A un punto de ganar su primer título de Grand Slam, Aryna Sabalenka cometió una falta. Y después cometió otra falta. Hizo una mueca, gritó y giró dándole la espalda a la cancha. Agitó sus hombros y exhaló.
Claramente, el triunfo en el Abierto de Australia no iba a ocurrir sin una batalla batalla el sábado. Sabalenka sabía muy en el fondo que eso iba a ocurrir. También sabía que todo el esfuerzo que había puesto para recuperarse de sus inseguridades y esas temidas dobles-faltas, finalmente rendiría frutos.
Así, tras desaprovechar un segundo punto de match con otro derechazo y un tercero al volver a fallar, Sabalenka hizo todo lo que pudo para mantener la calma, algo que solía ser complicado. Se sostuvo hasta que se presentó una cuarta oportunidad para poner fin al duelo ante Elena Rybakina, y en esta ocasión, Sabalenka vio su derechazo con un fuerte disparo. El campeonato le pertenecía a Sabalenka al recuperarse para vencer por 4-6, 6-3, 6-4 a Rybakina, campeona de Wimbledon.
“El último game, por supuesto, estaba un poco nerviosa. Me decía a mi misma, ‘Nadie te dice que va a ser fácil’. Tienes que trabajar por ello ‘hasta el último punto’”, indicó la bielorrusa de 24 años y que tiene ahora marca de 11-0 en el 2023 con dos títulos y alcanzará el segundo puesto de la clasificación mundial el lunes.
El único set que ha perdido toda la temporada fue el primero el sábado ante Rybakina, quien eliminó a la número uno del mundo Iga Swiatek en la cuarta ronda.
Su punto más fuerte fue también su mayor falla: el saque. Aunque perfectamente capaz de lograr aces, también tiene un conocido problema con las dobles faltas. El año pasado encabezó el tour en esa categoría con casi 400, y tuvo matches en los que cometió más de 20.
Ante la insistencia de su equipo, aceptó reformar la mecánica de su saque en agosto, lo que juntamente con el compromiso de tratar de mantener la calma en los momentos de máxima presión está dando resultados ahora.
Mientras las gaviotas graznaban fuertemente sobrevolando el Rod Laver Arena, Rybakina y Sabalenka intercambiaron fuertes saques. El disparo más veloz de Rybakina alcanzó los 195 kilómetros por hora, el de Sabalenka 192 kph. Intercambiaron además golpes de fondo, la mayoría intocables y que resultaron en tiros ganadores tras tiros ganadores.
Sabalenka reconoció antes del partido que esperaba estar nerviosa. Esto tiene sentido pues fue el partido más importante hasta el momento en su carrera.
Al final, lo que único que importó es que Sabalenka controló sus nervios para terminar la labor. Tras el punto final, se desplomó y se acostó en la cancha, quedó tendida por un momento con las manos en la cara mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.
Fuente: SIPSE








