{"id":73420,"date":"2019-05-26T11:21:37","date_gmt":"2019-05-26T16:21:37","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=73420"},"modified":"2019-05-26T11:21:40","modified_gmt":"2019-05-26T16:21:40","slug":"buenos-aires-la-ciudad-abrumada","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/internacionales\/buenos-aires-la-ciudad-abrumada\/","title":{"rendered":"Buenos Aires, la ciudad abrumada"},"content":{"rendered":"\n<p>Uno de cada tres argentinos vive en ella y sus alrededores. En total, 15 millones de personas que \u00faltimamente sonr\u00eden poco. La incertidumbre de la econom\u00eda hace que Buenos Aires parezca un mundo combustible. Pero esta sigue siendo todav\u00eda una gran ciudad que se jacta con justicia de la ambici\u00f3n cultural de muchos de sus pobladores. Nueva entrega de una serie en la que Mart\u00edn Caparr\u00f3s toma el pulso a grandes urbes de Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>YA S\u00c9 QUE son azares. Yo caminaba lento, casi preocupado, porque ven\u00eda de la lavander\u00eda donde hab\u00eda dejado mi ropa el d\u00eda anterior y donde, en lugar de la empleada colombiana, me encontr\u00e9 una polic\u00eda que me dijo que el local estaba clausurado porque \u201canoche hubo un incidente\u201d. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 hab\u00eda pasado y me contest\u00f3 que no sab\u00eda, que no era un robo sino \u201calgo entre los propietarios\u201d.<br>\u2013No, qu\u00e9 fue no s\u00e9, no le puedo informar, pero al fondo est\u00e1 lleno de sangre, no sabe la sangre que hay ah\u00ed.<br>Me dijo y yo caminaba lento, casi preocupado, pensando en mi ropa secuestrada quiz\u00e1s ensangrentada y en los azares y esas cosas de la vida \u2013llov\u00eda suave, el viento picoteaba\u2013 cuando v\u00ed, unos metros m\u00e1s all\u00e1, un muchacho de camiseta y pantalones cortos sucios que met\u00eda una pierna en un contenedor de basura, despu\u00e9s la otra, despu\u00e9s el torso y la cabeza y cerraba la tapa. Esper\u00e9 unos minutos, no sal\u00eda, me dio miedo mirar.<br>Algo no terminaba de estar bien.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad se llama Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo s\u00e9: no puedo hablar de esta ciudad como de las dem\u00e1s. Yo nac\u00ed ac\u00e1 y ac\u00e1 viv\u00ed m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, ac\u00e1 nacieron mi madre y mi hijo, de ac\u00e1 es el idioma que hablo o el que escribo. Soy de ac\u00e1. No vivo ac\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013Uy, vos ac\u00e1. Hace mucho que no te veo por el barrio.<br>\u2013Bueno, ahora estoy viviendo afuera.<br>\u2013Ah, qu\u00e9 envidia.)<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires fue, para empezar, un puerto. Porte\u00f1o, el gentilicio de sus habitantes, lo delata. Buenos Aires surgi\u00f3 como un puerto para exportar los productos de un campo rico y concentrado: primero cuero y carne salada; m\u00e1s tarde trigo y carne fresca. Buenos Aires siempre vivi\u00f3 del resto del pa\u00eds. A principios del siglo XX atrajo a millones de inmigrantes europeos; a mediados de siglo, a millones de inmigrantes provincianos; a fines, a millones de inmigrantes bolivianos, peruanos, uruguayos, paraguayos. Ahora uno de cada tres argentinos vive en ella y sus alrededores: unos 15 millones de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires, como toda capital, es muchas, pero si tiene un centro es la plaza de Mayo. En esta plaza se fund\u00f3 la ciudad \u2013la segunda vez, porque la primera fracas\u00f3\u2013 en 1580. En esta plaza criollos y espa\u00f1oles se alzaron contra el rey de Espa\u00f1a; aqu\u00ed se levantaron cabildo y catedral y casa de gobierno; aqu\u00ed deb\u00eda erigirse en 1910 la gran columna patria que, de puro coherente, nunca se hizo; aqu\u00ed se plantaron, hace 40 a\u00f1os, unas madres que buscaban a sus hijos y que impusieron la palabra desaparecidos; aqu\u00ed se juntaron multitudes para torcer el destino del pa\u00eds de tanto en tanto; aqu\u00ed, ahora, hay grandes rejas que intentan impedir que lo repitan. Aqu\u00ed, ahora, pocos creen en rejas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es cierto que el centro de la ciudad se ve \u201ceuropeo\u201d. Europeo, aqu\u00ed, significa edificios de siete u ocho pisos de tiempos y estilos tan diversos mezclados al tunt\u00fan, a la argentina: flashes de Barcelona, de Par\u00eds, de Atenas, de Casablanca en una misma cuadra. Europeo significa tambi\u00e9n que los rastros del pasado colonial fueron cuidadosamente eliminados por gobernantes y ciudadanos que detestaban \u2013o despreciaban\u2013 todo lo espa\u00f1ol. As\u00ed que los europeos que llegan se preguntan si de verdad est\u00e1n en Am\u00e9rica Latina; la primera mirada les dice que siguen en su mundo. Despu\u00e9s, poco a poco, la van viendo.<br>O no.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.elcuartopoder.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/3-1.jpg?resize=303%2C455\" alt=\"\" class=\"wp-image-72116\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Se mueven al comp\u00e1s, caras pegadas, pechos juntos, pelvis p\u00fadicamente separadas, los pies en firuletes compartidos: bordan un orden con el cuerpo, lo que se toca, lo que no se toca, lo que se puede y lo que no se puede. Bailan: en la pista de madera pulida del sal\u00f3n Canning, en la frontera de Palermo, dos docenas de parejas dan las vueltas previstas, repiten gestos aprendidos. El tango es la forma m\u00e1s controlada en que dos cuerpos pueden abrazarse \u2013en p\u00fablico y sin pretextos amorosos. Son encuentros ef\u00edmeros: tras dos o tres piezas, menos de diez minutos, los bailarines se dar\u00e1n las gracias y volver\u00e1n a sus mesas respectivas. Se supone que vienen a bailar, no a seducirse. Y a respetar las reglas.<br>\u2013Claro que hay c\u00f3digos, la milonga tiene muchos c\u00f3digos. La mujer, por ejemplo. El hombre tiene que invitarla a bailar, pero no va a ir a buscarla a su mesa porque la pone en un compromiso, as\u00ed que la cabecea desde lejos y si ella lo mira y le sostiene la mirada entonces s\u00ed se levanta y la saca.<br>Me explica Estela B\u00e1ez, bailarina y anfitriona de la milonga de esta noche. La milonga es un tipo de canci\u00f3n pero es, sobre todo, el lugar donde se bailan tangos: este sal\u00f3n, esos retratos de tangueros muertos, las luces tenues, el centenar de hombres y mujeres.<br>\u2013No sab\u00e9s c\u00f3mo me gusta verlos ac\u00e1, bailando, disfrutando. Pero todo con mucho respeto, por supuesto.<br>Me dice Estela \u2013baja, llena, su vestido apretado\u2013 y que el tango es una forma de vida, su vida entera, su pasi\u00f3n, su lugar: que el tango es Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace poco m\u00e1s de cien a\u00f1os, esta ciudad invent\u00f3&nbsp;un g\u00e9nero que acabar\u00eda por inventarla. Era una m\u00fasica con ecos de negros y de gauchos, guitarras y tambores, que se bailaba hombre con hombre en los prost\u00edbulos del Bajo; lo bautizaron tango. M\u00e1s tarde los terratenientes argentinos fueron moda en Par\u00eds y lo impusieron; poco antes de la Primera Guerra el Vaticano conden\u00f3 \u2013es lo suyo\u2013 \u201cesa danza del demonio\u201d y eso le dio, por supuesto, m\u00e1s morbo y m\u00e1s cach\u00e9.<br>Pero entonces era pura m\u00fasica. El primer tango con palabras \u2013sin palabras el tango no habr\u00eda sido\u2013 se estren\u00f3 en 1917, se llam\u00f3 Mi noche triste y fue elocuente: \u201cPercanta que me amuraste\/ en lo mejor de mi vida,\/ dej\u00e1ndome el alma herida\/ y espinas en el coraz\u00f3n\u2026\u201d. Su principio era solo porte\u00f1o: \u201cpercanta que me amuraste\u201d no se entender\u00eda en ning\u00fan otro rinc\u00f3n del castellano. (\u201cMuchacha que me dejaste\u201d ser\u00eda una traducci\u00f3n aproximada). El tango, as\u00ed, consagraba al mismo tiempo una lengua local y una forma de ser. Lo cant\u00f3 como nadie Carlos Gardel, un bastardo franc\u00e9s con la sonrisa de un pr\u00edncipe italiano que incluso se dio el gusto de matarse en un accidente de avi\u00f3n en Medell\u00edn, y sus historias armaron una forma de ser: hablaban de abandonos, traici\u00f3n, melancol\u00eda, sus quejas respectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estela mira alrededor, atenta, vigilante, y dice que le gusta tanto ver c\u00f3mo los extranjeros aprenden esas reglas, las respetan, y que esta noche hay franceses, polacos, rusos, italianos, americanos, brasile\u00f1os, chilenos y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 m\u00e1s. Las mujeres trajeron sus zapatos de tac\u00f3n en una bolsa, polleras ajustadas; los hombres van en mangas de camisa. Algunos beben espumante, otros cerveza, muchos agua o caf\u00e9 o cocacola; hay tres o cuatro menores de 40.