{"id":80268,"date":"2020-06-15T13:32:48","date_gmt":"2020-06-15T18:32:48","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=80268"},"modified":"2020-06-15T13:32:50","modified_gmt":"2020-06-15T18:32:50","slug":"pcc-la-hermandad-de-los-criminales","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/varios\/pcc-la-hermandad-de-los-criminales\/","title":{"rendered":"PCC, LA HERMANDAD DE LOS CRIMINALES"},"content":{"rendered":"\n<p>Judite recuerda con nitidez el primer contacto. Era 2006, ella ten\u00eda 16 a\u00f1os y su hermano Artur acababa de morir en el hospital tras un ataque brutal de unos hom\u00f3fobos cuando el Primer Comando de la Capital (PCC) toc\u00f3 la puerta de su casa. Al abrir vio \u201cun chaval delgadito, de gafas, con cara de nerd\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEres la hermana de Artur? \u2014pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, soy yo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPuedo hablar con tu padre?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sali\u00f3 y pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hablar sobre Artur. Sabemos que usted es polic\u00eda, pero venimos a ofrecerle c\u00f3mo quiere que matemos a los tipos (que mataron a su hijo). \u00bfMe dice c\u00f3mo?<\/p>\n\n\n\n<p>Judite cuenta que su padre, impresionado, rechaz\u00f3 la propuesta. Confiaba en la justicia de Dios. \u201cAquel chaval lleg\u00f3 a decir: \u2018Si quiere, grabamos\u2019\u201d, recuerda esta brasile\u00f1a que creci\u00f3 en Mogi das Cruzes, en la zona metropolitana de S\u00e3o Paulo, en uno de esos barrios donde algunos amigos del colegio fuman crack y otros est\u00e1n presos o muertos. Esta periodista de 30 a\u00f1os prefiere usar ese nombre para protegerse al hablar de la enigm\u00e1tica hermandad de delincuentes que domina la vida cotidiana en decenas de prisiones y cientos de favelas de Brasil. El PCC es la organizaci\u00f3n criminal m\u00e1s poderosa de Sudam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>La banda naci\u00f3 en uno de los presidios m\u00e1s inhumanos de S\u00e3o Paulo, Taubat\u00e9, al a\u00f1o siguiente de la peor matanza carcelaria de Brasil. Cuando las prisiones brasile\u00f1as eran a\u00fan peores que ahora. Cada c\u00e1rcel ten\u00eda un mandam\u00e1s que permit\u00eda violar a la esposa de un preso deudor, abusar sexualmente de los reos m\u00e1s vulnerables o repart\u00eda celdas, recuerda Sidney Salles, de 52 a\u00f1os, que se alquil\u00f3 una para \u00e9l solo porque quer\u00eda tener encuentros \u00edntimos. \u201cLos que ten\u00edan m\u00e1s dinero viv\u00edan mejor y somet\u00edan a otros\u201d, cuenta ahora en su casa de V\u00e1rzea Paulista. \u201cEmpezaron a cuidar de los reclusos. Personas a menudo vulnerables, que estaban en peligro. Crearon un poder para protegerlas, para que no les pegaran, violaran\u2026\u201d. Salles estuvo preso en la prisi\u00f3n de Carandir\u00fa durante seis a\u00f1os por atraco. Fue testigo del ascenso del PPC. Pudo cambiar los robos por el p\u00falpito de pastor evang\u00e9lico gracias a que sobrevivi\u00f3 a aquella \u00e9poca en la que cualquier disputa carcelaria se resolv\u00eda a pu\u00f1aladas o pu\u00f1etazos. \u201cPara no ver llorar a tu madre, hac\u00edas llorar a la de otro\u201d, dice. Aquel infierno comenz\u00f3 a cambiar con un partido de f\u00fatbol que se jug\u00f3 en el patio de la penitenciar\u00eda de Taubat\u00e9 el 31 de agosto de 1993, el d\u00eda que naci\u00f3 PCC.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa sigla, que suena a partido comunista chino o cubano, es la de un grupo brasile\u00f1o del crimen organizado que tiene unos 35.000 \u201chermanos\u201d bautizados en un ritual secreto. Con S\u00e3o Paulo como epicentro, est\u00e1n repartidos por Brasil y el extranjero. No todos los miembros est\u00e1n cortados por el mismo patr\u00f3n. Unos son empresarios del crimen; otros, obreros. Son leales a la banda, emprendedores. El grupo posee negocios de drogas por unos 100 millones de d\u00f3lares anuales (sin contar las fabulosas ganancias del tr\u00e1fico a Europa), opera en todos los