{"id":74914,"date":"2019-12-10T19:07:38","date_gmt":"2019-12-11T00:07:38","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=74914"},"modified":"2019-12-10T19:07:40","modified_gmt":"2019-12-11T00:07:40","slug":"tres-errores-que-cometemos-al-relacionar-inteligencia-y-exito","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/opinion\/tres-errores-que-cometemos-al-relacionar-inteligencia-y-exito\/","title":{"rendered":"Tres errores que cometemos al relacionar inteligencia y \u00e9xito"},"content":{"rendered":"\n<p>La inteligencia fascina. Muchos padres desean que sus hijos tengan cocientes intelectuales altos y hay empresas que todav\u00eda seleccionan a sus candidatos en base a diagn\u00f3sticos de este tipo. Nos equivocamos. El cociente intelectual no garantiza el \u00e9xito y, mucho menos, en entornos complejos como los actuales, tal y como demuestran un sinf\u00edn de investigaciones. Veamos cu\u00e1les son las creencias populares m\u00e1s extendidas y c\u00f3mo acaban con ellas los estudios.<\/p>\n\n\n\n<p>Primera creencia err\u00f3nea: el cociente intelectual (CI) lleva aparejado el \u00e9xito. El primer estudio que desmonta esta correlaci\u00f3n de ideas lo llev\u00f3 a cabo Lewis Terman, profesor de la Universidad de Stanford, en 1921. Terman se obsesion\u00f3 con identificar y registrar la evoluci\u00f3n de los ni\u00f1os m\u00e1s inteligentes en Estados Unidos. Revis\u00f3 los expedientes de 250.000 alumnos de primaria y secundaria y seleccion\u00f3 a los 1.470 con mayor CI. En algunos casos superaban los 200 puntos. Para hacernos una idea del potencial intelectual debemos recordar que la estimaci\u00f3n de la inteligencia de Einstein se marca en torno a 160. Terman denomin\u00f3 al grupo de alumnos como Los termitas porque, en teor\u00eda, iban a comerse el mundo. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras d\u00e9cadas de seguimiento minucioso a sus termitas, que recogi\u00f3 en sus libros Estudios gen\u00e9ticos del genio, Terman comprob\u00f3 que los ni\u00f1os, ya adultos, no hab\u00edan obtenido la notoriedad p\u00fablica esperada ni hab\u00edan realizado aportaciones significativas a la sociedad. Es cierto que entre ellos hab\u00eda dos jueces de tribunales superiores, alg\u00fan funcionario prominente, empresarios de cierto \u00e9xito\u2026 pero la mayor\u00eda ten\u00edan carreras normales y algunos, incluso, hab\u00edan fracasado. El nivel de vida de Los termitas era alto, pero no tan tanto como cab\u00eda esperarse. Es m\u00e1s, parece que, si hubiese escogido a 1.470 ni\u00f1os de manera aleatoria, estos hubiesen alcanzado resultados similares. Por tanto, un cociente intelectual muy elevado no garantiza el \u00e9xito. Aqu\u00ed es donde se abre la ventana de oportunidad para la mayor\u00eda de nosotros, que no llegamos ni por asomo a los 200 puntos de CI.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda creencia err\u00f3nea es pensar que el cociente intelectual es fijo. Creemos que jugamos a la ruleta cuando nacemos. La bolita cae en un n\u00famero y de ah\u00ed no nos movemos. Curiosamente, fue el creador del concepto de CI, Alfred Binet, quien a principios del siglo XX recibi\u00f3 un encargo del Gobierno franc\u00e9s para evaluar la capacidad de aprendizaje de los ni\u00f1os. Las autoridades estaban alarmadas por el enorme fracaso escolar. Binet realiz\u00f3 este trabajo en colaboraci\u00f3n con otros expertos y su conclusi\u00f3n fue clara: el cociente intelectual cambia y var\u00eda con el tiempo. Depende de la educaci\u00f3n y de otra serie de actitudes. Sin embargo, a\u00f1os despu\u00e9s el patr\u00f3n se estandariz\u00f3 y ca\u00edmos en el error de convertirlo en el juego de la ruleta gen\u00e9tica. D\u00e9cadas m\u00e1s tarde se ha comprobado que la mentalidad de crecimiento o las habilidades de los profesores y educadores influyen en las puntuaciones. Evidentemente, no parece que se pueda duplicar, pero el cociente intelectual puede variar a lo largo del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tercera creencia err\u00f3nea: el cociente intelectual es suficiente para alcanzar un \u00e9xito significativo. La felicidad no depende de la inteligencia, pero s\u00ed parece que para lograr determinados objetivos relevantes hay que tener un m\u00ednimo de CI. La media de la poblaci\u00f3n est\u00e1 en 100 puntos, pero para destacar, distintos autores sugieren superar el umbral de 120. Otros sit\u00faan el list\u00f3n por debajo, como describe maravillosamente Malcol Gladwell en su libro Fuera de serie. Como vemos, el CI no garantiza el \u00e9xito significativo, que depende m\u00e1s de otros factores como la creatividad, la inteligencia emocional o la capacidad de gestionar las emociones que populariz\u00f3 el psic\u00f3logo estadounidense Daniel Goleman.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9xito tambi\u00e9n depende de nuestras habilidades para encontrar soluciones pr\u00e1cticas a los problemas del d\u00eda a d\u00eda, como propuso Jos\u00e9 Antonio Marina con su inteligencia ejecutiva; o de la fuerza de la determinaci\u00f3n, que hace que una persona no ceje en su empe\u00f1o. En resumen, superado cierto umbral en el CI, para tener \u00e9xito en la vida son mucho m\u00e1s importantes las habilidades de gesti\u00f3n emocional, de nuestras fortalezas o nuestra determinaci\u00f3n que la propia inteligencia. Los logros extraordinarios obedecen menos al talento que a la oportunidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La inteligencia fascina. 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