{"id":108963,"date":"2022-08-08T20:23:17","date_gmt":"2022-08-09T01:23:17","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=108963"},"modified":"2022-08-08T20:23:21","modified_gmt":"2022-08-09T01:23:21","slug":"afganistan-ano-1-los-talibanes-hunden-al-pais-en-la-desesperanza","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/internacionales\/afganistan-ano-1-los-talibanes-hunden-al-pais-en-la-desesperanza\/","title":{"rendered":"AFGANIST\u00c1N, A\u00d1O 1: LOS TALIBANES HUNDEN AL PA\u00cdS EN LA DESESPERANZA"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mahsa, de 19 a\u00f1os, desespera ante el futuro que ha previsto para ella su familia, a la que considera atrapada por el yugo talib\u00e1n. La milicia yihadista retom\u00f3 hace un a\u00f1o el control de Afganist\u00e1n\u00a0tras 20 a\u00f1os de guerra frente a las tropas internacionales lideradas por Estados Unidos y ha impuesto una f\u00e9rrea dictadura. A Mahsa su familia ha decidido casarla con un hombre que le dobla la edad y al que no conoce. Cuenta que este vecino del pueblo la eligi\u00f3 a ojo durante una boda, fue despu\u00e9s a casa a pedirle la mano a su padre y este dio el visto bueno para que se convierta en su segunda esposa. Ella asegura que, conscientes de sus reticencias, su padre, su madre y hasta su t\u00edo la presionan a menudo pregunt\u00e1ndole qu\u00e9 va a hacer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cYo no tengo edad de casarme, quiero avanzar en mi educaci\u00f3n y decidir yo misma sobre mi vida y mi boda\u201d, comenta mientras deja escapar una leve sonrisa nerviosa desde debajo de la mascarilla, como quien est\u00e1 desnudando su intimidad ante un desconocido o lanzando comentarios inapropiados. La joven habita en un distrito de las afueras de Kabul, la capital de Afganist\u00e1n, y ha empleado la triqui\u00f1uela de ir a visitar a su prima para, en realidad, acudir las dos a la cita con el reportero. \u201cHe venido a decirte que la vida de una chica de fuera de la ciudad no es la misma que la de una de la capital. All\u00ed tenemos mucho m\u00e1s complicado salir de casa o formarnos\u201d. Pero tiene miedo y descarta escaparse porque lo considera imposible. La familia de Mahsa no es talib\u00e1n, pero tampoco se desv\u00eda de la senda consuetudinaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque\u00a0los matrimonios apa\u00f1ados entre familias son tradici\u00f3n en el pa\u00eds y tienen lugar independientemente de quien gobierne, la sombra del islam m\u00e1s estricto ha vuelto a encontrar acomodo en Afganist\u00e1n con el regreso de los fundamentalistas, que ya ocuparon el poder entre 1996 y 2001.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los talibanes culminaron de nuevo su control de todo el pa\u00eds con la toma de Kabul el 15 de agosto de 2021 y la implantaci\u00f3n del llamado Emirato Isl\u00e1mico. En \u00e9l\u00a0desapareci\u00f3 el Ministerio de la Mujer\u00a0y se recuper\u00f3 el que ya instauraron en su quinquenio de poder previo, el Ministerio para la Promoci\u00f3n de la Virtud y la Prevenci\u00f3n del Vicio. Se pon\u00eda as\u00ed fin a dos d\u00e9cadas de intervenci\u00f3n por medio de tropas internacionales, entre ellas de Espa\u00f1a, lideradas por Estados Unidos, que se retir\u00f3 del pa\u00eds precipitadamente ante el avance talib\u00e1n tras gastar unos dos billones de d\u00f3lares (1,9 billones de euros), es decir, unos 300 millones al d\u00eda. Muchos se fueron por la cloaca de una corrupci\u00f3n sangrante. El resultado fue un pa\u00eds deshecho pese a esas cantidades ingentes de dinero supuestamente invertidas para sacarlo del subdesarrollo e instaurar instituciones democr\u00e1ticas al mismo tiempo que se libraba la guerra contra el terrorismo. El ej\u00e9rcito entrenado por Estados Unidos y sus aliados, y la Administraci\u00f3n encabezada por\u00a0Ashraf Ghani, que huy\u00f3 