{"id":144383,"date":"2025-09-02T12:43:11","date_gmt":"2025-09-02T17:43:11","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=144383"},"modified":"2025-09-02T12:43:12","modified_gmt":"2025-09-02T17:43:12","slug":"aqui-vive-la-esclavitud-nos-fuerzan-a-trabajar-todo-el-dia-hasta-pagar-lo-que-debemos-si-no-violan-secuestran-o-matan-a-nuestra-familia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/internacionales\/aqui-vive-la-esclavitud-nos-fuerzan-a-trabajar-todo-el-dia-hasta-pagar-lo-que-debemos-si-no-violan-secuestran-o-matan-a-nuestra-familia\/","title":{"rendered":"Aqu\u00ed vive la esclavitud: \u00abNos fuerzan a trabajar todo el d\u00eda hasta pagar lo que debemos; si no violan, secuestran o matan a nuestra familia\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>En lugares de pa\u00edses como Pakist\u00e1n, India o Nepal hay personas que nacen en r\u00e9gimen de servidumbre cuando heredan una deuda familiar. Pueden pasar 30 a\u00f1os o m\u00e1s y seguir debiendo dinero<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe han golpeado, disparado, electrocutado o encarcelado, y aun as\u00ed contin\u00fao por familias como la de\u00a0<strong>Manawar Maseh<\/strong>. \u00c9l fue torturado con vehemencia p\u00fablicamente frente a otros trescientos trabajadores de los hornos de ladrillo. El objetivo no era otro que lanzar la idea: obedece o te crearemos terror y horrorobedece o te crearemos terror y horror\u00bb, dice a ABC Syeda Ghulam Fatima. Pero la historia no termina ah\u00ed. \u00abDespu\u00e9s de una hora se lo llevaron y\u00a0<strong>lo hicieron desaparecer con toda su familia, incluida su hija<\/strong>, para limpiar su rastro. Todos cre\u00edan que estaba muerto o enterrado vivo. Consegu\u00ed dar con ellos en una zona fronteriza, me disfrac\u00e9 de mendiga y me hice pasar por paciente de un curandero. As\u00ed logr\u00e9 rescatar a esta familia. Cuando llegamos a la comisar\u00eda de polic\u00eda cercana con el alguacil del tribunal, escuch\u00e9 a un anciano que dijo al ver a la hija de Maseh: \u00ab\u00a1Oh! Es esa chica cristiana a la\u00a0que vi muchas veces siendo violada bajo un viejo \u00e1rbol en los campos, cuando los cruzaba al mediod\u00eda\u00ab. Nadie se molest\u00f3 en prestar atenci\u00f3n a esta frase casual. Eso demuestra la apat\u00eda de las masas hacia esta comunidad marginada condenada a\u00a0<strong>la esclavitud del ladrillo<\/strong>. Pero\u00a0<strong>la voz de ese anciano es parte de mi recuerdo<\/strong>\u00bb, relata Syeda, activista paquistan\u00ed del Frente de Liberaci\u00f3n del Trabajo en Servidumbre de Pakist\u00e1n (BLLF). Han puesto precio a su cabeza y ha sido galardonada con el Premio Clinton Ciudadano Global o el Premio Internacional Gleistman de la Universidad de Harvard.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de Manawar Maseh es la de Rafaqat Masih o la de Sharel Sham. Viven y respiran en poblados cuyo horizonte est\u00e1 marcado&nbsp;<strong>por las chimeneas industriales de los hornos de ladrillo y las nubes negras.<\/strong>&nbsp;Tienen una espalda arqueada, las manos cuarteadas y los que han nacido all\u00ed tienen los pulmones llenos del polvo y carb\u00f3n que salen de la cocci\u00f3n del ladrillo. Trabajan 15 horas al d\u00eda, haciendo&nbsp;<strong>mil ladrillos por poco m\u00e1s de 1,50 euros<\/strong>&nbsp;y envejecen r\u00e1pidamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos viven en casas del mismo material que hacen o en chozas de adobe, que son como cajitas sin agua ni luz. Pueden ser torturados, secuestrados, apaleados por la propia polic\u00eda que tendr\u00eda que protegerles.\u00a0<strong>Vendidos en cuerpo y alma o expuestos para la venta de alguna de sus partes, como pueden ser sus\u00a0<\/strong>ri\u00f1ones. Su castigo es el de la eterna repetici\u00f3n por una deuda que nunca parece saldarse. Su \u00e1rbol geneal\u00f3gico est\u00e1 hecho de la misma caliza y arcilla del que hacen sus ladrillos.\u00a0<strong>Generaciones con abuelos que comenzaron all\u00ed y con hijos terminar\u00e1n all\u00ed.<\/strong>\u00a0Y todos ellos son propiedad de un se\u00f1or feudal del siglo XXI. Hay gente que tiene due\u00f1o y no puede hacer nada m\u00e1s, es un hecho.