pa\u00edses de Sudam\u00e9rica y colabora con mafias al otro lado del Atl\u00e1ntico. Esta es la historia de una organizaci\u00f3n tan peculiar como desconocida fuera de la regi\u00f3n, que en enero pasado hizo historia en Paraguay cuando sus miembros protagonizaron la mayor fuga carcelaria del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>El partido de f\u00fatbol que jugaron el Primer Comando de la Capital contra el Comando Caipira en 1993 fue el momento fundacional en que el poder cambi\u00f3 de manos en aquella c\u00e1rcel, seg\u00fan los investigadores. El equipo ganador mat\u00f3 y decapit\u00f3 al preso que dominaba la prisi\u00f3n y al subdirector. Patearon la cabeza del primero; la del segundo la pincharon en una estaca a la vista de todos, seg\u00fan describi\u00f3 Fatima Souza en el libro PCC: A fac\u00e7\u00e3o. Una escena b\u00e1rbara, in\u00e9dita entonces. Ya no.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ocho presos que ganaron el partido forjaron una alianza. Ellos eran hermanos y el enemigo no ser\u00edan otros presos, era el sistema. Las autoridades. Exigir\u00edan que sus derechos fueran respetados. Aceptaban cumplir su pena, pero no tolerar\u00edan que los mataran tras las rejas, que sus parientes fueran vejados o no tener agua para asearse. Lograron convertirse en la voz de los presos ante el Estado. Prosperaron en la delincuencia mientras implantaban sus m\u00e9todos de gestionar el negocio y resolver conflictos en los barrios m\u00e1s desatendidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Celda a celda y calle a calle, el PCC se volvi\u00f3 un poder hegem\u00f3nico en prisiones y barriadas. Tiene un n\u00facleo duro de 35.000 hermanos bautizados en estos 27 a\u00f1os, explica Lincoln Gakiya, un fiscal que los persigue desde 2006 para sentarlos en el banquillo. Adem\u00e1s, cientos de miles de personas m\u00e1s \u2014delincuentes, trapicheros, pero tambi\u00e9n limpiadoras, alba\u00f1iles, vendedores ambulantes o de telemarketing\u2014 siguen sus normas. Viven al ritmo que marca el Primer Comando de la Capital. Lo llaman estar en sinton\u00eda con el PCC (y tambi\u00e9n se llaman sinton\u00eda las \u00e1reas de la organizaci\u00f3n). El crimen organizado anida all\u00ed donde el Estado deja espacios.<\/p>\n\n\n\n<p>Su funcionamiento es distinto al de los c\u00e1rteles mexicanos, de la mafia italiana y de otros grupos criminales brasile\u00f1os, se\u00f1alan los acad\u00e9micos que lo han estudiado. La organizaci\u00f3n aplica su propio c\u00f3digo de justicia, proh\u00edbe el crack en las c\u00e1rceles que controla, regula los precios de la droga en S\u00e3o Paulo y presume de estar detr\u00e1s de la dr\u00e1stica ca\u00edda de asesinatos de las dos \u00faltimas d\u00e9cadas en esa megal\u00f3polis. El fiscal Gakiya a\u00f1ade que el PCC controla rutas de tr\u00e1fico de drogas desde la producci\u00f3n hasta la colocaci\u00f3n en puertos al otro lado del Atl\u00e1ntico. Aliados europeos o africanos dan el \u00faltimo paso: llevarla hasta las narices de los europeos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque tiene un estatuto y difunde circulares, su funcionamiento est\u00e1 rodeado de misterio. Ning\u00fan hermano suele admitir ni proclamar que pertenece al PCC. Imposible saber c\u00f3mo se reconocen entre ellos. Algunos acad\u00e9micos destacan sus modos empresariales, otros sus m\u00e9todos militares. Para el soci\u00f3logo Gabriel Feltran, autor del libro Irm\u00e3os, uma historia do PCC, funciona como la masoner\u00eda: \u201cEs una sociedad secreta que se organiza con una distinci\u00f3n muy clara entre el negocio [de cada uno] y la organizaci\u00f3n pol\u00edtica. Supongamos que somos tres masones. Yo tengo un restaurante, otro tiene un taller de recambios y otro es escritor\u2026 Cada uno tiene su negocio, no son negocios de la masoner\u00eda. Pero cuando decidimos pertenecer a una hermandad, somos hermanos. Que mi restaurante tenga m\u00e1s plata que tu taller no implica distinciones dentro de la hermandad. Es una red de ayuda mutua\u201d, explica en su despacho de la Universidad Federal de S\u00e3o