjadón, así que tranquis y váyanse por unas tlayudas”.

Esta misma tarde me lanzo por un bote de condensada, todo lo necesario para los dorilocos y un arsenal de Bienestares. ¿Alguien sabe en qué parte de la zona de Polanco los puedo encontrar?

POR JULIO PATÁN

Fuente: El Heraldo de México

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