<br>\u2013Yo una vez por a\u00f1o vengo a Buenos Aires, a bailar. Ahorro, no es barato, pero me da vida, me hace sentir distinto.<br>Dice Jean-Paul, comerciante de N\u00eemes, la cincuentena bien llevada, el pelo lacio y entrecano.<br>\u2013Los argentinos no saben lo que se pierden.<br>\u2013\u00bfLos franceses, quer\u00e9s decir?<br>\u2013No, quiero decir los argentinos.<br>El tango agonizaba. Muy pocos lo bailaban, los j\u00f3venes lo cre\u00edan cosa de viejos, no se compon\u00edan: ning\u00fan tango cl\u00e1sico fue escrito despu\u00e9s de 1950. Hasta que, en los 90, j\u00f3venes europeos llegaron y lo descubrieron. Tomaron clases, se entusiasmaron, revivieron los viejos salones. Alguien crey\u00f3 que les gustaba porque era una de las pocas formas en que una alemana o neoyorquina post-feministas pod\u00edan dejarse llevar por un hombre sin faltar a sus ideas, con esp\u00edritu de chiste folcl\u00f3rico. Lo cierto es que el tango volvi\u00f3, y se volvi\u00f3 una postal de Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.elcuartopoder.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/2-1.jpg?resize=383%2C255\" alt=\"\" class=\"wp-image-72115\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El tango fue producto de la mezcla: el milagro de una ciudad que ten\u00eda 200.000 habitantes en 1870 y dos millones en 1920 \u2013y m\u00e1s de la mitad eran inmigrantes. En esos a\u00f1os Buenos Aires era una de las ciudades m\u00e1s pobladas y potentes del mundo; era, dijo Malraux, \u201cla capital de un imperio que nunca existi\u00f3\u201d; era, tambi\u00e9n, la cabeza desmedida del pa\u00eds del futuro y quer\u00eda que se viera. Era, entonces, una ciudad de nuevos ricos que quer\u00edan hacer olvidar su novedad a fuerza de riqueza y encargaban palacios que trataban de parecer reales. En esos a\u00f1os, entre 1890 y 1940, sus due\u00f1os construyeron las mansiones de la plaza San Mart\u00edn, el Congreso, la Avenida de Mayo, los edificios Estrougamou, Kavanagh y Barolo, el Obelisco, la avenida Nueve de Julio, la Bombonera, el subterr\u00e1neo: casi todos los monumentos que a\u00fan la identifican. Y el tango. Lo que ven quienes vienen a mirarla es una ciudad que se arm\u00f3 hace casi un siglo. Buenos Aires alguna vez fue tango; ya no es.<\/p>\n\n\n\n<p>Al filo de Buenos Aires hay un r\u00edo, el m\u00e1s ancho del mundo, pero alguien puede pasar a\u00f1os sin verlo. El r\u00edo no est\u00e1 en la ciudad; la bordea, la abre y la confina. Buenos Aires empez\u00f3 en el r\u00edo, se termina en el r\u00edo, lo desde\u00f1a. \u201c\u00bfY fue por este r\u00edo de sue\u00f1era y de barro\/ que las proas vinieron a fundarme la patria?\u201d, se preguntaba Borges en un poema de sus 20 a\u00f1os. Tardar\u00eda otros 40 en definir para siempre \u2013casi tanguero\u2013 la relaci\u00f3n de los porte\u00f1os con su ciudad: \u201cNo nos une el amor sino el espanto;\/ ser\u00e1 por eso que la quiero tanto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nos sent\u00edamos tan privilegiados por vivir ac\u00e1, por ser de ac\u00e1 \u2013y nos odiaban por mostrar ese orgullo.<\/p>\n\n\n\n<p>El r\u00edo se llama de la Plata aunque nunca la hubo: porque unos \u00e1vidos quisieron creer que s\u00ed. Por lo que deber\u00eda haber habido pero no, ya desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>La nena dice que llevaba dos d\u00edas sin comer. La nena no tiene m\u00e1s de 11, el pelo largo desgre\u00f1ado, ojos grandes y oscuros, la remera rojita con sus manchas. La nena come con denuedo.<br>\u2013Ah, qu\u00e9 rico, qu\u00e9 rico. Qu\u00e9 hambre que ten\u00eda.<br>La nena termina su plato de lentejas con arroz y pide m\u00e1s. En su mesa hay otros siete nenes y nenas que comen lo mismo en platos iguales, pl\u00e1stico de colores, sus cucharas de lata; alrededor hay otras ocho mesas. Luis le sonr\u00ede y le dice que espere un poco, que primero hay que ver si alcanza para todos.<br>\u2013Dale, t\u00edo, por favor. Por favor.<br>Luis le acaricia la cabeza, me mira como quien dice ves, por eso.<br>\u2013Dale, t\u00edo, dale, qu\u00e9 te cuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llama Comedor Por los chicos y es un cuarto de 30 metros cuadrados, una cocina, un ba\u00f1o, un toldo a la entrada de un barrio bravo muy cerca de la General Paz, la avenida de circunvalaci\u00f3n que separa la Ciudad Auton\u00f3ma de Buenos Aires de sus suburbios infinitos. Luis y Silvia lo fundaron hace seis a\u00f1os porque, dicen, no soportaban que esos chicos se fueran a la cama sin comer. Ahora dan de cenar a unos setenta todos los lunes, mi\u00e9rcoles y viernes, la merienda los martes y los jueves.<br>\u2013Pero no nos alcanza la mercader\u00eda, la comida. Nunca nos alcanza, pero ahora menos: no sab\u00e9s c\u00f3mo creci\u00f3 en estos meses la cantidad de chicos que vienen. Vienen los padres, tambi\u00e9n, a ver si les podemos dar algo. Hay hambre, hermano, hambre.<br>Dice Luis, 53, la sonrisa acuciante, los pelos negros en un gorro de pl\u00e1stico. Luis se queja de que no tienen apoyo de las autoridades, que parece mentira que en un pa\u00eds como el nuestro pasen estas cosas pero pasan demasiado. Luis es peronista, dice, pero que su ideolog\u00eda no tiene nada que ver en todo esto: que \u00e9l lo que quiere es darles de comer.<br>\u2013En mi casa a veces no me dan, porque no hay. Pero ac\u00e1 cuando vengo s\u00ed me dan.<br>Dice un flaco de 9, camiseta de Boca. El cuarto est\u00e1 lleno de gritos y de chicos, fotos en las paredes, una cara de Guevara, otra de Eva Per\u00f3n, otra de su marido, una tele con dibujos animados. En Buenos Aires y sus suburbios hay cientos de comedores y no dan abasto. Buenos Aires es la capital de un pa\u00eds que se dedica a producir y exportar comida: que produce, dicen, comida que alcanzar\u00eda para 400 millones de personas. Pero el Observatorio de la Universidad Cat\u00f3lica dice que la exclusi\u00f3n social y la zozobra econ\u00f3mica consiguen que uno de cada diez chicos pase hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Bueno, hoy son menos, algunas madres tuvieron miedo de mandarlos. Como hubo esos problemas\u2026<br>Silvia habla a medias, con miedo, y no termina de contarme que esta tarde la polic\u00eda entr\u00f3 en el barrio. Dijeron que era un operativo contra unos vendedores de paco \u2013o crack o basuco o bicha, pasta base, los desechos de coca\u00edna que son, en toda Am\u00e9rica, la droga de los pobres. Los polic\u00edas se llevaron a varios y derribaron tres o cuatro casillas: dijeron que eran \u201cb\u00fankers de la droga\u201d.<br>\u2013Bueno, s\u00ed, es cierto que ac\u00e1 hay falopa. Ac\u00e1 son muy pocos los que tienen un trabajo, as\u00ed que muchos pibes andan vendiendo. Se creen que es la \u00fanica salida que les queda\u2026<br>Dir\u00e1 Luis, y qu\u00e9 pobres pibes pero les hacen mucho mal a todos y que el barrio se les volvi\u00f3 violento, que los chicos ya no pueden andar solos por las calles porque hay armas, tiroteos, y todo porque algunos pobres pelotudos quieren venir a comprarse sus drogas, dice.<br>\u2013Del centro, vienen, muchos. Por qu\u00e9 no se quedar\u00e1n all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires siempre fue, sobre todo, clase media. Eso la hac\u00eda mucho m\u00e1s europea que sus mansiones parisinas y sus chalets normandos y sus casas italianas y sus escasos rascacielos neoyorquinos y sus iglesias dizque g\u00f3ticas, dizque barrocas, dizque rusas; mucho m\u00e1s europea que sus teatros y avenidas y sus pieles lechosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad es por lo menos dos ciudades, y las separa otro r\u00edo que no es r\u00edo: la avenida Rivadavia. (Bernardino Rivadavia fue el primer presidente argentino y, como tantos de sus grandes compatriotas \u2013como San Mart\u00edn, Echeverr\u00eda, Sarmiento, Alberdi, Mansilla, Roca, Borges, Cort\u00e1zar, Maradona\u2013, muri\u00f3 fuera. Como varios de ellos, dej\u00f3 escrito que no devolvieran su cuerpo a su ciudad; como a varios, no le hicieron caso: su tumba est\u00e1 en una plaza que su avenida cruza, junto a una estaci\u00f3n de tren, en una zona dura. Muy pocos de los que pasan saben que ah\u00ed, bajo ese m\u00e1rmol, yace un cuerpo.)