{"id":141794,"date":"2025-07-10T10:21:49","date_gmt":"2025-07-10T15:21:49","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=141794"},"modified":"2025-07-10T10:21:51","modified_gmt":"2025-07-10T15:21:51","slug":"la-tortura-al-general-mas-avaro-de-roma-tras-liderar-la-mayor-derrota-de-las-legiones","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/opinion\/la-tortura-al-general-mas-avaro-de-roma-tras-liderar-la-mayor-derrota-de-las-legiones\/","title":{"rendered":"La tortura al general m\u00e1s avaro de Roma tras liderar la mayor derrota de las legiones"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las cr\u00f3nicas cuentan que los partos arrojaron oro fundido en la boca del triunviro Marco Licinio Craso tras la batalla de Carras<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/www.abc.es\/historia\/apocalipsis-imperios-debemos-aprender-destruccion-cartago-tenochtitlan-20250701154817-nt.html\">Apocalipsis de imperios: lo que debemos aprender de la destrucci\u00f3n de Cartago y Tenochtitl\u00e1n<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p>Por el vil metal vivi\u00f3, y por el vil metal muri\u00f3 en el 53 a. C.. Narran las cr\u00f3nicas que, cuando los partos capturaron a\u00a0<strong>Marco Licinio Craso<\/strong>, triunviro de la Roma republicana y general al frente de siete legiones, dejaron a un lado la piedad. Sabedores de que era uno de los l\u00edderes m\u00e1s avariciosos de la\u00a0Ciudad Eterna, le torturaron arroj\u00e1ndole oro fundido en la boca. El mismo castigo, por cierto, que utilizaban en el Nuevo Mundo contra los conquistadores peninsulares. \u00abCuando los capturaban vivos, y especialmente a los capitanes, les ataban los pies y las manos, los tend\u00edan en el suelo y les echaban oro fundido en la boca\u00bb, escribi\u00f3 el cronista Girolamo Benzoni en el siglo XVI.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Avaricioso y empresario<\/h3>\n\n\n\n<p>Tuvo nuestro protagonista unos inicios dif\u00edciles por nacer en una familia humilde; lo bastante como para que marcaran su car\u00e1cter. A lo largo de su juventud, dos fueron los rasgos de los que hac\u00eda gala: la sobriedad en el d\u00eda a d\u00eda \u2013hu\u00eda de la ostentaci\u00f3n\u2013 y la capacidad para amasar dinero. El historiador\u00a0Plutarco\u00a0ya dej\u00f3 escrito en &#8216;Vidas paralelas&#8217; que \u00ablas pruebas m\u00e1s evidentes de su codicia son el modo con que se hizo rico y lo excesivo de su caudal\u00bb. Y es que, \u00abno teniendo al principio sobre trescientos talentos, despu\u00e9s, cuando ya fue admitido al gobierno\u00bb y preparaba la invasi\u00f3n de Partia, contaba la friolera de 7.100.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, su gran ascenso a nivel econ\u00f3mico lo vivi\u00f3 tras apoyar al caudillo Sila, l\u00edder de los Optimates, en contra de\u00a0Cayo Mario, al frente de los Populares. Con la victoria de los primeros, Craso tuvo acceso a mil y un negocios. \u00abHemos de decir la verdad, la mayor parte la adquiri\u00f3 del fuego y de la guerra, siendo para \u00e9l las miserias p\u00fablicas de grand\u00edsimo producto. Porque cuando Sila, despu\u00e9s de haber tomado la ciudad, puso en venta las haciendas de los que hab\u00eda proscrito, reput\u00e1ndolas y llam\u00e1ndolas sus despojos, y quiso que la nota de esta rapacidad se extendiese a los m\u00e1s que fuese posible y a los m\u00e1s poderosos, no se vio que Craso rehusase ninguna donaci\u00f3n ni ninguna subasta\u00bb, escribi\u00f3 Plutarco.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue este su \u00fanico negocio. Como si fuera una inmobiliaria de la \u00e9poca, Craso se dedic\u00f3 a adquirir a un precio irrisorio las muchas casas en mal estado que hab\u00eda en Roma por culpa de las continuas pestes, incendios y hundimientos de viviendas. Una vez en su poder, las reformaba con un ej\u00e9rcito de esclavos; es decir&#8230; \u00a1gratis! \u00abCompr\u00f3 esclavos arquitectos y maestros de obras, y luego que los tuvo, habiendo llegado a ser hasta quinientos, procur\u00f3 hacerse con los edificios quemados y los contiguos a ellos\u00bb, explic\u00f3 el cronista. Como colof\u00f3n, los vend\u00eda a precios desorbitados