{"id":152083,"date":"2026-10-23T06:26:13","date_gmt":"2026-10-23T11:26:13","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=152083"},"modified":"2026-10-23T06:26:15","modified_gmt":"2026-10-23T11:26:15","slug":"vaciar-las-aulas-llenar-las-calles","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/opinion\/vaciar-las-aulas-llenar-las-calles\/","title":{"rendered":"Vaciar las aulas, llenar las calles"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo se mueve otra vez en las escuelas de Europa. A comienzos de septiembre, un centenar de alumnos bloque\u00f3 un liceo cerca de Rennes para denunciar el caos del inicio de cursos. Seis semanas despu\u00e9s, la movilizaci\u00f3n de lice\u00edstas y universitarios se ha convertido en el eje de la crisis pol\u00edtica francesa: cientos de liceos bloqueados, cerca de medio mill\u00f3n de personas en las calles el 6 de octubre y, el d\u00eda 17, la confluencia con los chalecos amarillos en una jornada que reuni\u00f3 a 800 mil manifestantes seg\u00fan los organizadores y 550 mil seg\u00fan el gobierno. La respuesta oficial ha sido la represi\u00f3n: miles de detenidos, muchos de ellos menores de edad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ola cruz\u00f3 fronteras. Se extendi\u00f3 a B\u00e9lgica, de Lieja a Bruselas; a Italia, donde las ocupaciones arrancaron en Tur\u00edn y el 16 de octubre miles de estudiantes marcharon contra la pol\u00edtica educativa del gobierno de Meloni y contra el tope de 30 por ciento de alumnos extranjeros por aula; y ha ganado fuerza en Grecia, Irlanda, Alemania y Austria. En Espa\u00f1a los estudiantes no encabezan, pero nutren un ciclo de protesta que articula la huelga indefinida del profesorado, la lucha por la vivienda y la convocatoria a huelga general. En Serbia, el movimiento nacido tras el derrumbe de la marquesina de la estaci\u00f3n de Novi Sad en 2024 se ha convertido en actor pol\u00edtico y presenta su propia lista en las elecciones del 25 de octubre. Fuera de Europa, en India, la protesta juvenil por la filtraci\u00f3n del examen nacional de ingreso a medicina forz\u00f3 la renuncia del ministro de Educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es la primera vez. En los a\u00f1os 60 los estudiantes fueron detonador en buena parte del mundo. En 1968, en Francia, la movilizaci\u00f3n que comenz\u00f3 en Nanterre y la Sorbona desemboc\u00f3 en la mayor huelga general de su historia, con cerca de 10 millones de trabajadores en paro. En M\u00e9xico, el Consejo Nacional de Huelga desafi\u00f3 al autoritarismo pri\u00edsta hasta la masacre de Tlatelolco. Berkeley, Praga, Berl\u00edn, Tokio y, un a\u00f1o despu\u00e9s, C\u00f3rdoba completaron el mapa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los movimientos estudiantiles de los 60 casi nunca alcanzaron sus objetivos pol\u00edticos primarios ni sus aspiraciones de transformaciones sociales radicales. Sin embargo, fueron el origen de una profunda revoluci\u00f3n cultural cuyo impacto es casi equiparable al de la Revoluci\u00f3n Industrial. La idea de Herbert Marcuse de los estudiantes como catalizadores de fuerzas sociales m\u00e1s amplias encontr\u00f3 entonces su confirmaci\u00f3n, y tambi\u00e9n sus l\u00edmites: el detonador no siempre construye el orden que sigue al estallido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Menos recordada, pero m\u00e1s cercana a lo que hoy ocurre, fue la oleada de 1986-87. En Francia, el proyecto Devaquet pretend\u00eda introducir selecci\u00f3n al ingreso universitario y elevar las cuotas; universitarios y lice\u00edstas tomaron las calles en noviembre y diciembre de 1986, y la muerte de Malik Oussekine, golpeado por la polic\u00eda, precipit\u00f3 la renuncia del ministro