<br>La avenida Rivadavia \u2013que la ansiedad local supone \u201cla m\u00e1s larga del mundo\u201d\u2013 corre desde la Plaza de Mayo hasta el suburbio, quince kil\u00f3metros m\u00e1s lejos; a su derecha est\u00e1n los barrios pretigiosos; a su izquierda se extiende una pampa de casas semejantes. Muchos habitantes de la orilla derecha no van del otro lado; si acaso, \u00faltimamente, se arriesgan a un restaurante de San Telmo, el barrio viejo, la zona que los ricos abandonaron en 1870 para huir de la fiebre amarilla.<br>San Telmo se volvi\u00f3 el barrio favorito de los extranjeros j\u00f3venes: calles empedradas, casas bajas, bares enrollados. Tambi\u00e9n los hay en Palermo, el otro gran lugar de paso y de paseo. Alrededor de su centro, la placita de Serrano, se levantan diez o quince bares; nada que no sean bares. Uno se llama Madigan, otro Flannagan, otro Whoppies, otro Ragnar, otro Madagascar, otro Dixx, Bad Toro, Antwerpen, Valk, Kentucky, y siguen firmas. Pero la plaza, ahora, se llama Julio Cort\u00e1zar; yo estuve, hace unos 30 a\u00f1os, en el acto en que la bautizaron; ese d\u00eda pas\u00e9 por los parlantes una grabaci\u00f3n donde \u00e9l dec\u00eda que nada le dar\u00eda m\u00e1s horror que dejarle su nombre a una calle o a una plaza.<br>\u2013Uy, qu\u00e9 espanto. Ojal\u00e1 no lo hagan.<br>Dijo, aquella vez, Julio Cort\u00e1zar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora la voz en la radio anuncia unos cr\u00e9ditos del aisibis\u00ed y no necesita explicar que est\u00e1 hablando del banco ICBC: el orgullo de seguir pareciendo m\u00e1s o menos educados, m\u00e1s o menos cosmopolitas \u2013o eso que, aqu\u00ed y ahora, pasa por cosmopolita. Pero es cierto que Buenos Aires fue una ciudad m\u00f3dicamente culta, donde la educaci\u00f3n p\u00fablica funcionaba bien, donde una o dos generaciones de inmigrantes pobres se sacrificaron para hacer de sus hijos dotores: donde ser doctor era la forma de cumplir aquellos sue\u00f1os gallegos, tanos, rusos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada noche, en Buenos Aires, abren infinidad de bares, restoranes, conciertos, teatros, los puntos m\u00e1s variados y entusiastas. Buenos Aires sigue siendo una gran ciudad para tener 20 o 30 a\u00f1os y alg\u00fan dinero en el bolsillo. Y se jacta \u2013con justicia\u2013 de sus actividades culturales y de la ambici\u00f3n cultural de muchos de sus pobladores y ahora, adem\u00e1s, de tener \u201cla librer\u00eda m\u00e1s bella del mundo\u201d. La librer\u00eda Ateneo fue, durante d\u00e9cadas, un cine y se llamaba Grand Splendid. Hay artes que tuvieron un destino a\u00fan m\u00e1s cruel que la literatura: aquel cine fue convertido en librer\u00eda y trep\u00f3 en esos rankings improbables. La librer\u00eda es un teatro vaciado de s\u00ed mismo, sin escenario, sin butacas \u2013sin lectores. Rebosa de turistas que cumplen el ritual y, tel\u00e9fono en alto, se selfean como corresponde. El decorado es espectacular: miles de libros en un idioma que no entienden.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013\u00bfY segu\u00eds viviendo en el Bot\u00e1nico?<br>\u2013No, me fui a Madrid.<br>\u2013Ah, qu\u00e9 suerte, qu\u00e9 hijo de puta.)<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Y pensar que al final nuestras vidas consistieron en lidiar con todo esto, \u00bfno?<br>Me dice un taxista de mi edad. \u201cTodo esto\u201d es un estado de zozobra casi permanente: la sensaci\u00f3n de que nada va a ser como lo imaginabas, que detr\u00e1s de cada promesa hay un enga\u00f1o, que todo se derrumba o puede derrumbarse. Hace d\u00e9cadas que los porte\u00f1os \u2013la mayor\u00eda de los porte\u00f1os\u2013 perdieron la confianza en el futuro, que lo esperan con miedos. Son d\u00e9cadas de vivir al ritmo de una econom\u00eda descontrolada, su inflaci\u00f3n, sus penurias. Los porte\u00f1os \u2013la mayor\u00eda de los porte\u00f1os\u2013 ya no saben relajarse: viven atentos a la pu\u00f1alada por venir.<br>\u2013Siempre pensamos que era por un tiempo, que iba a mejorar, que iba a cambiar, pero se alarga y se alarga y es toda la vida, la concha de su madre. Al final se nos fue la vida en esta mierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los porte\u00f1os, \u00faltimamente, sonr\u00eden poco.<br>Se los ve tensos. Agresivos, incluso. Buenos Aires parece un mundo combustible, siempre a punto de saltar por los aires. Y te explican, despu\u00e9s, que tienen sus razones. La econom\u00eda, sobre todo: la incertidumbre de la econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ac\u00e1 nadie guarda plata en pesos, todo es d\u00f3lares. Y muy pocos la tienen en el banco; la mayor\u00eda la mete abajo del colch\u00f3n.<br>La Argentina lleva muchos a\u00f1os sin tener una moneda verdadera: las operaciones significativas \u2013comprar o vender una casa, un coche, ahorrar lo que se pueda\u2013 se hacen en d\u00f3lares, la \u00fanica certeza.<br>\u2013Es muy dif\u00edcil, un pa\u00eds sin confianza\u2026<br>Me dir\u00e1 P., sorbiendo su caf\u00e9 de cadena americana. En Buenos Aires los hombres se saludan con un beso. Salvo la clase alta y asimilados varios, que son tan hombres que se dan la mano. Cuando lleg\u00f3, P. me dio la mano.<br>\u2013Tantos a\u00f1os de pasar por todo tipo de planes fracasados, devaluar la moneda una y otra vez, sacar ceros y m\u00e1s ceros, seguir con la inflaci\u00f3n, seguir imprimiendo billetitos\u2026 As\u00ed no hay quien les crea.<br>P. tiene 38 a\u00f1os, dos hijas chicas, el cuerpo curtido por el rugby, poco sue\u00f1o; cada ma\u00f1ana hacia las 9, despu\u00e9s de un rato de ejercicio, llega a una oficina en el centro de la ciudad \u2013lo que los porte\u00f1os llaman \u201cla City\u201d\u2013, enciende su computadora y se dispone a imaginar qu\u00e9 har\u00e1 \u201cel mercado\u201d. El mercado de divisas de Buenos Aires solo mueve unos 300 millones de d\u00f3lares al d\u00eda pero su sombra cubre todo.<br>\u2013S\u00ed, cada ma\u00f1ana cuando llego prendo los sistemas, empiezo a ver c\u00f3mo viene la cosa, la volatilidad, los cambios permanentes. Y ah\u00ed tenemos que ir decidiendo qu\u00e9 hacemos, si compramos, si vendemos\u2026<br>P. lleva el nuevo uniforme de negocios cool: el traje azul oscuro o agrisado, la camisa blanca o celeste con el cuello abierto. Su empresa compra y vende d\u00f3lares y maneja inversiones.<br>\u2013No, no es un trabajo salubre, no en este pa\u00eds. Hay que tomar decisiones que te pueden dar p\u00e9rdidas importantes. Pero ten\u00e9s que aprender que vas a tener errores y que lo importante es tener m\u00e1s aciertos que errores.<br>Y pese a eso, dice, le gusta su trabajo. Le pregunto por qu\u00e9, y me dice que la adrenalina:<br>\u2013La adrenalina, eso me gusta. Y que tom\u00e1s decisiones y ten\u00e9s la respuesta en el momento. Cuando trabajaba en la econom\u00eda real, de pronto me met\u00eda en un proyecto de construcci\u00f3n que tardaba dos a\u00f1os en funcionar o no. Ac\u00e1, para bien o para mal, ves los resultados cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace un a\u00f1o un d\u00f3lar costaba 20 pesos argentinos; hoy, m\u00e1s de 40; la inflaci\u00f3n, en ese lapso, ya pas\u00f3 del 50 por ciento. La inflaci\u00f3n desconcierta y desalienta: cualquier plan personal se derrumba, todo se descontrola; cunde la sensaci\u00f3n de que nadie sabe, que no hay manera de arreglarlo: que un chofer borracho te lleva al precipicio.<\/p>\n\n\n\n<p>P. fue a un colegio distinguido, de curas elegantes, y habla con ese acento de porte\u00f1os ricos que ahora lleg\u00f3 a la presidencia.<br>\u2013\u00bfNo te da culpa la idea de que pod\u00e9s hacer este trabajo porque este pa\u00eds es un quilombo, que se est\u00e1n aprovechando de todo eso?<br>\u2013No, a nosotros nos convendr\u00eda tener un pa\u00eds normal, tranquilo. A nosotros tambi\u00e9n nos joden las mismas cosas que lo joden al tipo que hace panes. Es cierto que yo a veces puedo aprovechar una crisis para comprar mejor, para conseguir ciertas ventajas. Pero eso no me da culpa; lo que me da culpa es que no podamos hacer un pa\u00eds donde todos podamos ganar plata trabajando. Con un pa\u00eds normal ganar\u00edamos todos. Como no lo tenemos, algunos podemos aprovechar las oportunidades, pero son ef\u00edmeras. Hoy la pegan, ma\u00f1ana se la van a pegar\u2026<br>Dice P., y el tel\u00e9fono interrumpe. P. lo atiende, habla parco, dice que ya va, que \u00e9l se ocupa.<br>\u2013Est\u00e1 subiendo mucho el d\u00f3lar.<br>Me dice, el gesto c\u00f3mplice, y que tiene que irse; le pregunto si ayer compr\u00f3 d\u00f3lares.