a sus nuevos propietarios. Y eso, sin contar las monedas que ganaba como prestamista. Padec\u00eda, seg\u00fan las cr\u00f3nicas, el \u00abmal de la avaricia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A nivel militar hizo tambi\u00e9n sus pinitos don Craso. Cuando el ej\u00e9rcito de\u00a0esclavos de Espartaco\u00a0se alz\u00f3, entre el 73 y 71 a. C., fue el encargado de aplacarlo junto a\u00a0<strong>Cneo Pompeyo Magno<\/strong>. A pesar de la victoria, aquello termin\u00f3 por alejarles. Seg\u00fan Plutarco, al segundo se le decret\u00f3 un gran triunfo por su participaci\u00f3n, mientras que nuestro protagonista ni siquiera \u00abse atrevi\u00f3 a pedirlo, m\u00e1s ni aun el menos solemne, a que llaman ovaci\u00f3n\u00bb. De cara al p\u00fablico, ambos mantuvieron una buena relaci\u00f3n durante el posterior consulado. Sin embargo, la realidad fue que esta era p\u00e9sima y que combatieron a nivel pol\u00edtico durante los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de ello, Craso dej\u00f3 a un lado sus diferencias con Pompeyo para formar el\u00a0<strong>Primer Triunvirato<\/strong>\u00a0de Roma en el a\u00f1o 60 a. C. Esta alianza, que contaba con\u00a0Julio C\u00e9sar\u00a0como tercera pata de la bancada, domin\u00f3 en las sombras la pol\u00edtica de la Ciudad Eterna durante una d\u00e9cada. Y no es un decir, pues controlaban hasta el resultado de las elecciones. \u00abC\u00e9sar consigui\u00f3 conciliar a Pompeyo y a Marco Craso, que segu\u00edan enfrentados por no haber podido ponerse de acuerdo en cuestiones pol\u00edticas mientras compart\u00edan el consulado. Pompeyo, C\u00e9sar y Craso formaron ahora un triple pacto, jurando oponerse a toda la legislaci\u00f3n que cualquiera de ellos pudiera desaprobar\u00bb, escribi\u00f3 el historiador Suetonio en &#8216;Los doce c\u00e9sares&#8217;.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Partos, guerra absurda<\/h3>\n\n\n\n<p>Era ya anciano Craso, al menos para la \u00e9poca, cuando decidi\u00f3 enfrentarse a los partos, uno de los pueblos m\u00e1s poderosos de su era y cuyo imperio abarcaba el nordeste de Ir\u00e1n, Mesopotamia y parte de Siria. \u00abHab\u00eda pasado los sesenta a\u00f1os, y a la vista era todav\u00eda m\u00e1s viejo de lo que parec\u00eda\u00bb, explica Plutarco en &#8216;Vidas paralelas&#8217;. No buscaba la expansi\u00f3n de la Rep\u00fablica, o no solo; en la mirada ten\u00eda la ascensi\u00f3n pol\u00edtica y recordar a senadores y ciudadanos que se hallaba a la altura de sus colegas triunviros. Eligi\u00f3 mal el militar, pues no hab\u00eda enemigo m\u00e1s rudo en la era para plantar cara a las legiones que Partia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan las cr\u00f3nicas que el triunviro se adentr\u00f3 en Partia al frente de siete legiones y cuatro mil caballos en el 54 a. C.. Y tambi\u00e9n que el monarca enemigo se asombr\u00f3 tanto, que envi\u00f3 a sus emisarios para evitar que se derramara sangre. \u00abCuando estaba para mover a las tropas de los cuarteles de invierno le llegaron embajadores del rey, tray\u00e9ndole un mensaje. Le dijeron que, si aquel ej\u00e9rcito era enviado por los romanos, la guerra ser\u00eda perpetua e irreconciliable; pero que, si Craso hab\u00eda llevado contra ellos las armas y ocupado sus ciudades sin el permiso de la patria y arrastrado solo por la codicia, estaban dispuestos a usar la moderaci\u00f3n\u00bb, a\u00f1ade el cronista. No hubo trato.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad es que los partos estaban bien preparados para el combate. Aunque Plutarco no cita la presencia de soldados de infanter\u00eda en sus ej\u00e9rcitos, s\u00ed contaban con catafractos, soldados sin escudo, pero pertrechados con lanzas y armadura pesada, y sus famosos arqueros a caballo. El historiador militar brit\u00e1nico&nbsp;<strong>Adrian Goldsworthy<\/strong>&nbsp;afirma en su ensayo &#8216;El \u00e1guila y el le\u00f3n&#8217; que los segundos eran famosos entre los legionarios: \u00abMontados en una cabalgadura robusta y resistente, y empu\u00f1ando un poderoso arco compuesto recurvo, combinaban la velocidad con la capacidad de golpear a distancia\u00bb. Su especialidad era darse la vuelta en