cuando los insurgentes entraban en Kabul,\u00a0cayeron sin apenas resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afganist\u00e1n no solo sigue hoy en guerra \u2015lo est\u00e1 desde la invasi\u00f3n rusa a finales de la d\u00e9cada de los setenta del siglo pasado\u2015, sino que es m\u00e1s pobre y est\u00e1 m\u00e1s aislado diplom\u00e1ticamente por el veto casi generalizado a la dictadura talib\u00e1n. El Gobierno lo encabeza Mohammad Hasan Akhund, pero lo dirige en la sombra el mul\u00e1 Hibatullah Akhundzada, al que solo se ha visto en p\u00fablico dos veces en el \u00faltimo a\u00f1o y que marca la l\u00ednea ideol\u00f3gica. En este primer a\u00f1o de mandato, el r\u00e9gimen ha intentado mostrar primero una cara m\u00e1s abierta hacia el exterior, pero al mismo tiempo ha impuesto la\u00a0censura y el control estricto en los medios de comunicaci\u00f3n, ha sido acusado de\u00a0ejecutar a exmilitares,\u00a0cerrar el paso de las ni\u00f1as a la escuela y ha obligado a las afganas a cubrirse de nuevo la cara.\u00a0La \u201cprenda ideal\u201d para ellas sigue siendo el burka,\u00a0dijo un portavoz en mayo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El r\u00e9gimen, en cuyo Gobierno no cabe la mujer, tambi\u00e9n est\u00e1 arrinconado econ\u00f3micamente. Una parte importante de los donantes internacionales, que soportaban en un 70% los gastos estatales, han suspendido su financiaci\u00f3n. Paralelamente, se han congelado las reservas en el extranjero del banco central de Afganist\u00e1n, unos 9.000 millones de d\u00f3lares, de los que 7.000 millones est\u00e1n en Estados Unidos. Los principales perjudicados de ese castigo, con la econom\u00eda familiar hundida, son los afganos de a pie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante la debacle que est\u00e1 suponiendo el cerrojazo econ\u00f3mico, Washington ha aceptado negociar con Kabul un posible alivio del bloqueo. Sin embargo, la sombra de la duda flota en el aire tras\u00a0el asesinato el pasado domingo del l\u00edder de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, en un ataque llevado a cabo en la capital afgana por un dron estadounidense. El Emirato, a trav\u00e9s de su representante ante la ONU, Suhail Shaheen, que est\u00e1 en Doha (Qatar), dijo el jueves, en medio de sospechas de que el r\u00e9gimen sigue protegiendo al grupo terrorista, que desconoc\u00edan que el Al Zawahiri viviera en Kabul. La organizaci\u00f3n Human Rights Watch (HRW) reclam\u00f3 ese mismo d\u00eda que ese ataque no frene los contactos internacionales para desbloquear de manera \u201curgente\u201d la econom\u00eda afgana y la llegada de ayuda humanitaria. Mientras tanto, sigue abierto el complicado dilema surgido hace un a\u00f1o de c\u00f3mo apoyar a un pa\u00eds que depende de las ayudas extranjeras, pero cuyo Gobierno no est\u00e1 reconocido y es repudiado por su fundamentalismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por si fuera poco, Afganist\u00e1n sufre una de las peores sequ\u00edas de los \u00faltimos a\u00f1os\u00a0y la guerra en Ucrania ha bloqueado durante meses una parte importante de las exportaciones mundiales de cereales. La consecuencia es que los precios de productos b\u00e1sicos se han disparado, seg\u00fan datos hechos p\u00fablicos por Cruz Roja el mes pasado. Desde junio de 2021, la harina de trigo se ha encarecido un 68%, el aceite de cocina un 55%, los fertilizantes un 107% y el combustible di\u00e9sel un 93%.