<br>\u2013S\u00ed, compr\u00e9. Por suerte me cubr\u00ed.<br>\u2013As\u00ed que seguimos ganando.<br>\u2013S\u00ed, pero yo no gano si esto no se sostiene, si la gente no tiene plata para comprarlos.<br>Dice, y que ya se va, que se le quema el rancho.<br>\u2013Bueno, como todos los d\u00edas.<br>Dice, con la sonrisa del bombero satisfecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires es una ciudad fundada por personas que vinieron desde lejos para hacerse un futuro, que cre\u00edan en el esfuerzo y la recompensa de construir ese futuro: ahora sus nietos y bisnietos la ven caer sin saber qu\u00e9 hacer para evitarlo. Con la convicci\u00f3n de que no saben evitarlo, que no pueden; con el miedo de lo que puede pasar, que nunca se sabe qu\u00e9 ser\u00e1. Si me resignara a generalizar dir\u00eda que muchos porte\u00f1os son personas asustadas: personas que viven en un tembladeral sin referencias, sabiendo por experiencia que en cualquier momento les sacan el suelo sobre el que se paran, los planes que creyeron, las normas que aceptaron: que el dinero, la gran certeza actual, es incierto, que hoy vale y ma\u00f1ana qui\u00e9n sabe; que el futuro es amenza, no promesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La conciencia de que todo cambia todo el tiempo, que todo se te escapa. La civilizaci\u00f3n es el aparato que inventamos para ocultar que todo es provisorio. A veces lo consigue.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.elcuartopoder.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/4.jpg?resize=405%2C270\" alt=\"\" class=\"wp-image-72117\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Son memoria que recorre las calles, presente tan presente. Son personas \u2013hombres, mujeres, sus hijos a veces\u2013 que llegan desde la periferia y empujan esos carritos de fortuna donde juntan lo que queda en la basura, los despojos ajenos. Los llaman cartoneros porque empezaron recogiendo cartones en 2001, la pen\u00faltima crisis, y se volvieron parte de la ciudad, una imagen constante. Hace a\u00f1os le pregunt\u00e9 a Mauricio Macri, alcalde entonces, qu\u00e9 iba a hacer al respecto y me dijo que los estaba ordenando y que iba a darles uniformes. Le dije que me refer\u00eda a que ya nadie tuviera que andar hurgando en las basuras y \u00e9l me dijo que s\u00ed, que con el tiempo, que si llegaba a gobernar. Ya pasaron diez a\u00f1os, Macri lleva m\u00e1s de tres de presidente \u2013y antes Kirchner y Cristina de Kirchner\u2013 y los cartoneros siguen en la calle; ahora tienen un chalequito fluorescente. Estos d\u00edas el municipio empez\u00f3 a instalar unos contenedores inteligentes \u2013italianos\u2013 que solo pueden abrir los vecinos con tarjetas magn\u00e9ticas: \u201cEsto es para evitar que la gente se meta y saque basura; as\u00ed va a mejorar mucho la limpieza\u201d, dijo, cuando los inaugur\u00f3, el ministro del Espacio P\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciudadanos que se defienden de sus conciudadanos, se asustan, los rechazan. T\u00e9cnicamente, Buenos Aires es una ciudad de casi tres millones de habitantes rodeada por un conurbano que alberga a doce millones m\u00e1s.<br>\u2013\u00bfVos d\u00f3nde viv\u00eds?<br>\u2013Yo, en el Gran Buenos Aires.<br>\u2013Bueno, no ser\u00e1 para tanto.<br>En el Gran Buenos Aires hay barrios ricos, barrios cerrados, barrios medianos, tantos barrios muy pobres. Para muchos porte\u00f1os esos conglomerados marginales \u2013las \u201cvillas miseria\u201d\u2013 son una sombra que amenaza: de all\u00ed vienen todos los d\u00edas miles y miles de trabajadores que los sirven pero tambi\u00e9n \u2013en su imaginario\u2013 los pacientes que ocupan sus hospitales, los manifestantes que cortan sus calles, los ladrones que los roban. En las villas viven millones de personas sin un trabajo regular, menguada la esperanza. Y proyectan sobre la ciudad esa imagen o fantas\u00eda de un lugar sin ley, sin soluci\u00f3n, sin diques, que se desborda cada vez m\u00e1s sobre sus calles: un cambio anticlim\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Lo que no se puede m\u00e1s es dejar que estos negros nos caguen la vida.<br>Me dice una se\u00f1ora muy te\u00f1ida de rubio al volante de un coche casi nuevo atrapado en una fila inm\u00f3vil. Estamos en el Obelisco, una aguja blanca que Buenos Aires levant\u00f3 en 1936 para festejar sus 400 a\u00f1os y su prosperidad y que, desde entonces, la representa en las postales. Alrededor hay cientos de mujeres y hombres con pancartas y bombos y banderas: es rara la ma\u00f1ana en que no hay, en el centro de la ciudad o sus accesos, alg\u00fan corte de calles. Algunas veces son trabajadores despedidos; muchas, pobres suburbanos que reclaman sus subsidios, sus derechos. Son gordos, son oscuros, tienen menos dientes, tienen beb\u00e9s en brazos, ropa vieja.<br>\u2013Pa\u2019 que nos vean, hermano, qu\u00e9 quer\u00e9s. Si nos quedamos en los barrios, \u00bfsab\u00e9s qu\u00e9 f\u00e1cil que se olvidan de que existimos, los pol\u00edticos? Y la gente, los garcas de ac\u00e1 tambi\u00e9n se olvidan. Que se maten entre ellos esos negros, dicen, que se mueran. Si se mueren estamos m\u00e1s tranquilos, dicen. O no lo dicen pero seguro que lo piensan.<br>Me dice, torrencial, una mujer de 50 baja, s\u00f3lida, su mochila con el termo y el mate, su pelo recio con una raya al medio y la coleta, su camiseta azul que dice \u201cMovimiento Evita\u201d. Suenan bombos: sin cesar suenan bombos. Los manifestantes se quejan de que el Estado abandona sus pol\u00edticas sociales \u2013cl\u00ednicas, comedores, asignaciones, cooperativas de trabajo\u2013 y amenazan con seguir en la calle: se vienen elecciones, es buen momento para hacerse o\u00edr.<br>\u2013Este gobierno olig\u00e1rquico quiere deshacerse de nosotros. Nosotros estamos ac\u00e1 para decirles que no lo conseguir\u00e1n\u2026<br>Grita un hombre de pelo largo desde un cami\u00f3n con altavoces. Alrededor de los manifestantes hay cien o doscientos polic\u00edas; llevan escudos y protecciones varias y un cartel en el pecho con su nombre; muchos son mujeres. Este a\u00f1o, dicen, se han puesto m\u00e1s duros, pero no reprimen si los cortes dejan un carril abierto al tr\u00e1fico. A\u00fan as\u00ed, los embotellamientos o trancones o tacos o atascos suelen ser majestuosos. Cada ma\u00f1ana los portales y canales de noticias informan qu\u00e9 calles y avenidas estar\u00e1n cortadas y muchos porte\u00f1os los consultan antes de decidir su itinerario. Muchos, tambi\u00e9n, piden mano m\u00e1s dura, y el debate entre el derecho a la manifestaci\u00f3n y el derecho a la circulaci\u00f3n ya lleva d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires es, entre otras cosas, el teatro de una lucha continua. Por la supervivencia, dicen unos; por el poder, contestan otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay pocas explosiones como \u00e9sta: vas subiendo, laborioso, lento, las escaleras de cemento sombr\u00edo, sus escalones desconchados, charcos de aguas y orines, y lleg\u00e1s a los pasillos de cemento sombr\u00edo, m\u00e1s charcos, m\u00e1s olores y de pronto, tras una puerta apenas m\u00e1s grande que una puerta, te asaltan la luz y el ruido y los colores, el sol o esos faroles que hacen d\u00edas m\u00e1s brillantes que los d\u00edas: dejaste atr\u00e1s las tripas del estadio, saliste a sus tribunas y lo ves, ves esos brillos.<br>\u2013Las gashinas son as\u00ed,\/ son las amargas de la Argentina,\/ cuando no sale campe\u00f3n\/ esas tribunas est\u00e1n vac\u00edas.\/ Yo soy de Boca, se\u00f1or\u2026<br>Hace unos a\u00f1os The Guardian dijo que un Boca-River en la Bombonera era el mejor espect\u00e1culo deportivo del mundo y los bosteros lo recibimos con esa mezcla de orgullo y sorna que solemos: y s\u00ed, \u00bfreci\u00e9n ahora se dan cuenta? La cancha de Boca, tambi\u00e9n llamada Bombonera, ya tiene 80 a\u00f1os y es el reducto del equipo m\u00e1s popular de la Argentina.<br>\u2013\u2026Boca, sos la droga de mi coraz\u00f3n.\/ Aunque ganes, aunque pierdas\/ no me importa una mierda\u2026<br>All\u00e1 abajo el partido es francamente malo: torpe, peleado, desarmado. La Argentina exporta sus mejores jugadores: los que siguen aqu\u00ed son los que no consiguen lugar en clubes europeos \u2013o americanos o turcos o malayos\u2013; los demasiado j\u00f3venes o demasiado viejos o demasiado malos. As\u00ed que nos resignamos a nosotros mismos. A veces la tribuna grita por entusiasmo de un partido emocionante; otras, por el tedio de uno como \u00e9ste. Algo hay que hacer: cantamos. Y nos gusta escucharnos.