la silla de montar y, en plena retirada, lanzar una lluvia de saetas al contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras alguna escaramuza, Craso cruz\u00f3 el E\u00fafrates cerca de una regi\u00f3n llamada Zeugma. Desde all\u00ed, remont\u00f3 la orilla izquierda hasta llegar a Carras, en el sur de la actual Turqu\u00eda. All\u00ed se materializ\u00f3 el desastre de la &#8216;Urbs Aeterna&#8217;. La vanguardia de ambos ej\u00e9rcitos, catafractas y legionarios, chocaron en una peque\u00f1a descubierta en la que vencieron los segundos. Despu\u00e9s, el hijo del mism\u00edsimo general romano cay\u00f3 en una trampa y fue decapitado. Luego le toc\u00f3 el turno a los arqueros a caballo partos, que coparon las nubes con sus saetas. El historiador&nbsp;<strong>Jorge Pisa S\u00e1nchez<\/strong>&nbsp;explica en sus ensayos que, seg\u00fan estimaciones actuales, los jinetes lanzaron entre un mill\u00f3n y dos millones de saetas. La infanter\u00eda romana, pesada y est\u00e1tica, poco pudo hacer ante ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen diferentes teor\u00edas sobre la muerte de\u00a0Craso. Plutarco sostiene que, en un interludio de la batalla, el general parto Surenas envi\u00f3 a su hom\u00f3logo un caballo \u00abcon jaez de oro\u00bb para que se reuniera con \u00e9l en un claro cercano. Cuando el romano se top\u00f3 con la delegaci\u00f3n enemiga, el jamelgo se encabrit\u00f3 y se desat\u00f3 el caos. El culpable fue uno de los guardaespaldas del triunviro, que acab\u00f3 por equivocaci\u00f3n con un criado del adversario. \u00abA Craso le quit\u00f3 la vida un Parto llamado Pomaxatres, aunque algunos dicen haber sido otro el que le mat\u00f3 y que este fue el que, despu\u00e9s de ca\u00eddo, le cort\u00f3 la cabeza y la mano derecha; cosas que pueden muy bien conjeturarse, pero no saberse de cierto, porque de los que se hallaron presentes y pelearon en defensa de Craso, los unos murieron all\u00ed y los otros a toda prisa se retiraron al collado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda versi\u00f3n es la que ofreci\u00f3 el tambi\u00e9n historiador Tito Livio en su extensa &#8216;Historia de Roma&#8217;. El cronista del siglo I d. C. mantiene que, mientras Craso decid\u00eda si reunirse o no con Surenas, ambos bandos se enzarzaron una refriega final que termin\u00f3 en desastre: \u00abTodos murieron, y entre ellos Craso\u00bb. Algunos guerreros narraron que falleci\u00f3 degollado, \u00abbien por un miembro de su propio ej\u00e9rcito para evitar que cayera ante el enemigo, o bien por el enemigo\u00bb. Para otros tantos, sin embargo, tuvo un final algo m\u00e1s turbulento. \u00abEn su boca, o al menos eso dicen algunos, derramaron los partos oro fundido a t\u00edtulo de mofa\u00bb, a\u00f1adi\u00f3. Una truculenta burla por su avaricia.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte de Craso marc\u00f3 el fin del triunvirato; l\u00f3gico al marcharse uno de sus tres puntales. Pero, adem\u00e1s, supuso el principio del fin de las relaciones, ya p\u00e9simas, entre sus dos colegas. En la pr\u00e1ctica, el avaro pol\u00edtico hab\u00eda sido el pegamento que hab\u00eda mantenido la alianza unida. El golpe definitivo fue la muerte al dar a luz de Julia, la que fuera hija de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.abc.es\/historia\/secretos-julio-cesar-cambiar-siempre-historia-roma-20250402045929-nt.html\">C\u00e9sar<\/a>&nbsp;y, a la vez, esposa de Pompeyo. Sin nada que les uniera, y con una crisis galopante en la Ciudad Eterna que manten\u00eda constre\u00f1ida a la sociedad, Julio cruz\u00f3 el Rubic\u00f3n en el 49 a. C. con anhelos de destruir la Rep\u00fablica. Y vaya si lo logr\u00f3. Aunque eso, como se suele decir, es otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: ABC<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las cr\u00f3nicas cuentan que los partos arrojaron oro fundido en la boca del triunviro Marco Licinio Craso tras la batalla de Carras Apocalipsis de imperios: lo que debemos aprender de la destrucci\u00f3n de Cartago y Tenochtitl\u00e1n Por el vil metal vivi\u00f3, y por el vil metal muri\u00f3 en el 53 a. C.. 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