{"id":134198,"date":"2024-11-01T07:44:43","date_gmt":"2024-11-01T12:44:43","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=134198"},"modified":"2024-11-01T07:44:46","modified_gmt":"2024-11-01T12:44:46","slug":"la-normalidad-autoritaria","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/editorial\/la-normalidad-autoritaria\/","title":{"rendered":"La normalidad autoritaria"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante el sexenio pasado, comenz\u00f3 a se\u00f1alarse que ya no est\u00e1bamos en una \u00abnormalidad democr\u00e1tica\u00bb. Dicha normalidad supone una serie de consensos, tanto en torno a leyes e instituciones oficiales, como a normas y pr\u00e1cticas informales, que hacen a un r\u00e9gimen efectivamente democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los seis a\u00f1os precedentes se trat\u00f3 de demoler ese andamiaje, desde la separaci\u00f3n de poderes y contrapesos hasta el control civil de la seguridad p\u00fablica. Asimismo, principios elementales como la autocontenci\u00f3n que un presidente debe ejercer para, por ejemplo, no arremeter contra activistas sociales o acosar periodistas \u2013lo cual, incluso si no fuese ilegal, crea un riesgo para su integridad, y en todo caso, bajo est\u00e1ndares democr\u00e1ticos resulta inaceptable de una autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00absegundo piso de la transformaci\u00f3n\u00bb inici\u00f3 desmantelando lo que quedaba de aquellos c\u00f3digos; por ello, ya es m\u00e1s \u00fatil apuntar los rasgos de lo que est\u00e1 surgiendo en su lugar, que podr\u00edamos llamar \u00abnormalidad autoritaria\u00bb o \u00abhegem\u00f3nica\u00bb. Se trata de una mezcla de decisiones calculadas, como someter a la Suprema Corte; posiciones ideol\u00f3gicas ocurrentes pero con consecuencias concretas, como la resurrecci\u00f3n del discurso anti-estadounidense; y conductas inerciales que van (re)cobrando forma gradualmente, como la autocensura de medios y otras voces p\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la normalidad hegem\u00f3nica el entendimiento es que se puede vivir con relativa tranquilidad siempre y cuando uno se ocupe s\u00f3lo de sus asuntos personales, sin cuestionar ni pedir cuentas al r\u00e9gimen: \u00absin hacer olas ni ruido\u00bb. No es que el gobierno reprima cada cr\u00edtica (aunque por supuesto castiga las m\u00e1s firmes), sino que, por prudencia o miedo, el ciudadano mismo va bajando la voz, sea en sus redes sociales o incluso en ambientes laborales, para prevenir alguna represalia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la normalidad autoritaria no necesariamente faltan productos o servicios (no de inmediato); pero las opciones se reducen y van quedando controladas por grupos a quienes el gobierno concesiona feudos a cambio de apoyo pol\u00edtico, al tiempo que obstaculiza a otros proveedores. Desde mafias de transportistas en detrimento de plataformas digitales hasta el sector el\u00e9ctrico, pronto empieza a normalizarse la ineficiencia y el abuso, con cada vez menos alternativas para librarse de ello.<\/p>\n\n\n\n<p>En la normalidad hegem\u00f3nica, donde no hay mecanismos reales para exigir resultados al gobierno sin una \u00abpalanca\u00bb, la corrupci\u00f3n, ya de por s\u00ed extendida, se convierte en el conducto obligado para hacer valer derechos elementales, lograr que los tr\u00e1mites ocurran o evitar alguna arbitrariedad.<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva normalidad autoritaria no s\u00f3lo revive los peores vicios de la vieja, sino que a\u00f1ade los propios: la polarizaci\u00f3n y el resentimiento entre grupos sociales como mecanismo de control. La conformidad y la pobreza quedan consagradas como virtudes. Pese a todas sus fallas, el \u00abnacionalismo revolucionario\u00bb cont\u00f3 la historia de un pa\u00eds esencialmente unido, solidario; y la movilidad social, era vista como un logro deseable que legitimaba al r\u00e9gimen.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si antes los gobiernos muchas veces buscaron ocultar la realidad, en la nueva normalidad autoritaria \u00e9sta de plano se niega: eso que usted vio con sus propios ojos no existe. La ideolog\u00eda ya no s\u00f3lo es narrativa, sino sustituto de la verdad, y esta l\u00f3gica va permeando e incidiendo en todas las decisiones, acciones y omisiones de la vida p\u00fablica: salud, seguridad, econom\u00eda, lo que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos los efectos de la normalidad hegem\u00f3nica ocurrir\u00e1n de inmediato, sino paulatinamente. Tampoco afectar\u00e1n por igual a todas las personas. De hecho, mucha gente quiz\u00e1 no note la ausencia de libertades que tal vez usaba poco. Otros m\u00e1s se ir\u00e1n acostumbrando a la precariedad (material y pol\u00edtica) casi sin notarlo. El resto extra\u00f1ar\u00e1 lo que daba por hecho s\u00f3lo cuando lo necesite y falte.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a todo, el modelo no es econ\u00f3micamente viable en el largo plazo. Lamentablemente, la consciencia c\u00edvica no alcanz\u00f3 para que el pa\u00eds frenara a tiempo la regresi\u00f3n; tendr\u00e1n que ser entonces los golpes de realidad los que vayan, dolorosamente, lentamente, generando alg\u00fan ajuste.<\/p>\n\n\n\n<p>POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante el sexenio pasado, comenz\u00f3 a se\u00f1alarse que ya no est\u00e1bamos en una \u00abnormalidad democr\u00e1tica\u00bb. Dicha normalidad supone una serie de consensos, tanto en torno a leyes e instituciones oficiales, como a normas y pr\u00e1cticas informales, que hacen a un r\u00e9gimen efectivamente democr\u00e1tico. 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