{"id":144340,"date":"2025-09-02T08:40:40","date_gmt":"2025-09-02T13:40:40","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=144340"},"modified":"2025-09-02T08:40:42","modified_gmt":"2025-09-02T13:40:42","slug":"el-hallazgo-de-la-reliquia-mas-sagrada-de-la-cristiandad-tras-estar-oculta-dos-siglos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/qtp\/el-hallazgo-de-la-reliquia-mas-sagrada-de-la-cristiandad-tras-estar-oculta-dos-siglos\/","title":{"rendered":"El hallazgo de la reliquia m\u00e1s sagrada de la Cristiandad tras estar oculta dos siglos"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Santa Elena, madre de Constantino, emprendi\u00f3 en el siglo IV la primera gran peregrinaci\u00f3n a Jerusal\u00e9n en busca de la cruz donde muri\u00f3 Cristo.<\/h2>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de dos siglos hubieron de pasar desde la muerte de Jesucristo para que se resolviese uno de los grandes enigmas de la historia. Fue entre los a\u00f1os 327 y 328 d. C. cuando la primera peregrina en viajar a\u00a0Tierra Santa,\u00a0Elena de Constantinopla, descubri\u00f3 la mayor reliquia de la Cristiandad: la &#8216;Vera Cruz&#8217; en la que hab\u00eda sido ejecutado el hijo del Se\u00f1or. Lo hizo bajo un templo perdido de Jerusal\u00e9n, y despu\u00e9s de haber amenazado a la comunidad jud\u00eda con quemar vivos a sus rabinos si no le desvelaban el enigma. Y, aunque setecientos a\u00f1os despu\u00e9s se perdi\u00f3, el hallazgo fue un regalo para pobres y ricos. Ya lo dijo San Andr\u00e9s de Creta: \u00abSi no existiera la cruz, tampoco existir\u00eda Cristo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Mito y realidad, verdad y mentira, se funden cuando se recopilan las fuentes que describen el hallazgo de la &#8216;Vera Cruz&#8217;, aunque es innegable que el poso de la f\u00e1bula est\u00e1 muy presente. La leyenda, cuyas ra\u00edces se hunden en el siglo IV, cuenta con todos los ingredientes para elaborar una buena historia; y entre los mismos se halla su protagonista: la emperatriz Elena. S\u00ed, la misma que alumbr\u00f3 al emperador\u00a0Constantino I el Grande\u00a0\u2013m\u00e1s conocido por haber autorizado el culto al Cristianismo en el Imperio romano\u2013 y que, todav\u00eda hoy, es venerada como una santa por cat\u00f3licos, ortodoxos y luteranos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las peripecias de Elena pasaron a las cr\u00f3nicas de la mano de Jacopo della Voragine, un obispo del siglo XIII cuyo nombre, a la postre, fue castellanizado como Santiago. Este religioso fue qui\u00e9n la dio a conocer en la que fue su obra m\u00e1s popular: &#8216;<strong>La leyenda dorada&#8217;<\/strong>. Un compendio de vidas de santos que el periodista y divulgador\u00a0Aldo Cazzullo\u00a0\u2013autor de &#8216;El dios de nuestros padres&#8217; y &#8216;Roma, el imperio infinito&#8217;\u2013 define como el &#8216;longseller&#8217; m\u00e1s destacado de la Edad Media. \u00abLa obra comienza con la muerte de Ad\u00e1n: es el primer hombre y, por tanto, tambi\u00e9n el primero en morir\u00bb, arranca el experto.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Peregrinaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Della Voragine sostiene en &#8216;La leyenda dorada&#8217; que la emperatriz acometi\u00f3 la primera peregrinaci\u00f3n de la historia hasta Jerusal\u00e9n, tierra sagrada para las tres grandes culturas, y que lo hizo despu\u00e9s de que a su hijo se le hubiesen aparecido en una visi\u00f3n los\u00a0ap\u00f3stoles Pedro y Pablo. \u00abEsta aparici\u00f3n, y la curaci\u00f3n de la lepra que padec\u00eda, fueron las circunstancias que le llevaron a enviar a Jerusal\u00e9n a su madre Santa Elena para que buscase la Cruz del Se\u00f1or\u00bb, escribe. La protagonista casi se obsesion\u00f3 con hallar la reliquia. Hasta tal punto, que amenaz\u00f3 a los rabinos con quemarlos vivos si no le desvelaban d\u00f3nde hab\u00eda sido escondida.