y el retiro de la ley. En Espa\u00f1a, el movimiento de estudiantes de ense\u00f1anza media contra la selectividad y las tasas arranc\u00f3 concesiones al gobierno de Felipe Gonz\u00e1lez. En M\u00e9xico, el Consejo Estudiantil Universitario enfrent\u00f3 las reformas del rector Carpizo, que impon\u00edan cuotas, restring\u00edan el pase reglamentado y endurec\u00edan la permanencia; tras el di\u00e1logo p\u00fablico y la huelga de 1987, el Consejo Universitario logr\u00f3 la suspensi\u00f3n de las reformas y abri\u00f3 el camino al Congreso Universitario. Fueron movimientos defensivos frente a la primera embestida neoliberal sobre la educaci\u00f3n p\u00fablica \u2013selecci\u00f3n, cobro, exclusi\u00f3n\u2013 y, con frecuencia, los ganaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay similitudes evidentes. Como en 1986, los protagonistas son muy j\u00f3venes \u2013bachilleres, adem\u00e1s de universitarios\u2013 y sus demandas nacen de condiciones concretas: falta de profesores, edificios que se caen a pedazos, mecanismos de selecci\u00f3n como Parcoursup, heredero del esp\u00edritu que anim\u00f3 el proyecto Devaquet. Como en 1968, la protesta estudiantil opera como catalizador de malestares que la desbordan: la carest\u00eda, la vivienda, la guerra y el rearme. Y como en ambas oleadas, el contagio es transnacional: hoy los estudiantes de Tur\u00edn se conectan con sus pares franceses como antes circulaban los volantes y las consignas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las diferencias tambi\u00e9n resaltan. Los movimientos de los 60 y de los 80 se apoyaron en organizaciones \u2013grupos de activistas, sindicatos estudiantiles, coordinadoras, consejos, asambleas\u2013 que daban continuidad a la acci\u00f3n. Hoy predomina la red, la convocatoria horizontal y ef\u00edmera, que facilita la convergencia r\u00e1pida, pero dificulta sostener demandas y negociar. Cambi\u00f3 tambi\u00e9n el contexto: en 1968 el Estado de bienestar estaba en expansi\u00f3n y en 1986 empezaba a ser disputado; hoy arrastra d\u00e9cadas de austeridad y enfrenta la presi\u00f3n del gasto militar. La juventud europea protesta contra un horizonte que se cierra. Serbia, por su parte, plantea un dilema cl\u00e1sico: c\u00f3mo transitar de la calle a la disputa electoral sin perder la autonom\u00eda que hizo fuerte al movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Am\u00e9rica Latina, y para M\u00e9xico, la lecci\u00f3n es doble. La defensa de la educaci\u00f3n p\u00fablica vuelve a ser un eje capaz de articular malestares sociales amplios, siempre que se plantee como derecho y no como servicio. Pero la fuerza de un movimiento depende de su capacidad para construir organizaci\u00f3n democr\u00e1tica propia, alianzas con docentes y trabajadores, y proyectos alternativos, no s\u00f3lo resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los movimientos de 1986-87 ganaron porque combinaron movilizaci\u00f3n masiva, di\u00e1logo p\u00fablico y propuesta. Gobiernos y autoridades universitarias har\u00edan bien en escuchar a esta generaci\u00f3n antes de reprimirla. Vaciar las aulas para llenar las calles ha sido, una y otra vez, la forma en que los j\u00f3venes reabren el futuro; lo que est\u00e1 en juego ahora es que las calles devuelvan a las aulas una educaci\u00f3n p\u00fablica m\u00e1s justa, m\u00e1s amplia y verdaderamente suya.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente: lajornada<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo se mueve otra vez en las escuelas de Europa. A comienzos de septiembre, un centenar de alumnos bloque\u00f3 un liceo cerca de Rennes para denunciar el caos del inicio de cursos. 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