\u00a0Un total de 18,9 millones de personas, la mitad de los 40 millones de afganos, no tienen suficiente comida, alert\u00f3 en julio el Programa Mundial de Alimentos de la ONU. La crisis afecta a las 34 provincias del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La capital no es ajena al hachazo de la pobreza. Tras unas ocho horas literalmente tirado en el suelo mendigando en los alrededores del bazar Mandawi, la recaudaci\u00f3n de Miagul, de unos 80 a\u00f1os de edad, no pasa de los 50 afganis (poco m\u00e1s de 50 c\u00e9ntimos de euro). Una vaca le pis\u00f3 de ni\u00f1o la pierna derecha y lo dej\u00f3 discapacitado de por vida. Ahora un amigo lo lleva por la ma\u00f1ana en una carretilla y lo recoge por la tarde para poder pedir en la calle. Miagul apenas puede hablar y comunicarse. Cuida de \u00e9l su hermana Magol, de unos 70 a\u00f1os, que se ha trasladado a vivir con \u00e9l a una humild\u00edsima casa a la que se entra por una oquedad en el terreno de menos de un metro.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/-1PfAhWfS2FnlG8TOr7knsVI8W8=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/6FSRW3BVRZCO3AJ2QSGO4XE7NI.jpg\" alt=\"Miagul, de unos 80 a\u00f1os, qued\u00f3 lesionado de ni\u00f1o cuando una vaca le pis\u00f3 la pierna derecha. Cada d\u00eda mendiga tirado en una calle de Kabul. \"\/><figcaption>Miagul, de unos 80 a\u00f1os, qued\u00f3 lesionado de ni\u00f1o cuando una vaca le pis\u00f3 la pierna derecha. Cada d\u00eda mendiga tirado en una calle de Kabul.LUIS DE VEGA<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuera de esos callejones de casas de barro, sin asfaltar y salpicadas por las aguas fecales, la capital afgana es una ciudad militarizada donde la violencia sigue metida hasta el tu\u00e9tano. El barrio de Kart-e-Sakhi ha sido escenario esta semana de un enfrentamiento armado con varios muertos entre fuerzas del Emirato afgano y miembros del Estado Isl\u00e1mico, organizaci\u00f3n terrorista escindida de Al Qaeda. Este grupo reivindic\u00f3 en la tarde del viernes el atentado que hab\u00eda llevado a cabo un rato antes contra una mezquita chi\u00ed de la capital en el que murieron al menos ocho personas, seg\u00fan el portavoz talib\u00e1n Zabihullah Mujahid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los talibanes, que mantienen controles con agentes armados casi en cada calle, han heredado las decenas de kil\u00f3metros de altos muros de hormig\u00f3n que se levantaron para impedir sus propios ataques y que siguen marcando el paisaje de la ciudad. Eso no impide que haya atentados con frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchos de los talibanes que llegaron de las zonas rurales de otras provincias hace un a\u00f1o siguen en la capital. Por los alrededores de la mezquita de Pul-e-Khisti, a orillas del r\u00edo Kabul, se pasea entre el bullicio de la tarde Mohamed Muslim junto a tres hombres de uniforme militar y armados. Proceden de la provincia de Lagm\u00e1n, en el este. Uno de ellos lleva adherido a la camisa un emblema con el rostro de Mohammad Yakub, ministro de Defensa e hijo del fallecido mul\u00e1 Omar, fundador del movimiento talib\u00e1n. Mientras toman un zumo de frutas hecho en el momento en un carrito, Muslim, de 35 a\u00f1os, se presenta como comandante del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/NKMoj_xGL_ddDLbouGbvJmJMtOQ=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/DVXSMWDXDREBDORFY2PL7CNWKQ.jpg\" alt=\"El comandante talib\u00e1n Mohamed Muslim, de 35 a\u00f1os, pasea protegido por algunos de sus hombres por un mercado de Kabul. \"\/><figcaption>El comandante talib\u00e1n Mohamed Muslim, de 35 a\u00f1os, pasea protegido por algunos de sus hombres por un mercado de Kabul.LUIS DE VEGA<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Accede con una sonrisa a responder al reportero y a ser fotografiado. Pero sus palabras llevan siempre al lugar com\u00fan de que quieren \u201cpaz y seguridad\u201d y que \u201cno tienen problemas con las mujeres\u201d porque son sus \u201chermanas y madres\u201d. Tras un a\u00f1o en el poder, y frente a la dura postura del r\u00e9gimen, a\u00fan reclama \u201calgo de tiempo para que ellas puedan trabajar y estudiar\u201d. \u201cPodr\u00e1n hacerlo bajo la ley isl\u00e1mica. Cuando ellas enferman han de ser