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">M\u00e1s que en ning\u00fan otro momento de la historia<\/h3>\n\n\n\n<p>Es lo que llaman la esclavitud del ladrillo, una de esas esclavitudes modernas que hoy hace que haya m\u00e1s personas en esta situaci\u00f3n que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad, seg\u00fan ha indicado a &#8216;France24&#8217; Mar\u00eda Collazos, investigadora de Walk Free, grupo creador del \u00cdndice Global de Esclavitud. Son esos hombres y mujeres los mismos que acuden a Syeda diciendo: \u00abNos fuerzan a trabajar todo el d\u00eda hasta pagar lo que debemos y, si no, violan, secuestran o matan a nuestra familia\u00bb. Es un negocio pr\u00f3spero y en crecimiento.&nbsp;<strong>La industria del ladrillo representa alrededor del 3% del PIB nacional en Pakist\u00e1n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNos amenazaron con vender nuestro ri\u00f1ones\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Ni\u00f1o de 10 y 12 a\u00f1os ante el tribunal<\/p>\n\n\n\n<p>Joanna Ewart, directora ejecutiva de Freedom United, explica a ABC que en Nepal, India y Pakist\u00e1n hay trabajadores vinculados a la industria del ladrillo mediante el trabajo en r\u00e9gimen de servidumbre. \u00abDonde la coerci\u00f3n se presenta en forma de deuda o pr\u00e9stamo, que supuestamente se cobra con el trabajo, pero en la pr\u00e1ctica el trabajo no se valora, se pueden aplicar intereses sobre el pr\u00e9stamo y, a menudo, el pr\u00e9stamo no se paga. Las personas pueden nacer en r\u00e9gimen de esclavitud cuando una deuda familiar se ha transmitido a sus descendientes.<strong>&nbsp;A veces, las personas ni siquiera conocen la naturaleza de la deuda que supuestamente han heredado<\/strong>\u00bb, explica Ewart. Los due\u00f1os de los hornos se aprovechan del analfabetismo de muchos de ellos. Y pueden pasar 20 o 30 a\u00f1os y seguir debiendo dinero y trabajando por ello.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Una jaula humana<\/h3>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda no sue\u00f1a con escapar. Cuando eso ocurre como fue el caso de un grupo de mujeres apresadas, su due\u00f1o puede f\u00e1cilmente dar con ellas. Son gente adinerada con recursos y&nbsp;<strong>la libertad de sus esclavos da\u00f1a su prestigio<\/strong>, por lo que tienen que pagar caro su osad\u00eda. Syeda habl\u00f3 con esas ni\u00f1as y mujeres, le contaron que primero las mantuvieron en un gallinero y que las violaron en grupo. \u00abDijeron que el propietario las hab\u00eda azotado brutalmente. M\u00e1s tarde, el mismo propietario las trafic\u00f3 con un grupo del distrito de Lahore que las hab\u00eda estado utilizando para&nbsp;<strong>el trabajo sexual comercial en el s\u00f3tano de un cine<\/strong>&nbsp;durante m\u00e1s de seis meses\u00bb, afirma.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en Pakist\u00e1n existe la Ley de abolici\u00f3n del sistema de trabajo en servidumbre de 1992, el sistema sobrevive. Basheer qued\u00f3 atrapado por este tipo de sistemas. Cometi\u00f3 el error de preguntar por los c\u00e1lculos de su deuda. \u00abEl due\u00f1o del horno de ladrillos golpe\u00f3 a su padre, Allah Dawaya, y le da\u00f1\u00f3 la mu\u00f1eca hasta incapacitarlo. Despu\u00e9s de eso \u00abmi anciano padre tuvo que ir a la parada de autob\u00fas de la ciudad a mendigar desde el amanecer hasta el anochecer para ganarse el pan\u00bb, apunta Basheer.<strong>&nbsp;\u00abHab\u00eda perdido toda esperanza\u00bb,<\/strong>&nbsp;confiesa Basheer que termin\u00f3 acudiendo a Syeda. A la que han llegado a dispararle. El hermano de Syeda tras una paliza dada por un asesino que la buscaba a ella qued\u00f3 permanentemente incapacitado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLas mujeres son esclavas de los esclavos\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Syeda Ghulam Fatima<\/p>\n\n\n\n<p>La activista indica que la esclavitud en el sector de las ladrilleras es un sistema de deshumanizaci\u00f3n donde la gente trabaja como animales, no puede salir de las instalaciones e incluye el trabajo infantil en hornos que rebasan los cien grados cent\u00edgrados.&nbsp;<strong>\u00abNos amenazaron con vender nuestro ri\u00f1ones\u00bb, contaron dos ni\u00f1os de 10 y 12 a\u00f1os ante el tribunal.