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue un jud\u00edo quien le revel\u00f3 el lugar en el que se hallaba, y con un nombre pintoresco:\u00a0Judas. En palabras de Della Voragine, una vez que supo el emplazamiento, el subsuelo del templo de Venus, Elena exigi\u00f3 demoler el edificio y arar el solar. \u00abTerminadas estas operaciones, Judas se arremang\u00f3 su t\u00fanica, tom\u00f3 un azad\u00f3n y comenz\u00f3 a cavar con gran fuerza y profundidad en aquel terreno, y cuando hubo excavado una especie de pozo, al seguir ahondando en el fondo del mismo, a unos veinte pasos de distancia con relaci\u00f3n a la superficie exterior del suelo, hizo el descubrimiento\u00bb, a\u00f1ade.<\/p>\n\n\n\n<p>El hallazgo del tal Judas fue m\u00e1s que m\u00edstico: tres cruces de madera que llev\u00f3 de inmediato ante la emperatriz. Solo hab\u00eda un problema: \u00bfCu\u00e1l de ellas era &#8216;Vera Cruz&#8217; de Cristo, y cu\u00e1les las de los ladrones que le acompa\u00f1aban? La soluci\u00f3n al enigma la dej\u00f3 en manos del Se\u00f1or. \u00abPara evitar su confusi\u00f3n con las de los dos ladrones, la emperatriz mand\u00f3 que las tres fuesen colocadas en un lugar p\u00fablico, en medio de la ciudad; santa Elena esperaba confiadamente que de alg\u00fan modo maravilloso habr\u00eda de manifestarse la gloria del Se\u00f1or\u00bb, escribe Della Voragine en sus textos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Misterio resuelto<\/h3>\n\n\n\n<p>No qued\u00f3 defraudada la emperatriz. Y es que el milagro se obr\u00f3 a \u00abla hora de nona\u00bb, cuando pas\u00f3 por la plaza en que se hallaban expuestas las tres cruces con un cortejo f\u00fanebre formado por numerosas personas que acompa\u00f1aban el f\u00e9retro de un joven al que llevaban a enterrar. \u00abJudas detuvo a los portadores del difunto e hizo que el cad\u00e1ver fuese depositado sucesivamente sobre las tres cruces. Colocado el cuerpo del muerto sobre la primera y sobre la segunda cruz, no ocurri\u00f3 nada; pero, en cuanto lo pusieron sobre la tercera, el difunto inmediatamente resucit\u00f3\u00bb, se\u00f1ala el autor.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabedora de cu\u00e1l era la &#8216;Vera Cruz&#8217;, Santa Elena envi\u00f3 a su hijo una parte de la misma. Aunque dej\u00f3 el grueso del madero en Jerusal\u00e9n, protegido en el coraz\u00f3n de un estuche de plata. \u00abTambi\u00e9n envi\u00f3 a su hijo los clavos, a prop\u00f3sito de los cuales dice san Eusebio de Cesarea que, cuando Constantino los recibi\u00f3, los fundi\u00f3 e hizo con ellos un freno para el caballo que sol\u00eda utilizar en sus campa\u00f1as b\u00e9licas y un refuerzo para el casco de su propia armadura\u00bb, a\u00f1ade Della Vor\u00e1gine. Otras versiones sostienen que uno de ellos fue utilizado para confeccionar una estatua de Constantino que fue ubicada en un lugar destacado de la\u00a0Ciudad Eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Al parecer, Elena mand\u00f3 edificar una iglesia \u2013la del\u00a0Santo Sepulcro\u2013 en el lugar en el que hab\u00eda sido hallada la &#8216;Vera Cruz&#8217;. La reliquia permaneci\u00f3 en manos cristianas hasta el a\u00f1o 610, cuando los persas tomaron la ciudad y se la quedaron. A partir de entonces, comenz\u00f3 a cambiar de manos de forma constante. Su devenir se difumina hasta el 1009, cuando el califa orden\u00f3 prender fuego al lugar. La l\u00f3gica dicta que la cruz podr\u00eda haberse perdido para siempre, pero, seg\u00fan la leyenda, la orden del Temple la encontr\u00f3 noventa a\u00f1os despu\u00e9s, ya con la urbe en poder de los cristianos. Desde entonces, el tesoro qued\u00f3 bajo su custodia.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: ABC<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santa Elena, madre de Constantino, emprendi\u00f3 en el siglo IV la primera gran peregrinaci\u00f3n a Jerusal\u00e9n en busca de la cruz donde muri\u00f3 Cristo. M\u00e1s de dos siglos hubieron de pasar desde la muerte de Jesucristo para que se resolviese uno de los grandes enigmas de la historia. 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