{"id":138356,"date":"2025-03-01T01:04:00","date_gmt":"2025-03-01T06:04:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=138356"},"modified":"2025-03-01T01:04:02","modified_gmt":"2025-03-01T06:04:02","slug":"el-estomago-del-postre-asi-funciona-el-mecanismo-cerebral-que-aunque-estes-lleno-te-pide-algo-dulce","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/entretenimiento\/salud\/el-estomago-del-postre-asi-funciona-el-mecanismo-cerebral-que-aunque-estes-lleno-te-pide-algo-dulce\/","title":{"rendered":"El est\u00f3mago del postre: as\u00ed funciona el mecanismo cerebral que, aunque est\u00e9s lleno, te pide algo dulce"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tenemos un segundo est\u00f3mago&#8230; \u00a1en el cerebro! No literalmente, claro; es lo que durante a\u00f1os se ha dado en llamar el \u2018est\u00f3mago del postre\u2019. Ya saben, ese hueco repentino que se nos abre en el apetito cuando alguien nos pregunta si deseamos a\u00f1adir algo de dulce para rematar&nbsp;una comida. Podemos estar hasta arriba, aflojar el cintur\u00f3n, resoplar, pero ante un est\u00edmulo edulcorado, la sensaci\u00f3n de saciedad pasa a mejor vida. Una situaci\u00f3n que, por cierto, suele dar lugar a reproches en la mesa, especialmente hacia los ni\u00f1os. Ya saben, del tipo: \u00abEstabas fingiendo para dejar sitio al pastel\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues bien, resulta que, de fingir, nada. El asunto, as\u00ed lo han revelado cient\u00edficos del prestigioso&nbsp;<a href=\"https:\/\/ms-rc.srv.vocento.in\/xlsemanal\/ciencia\/ulrich-hartl-bioquimico-secreto-envejecimiento-sin-alzheimer-parkinson.html\">Instituto Max Planck<\/a>&nbsp;para la Investigaci\u00f3n del Metabolismo, con sede en Colonia, Alemania, tiene una base cient\u00edfica de lo m\u00e1s s\u00f3lida. Los investigadores han descubierto porqu\u00e9 el mecanismo cerebral que nos alerta de la saciedad se relaja de inmediato ante la perspectiva de un postre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El hallazgo abre nuevas puertas terap\u00e9uticas que podr\u00edan hacer m\u00e1s eficaces f\u00e1rmacos como Ozempic y otros que interfieren en el metabolismo de la glucosa para reducir el apetito<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El trabajo, liderado por el neuroci\u00e9ntifico Henning Fenselau, describi\u00f3 primero c\u00f3mo la respuesta cerebral a la saciedad nace en el hipot\u00e1lamo, donde se activan unas neuronas llamadas POMC que, entre otras actividades que afectan a distintas regiones cerebrales, desatan una reacci\u00f3n que le dice al&nbsp;<a href=\"https:\/\/ms-rc.srv.vocento.in\/xlsemanal\/ciencia\/las-dietas-no-funcionan-jeffrey-friedman-cientifico-premio-bbva-leptina.html\">cerebro<\/a>&nbsp;que la ingesta de calor\u00edas ha sido suficiente y hay que dejar de comer.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/02\/el-mecanismo-cerebral-que-te-pide-dulce-cupcakes-inside.jpg\"><strong>El az\u00facar oculto.&nbsp;<\/strong>En el a\u00f1o 1800 los humanos consum\u00edamos apenas, de media, una cucharada de az\u00facar por semana; hoy, tomamos un kilo cada siete d\u00edas. As\u00ed, el mecanismo evolutivo que nos estimula a consumir az\u00facar, una fuente de energ\u00eda, ha pasado a ser contraproducente para nuestra salud en el mundo actual, con tantos alimentos edulcorados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ah\u00ed, observaron, primero en ratones y luego en humanos, c\u00f3mo las POMC, al percibir el est\u00edmulo de un postre \u2013incluso con el otro alimento a\u00fan a su disposici\u00f3n\u2013, inhib\u00edan la se\u00f1al de saciedad y disparaban la liberaci\u00f3n de un opi\u00e1ceo natural, la betaendorfina, una de cuyas m\u00faltiples funciones es incitarnos a proporcionar energ\u00eda r\u00e1pida a nuestro organismo. Y, para ello, nada m\u00e1s directo que el&nbsp;<a href=\"https:\/\/ms-rc.srv.vocento.in\/xlsemanal\/salud\/consumo-azucar-enfermedades-obesidad-espana.html\">az\u00facar<\/a>. De repente, los individuos ya saciados, dejaban de estarlo para \u2018hacer hueco\u2019 a esa \u2018energ\u00eda\u2019 adicional. Cuando los cient\u00edficos, sin embargo, bloqueaban esa v\u00eda neurol\u00f3gica, los ratones con la barriga llena dejaban de responder al est\u00edmulo azucarado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s all\u00e1 de confirmar la figura metaf\u00f3rica de ese \u2018est\u00f3mago adicional\u2019, el hallazgo abre una prometedora puerta en los tratamientos de precisi\u00f3n para la obesidad. Al fin y al cabo, conocer los mecanismos por los que el cerebro nos pide az\u00facar podr\u00eda mostrarnos el camino para contrarrestarlos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Aunque estemos &#8216;llenos&#8217;, la perspectiva de un postre dispara en el cerebro la liberaci\u00f3n de un opi\u00e1ceo natural, la betaendorfina, que nos incita a proporcionar energ\u00eda