atendidas por mujeres, por eso tiene que haber mujeres m\u00e9dicas\u201d, explica este hombre, que tiene dos esposas y es padre de tres hijos y dos hijas. Cuenta orgulloso que se hizo talib\u00e1n muy joven, que se maneja bien en la colocaci\u00f3n de bombas y que pas\u00f3 tres veces\u00a0por la c\u00e1rcel que Estados Unidos instaur\u00f3 en la base a\u00e9rea de Bagram,\u00a0al norte de Kabul. Fue liberado el verano pasado con el avance de sus correligionarios y ahora no oculta su \u201codio\u201d a Washington. La muerte de Al Zawahiri para \u00e9l no es m\u00e1s que \u201cpropaganda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el prestigioso Centro de Rehabilitaci\u00f3n F\u00edsica de la Cruz Roja, abierto en Kabul en 1988 y que ahora cuenta con sedes en seis provincias m\u00e1s, no se habla de pol\u00edtica. La forma de trabajar no depende de cu\u00e1l sea el r\u00e9gimen y, al contrario que otros centros m\u00e9dicos, este no ha sido tomado por los talibanes. \u201cLa puerta est\u00e1 abierta para todos, no hacen falta papeles ni preguntamos qui\u00e9n es qui\u00e9n y todos los servicios son gratuitos\u201d, destaca el doctor Helal Najmuddin, de 57 a\u00f1os, que dirige las instalaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que comenz\u00f3 siendo un centro para v\u00edctimas de la guerra, casi siempre amputadas por minas antipersona, ha ido extendiendo sus competencias a pacientes con todo tipo de problemas motores. Ahora acoge a v\u00edctimas de accidentes de tr\u00e1fico, malformaciones, personas con par\u00e1lisis cerebral, poliomielitis o con lesiones de m\u00e9dula. Para saludar al periodista, el jefe de seguridad, Abdul Moquim Tarim, extiende con normalidad su pr\u00f3tesis de la mano derecha, que perdi\u00f3 hace 40 a\u00f1os en un accidente laboral. Solo en este centro de Kabul, donde la mayor\u00eda de los 300 empleados han sufrido alguna amputaci\u00f3n, tienen registrados 94.845 pacientes y, en todo el pa\u00eds superan los 200.000.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cDiscapacitados trabajando para discapacitados\u201d, remarca el doctor Najmuddin, que cuando ten\u00eda 18 a\u00f1os perdi\u00f3 las dos piernas al pisar una mina y acab\u00f3 estudiando Fisioterapia y, finalmente, dirigiendo el centro. Tambi\u00e9n perdi\u00f3 sus piernas pisando una mina hace a\u00f1o y medio Aziz, un militar de 26 a\u00f1os que todav\u00eda est\u00e1 aprendiendo a andar sobre sus pr\u00f3tesis ayudado por las muletas. Solo en lo que va de a\u00f1o, este programa de la Cruz Roja ha implantado m\u00e1s de 16.000 pr\u00f3tesis en todo Afganist\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/XmmgSvMKWvo5uSnuRRwXF32QONw=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/27NQRQMLVVEBZN7XF4XRFFBRUU.jpg\" alt=\"Un grupo de mujeres voluntarias de la ONG Pen Path celebra un encuentro para reivindicar su derecho a la educaci\u00f3n, de puertas adentro en una casa de Kabul por las restricciones de los talibanes. \" width=\"486\" height=\"303\"\/><figcaption>Un grupo de mujeres voluntarias de la ONG Pen Path celebra un encuentro para reivindicar su derecho a la educaci\u00f3n, de puertas adentro en una casa de Kabul por las restricciones de los talibanes.LUIS DE VEGA<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante la imposibilidad de manifestarse libremente por la calle, una veintena de mujeres se re\u00fanen en una casa de un barrio del oeste de la capital. Son voluntarias de la ONG Pen Path, que lucha desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada por el\u00a0derecho a la educaci\u00f3n\u00a0en zonas rurales. Llevan pancartas hechas con recortes de cajas de cart\u00f3n en las que han pintado lemas con rotulador en dari y past\u00fan, las dos lenguas locales, as\u00ed como en ingl\u00e9s. \u201cPermitan a las ni\u00f1as ir a la escuela\u201d o \u201cMujeres formadas para salvar a