La vida del partido Morena es tan corta como convulsa. Es natural si se considera que no hay un ejemplo en el mundo de un partido que en su primer proceso electoral presidencial después de su nacimiento haya ganado la Presidencia de un país. Morena atraviesa una disputa muy intensa por sus órganos de dirección, algo que es normal en cualquier organización política viva, quizá se ha magnificado por un hecho simple, es el partido en el poder y en el que la mayor cantidad de actores políticos aspiran a participar. Pero no siempre fue así y más le valdría recordar su corta historia.
¿Y esto por qué es un asunto de todes? La vida de los partidos políticos como entidades de interés público debe ser una caja de cristal, toda la ciudadanía debe saber qué ocurren en los partidos, cómo se toman las decisiones, quiénes tomas las definiciones y con qué intención. Las acciones y decisiones que se toman de forma cotidiana se convierten en la historia viva de las organizaciones políticas y la forma en que esta historia se cuenta es una extensión de la disputa por el poder público, es la disputa de las narrativas, es la guerra de las palabras.
En el Estado de México, Morena no sólo se encuentra en disputa de su dirigencia, sino también de las versiones “oficiales” de su corta historia. Quienes secuestraron al partido del Presidente durante algunos años postrándolo en la inmovilidad, hoy se dicen urgidos al que se celebre el consejo estatal; quienes estando al frente del propio consejo no celebraron ninguna sesión durante tres años, hoy están preocupadísimos porque se han perdido 25 días, ¡válgame Dios!
Sí. Los mismos personajes que después de que los echaran a patadas del PRD, se refugiaron en el MC mientras el obradorismo construía Morena y ante su fallido intento de tomarlo por asalto en la primera elección de su Comité Estatal, abandonaron el recinto gritando ¡fraude, fraude! Y se dedicaron a atacar a aquella primera dirección estatal del partido de AMLO con toda clase de intrigas.
Quienes quisieron evitar la votación a la presidencia del segundo comité estatal, encabezados por un dirigente que se votó “en ausencia” en su propia asamblea de Texcoco, si con esa arrogancia de votarse en ausencia, hoy les urge que se voté la dirección estatal. Quienes aprobaron sin consulta alguna al consejo estatal (representación de la militancia) un reemplacamiento y decidieron guardar silencio cómplice ante el incremento de la tarifa de transporte de pasajeros, hoy están angustiadísimos porque se han perdido 25 días con todo y sus noches. ¡Qué barbaridad!
En una cosa tienen razón los recién conversos a la preocupación de la vida institucional de Morena en el EdoMex, deben ser las y los consejeros quienes definan no sólo la dirección del partido más importante del estado y del país. Dicen que las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra, así que si se pide que nadie meta las manos al proceso de Morena, el primero en sacarlas debería ser quien está visiblemente molesto, desesperado y que además no es congresista nacional ni consejero en su estado.
Fuente: heraldodemexico








