{"id":142948,"date":"2025-08-04T17:08:41","date_gmt":"2025-08-04T22:08:41","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=142948"},"modified":"2025-08-04T17:08:43","modified_gmt":"2025-08-04T22:08:43","slug":"la-abeja-y-el-refresco","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/varios\/la-abeja-y-el-refresco\/","title":{"rendered":"La abeja y el refresco"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>\u00abLa osad\u00eda del himen\u00f3ptero fue m\u00e1s lejos, pues pronto se meti\u00f3 dentro de la lata. La suposici\u00f3n es que, ahora, caminaba patas arriba sobre esa superficie de metal, pero uno no puede saberlo de cierto, qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto aguante la adherencia de sus patas en un medio como una lata de refresco.\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>F\u00falgido Est\u00e9vez (cuyo nombre, evidentemente, es otro) me comparte sus tribulaciones. El fin de semana pasado, mientras ve\u00eda los entrenamientos de sus hijos desde las gradas fuera del campo, recibi\u00f3 una llamada. Se fue a la parte superior y comenz\u00f3 a escuchar a su interlocutor. En la cancha, metros m\u00e1s abajo, sus cr\u00edos, junto con otro centenar de ni\u00f1os, pateaban la pelota. En las gradas, agrupados en diferentes formas, los padres ve\u00edan el entrenamiento con mayor o menor atenci\u00f3n. Unos platicaban con otros, alguno se aislaba frente al monitor de su computadora para trabajar. Nada, pues, fuera de lo com\u00fan en esas jornadas de pases y carreras.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras hablaba, F\u00falgido Est\u00e9vez se qued\u00f3 mirando la lata de refresco acomodada al lado de una mam\u00e1 que tra\u00eda sus aud\u00edfonos puestos y tecleaba furiosamente en su computadora. Cada tanto, levantaba la lata y le daba un sorbo. Lo que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n a mi amigo fue el vuelo de la abeja, primero un tanto err\u00e1tico, como si quisiera reconocer en la lata a alguna especie de flor desconocida de colores brillantes y textura curiosa. Luego, m\u00e1s confiada, se par\u00f3 sobre la parte superior y se estuvo acercando al agujero por donde se bebe (debe tener alg\u00fan nombre esa parte de la lata, pero no lo encuentro) mientras, presumimos, se deleitaba con los az\u00facares residuales en torno a esa boquilla.<\/p>\n\n\n\n<p>La osad\u00eda del himen\u00f3ptero fue m\u00e1s lejos, pues pronto se meti\u00f3 dentro de la lata. La suposici\u00f3n es que, ahora, caminaba patas arriba sobre esa superficie de metal, pero uno no puede saberlo de cierto, qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto aguante la adherencia de sus patas en un medio como una lata de refresco. El caso es que fue, en ese justo momento, en que la madre de familia hizo una pausa, tom\u00f3 la lata y se la llev\u00f3 a los labios, dando un largo trago. Poco importa, pues, si la abeja segu\u00eda caminando o no, el flujo del l\u00edquido debi\u00f3 arrastrarla de la oscuridad de la lata a la oscuridad de la boca de la mujer quien, de inmediato, se puso a toser y a tomarse la garganta. Su computadora se le cay\u00f3 del soporte de sus piernas pues se incorpor\u00f3 un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>F\u00falgido Est\u00e9vez se sinti\u00f3 culpable. No sabe si habr\u00eda bastado el grito para impedir el recorrido de la lata de la grada a la boca, pero ni siquiera lo hab\u00eda intentado. El pretexto es que \u00e9l mismo estaba en una llamada de trabajo y que su percepci\u00f3n de los movimientos del insecto lo ten\u00eda embelesado. As\u00ed que no pudo salir de su pasmo a tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Volte\u00f3 a ver hacia otro lado s\u00f3lo para descubrir a dos ni\u00f1os peque\u00f1os, menores a los que entrenaban en ese momento, acaso hermanos de alguno de ellos, ri\u00e9ndose por la tragedia. Ellos, pens\u00f3 F\u00falgido, no estaban absortos, sino que disfrutaron la aventura de la abeja y el cruel desenlace de la computadora. Al menos, gracias a la nube, esos archivos suelen estar en condiciones de ser recuperados pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>La duda de F\u00falgido Est\u00e9vez radica pues en un asunto moral. \u00c9l no es malo y lo sabe. Quiz\u00e1 tampoco demasiado bueno. Alguna vez alguien se tropez\u00f3 delante de \u00e9l y no corri\u00f3 a auxiliarlo. Tampoco lo rehuy\u00f3, sino que camin\u00f3 lento, dando oportunidad a que alguien m\u00e1s se ocupara de la ayuda. Quiz\u00e1 su maldad se esconda en alg\u00fan tipo de escr\u00fapulo, en una reacci\u00f3n tard\u00eda o en el pasmo. Lo peor de todo, es que \u00e9l cree en el Karma. Lo que significa que, a partir de ahora, no beber\u00e1 refresco de lata o mantendr\u00e1 un dedo en ese agujero sin nombre. Si lo pica una abeja exploradora, \u00e9l sentir\u00e1 que lo merece.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: sinembargo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLa osad\u00eda del himen\u00f3ptero fue m\u00e1s lejos, pues pronto se meti\u00f3 dentro de la lata. 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