Carlos, a 240 kil\u00f3metros de S\u00e3o Paulo. Feltran estudia desde hace 15 a\u00f1os las din\u00e1micas de la banda a trav\u00e9s de entrevistas con cientos vecinos de favelas paulistas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs una organizaci\u00f3n \u00fanica que da mucha independencia a sus miembros en sus actividades criminales en el bien entendido de que no ser\u00e1n predatorias\u201d, coincide Steve Dudley, que estudia el crimen organizado en la fundaci\u00f3n Insight Crime. Dudley subraya por correo electr\u00f3nico que el PCC \u201cproh\u00edbe la extorsi\u00f3n\u201d, algo \u201cnada habitual en una organizaci\u00f3n que ejerce tanto control sobre el territorio en el que opera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea es que si a los hermanos les va bien, al PCC tambi\u00e9n. El autor de Irm\u00e3os lo describe como una organizaci\u00f3n notablemente horizontal, pero con posiciones disciplinares y de gesti\u00f3n que la articulan. Una red entre delincuentes que colaboran y cuyo coraz\u00f3n son los debates internos \u2014a veces v\u00eda tel\u00e9fono m\u00f3vil desde prisi\u00f3n\u2014 para consensuar en cada caso la decisi\u00f3n correcta, siempre seg\u00fan sus c\u00f3digos.<\/p>\n\n\n\n<p>El acad\u00e9mico recalca que no hacen negocios con cualquiera. Sus socios \u201cno pueden haber violado, haber matado injustamente (sin su justicia), no pueden haber cometido un error grave en una misi\u00f3n o no haber sido lo suficientemente fuertes para evitar delatar\u201d. Abusar de ni\u00f1os, asesinar sin permiso, pertenecer a un grupo rival o entregar a un hermano se paga con la muerte; algunos errores reiterados, con el destierro. Y las primeras faltas, con amonestaciones o multas.<\/p>\n\n\n\n<p>El estatuto del PCC, reproducido en el libro de Feltran, tiene 18 art\u00edculos: los primeros dicen que sus miembros deben comprometerse \u201ca luchar por la paz, justicia, libertad, igualdad y unidad\u201d con la vista puesta \u201csiempre en el crecimiento de la organizaci\u00f3n\u201d y con respeto a \u201cla \u00e9tica del crimen\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea es que si a los hermanos les va bien, al PCC tambi\u00e9n. El autor de Irm\u00e3os lo describe como una organizaci\u00f3n notablemente horizontal, pero con posiciones disciplinares y de gesti\u00f3n que la articulan. Una red entre delincuentes que colaboran y cuyo coraz\u00f3n son los debates internos \u2014a veces v\u00eda tel\u00e9fono m\u00f3vil desde prisi\u00f3n\u2014 para consensuar en cada caso la decisi\u00f3n correcta, siempre seg\u00fan sus c\u00f3digos.<\/p>\n\n\n\n<p>El acad\u00e9mico recalca que no hacen negocios con cualquiera. Sus socios \u201cno pueden haber violado, haber matado injustamente (sin su justicia), no pueden haber cometido un error grave en una misi\u00f3n o no haber sido lo suficientemente fuertes para evitar delatar\u201d. Abusar de ni\u00f1os, asesinar sin permiso, pertenecer a un grupo rival o entregar a un hermano se paga con la muerte; algunos errores reiterados, con el destierro. Y las primeras faltas, con amonestaciones o multas.<\/p>\n\n\n\n<p>El estatuto del PCC, reproducido en el libro de Feltran, tiene 18 art\u00edculos: los primeros dicen que sus miembros deben comprometerse \u201ca luchar por la paz, justicia, libertad, igualdad y unidad\u201d con la vista puesta \u201csiempre en el crecimiento de la organizaci\u00f3n\u201d y con respeto a \u201cla \u00e9tica del crimen\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la vista puesta en mantener a la polic\u00eda lejos y que nada perjudique al negocio de las drogas, el PCC ha creado un sofisticado sistema de justicia propio basado en tres pilares que aplica dentro y fuera de las prisiones: el acusado tiene derecho a defenderse, est\u00e1 prohibido matar sin autorizaci\u00f3n y los veredictos se debaten hasta alcanzar un consenso. Resuelven disputas de toda \u00edndole, explica Rodrigo, el seud\u00f3nimo elegido por un cineasta de 42 a\u00f1os que vive en Brasilandia, un conjunto de favelas en S\u00e3o Paulo con 280.000 vecinos al que no llega el metro y el que acumula m\u00e1s muertes por el coronavirus en la ciudad. Pocos respetan ah\u00ed la cuarentena porque viven hacinados, necesitan salir a ganarse la vida o no se creen que la amenaza sea tan grave.