El pasado domingo, unas 30 mil almas enfrentaron el reto y vivieron la gloria de correr y terminar el Medio Maratón CDMX 2025
El amor al reto, a la necesidad de lograr algo distinto, de dar un sentido a la vida probando nuevas emociones, cada vez más intensas y reales, forma parte de la condición humana. Solo basta con asomarnos al libro de los récords Guinness para darnos cuenta que el hombre se ha empeñado en hacer cosas, a veces peligrosas y sin sentido, solo porque están ahí y puede hacerlas. Hace poco el actor Tom Cruise fue premiado con dicho reconocimiento por haber realizado el mayor número de saltos en paracaídas en llamas por una persona: Un total de 16.
Dejando a un lado las espectaculares acrobacias del protagonista de Misión Imposible , lo cierto es que de alguna manera, todos poseemos algo de ese espíritu intrépido –unos más que otros, pero sí dentro un amplio catálogo de heroicidades que van de lo más loco e inútil hasta lo más excepcional, elevado y grandioso. ¿Será que ese instinto, esa necesidad de demostrar valor, de ser y hacer más, ha sido impulso y motor de la evolución del hombre? Decía Oscar Wilde, que tiene frases célebres para casi todo: “El hombre cree en lo imposible, no en lo improbable”.
Una muestra: el pasado domingo, unas 30 mil almas enfrentaron el reto y vivieron la gloria de correr y terminar el Medio Maratón CDMX 2025. Corredores que hicieron de este evento una fiesta, un homenaje a la fuerza de espíritu y la voluntad humana, esa que más que en las piernas o en el cuerpo, se aloja en el corazón y permite vencer cualquier obstáculo, incluidos los propios límites. Treinta mil historias, una marea de locos que encontraron en las calles de la Ciudad de México con quien compartir el gusto, o la extravagancia para otros, de correr durante unas horas.
La fresca mañana capitalina, con sus 13 grados centígrados, puso el clima ideal para que los corredores, entre amateurs y profesionales, arrancaran con todo su entusiasmo, sus ganas y sus sueños desde la Torre del Caballito, cuya monumental escultura de Sebastián (Enrique Carbajal) se ha convertido en un ícono de la capital. Y es que la ruta no puede ser mejor: Continúa por Reforma y durante los 21 kilómetros pasa frente al Museo de Arte Moderno, el Monolito de Tláloc, el Museo Nacional de Antropología, el Castillo de Chapultepec y el Bosque de Chapultepec. Y la meta es el Ángel de Independencia.
Fuente: Heraldo de México