<br>\u2013Quiero quemar el gallinero,\/ que se mueran los cuervos y la guardia imperial.\/ Vamos xeneizes,\/ con huevo vaya al frente\u2026<br>La mayor exportaci\u00f3n cultural de la Argentina actual \u2013sin contar reinas y papas y dem\u00e1s residuos medievales\u2013 son estos cantitos de cancha: se los puede oir en todo el mundo, desde el Azteca al Bernab\u00e9u al Yokohama. Y son el producto de las \u201cbarras bravas\u201d que tambi\u00e9n exportan su know-how a otros grupos de v\u00e1ndalos.<br>\u2013Pasan los a\u00f1os, pasan los jugadores,\/ la Doce est\u00e1 presente y no para de alentar\u2026<br>La de Boca, \u201cla Doce\u201d, es una de las m\u00e1s famosas, m\u00e1s activas: un verdadero cuerpo mafioso que cobra por proteger a sus posibles v\u00edctimas de sus posibles ataques, y resulta tan vistosa, tan folcl\u00f3rica, tan \u201capasionada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Alrededor de la cancha de Boca est\u00e1 la Boca \u2013la boca del Riachuelo, un r\u00edo podrido que todas las administraciones prometen limpiar, rehabilitar. La Boca es un barrio construido a principios del siglo XX por inmigrantes genoveses, que los turistas suelen visitar porque conserva algunas casas de lata pintadas de colores, y los locales evitan porque tienen miedo.<br>\u2013No, boludo, ah\u00ed no ten\u00e9s que ir, no seas boludo.<br>El porte\u00f1o es un dialecto f\u00e1cil: castellano con vos y melod\u00eda italiana. Pero lo italiano, en Buenos Aires, nunca se pens\u00f3 como un signo de elegancia. Los italianos sol\u00edan llegar con una mano atr\u00e1s y otra adelante, buscando alg\u00fan lugar donde pelear el hambre. Tardamos mucho en separar dos palabras que sol\u00edan venir juntas: tano y bruto. Hasta que, hace 50 a\u00f1os, una nueva generaci\u00f3n de empresarios, migrantes tard\u00edos o hijos de migrantes, nos convenci\u00f3 de que un italiano pod\u00eda ser elegante \u2013y el hijo de uno de ellos ahora nos gobierna en nombre de los ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Una con faina, flaco, y un vaso de moscato.<br>\u201cUna\u201d es \u201cuna porci\u00f3n de muzzarella\u201d: no hace falta nombrarla. Muchos creen que la comida de Buenos Aires es el asado pero el asado \u2013y sus mollejas y chinchulines y chorizos\u2013 es, si acaso, la comida argentina. La comida de Buenos Aires es la pizza, pan y queso calentados que trajeron aquellos italianos. La pizza porte\u00f1a es una masa gorda oronda con queso desbordante doradito, lujos de un pa\u00eds que sol\u00eda entender la buena comida como mucha comida; la pizza porte\u00f1a tiene un templo que se llama G\u00fcerr\u00edn \u2013aunque nunca nadie haya pronunciado la di\u00e9resis o crema.<br>\u2013\u00bfPara llevar o para comer ac\u00e1?<br>\u2013No, ac\u00e1 nom\u00e1s, de dorapa.<br>La cola es larga, cambia seg\u00fan las horas. Al mediod\u00eda son empleados de oficinas de la zona; a las 9 de la noche son familias, a partir de las 10, parejas que salen de los cines o bares o teatros; m\u00e1s tarde, perdidos varios de la noche.<br>\u2013No te olvid\u00e9s el vaso de moscato, hermano.<br>Detr\u00e1s del mostrador hay tres muchachos de birrete rojo, un cuchillo en una mano, un tenedor desdentado en la otra, que nunca paran de cortar porciones. Y tambi\u00e9n distribuyen la faina o fain\u00e1, ese pastel de harina de garbanzos que solo se encuentra aqu\u00ed y en G\u00e9nova. G\u00fcerr\u00edn est\u00e1 en Corrientes, la avenida del Obelisco, los teatros, los caf\u00e9s y librer\u00edas y restoranes que no cerraban nunca. Yo crec\u00ed escuchando tangueros que hablaban, melanc\u00f3licos, de cuando \u201cCorrientes era angosta\u201d: la hab\u00edan ensanchado en los a\u00f1os 30 para abrirle camino al futuro. Ahora el gobierno de la ciudad ha decidido angostarla otra vez y seguir demostrando que aqu\u00ed el futuro se parece tanto al pasado o a vaya a saber qu\u00e9: a lo que venga.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013\u00a1Uy, vos por ac\u00e1, tanto tiempo sin verte!<br>\u2013Es que ahora vivo afuera.<br>\u2013Ah, vos s\u00ed que la hac\u00e9s bien.)<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s alguien tir\u00f3 a la calle su sill\u00f3n: de pronto, en la acera coqueta, el paseante se topa con un sof\u00e1 de dos plazas, como de tela estampada con capiton\u00e9, mullido, invitante, francesito. Cuando el paseante agradecido se deja caer sobre esa superficie el\u00e1stica, sus nalgas descubren que no hay tal, que el sill\u00f3n est\u00e1 hecho de hormig\u00f3n armado. Entonces averigua: el gobierno de la ciudad ha instalado unos cien; son, dicen, una \u201cintervenci\u00f3n urbana\u201d. La invent\u00f3 un colectivo de dise\u00f1o que se llama Grupo Bondi \u2013Bondi, en argentino, significa colectivo que significa, a su vez, autob\u00fas\u2013 y se define como \u201cuna banda de rock que no hace canciones sino objetos\u201d para contribuir a esa idea de que los argentinos son unos charlatanes con \u2013alg\u00fan\u2013 encanto.<br>En s\u00edntesis: te ofrecen un sill\u00f3n mullido, confortable, y al sentarte descubr\u00eds que era m\u00e1s duro que una piedra. Se dir\u00eda que alguien nos quiso explicar algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las cinco de la tarde y aqu\u00ed en la Recoleta, el barrio caro, las chicas rubias y sus pecas salen de los colegios religiosos, sus uniformes de color, sus polleras tan cortas y sus cruces, sus miradas, y los chicos salen de los colegios religiosos, sus espaldas de rugbiers en potencia, sus miradas de ganas, su torpeza de nenes. Frente al chino de la esquina \u2013aqu\u00ed \u201cun chino\u201d es un supermercado\u2013 hay una cola larga: quince o veinte mujeres, casi todas j\u00f3venes, esperan algo en la vereda. Pregunto; la primera me explica que \u201cest\u00e1n tomando una cajera y limpiadora\u201d. La primera es venezolana, el pelo afro, los ojos muy pintados; ya lleva ac\u00e1 seis meses y todav\u00eda no ha conseguido nada. En la mano tiene una carpeta de pl\u00e1stico con su curriculum: es licenciada en administraci\u00f3n, me dice. La segunda y la tercera son porte\u00f1as, tambi\u00e9n van maquilladas; una estudia dibujo, la otra est\u00e1 terminando su bachillerato. Ninguna de las tres ha tenido un empleo en los \u00faltimos meses, y me dicen que su trabajo es recorrer la ciudad, las colas, las propuestas.<br>\u2013Lo importante es no desanimarse.<br>Me dice la segunda. Detr\u00e1s hay muchas m\u00e1s, y m\u00e1s siguen llegando. El trabajo son nueve horas por d\u00eda y la paga mensual, me dicen, unos 300 euros. Los productos que vender\u00e1 la afortunada cuestan un poco m\u00e1s que en cualquier mercado de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta todo el tiempo es por qu\u00e9. O ni se dice, queda impl\u00edcita: \u00bfc\u00f3mo puede ser que un pa\u00eds tan rico est\u00e9 siempre tan mal? O sea: \u00bfpor qu\u00e9 un pa\u00eds tan rico no es tan rico?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ahora una especie nueva recorre la ciudad. Llevan a sus espaldas grandes cubos de colores vivos, suelen moverse sobre ruedas y hablan con un canto de playas alejadas. Hace a\u00f1os que Buenos Aires se est\u00e1 \u201clatinoamericanizando\u201d, con perd\u00f3n: dejando atr\u00e1s sus estructuras m\u00e1s europeas \u2013m\u00e1s clase media, menos desigualdad, buena salud y educaci\u00f3n y seguridad p\u00fablicas\u2013 para parecerse, en sus injusticias, al resto del continente. Y ahora estos muchachos: venezolanos, sobre todo, y colombianos, que la recorren en bicicleta para entregar pizzas y empanadas y sushis y todo lo dem\u00e1s a domicilio: la tracci\u00f3n a sangre y la costumbre de no salir por miedo o por carencia se imponen poco a poco, bien sudacas.<br>Hac\u00eda tiempo que Buenos Aires no registraba la llegada de una comunidad tan numerosa, tan presente como estos cientos de miles de caribe\u00f1os que tambi\u00e9n est\u00e1n en los bares y los restaurantes, las cajas de los chinos, los mostradores de las boutiques de moda, los lavarropas de las lavander\u00edas.<br>\u2013No sab\u00e9s qu\u00e9 agradable, qu\u00e9 bueno que est\u00e9n ac\u00e1. Ahora vos entr\u00e1s a un negocio y te saludan.<br>Me dec\u00eda una amiga, la sonrisa triste. Pero sus vidas no son f\u00e1ciles.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Y no, qu\u00e9 vas a hacer, tienes que hacer lo que te dicen. Para eso somos extranjeros.<br>Me dice una venezolana de ojos grandes.