La política del maltrato enmarca la crisis política de Brasil y prende las alarmas en países como México y Estados Unidos rumbo al 2024.
La polarización con la que los políticos capitalizan sus proyectos se ha vuelto el icono del maltrato al que los ciudadanos son sujetos. Porque es un acto de violencia que abre heridas, enciende el odio hacia lo opuesto, y sustituye a las propuestas por ataques.
El aire social se vuelve tóxico, los pulmones negros, y se da vida a ese tipo de cáncer que no curan las quimios. Por eso es que es tan importante tomar nota de lo que ocurre en Brasil.
Al igual que en el caso del país sudamericano, las sociedades de los vecinos norteamericanos llegarán polarizadas, compartiendo momentos históricos de desconocimiento de resultados electorales y con proyectos opuestos que se rehusan a morir en batalla.
Porque así como el bolsonarismo está demostrando que no le gusta perder. El trumpismo y el obradorismo han demostrado que tampoco.
Parece que los días en que Estados Unidos “exportaba democracia” han quedado atrás. Incluso podríamos decir que tal vez de tanto hacerlo se les acabó y que lo que sea que ahora exportan, ha encontrado un mercado idóneo en Brasil. No obstante, tampoco habría que descartar que esto ellos también lo podrían haber importado de otro lado.
La política estadounidense parece haberse latinomaericanizado y esto último hace que el norte se pierda en un momento global y sobretodo regional, en el que la democracia liberal parece estar en problemas.
En las pocas semanas que han transcurrido desde que Lula da Silva asumió la presidencia, Brasil nos ha demostrado que la política del maltrato es capaz de sobrepasar a los problemas económicos.
Al asalto al corazón político del país, le sigue un video publicado por Bolsonaro en redes sociales en el que desconoce el triunfo de Lula sosteniendo que “no fue elegido por el pueblo” ni ganó en las urnas, sino que fue colocado a dedo por el Tribunal Supremo y el Tribunal Superior Electoral. Inyectado de esta manera vida a “la verdad” de muchos y “la mentira de otros” que propicia el maltrato y esto nos lleva a las similitudes que hay con Estados Unidos.
Porque de la misma manera en que el 40% de los brasileños cree que se cometió fraude en la última elección presidencial, según datos de Atlas Intel, el 40% de los estadounidenses siguen creyendo en la elección de 2020 fue robada, tal y como lo muestra una encuesta de Redfield & Wilton Strategies para Newsweek en noviembre de 2022. Manteniendo de esta manera la desconfianza hacia el sistema electoral y abriendo la puerta la política del maltrato rumbo al 2024.
De hecho, una encuesta realizada el año pasado por el Pew Research Center, arroja que solamente el 41% de los estadounidenses está satisfecho con su democracia y esto lo acerca a México más allá de la frontera. Porque un estudio realizado por Latinobarómetro en 2021, arroja que solamente el 43% de los mexicanos apoya a la democracia.
Las próximas elecciones de nuestro país serán cruciales para reforzar o anular el rumbo que se decidió tomar en el 2018 y el maltrato promete estar presente. Sobretodo, si el maltrato a lo opuesto asegura el monopolio de la verdad. No obstante, la pregunta que habríamos de hacernos es si la democracia también lo tiene.
Solamente los cobardes maltratan.