la sociedad\u201d, reclaman. Homar, de 24 a\u00f1os y procedente de la vecina provincia de Logar, en el sur, lo deja claro: \u201cEstoy aqu\u00ed para defender el derecho a la escolarizaci\u00f3n de las ni\u00f1as y hacer un llamamiento a las ONG internacionales para que los talibanes reabran las escuelas\u201d. Desde que estos llegaron al poder, solo las ni\u00f1as en edad infantil pueden asistir a clase. Las universitarias est\u00e1n permitidas, pero segregadas de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSin profesores, ingenieros o doctores el pa\u00eds no va a avanzar\u201d, entiende Fardin Ayar, profesor de Periodismo en la Universidad Kardan, que ahora da clase por separado a chicos, por la ma\u00f1ana, y chicas, por la tarde. Ayar no ve el futuro nada claro porque el \u201cislamismo\u201d por el que apuestan los talibanes, aunque los ve menos estrictos que hace 20 a\u00f1os, no sirve para que el pa\u00eds avance sin apoyo internacional. Su colega Noorullah Babakarkhil recuerda un salario por encima de los 1.000 d\u00f3lares al mes frente a, aproximadamente, los 300 actuales. Explica el retroceso por el menor n\u00famero de alumnos. \u201cLos j\u00f3venes no tienen esperanza en su futuro\u201d, concluye.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dewa, una estudiante de 18 a\u00f1os, contaba a EL PA\u00cdS hace un a\u00f1o\u00a0que su padre deseaba que estudiara Medicina, pero que ella aspiraba a ser astronauta. La cafeter\u00eda de Kabul donde fue entrevistada entonces ya no autoriza a un hombre a compartir mesa con una mujer pese a ser uno de los locales m\u00e1s modernos. Dewa trata ahora de levantar un muro frente al hast\u00edo acumulado mientras hace balance de estos \u00faltimos 12 meses. \u201cPerd\u00ed mi libertad, mi felicidad y mi oportunidad de estudiar\u201d, se\u00f1ala al asegurar que los ex\u00e1menes de acceso a la universidad siguen sin volver a celebrarse, por lo que est\u00e1 bloqueada. Se est\u00e1 preparando por su cuenta para tratar de conseguir una beca e irse a estudiar al extranjero. Pero su meta espacial de hace un a\u00f1o ha quedado aparcada. \u201cMis aspiraciones no valen m\u00e1s que mi padre. Quiero que est\u00e9 feliz. Esta situaci\u00f3n me ha ayudado a comprender que siendo m\u00e9dico puedo ayudar m\u00e1s a las personas que siendo astronauta\u201d, reconoce inmersa en la ola de realismo. \u201cAl final, sacrificas tu vida y las metas acaban significando muy poco\u201d, zanja resignada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A diferencia de Dewa, muchos de los afganos a los que este diario entrevist\u00f3 y conoci\u00f3 en 2021 han logrado escapar. Entre ellos hay profesores, estudiantes, periodistas, pol\u00edticos o activistas. Otros siguen intent\u00e1ndolo desesperadamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mahsa, la joven de 19 a\u00f1os a la que quieren casar, relata que en su pueblo algunos muyahidines talibanes ya han elegido a chicas j\u00f3venes para casarse. Es la forma que tienen de integrarse en la sociedad a trompicones empleando el ariete de la&nbsp;<em>shar\u00eda<\/em>&nbsp;(la ley isl\u00e1mica) tras a\u00f1os dedicados a combatir a las tropas internacionales. Lo hacen a ojos de la tradici\u00f3n y de esa ley religiosa, pero para Mahsa no dejan de ser matrimonios forzosos como el que pende sobre su cabeza. Al ser preguntada si hay algo que ella pueda hacer para impedir su propia boda, responde tajante que no. Pero de inmediato afirma que solo la advertencia que ha lanzado a su familia mantiene la fecha del enlace en el aire mientras siguen presion\u00e1ndola: \u201cSi me casan, me suicido\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mahsa, de 19 a\u00f1os, desespera ante el futuro que ha previsto para ella su familia, a la que considera atrapada por el yugo talib\u00e1n. 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