<br>\u2013Si te dicen que esperes, esperas. Si te dicen que vuelvas ma\u00f1ana, vuelves ma\u00f1ana, qu\u00e9 remedio.<br>El edificio de la Direcci\u00f3n de Migraciones, junto al puerto de Buenos Aires, no estaba preparado para tantos. Hace unos meses sus jefes se sintieron desbordados y levantaron unas rejas que cierran sus entradas. Esta ma\u00f1ana hay cientos de extranjeros que hacen cola en un descampado bajo los \u00e1rboles sin saber para qu\u00e9; de tanto en tanto sale una empleada y docenas se le tiran encima, la muelen a preguntas. La chica les contesta poco, no sabe qu\u00e9 decir. Alrededor siguen los gritos, pedidos, los reclamos, y algunos filman el tumulto con sus telefonitos para subirlo a redes, que es la resistencia de estos tiempos, la esperanza de estos tiempos. Unos metros m\u00e1s all\u00e1 se levanta un edificio enorme, tipo hospital del 900: el Hotel de Inmigrantes, plantado sobre el r\u00edo. Aqu\u00ed llegaban los que hicieron la ciudad; aqu\u00ed los recib\u00edan y registraban y filtraban. Aqu\u00ed vienen ahora sus descendientes a buscar sus datos para pedir las nacionalidades que ellos abandonaron: para hacerse italianos, espa\u00f1oles, polacos, poder irse.<br>\u2013Me emociona pensar que mi bisabuelo, cuando lleg\u00f3, caminaba por estas mismas losas.<br>Me dice un muchacho que vino a buscar la fecha de su desembarco.<br>\u2013Solo que \u00e9l caminaba porque quer\u00eda llegar y vos porque quer\u00e9s irte.<br>Le digo, y que est\u00e1 cerrando el c\u00edrculo, y el muchacho no sabe si re\u00edrse. Lo intenta, por si acaso, no le sale.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos Aires es una ciudad chata, sin alturas: que no tiene desde d\u00f3nde mirarse y admirarse. Lo que m\u00e1s se ve de Buenos Aires es el centro, sus avenidas anchas, sus grandes construcciones, sus parques arbolados, pero dos tercios de la ciudad son esa pampa de casitas bajas, algunos edificios cada tanto como los montes de eucaliptus en la pampa, y esas calles tan parecidas las unas a las otras, los negocios modestos, las veredas m\u00e1s o menos rotas: \u201clos Cien Barrios Porte\u00f1os\u201d, los llama el clich\u00e9. Son, como la pampa, vastos espacios que parecen parecerse, donde el ojo poco entrenado no encuentra diferencias. Eso \u2013lo que nunca se piensa cuando se piensa en ella\u2013 es la ciudad.<br>Y los pl\u00e1tanos, claro. Sin los pl\u00e1tanos, Buenos Aires ya se habr\u00eda hundido en la fealdad m\u00e1s consistente; los pl\u00e1tanos la salvan, la visten todo el a\u00f1o con sus hojas modestas pero muchas y sus cortezas cortajeadas. Y est\u00e1n, por supuesto, los jacarand\u00e1s: el adorno, el lujo lila de noviembre. Y los palos borrachos gordos y rosita y los lapachos orgullosos y esas plazas con esos monumentos \u2013un gomero, un omb\u00fa\u2013 que se vuelven un espacio en s\u00ed mismos: \u00e1rboles como c\u00fapulas de alg\u00fan banco quebrado, de una iglesia hereje, \u00e1rboles que ya estaban ah\u00ed cuando no estaba Buenos Aires, \u00e1rboles que estar\u00e1n y se reir\u00e1n cuando se acabe; \u00e1rboles que justifican \u2013que casi justifican\u2013 todo el resto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la calle huele a palosanto. Ese incienso barato es el olor de la ca\u00edda. Lo venden, en las calles, desocupados que te recuerdan su desgracia por la v\u00eda m\u00e1s directa: el palosanto es la ciudad abrumada.<\/p>\n\n\n\n<p>J. se est\u00e1 sacando los zapatos. J. tiene 48 a\u00f1os \u2013dice que tiene 48 a\u00f1os\u2013, el pelo casi al ras y ahora se est\u00e1 sacando los zapatos, grandes, viejos, sentada en el suelo en la esquina de Callao y Santa Fe, pleno barrio rico. Son m\u00e1s de las doce de la noche; J. me explica que ac\u00e1 como hay mucha polic\u00eda se puede dormir bien, que en general no la molestan, que no intentan robarle lo que lleva en sus dos bolsas. Que s\u00ed, que a veces la polic\u00eda la saca, pero a veces no, y que lo importante son las bolsas.<br>\u2013Imag\u00ednese, don, si me chorean estas bolsas me quedo sin nada en la vida. Nada, ni un zoquete.<br>J. tiene los ojos huidizos: no consigo que me mire de frente mientras me cuenta que ella ten\u00eda una casa \u2013bueno, dice, una casita, un rancho\u2013 pero que primero su marido se fue, despu\u00e9s ella perdi\u00f3 un trabajo, la hija se junt\u00f3 y se fue, el hijo no me cuenta. Y que entonces ac\u00e1 s\u00ed puede sacarse los zapatos porque no se los roban y que lo importante es poner un cart\u00f3n por debajo, que cuando no consigue un cart\u00f3n o se le moja s\u00ed que la pasa mal, que aprieta el fr\u00edo, y por arriba esta frazada, me dice, y me muestra una mantita, sus agujeros, su mugre. Y despu\u00e9s me dice que ella es distinta, que no toma nada, que con vino es m\u00e1s f\u00e1cil.<br>\u2013Y no se crea que es porque no puedo. Si quisiera yo tambi\u00e9n me consegu\u00eda un litro para dormir. Pero si entr\u00e1s en esa ya no sal\u00eds m\u00e1s.<br>Me dice J., y que ella s\u00ed quiere salir: que ella s\u00ed va a salir. Y que, mientras, qu\u00e9 bueno poder sacarse los zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muchos, la mayor\u00eda son hombres. Los hay en cantidad de esquinas; en algunas viven durante a\u00f1os: alguno incluso tiene, en la calle, su tele y su perro. Tambi\u00e9n hay familias.<br>La ciudad est\u00e1 llena de personas que ya no tienen techo; para el resto, a menudo, se trata de aprender a no mirar. A convivir con lo que, hace unos a\u00f1os, habr\u00edamos cre\u00eddo intolerable. A ampliar, entonces, el radio de lo que toleramos: a escondernos en la resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El doctor tiene 65 a\u00f1os, es un onc\u00f3logo con cl\u00ednica propia y hace unos d\u00edas tirote\u00f3 \u2013con su pistola registrada\u2013 a cuatro muchachos que intentaron asaltarlo en la puerta de su casa. Uno muri\u00f3, los dem\u00e1s se escaparon; el doctor dijo que era la sexta vez que lo asaltaban, que no le sorprend\u00eda el nivel de violencia, que ten\u00eda que ver con la droga y que \u201csi no ponen mano firme va a ser cada vez peor\u201d.<br>\u2013Esto es una p\u00e9rdida permanente de valores, de un pa\u00eds que era la Europa de Sudam\u00e9rica y ahora ya no sabemos qu\u00e9 es.<br>Dijo el doctor a un diario. El muerto ten\u00eda 16 a\u00f1os y su hermana lo despidi\u00f3 en su facebook: \u201cAsco a la Polic\u00eda, la re concha bien de su madre. Lo dejaron re morir a mi hermano. Nadie lo quer\u00eda vivo, manga de hijos de puta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os la ciudad mejor\u00f3 en algunas infraestructuras b\u00e1sicas \u2013el metrob\u00fas, las zonas peatonales, los desag\u00fces\u2013 pero la mayor\u00eda insiste en verla m\u00e1s pobre, m\u00e1s descuidada, m\u00e1s ca\u00edda. Y est\u00e1n, tambi\u00e9n, obsesionados con la inseguridad: todos te cuentan alguna historia, sus temores. En Buenos Aires hay muchos m\u00e1s delitos que hace dos o tres d\u00e9cadas; la cifra de homicidios sigue siendo baja, pero los robos constantes, persistentes, la sensaci\u00f3n de que es dif\u00edcil recorrerla tranquilo.<br>\u2013Si ten\u00e9s que andar siempre con las ventanillas cerradas para que no te manoteen la cartera te sent\u00eds que la ciudad no es tuya, que es de ellos.<br>(Fue, tambi\u00e9n, la latinoamericanizaci\u00f3n: los ricos argentinos creyeron que pod\u00edan armar una sociedad injusta, desigual, sin ninguno de sus inconvenientes; no pudieron.)<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, entre otras cosas, los ricos se refugian. Algunos se fueron a esos barrios privados del suburbio, grandes extensiones verdes que incluyen sus clubes, sus colegios, sus iglesias: de d\u00f3nde los ni\u00f1os y sus madres no precisan salir. Otros, m\u00e1s urbanos, se encerraron en Puerto Madero, tan lejos y tan cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>A mis 12, 13 a\u00f1os me tocaba ir all\u00ed todos los jueves: all\u00ed yac\u00eda, entre barcos arrumbados y graneros en ruinas, el campo de deportes de mi colegio. El puerto estaba casi abandonado. Entonces la aventura consist\u00eda en esquivar las asechanzas de aquellos marineros sovi\u00e9ticos o griegos que, emboscados en los pajonales, amenazaban nuestro honor imp\u00faber.<br>El abandono dur\u00f3 hasta los noventas; fue entonces cuando, neoliberalismo peronista mediante \u2013sobornos fara\u00f3nicos mediante\u2013, empresarios se lanzaron sobre esa mina de oro. Primero rehabilitaron los viejos edificios y los volvieron restoranes y bares y hoteles pretenciosos; despu\u00e9s construyeron otros nuevos y los vendieron como pisos m\u00e1s que pretenciosos.