r\u00e1pida a nuestro organismo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conseguirlo ser\u00eda, eso s\u00ed, una clara intervenci\u00f3n en nuestro proceso evolutivo. Como explica el neurocient\u00edfico que lidera la investigaci\u00f3n, Henning Fenselau, nuestro cerebro est\u00e1 programado para estimular el consumo de az\u00facar, fuente de energ\u00eda inmediata, siempre que est\u00e9 disponible. Este es algo muy raro en la naturaleza, pero, en el mundo actual, donde tenemos acceso masivo a una ingente cantidad de alimentos edulcorados \u2013hemos pasado de tomar una cucharadita de az\u00facar por semana en el 1800 a un kilogramo, 225 a\u00f1os despu\u00e9s\u2013, para nosotros ya no lo es. M\u00e1s bien, todo lo contrario. As\u00ed, esta respuesta desatada del cerebro a un est\u00edmulo azucarado extra ha pasado a ser algo contraproducente. Y nada lo muestra con m\u00e1s claridad que el hecho de que el sobrepeso y la obesidad, factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2 o algunas formas de c\u00e1ncer, sean hoy un problema global de salud p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada a\u00f1o, mueren en el mundo m\u00e1s de 2,8 millones de personas por dolencias relacionadas con la obesidad&#8230; Y subiendo. Desde 1975, su prevalencia se ha m\u00e1s que triplicado \u2013cuadruplicado en el caso de los menores de edad\u2013, seg\u00fan la red mundial de investigadores especializados en enfermedades no transmisibles, NCD Risk Factor Collaboration. Dicho de otro modo, \u2018dejar hueco para el postre\u2019, desde el punto de vista fisiol\u00f3gico, se ha convertido en un factor de riesgo.<img decoding=\"async\" alt=\"alternative text\" src=\"https:\/\/www.abc.es\/xlsemanal\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2025\/02\/Henning-Fenselau.jpg\"><strong>Siempre hay hueco para el az\u00facar.&nbsp;<\/strong>El neuroci\u00e9ntifico alem\u00e1n Henning Fenselau, jefe del equipo investigador del Instituto Max Planck para la Investigaci\u00f3n del Metabolismo, con sede en Colonia, que ha descubierto el mecanismo cerebral que nos hace querer postre a pesar de sentirnos saciados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lejos de reducirse, la producci\u00f3n y el consumo de productos alimentarios con az\u00facares a\u00f1adidos, sin embargo, no deja de crecer. Y crece tambi\u00e9n la legi\u00f3n de pacientes con sobrepeso cuyo tratamiento es ya la nueva mina de oro de la industria farmac\u00e9utica. Se estima que, para 2030, el mercado mundial de productos para reducir peso podr\u00eda alcanzar los 50.000 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los laboratorios, seg\u00fan un reciente informe de la consultora Iqvia, han duplicando en los \u00faltimos cinco a\u00f1os el desarrollo de nuevos f\u00e1rmacos en esa direcci\u00f3n. Hay m\u00e1s de 120 medicamentos contra la obesidad en marcha, de los cuales, casi la mitad, siguen los modelos de Ozempic y Wegovy, los m\u00e1s exitosos hasta el momento. Una carrera que podr\u00eda acelerarse gracias a los hallazgos del Instituto Max Planck para la Investigaci\u00f3n del Metabolismo. Al fin y al cabo, no habr\u00eda nada m\u00e1s directo que inhibir la liberaci\u00f3n de esa betaendorfina propia de esta relaci\u00f3n entre la saciedad y un est\u00edmulo azucarado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como sucede con todo nuevo avance, Fenselau opta por la cautela. La apertura de nuevas puertas terap\u00e9uticas derivadas de su hallazgo, asegura, no cierra las que han abierto Ozempic, y otros f\u00e1rmacos similares, que reducen el apetito mediante la inyecci\u00f3n de una hormona, la semaglutida, que interfiere en el metabolismo de la glucosa, la principal fuente de energ\u00eda de nuestras c\u00e9lulas. Tambi\u00e9n hay indicios de que algunas bacterias benignas del intestino (probi\u00f3ticos), como la Hafnia alvei, pueden ayudar a amplificar las se\u00f1ales de la saciedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La compatibilidad entre las distintas aproximaciones, cree Fenselau, podr\u00eda ser posible: \u00abNecesitamos investigar m\u00e1s a fondo, pero creemos que una combinaci\u00f3n de f\u00e1rmacos que bloqueen receptores de opi\u00e1ceos en el cerebro con las inyecciones supresoras del apetito u otras terapias podr\u00eda ser muy \u00fatil. Compaginar varias aproximaciones con el mismo objetivo, por lo general, ofrece una mayor eficacia\u00bb. Aunque eso, en todo caso, todav\u00eda est\u00e1 por ver.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tenemos un segundo est\u00f3mago&#8230; \u00a1en el cerebro! No literalmente, claro; es lo que durante a\u00f1os se ha dado en llamar el \u2018est\u00f3mago del postre\u2019. Ya saben, ese hueco repentino que se nos abre en el apetito cuando alguien nos pregunta si deseamos a\u00f1adir algo de dulce para rematar&nbsp;una comida. 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