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Syeda ha liberado a m\u00e1s de 85.000 personas, pero se\u00f1ala que \u00abla escasa receptividad a la ayuda y la servidumbre de los propios trabajadores dificultan el trabajo. Las mujeres y ni\u00f1as esclavas no s\u00f3lo se enfrentan a la violencia de sus empleadores, sino tambi\u00e9n de sus propios familiares.<strong>&nbsp;Las mujeres son esclavas de los esclavos.<\/strong>&nbsp;Las trabajadoras no tienen control sobre sus ingresos, son martirizadas f\u00edsicamente, traficadas, obligadas a casarse y convertidas a la religi\u00f3n de su marido\u00bb, afirma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Ewart a\u00f1ade que algunas pueden ser incluso violadas por &#8216;jamadars&#8217; o agentes de polic\u00eda locales que las capturan para devolverlas, ya que donde hay explotaci\u00f3n laboral puede haber explotaci\u00f3n sexual. \u00abLas mujeres a menudo son vendidas&nbsp;<strong>para matrimonio o prostituci\u00f3n<\/strong>&nbsp;si sus maridos escapan o son retenidas como garant\u00eda del regreso de sus maridos\u00bb, apunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dio el caso que algunos esclavos reclamaron sus derechos, pero cuenta que \u00absus familias fueron retenidas por pistoleros armados o sacadas a rastras de sus casas. El empleador no proporcion\u00f3 comida ni siquiera a los menores\u00bb, se\u00f1ala Syeda. Y el juez a cargo culp\u00f3 de la situaci\u00f3n a los trabajadores y es que la asociaci\u00f3n de propietarios de hornos de ladrillos de Pakist\u00e1n es poderosa. \u00ab<strong>La mafia de los hornos de ladrillos registra casos falsos contra las v\u00edctimas de trabajos forzados<\/strong>&nbsp;que intentan romper las cadenas de la esclavitud. En el caso de Sharel Ram puso una demanda contra su empleador, lo encerraron con una mujer y lo tentaron a violarla para tener algo con qu\u00e9 acusarle\u00bb, relata la activista.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00bfHistorias con futuro o sin \u00e9l?<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00abHasta el<strong>&nbsp;68%<\/strong>&nbsp;de los 4,4 a 5,2 millones de trabajadores de hornos de ladrillos en el sur de Asia trabajan en condiciones de esclavitud y aproximadamente el 19% son menores de 18 a\u00f1os\u00bb, afirma Ewart.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabita Bista, profesora en una zona cercana a los poblados de ladrillos cuenta que \u00ablas familias vienen desde distintos distritos de Nepal. Est\u00e1n aqu\u00ed tan solo seis meses, durante la temporada de fabricaci\u00f3n de ladrillos, y con lo que ganan deben sobrevivir todo el a\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Syeda resalta que la humillaci\u00f3n y la indefensi\u00f3n de estas familias en cualquier parte del mundo es un arma inaceptable por parte de sus empleadores, pero no es nueva. Ya<strong>\u00a0en 2007 saltaba en China<\/strong>\u00a0un caso donde un millar de ni\u00f1os, ancianos y discapacitados mentales fueron rescatados tras haber sido secuestrados para trabajar en f\u00e1bricas de ladrillos totalmente aislados durante m\u00e1s de siete a\u00f1os.\u00a0<strong>Trabajaban 20 horas al d\u00eda y los ni\u00f1os fueron comprados por 49 euros. El gobierno indemniz\u00f3 a todos los afectados con 100 euros.<\/strong>\u00a0Y es que los esclavos modernos son un suculento negocio y una vieja historia con futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Las televisiones de Espa\u00f1a resumieron en un minuto y medio la noticia. Uno de los v\u00eddeos mostraba a un adolescente liberado, esquel\u00e9tico, cubierto de barro y en harapos. Y como si la locura lo hubiese conquistado durante un breve momento, gritaba de impotencia y desesperaci\u00f3n ante la c\u00e1mara. Qu\u00e9 gritaba no lo s\u00e9, pero\u00a0<strong>lo que est\u00e1 claro es que no estamos hechos para tener due\u00f1o, eso s\u00ed es un hecho que cualquiera pod\u00eda ver en su mirada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: ABC<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En lugares de pa\u00edses como Pakist\u00e1n, India o Nepal hay personas que nacen en r\u00e9gimen de servidumbre cuando heredan una deuda familiar. 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