<br>El invento era imbatible: Puerto Madero est\u00e1 pegado al centro de Buenos Aires pero s\u00f3lidamente separado de ese centro por rejas y canales, bien aislado; como un barrio cerrado sobre el r\u00edo. Es un enclave con reglas propias, su propio sistema de seguridad: no lo maneja la Polic\u00eda Federal \u2013tan sospechada, tan sospechosa\u2013, sino la Prefectura Naval que, por su funci\u00f3n acu\u00e1tica, no hab\u00eda tenido tiempo y ocasi\u00f3n de corromperse tanto. Adem\u00e1s es un barrio nuevo: no hab\u00eda pobres residuales que incomodaran a sus vecinos, tan gustosos de vivir entre iguales.<br>\u2013Ac\u00e1 te sent\u00eds c\u00f3modo, tranquilo, sab\u00e9s que no va a venir nadie a molestarte. Sab\u00e9s que no hay problemas.<br>Dice I., un residente que tampoco quiere nombres, cincuenta y tantos, su rolex de oro.<br>\u2013La verdad, es como vivir en otro pa\u00eds, un pa\u00eds en serio.<br>Las calles de Puerto Madero son amplias, limpias, muy desiertas, atiborradas de seguridad: m\u00e1s rejas, m\u00e1s guardias, m\u00e1s c\u00e1maras. Ning\u00fan edificio tiene m\u00e1s de veinte a\u00f1os y algunos tienen m\u00e1s de veinte pisos. Hay, todav\u00eda, algunos \u00e1rboles de antes \u2013y el resto es puro design contempor\u00e1neo. Por todo lo cual los ricos y famosos, pol\u00edticos, futbolistas, tetonas, inversores, gerentes extranjeros y dem\u00e1s oportunistas convirtieron ese trozo de tierra ribere\u00f1a en el barrio m\u00e1s caro de la ciudad \u2013con mucha diferencia. Cuando el peronismo populista lleg\u00f3 al poder en 2003, el lugar estaba maduro para convertirse en su refugio y en su mejor s\u00edmbolo: muchos de sus jefes viven en esa zona donde los pisos cuestan millones de d\u00f3lares y las calles llevan nombres de Madres de Plaza de Mayo y otras luchadoras sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>(\u2013Che, te volviste a vivir ac\u00e1.<br>\u2013No, estoy de paso.<br>\u2013Ah, menos mal.)<\/p>\n\n\n\n<p>Hay mucho pelo azul y mucho mate. Aqu\u00ed, hace 40 a\u00f1os, pocos lo tomaban; aqu\u00ed, hace 20, nadie lo tomaba en movimiento, pero ahora se los ve caminar con el mate en la mano y el termo en el sobaco, a la uruguaya. En un mundo donde todo se globaliza o muere, el mate es una excepci\u00f3n rara. Solo se consume en un tri\u00e1ngulo del Cono Sur \u2013Argentina, Uruguay, Paraguay, sur de Brasil\u2013 pero en esos lugares tiene cada vez m\u00e1s lugar.<br>El mate se convida, se comparte. Es s\u00e1bado a la tarde: en el Centro Cultural Recoleta hay una feria que se llama Pibxs \u2013as\u00ed, en \u201cinclusivo\u201d\u2013 de historieta feminista y unos talleres de hip-hop y muestras de pintura y recitales y obritas de teatro y zonas de encuentro y lugares para nada y una terraza espl\u00e9ndida llena de tumbonas y chicas y chicos y chiques haciendo nada al sol, y muy pocos tienen m\u00e1s de 30 a\u00f1os.<br>El Centro Recoleta fue, en otra vida, un asilo de ancianos, y alrededor yacen los muertos poderosos. El Recoleta est\u00e1 incrustado en el cementerio de su nombre, la ciudadela donde los ricos argentinos tienen sus mausoleos, piedra y m\u00e1rmol tendiente al angelito, mucho busto ce\u00f1udo y los nombres de muertos que son nombres de calles. No hay club, en la Argentina, m\u00e1s exclusivo que este: aqu\u00ed se encuentra la verdadera elite y todos, o casi todos, est\u00e1n muertos. Hay quienes desconf\u00edan de una ciudad cuya atracci\u00f3n tur\u00edstica principal son unas tumbas \u2013y este es uno de los tres o cuatro cementerios m\u00e1s visitados del mundo. Hay monumentos relucientes rimbombantes; hay otros con sus vidrios rotos, catafalcos ca\u00eddos, cajones polvorientos, olvidados por familias perdidas, visitados por turistas que ignoran esos nombres.<br>Y est\u00e1, adem\u00e1s, la gran intrusa: Eva Duarte de Per\u00f3n, tambi\u00e9n conocida como Evita, tan plebeya, que yace a unos cuantos metros del presidente general Aramburu, que derroc\u00f3 a su marido en 1955 y fue secuestrado y asesinado por los Montoneros en 1970. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el cad\u00e1ver del militar fue robado por los mismos Montoneros para forzar la aparici\u00f3n del cad\u00e1ver de Eva, que segu\u00eda perdido: fue un trueque maloliente, un gran momento de la Patria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No me digas que nunca viste una pelea de hip-hop.<br>Me dice Cami, todav\u00eda en el Centro Cultural, y le digo que no y me dice que vamos. En la sala repleta y sudorosa hay docenas de camisetas con leyendas en g\u00f3tico, tatuajes en cada pliegue de las pieles, gorritas de b\u00e9isbol que perdieron el norte y, en el medio, dos equipos de chiques vestides de negro que hacen la m\u00edmica de pelearse bailando, con revoleo de aspavientos: intentan una cruza entre mono y robot, y casi lo consiguen. Y Camila me dice que cuando lo ve le dan ganas de seguir pele\u00e1ndola y la sigue pero que a veces le parece que Buenos Aires ya no sabe ponerse en modo diablo y le pregunto qu\u00e9 dice y me mira y me dice modo diablo, no sab\u00e9s? \u00bfNunca escuchaste hablar de Duki?<\/p>\n\n\n\n<p>Hace un siglo Buenos Aires invent\u00f3 el tango, hace medio un rock en castellano que cubri\u00f3 el continente, pero ahora su m\u00fasica m\u00e1s escuchada es otra. La llaman trap y son temas tan latinos, donde lo \u00fanico que no suena caribe\u00f1o es el eco empalagoso de la sh\u00e9. Son temas, tambi\u00e9n, que cantan crudo: \u201cElla est\u00e1 loca,\/ me manda videos al snap mientras se toca\u2026\u201d.<br>\u2013Bueno, nosotros hablamos de lo que vivimos, y el amor se fue un poco del aire.<br>Me dice Duki cuando le digo que antes muchas canciones hablaban de amor y las de \u00e9l y sus amigos hablan sobre todo de sexo.<br>\u2013Ahora todo va mucho m\u00e1s r\u00e1pido, los j\u00f3venes cogen todos los d\u00edas, todo el tiempo, alcanza con un mensaje en instagram, \u00bfentend\u00e9s? Es algo m\u00e1s corriente, m\u00e1s normal, como salir, como la droga. El sexo se deslig\u00f3 mucho, los pibes lo que quieren es un laburo para tener un auto para pasar a buscar a una guacha y coger. Yo no lo comparto mucho, pero es as\u00ed. Y tambi\u00e9n hay un problema con el tiempo. El amor es un sentimiento muy fuerte, abarca mucho m\u00e1s tiempo, muchas m\u00e1s cosas; el sexo en cambio es un toque, ya est\u00e1, ya fue. Hacer un tema de amor es mucho m\u00e1s dif\u00edcil, ten\u00e9s que haber amado de verdad, roto, desgarrado. Cualquiera puede hacer un tema de sexo, pero \u00bfqui\u00e9n te va a hacer un tema de amor, qui\u00e9n am\u00f3 posta hoy en d\u00eda?<br>Son temas crudos, bien carnosos: pueden serlo porque ya no necesitan a radios y televisiones que funcionaban, tambi\u00e9n, como controles; ahora esas canciones se difunden directamente por las redes, sin discogr\u00e1ficas, sin intermediarios, sin censuras.<br>\u2013Yo no dependo de ellos para ser quien soy. La posta es poder hacer lo que se me cante el orto.<br>En la vida civil, Duki se llama Mauro Lombardo, tiene 22 a\u00f1os, el pelo te\u00f1ido de rubio y un despilfarro de tatuajes. Mauro es el hijo de una familia de clase media baja del barrio de La Paternal, un chico que se drogaba demasiado y preocupaba a sus padres y se perd\u00eda en batallas de improvisaci\u00f3n rapera hasta que, hace dos a\u00f1os, debut\u00f3 con unas pocas canciones en una disco de la Costa.<br>\u2013Me olvid\u00e9 todos los temas, fue un desastre, no pod\u00eda.<br>Un a\u00f1o despu\u00e9s llenaba el Luna Park, el gran estadio cubierto de Buenos Aires, y ahora algunas de sus canciones tienen 200 millones de vistas en youtube, otros 100 millones en spotify; hace unos meses fue tapa de Rolling Stone, la lengua afuera.<br>\u2013Pero ellos nos ganaron. Yo estoy preso tambi\u00e9n, por eso digo que no soy tan rockstar, no estoy haciendo tanto disturbio en contra del sistema. El rock a veces trataba de romper con el sistema. La diferencia es que ahora le hiciste la guerra al sistema y perdiste de entrada porque el sistema est\u00e1 en todos los putos lados, \u00bfme entend\u00e9s? Yo, por ejemplo, no hablo de pol\u00edtica porque s\u00e9 que con una mala jugada te pon\u00e9s todo en contra. Eso es lo jodido: tratar de mostrar que no est\u00e1s a favor, pero tampoco pod\u00e9s mostrar que est\u00e1s en contra, \u00bfme entend\u00e9s? Este \u00faltimo tiempo crec\u00ed una bocha, gan\u00e9 cinismo, me cuido con las palabras, s\u00e9 qu\u00e9 decir, qu\u00e9 no.