<\/p>\n\n\n\n<p>En barrios como ese no conf\u00edan en la polic\u00eda, cuenta Rodrigo. All\u00ed los conflictos se resuelven al modo PCC. \u201cTodos se arreglan con los hermanos. \u00bfVoy a llamar a la polic\u00eda para resolver mi problema? No, lo llevo al PCC\u201d. Es lo que llaman llevar un tema a las ideas. \u201cEs cualquier tipo de problema, desde una violaci\u00f3n hasta el robo de unas zapatillas de tenis\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta hermandad de delincuentes tambi\u00e9n resuelve problemas cotidianos, como muestran varios ejemplos que rescata Biondi de sus investigaciones: quejas por un coche mal aparcado que impide el paso; una madre que les pide que hablen con su hijo, enganchado a las drogas; otra que protesta porque el dentista no aparece por el ambulatorio. \u201cAlgunos hermanos son m\u00e1s atentos con los vecinos, otros no quieren implicarse con problemas de hombre y mujer\u201d, dice la acad\u00e9mica. \u201cFunciona de manera distinta en cada barrio, depende de qui\u00e9n est\u00e1 al frente\u201d. Y cuando el PCC reh\u00fasa implicarse, llegan las cr\u00edticas del vecindario y se oyen quejas como \u201cel barrio est\u00e1 abandonado, nadie nos cuida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces, el sistema de la hermandad sustituye a la justicia ordinaria. En enero pasado, cuando la polic\u00eda interrog\u00f3 a Giulia Candido, de 21 a\u00f1os, por la muerte de su beb\u00e9, y despu\u00e9s la dej\u00f3 ir, el PCC asumi\u00f3 el caso a su manera. El beb\u00e9 hab\u00eda llegado al hospital sin vida, con marcas de mordiscos en la cara y fracturas en el cr\u00e1neo, el t\u00f3rax, la mand\u00edbula, la nariz y la clav\u00edcula. Para los agentes no hab\u00eda indicios de que ella hubiera participado en la mortal paliza, seg\u00fan cont\u00f3 la prensa. Pero Candido fue secuestrada por delincuentes afines al PCC para sentarla ante un tribunal del crimen. Tuvo suerte: la polic\u00eda alcanz\u00f3 a rescatarla con vida. Seg\u00fan las autoridades, la organizaci\u00f3n la hab\u00eda sentenciado a muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Las condenas se cumplen en horas. A diferencia de los jurados populares, estos tribunales de delincuentes no culminan con una votaci\u00f3n. \u201cLlegan a un consenso, nunca supe de una votaci\u00f3n\u201d, explica Feltran, y cuenta que sus fuentes siempre le han hablado de \u201cdebates infernales de horas y horas\u201d. El soci\u00f3logo estudi\u00f3 un caso en el que lleg\u00f3 a haber 40 participantes al tel\u00e9fono. Rodrigo, el cineasta, lo describe as\u00ed: \u201cSi robabas a un vecino, ibas a las ideas (una especie de juicio), las partes discut\u00edan, ellos (los hermanos) escuchaban y el que estaba equivocado pagaba. Una pierna rota o incluso la muerte\u201d. La serie brasile\u00f1a Sinton\u00eda, que emite Netflix, recrea uno de estos juicios sin mencionar la sigla de la organizaci\u00f3n. En una escena, varios criminales debaten de pie, en c\u00edrculo, en una nave abandonada. Un hermano es acusado de matar sin permiso a un yonqui, otro ejerce de fiscal y un tercero que dirige la sesi\u00f3n telefonea al padrino del primero para que presente los argumentos de la defensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a que es un sistema dictado por criminales, el soci\u00f3logo Feltran recalca que es lo m\u00e1s parecido a un sistema de justicia r\u00e1pido, eficaz y gratuito en muchas de las barriadas m\u00e1s pobres y abandonadas de Brasil. En los 13 a\u00f1os que han pasado desde el asesinato hom\u00f3fobo de Artur, aquel treinta\u00f1ero al que su hermana periodista recuerda como alguien \u201cmuy moderno, muy diferente\u201d que \u201cdaba clases de teatro en la favela\u201d, nadie ha sido juzgado.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Judite recuerda con nitidez el primer contacto. 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