{"id":139764,"date":"2025-04-10T09:27:25","date_gmt":"2025-04-10T14:27:25","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=139764"},"modified":"2025-04-10T09:27:26","modified_gmt":"2025-04-10T14:27:26","slug":"desaire-y-angustia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/editorial\/desaire-y-angustia\/","title":{"rendered":"Desaire y angustia"},"content":{"rendered":"\n<p>Pareci\u00f3 como simple desaire entre pol\u00edticos de primer nivel. Al notarlo, los afectados sintieron el abandono y les angusti\u00f3 la soledad. El osado autor del drama en curso se regode\u00f3 con punzante satisfacci\u00f3n. La sensaci\u00f3n le penetr\u00f3 hasta inundarlo con abarcante sensaci\u00f3n de poder imperial. Al citado a comparecer en esa junta, hasta el momento proscrito por el llamado Occidente, le repuso la estelaridad que, para muchas causas, tampoco hab\u00eda perdido del todo. Le hab\u00edan decretado innumerables sentencias terminales. Se inaugur\u00f3 as\u00ed un nuevo arreglo geopol\u00edtico que alter\u00f3 lo que, hasta ese momento, fue usanza mundial. Sentados a la mesa en Arabia Saudita, los nuevos adalides se turnaron querellas: quisieron fincar la paz en Ucrania sobre bases por ellos, y s\u00f3lo ellos, decididas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de ese recinto, quedaron, pasmados y dolidos, tanto ucranios como atildados europeos. Personajes hasta ese momento agraciados merecedores de una silla especial de participantes. Dentro del cuarto s\u00f3lo permanecieron mir\u00e1ndose a los ojos con cierta desconfianza rusos y estadunidenses. Todos, funcionarios de primer nivel jer\u00e1rquico en sus naciones.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El doliente viaje de pa\u00edses acostumbrados a decidir y ganar se hab\u00eda iniciado. La sensaci\u00f3n de inmerecida exclusi\u00f3n se empalm\u00f3 con traicionero trato del considerado socio. Nunca esperaron la trasgresi\u00f3n hecha por su aliado mayor. Ese, precisamente, del cual depend\u00edan para cobijarse en su sombrilla at\u00f3mica. El que los hab\u00eda patrocinado por m\u00e1s de medio siglo. Qui\u00e9n les alumbraba la ruta a seguir, a qui\u00e9n despreciar o darle sitio en sus comunicaciones y, sobre todo, a qui\u00e9n plantarle solemne declaraci\u00f3n de enemigo. Sintieron la imperiosa urgencia de confirmar tan agudo sesgo en su confianza. No aceptaban el destierro decretado, menos a\u00fan el voluntario. Con prontitud, llamaron a un c\u00f3nclave en Par\u00eds, aunque fuera incompleto y sin la totalidad de la comunidad e improvisado. Ten\u00edan que verse las caras en busca de calor y auxilio mutuo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed se juntaron, llamados por el franc\u00e9s y secundado por un ingl\u00e9s desorientado. El espa\u00f1ol y la titubeante italiana aparecieron sin estelaridad alguna. El alem\u00e1n, ya en franco retiro de su encargo y otros adicionales completaron esa junta apaciguadora de ansiedades. Volvieron a reunirse en Londres, con menos premura y algo m\u00e1s de perspectiva. Aunque, el panorama que visualizaban quedaba ciertamente incompleto. Lo que atisbaron del futuro poco les calmaba sus inquietudes. Iniciaron, s\u00ed, la ruta para radicarse en medios propios. Volaron, tanto Macron como Starmer, presurosos hasta el Washington de sus inquietudes y esperanzas. Deseaban o\u00edr, en directo, lo que se negaban a admitir como nueva realidad: su destierro de la seguridad patrocinada por las alforjas estadunidenses.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De ahora en adelante, deber\u00edan pagarse su extraviada confianza en la vida. Por delante quedaba el deseo, conjunto, de disfrutar, tranquilos, los beneficios ya alcanzados. Pero, sobre todo, aliviando, de ser posible, las inevitables penalidades de sus altos costos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La pompa de la Europa de los hallazgos notables, las conquistas ejemplares en bienestar, la sociedad igualitaria, los descubrimientos, la creaci\u00f3n y la ciencia, no evitaron el seco descont\u00f3n. El gandul que los recibi\u00f3 no tuvo pena alguna por lo causado. Ahora deb\u00edan valerse por s\u00ed mismos y prepararse a lo venidero: un mundo puesto al rev\u00e9s de sopet\u00f3n. Ah\u00ed deb\u00edan conquistar, de nueva cuenta, el lugar propio. Tendr\u00edan que pagar, adem\u00e1s, por lo que, seg\u00fan el ga\u00f1\u00e1n que los hac\u00eda sufrir, alegaba que el mundo le deb\u00eda. No m\u00e1s saquear a los inocentes y generosos, sostuvo con fan\u00e1tico cinismo. Lleg\u00f3 el que deber\u00e1 mostrar los dientes por sus conciudadanos. Deber\u00e1n los ciudadanos del mundo, incluyendo, ciertamente, a los europeos, absorber el costo de escriturar el abultado super\u00e1vit comercial (800 mil millones de d\u00f3lares anuales) causado. Enorme costo que, seg\u00fan trumpiano alegato, apechugaban los contribuyentes del pa\u00eds que, todav\u00eda se dice, el m\u00e1s rico del mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00e1nimos y sentimientos comenzaron a serenarse. Dise\u00f1aron un magno programa de defensa: 900 mil millones de euros. Aunque, al mismo tiempo, los alemanes volvieron la mirada al negocio del gas ruso, que tanto extra\u00f1aron con su ausencia. Tendr\u00e1n que enfrentar unidos, si pueden y con sus fuerzas \u2013que son vastas\u2013, los aranceles que ahora y, adem\u00e1s, les han plantado en la frente. La alevos\u00eda y prepotencia, en sus autoritarias t\u00e1cticas comerciales, derram\u00f3 abundante soberbia. Al parecer los europeos han entendido que requieren contar con un ej\u00e9rcito que los proteja. Todav\u00eda imaginan al temido enemigo ruso al acecho, \u00e1vido de conquistas, deseando invadirlos. Figura b\u00e9lica en mucho equivocada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la paz en Ucrania deber\u00e1n meditar y establecer qu\u00e9 tanto de esa idea les corresponde, o qu\u00e9 tanto fue impuesta y aceptada por su ahora lejano e inconstante socio. Mientras, deber\u00e1n responder al atropello causado por el estadunidense.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pareci\u00f3 como simple desaire entre pol\u00edticos de primer nivel. Al notarlo, los afectados sintieron el abandono y les angusti\u00f3 la soledad. El osado autor del drama en curso se regode\u00f3 con punzante satisfacci\u00f3n. La sensaci\u00f3n le penetr\u00f3 hasta inundarlo con abarcante sensaci\u00f3n de poder imperial. 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