<br>Dice Duki, perplejo: como quien se da cuenta de que no siempre es quien quisiera. \u00c9l difundi\u00f3 eso del \u201cmodo diablo\u201d: tener muchas ganas, sentirse muy dispuesto a hacer. Eso que, dice, sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n hacen muy poco.<br>\u2013\u00bfEscuch\u00e1s tango?<br>\u2013No. Sentarme y escucharlo, no. Mi abuelo es muy tanguero, casi 80 a\u00f1os tiene, tanguero a morir. Pero yo no. y eso que los tangueros me caen bien, eran tipos reales, se bancaban todo lo que ven\u00eda\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfAlguna vez te cruzaste de vereda para evitar una agresi\u00f3n por gorda?<br>\u2013\u00bfAlguna vez te metiste a la pileta con ropa?<br>\u2013\u00bfAlguna vez sentiste que tu cuerpo gordo incomodaba a otros cuerpos?<br>Preguntan, desde el escenario, tres mujeres gordas vestidas con tules y un hombre gordo vestido de mujer con barba rubia. Ya es domingo y es otro festival y no sucede entre muertos ilustres sino fantasmas implacables. Aqu\u00ed, en su ex Escuela de Mec\u00e1nica, la Armada argentina secuestr\u00f3, tortur\u00f3 y asesin\u00f3 a varios miles de militantes populares durante su dictadura de los a\u00f1os 70. Ahora estos chalets desmesurados en este parque a\u00f1oso son museos y salas y oficinas que recuerdan aquella masacre y sirven, tambi\u00e9n, para organizar encuentros y espect\u00e1culos.<br>\u2013\u00bfAlguna vez te sentiste m\u00e1s comoda en un lugar porque hab\u00eda otros cuerpos gordos?<br>\u2013\u00bfCre\u00e9s que en alg\u00fan momento tu sexualidad fue promiscua por ser gorde?<br>\u2013\u00bfAlguna vez te has relacionado sexual o afectivamente con una persona gorda?<br>Despu\u00e9s tres se bajan y una sola se queda y empieza a contar la historia de c\u00f3mo le ense\u00f1aron que su cuerpo era su enemigo. Es lo que sus creadores llaman \u201cperiodismo perform\u00e1tico\u201d, el intento de cambiar la forma en que se cuenta lo que unos periodistas averiguan: no en un texto o un video sino en un escenario, un espacio real, con sus protagonistas. Aqu\u00ed el festival se llama \u201cPara todes, tode\u201d: cientos de j\u00f3venes \u2013mujeres, hombres, fluides\u2013 circulan por el parque y las casas, entre debates, muestras, una banda de tres docenas de tamborileras que atruenan con sus bombos.<br>\u2013\u00a1Abajo el patriarcado, que va a caer, que va caer\u2026!<br>A partir de las grandes manifestaciones de 2017 con la consigna \u201cNi una menos\u201d contra el femicidio o feminicidio y de las grandes manifestaciones de 2018 a favor del aborto legal, libre y gratuito, Buenos Aires se volvi\u00f3 una de las capitales del feminismo global \u2013y sin duda la m\u00e1s r\u00edtmica. Aqu\u00ed muchas chicas y chicos \u2013de clase media urbana\u2013 s\u00ed hablan en \u201clenguaje inclusive\u201d. En otros lugares esa lengua es una idea, un intento; aqu\u00ed hay personas que la usan todo el tiempo.<br>\u2013Y pensar que esto lo hicimos todes juntes, en la calle, nosotres soles, peleando\u2026<br>Me dice Vale, 18, que lleva uno de los uniformes m\u00e1s usados: el pelo casi al ras, los pantalones cortos anchos, botas de cordones, camiseta negra, el pa\u00f1uelo verde atado en la mu\u00f1eca izquierda. Y Caro, casi 30 \u2013el pelo con azul atado en dos colitas, pollera corta, blusa blanca bordada, botines con taquitos, el pa\u00f1uelo verde atado al cuello\u2013 me dice que antes, por ejemplo, para decir que algo no les gustaba usaban el masculino \u201cme la baja\u201d y ahora lo adaptaron a su propia realidad y dicen \u201cme la seca\u201d.<br>\u2013Pero bueno, el feminismo es un fen\u00f3meno casi antiguo; lo m\u00e1s actual es esta construcci\u00f3n de cuerpos diferentes, sexualidades nuevas, todo esto de seguir buscando.<br>Me dice Vale la rapada.<br>\u2013Como si fueran un lego de s\u00ed mismes.<br>Le digo y se r\u00ede, casi asiente:<br>\u2013Digamos que hay hombres, hay mujeres, y hay muchos que tratan de ponerse en alguno de los infinitos espacios intermedios. Ya vivimos siglos con fronteras r\u00edgidas, ahora queremos abolirlas. Si no podemos abolir otras fronteras, por lo menos acabar con estas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil relatar tu ciudad, quebrar la cercan\u00eda, rearmar la cercan\u00eda. Tu ciudad es el lugar donde por ejemplo le dej\u00e1s tu asiento en el colectivo a un se\u00f1or muy mayor muy atildado y el se\u00f1or te dice ah, yo era amigo de su pap\u00e1, de Antonio, y te pregunta despu\u00e9s por tu mam\u00e1 y al final te dice que \u201ca usted lo llamaban por un sobrenombre simp\u00e1tico\u201d.<br>\u2013\u00bfC\u00f3mo era que le dec\u00edan? \u00bfCopi, Mati?<br>Tu ciudad es el lugar del mundo donde tu historia puede atacarte en cada esquina.<br>\u2013\u00bfO era Moti? La verdad que no me acuerdo, ya estoy grande.<br>Tu ciudad es el lugar donde nada o casi nada te puede resultar indiferente. Es, por supuesto, imposible \u201centender\u201d una ciudad. Pero cuando esa ciudad es la tuya la impotencia se hace m\u00e1s notoria, m\u00e1s m\u00faltiple: como una bola de reflejos de disco setentera cuyas luces se te escapan todo el tiempo. Un espacio tan denso, tan repleto de \u00e1rboles que no te dejan ver el bosque.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras, la canci\u00f3n de la calle no se calla. Buenos Aires ya no escucha tango pero a veces creo que la ciudad es tango, pese a todo: que nuestro gesto b\u00e1sico es la queja. La queja fue central, constitutiva. Aquellos porte\u00f1os supieron hacer de la queja una celebraci\u00f3n \u2013\u201cel tango es un pensamiento triste que se baila\u201d\u2013, identidad, bandera. Aunque quiz\u00e1, m\u00e1s que queja, le cabe otra palabra: rezongo.<br>El rezongo \u2013que la Academia confunde con el refunfu\u00f1o\u2013 es como una queja que se grita, a menudo en voz baja, a veces no. Una queja que todav\u00eda pretende producir alg\u00fan efecto, un cambio: una queja que se vuelve estandarte. Nos gusta pensar que sabemos rezongar como nadie: del rezongo pueden salir canciones, libros, movimientos sociales, una imagen de nosotros mismos, esa idea de que nos merecemos mucho m\u00e1s. Por eso seguimos protestando, reclamando, rezongando. Aunque, a veces, cada vez m\u00e1s veces, nos asalte la impresi\u00f3n de que no sirve para nada.<br>De ah\u00ed, ahora, esta tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Tantos a\u00f1os nos sentimos privilegiados por vivir ac\u00e1, por ser porte\u00f1os. Tantos a\u00f1os nos odiaron tanto por mostrar ese orgullo \u2013y ahora, parece, se perdi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY no pens\u00e1s volver?<br>\u2013No, por ahora no.<br>\u2013Obvio, ser\u00eda una boludez.<br>En una ciudad donde el insulto salta f\u00e1cil no me dicen sos un traidor un aprovechador un desertor un desgraciado; me dicen \u2013muchos me dicen, todo el tiempo me dicen\u2013 claro, qu\u00e9 suerte que ten\u00e9s, qu\u00e9 envidia: qu\u00e9 bueno que no tengas que vivir ac\u00e1, la puta madre, vos s\u00ed que te salvaste.<br>Algo no acaba de estar bien.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad se llama Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente:<\/strong>&nbsp;ELPAIS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de cada tres argentinos vive en ella y sus alrededores. En total, 15 millones de personas que \u00faltimamente sonr\u00eden poco. La incertidumbre de la econom\u00eda hace que Buenos Aires parezca un mundo combustible. Pero esta sigue siendo todav\u00eda una gran ciudad que se jacta con justicia de la ambici\u00f3n cultural de muchos de sus [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":73421,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-73420","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-internacionales"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73420","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=73420"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73420\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":73422,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73420\/revisions\/73422"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/media\/73421"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=73420"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=73420"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=73420"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}