{"id":82817,"date":"2020-08-29T15:03:32","date_gmt":"2020-08-29T20:03:32","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=82817"},"modified":"2020-08-29T15:03:35","modified_gmt":"2020-08-29T20:03:35","slug":"musica-clasica-para-huir-del-verano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/qtp\/musica-clasica-para-huir-del-verano\/","title":{"rendered":"M\u00fasica cl\u00e1sica para huir del verano"},"content":{"rendered":"\n<p>Nada invita a pensar que el pr\u00f3ximo oto\u00f1o vaya a ser mejor que el presente verano, o que la primavera previa. Pero, contingencias excepcionales aparte, el verano no es ni mucho menos una estaci\u00f3n del gusto de todos, y la m\u00fasica nos permite dejarlo atr\u00e1s antes de tiempo y trasladarnos siquiera mentalmente a otras luces menos hirientes, a temperaturas menos sofocantes, a cielos nublados, a noches m\u00e1s prolongadas.<\/p>\n\n\n\n<p>El oto\u00f1o suele ser la estaci\u00f3n preferida de los veran\u00f3fobos, no solo porque significa que la can\u00edcula ha quedado por fin atr\u00e1s, sino porque el pr\u00f3ximo est\u00edo queda m\u00e1s lejos que nunca. En una de las joyas camer\u00edsticas desconocidas del siglo XX, el Notturno op. 47 del compositor suizo Othmar Schoeck, para bar\u00edtono y cuarteto de cuerda, el tercer movimiento se inspira, como los dos anteriores, en un poema de Nikolaus Lenau, Ein Herbstabend (Una tarde de oto\u00f1o), y el cambio de piel de la naturaleza le sirve para plantearse varias preguntas de claro sesgo filos\u00f3fico: \u201c\u00bfEs la vida en la tierra una ilusi\u00f3n? \u00bfNo es m\u00e1s que el regreso \/ de un espejismo, el rastro reflejo del Eterno? \/ Pero, \u00bfpor qu\u00e9 produce entonces temor la vida en la tierra \/ si no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n previa a su extinci\u00f3n? \/ \u00bfEste miedo lo es s\u00f3lo de aquello que va a sobrevivir, \/ un brillo reflejo de que tampoco su imagen quiere desaparecer? \/ \u00bfEs este temor tambi\u00e9n s\u00f3lo una ilusi\u00f3n? As\u00ed se api\u00f1an los pensamientos, \/ igual que las nieblas del oto\u00f1o avanzan temblorosas por el valle desierto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Las hojas de los \u00e1rboles empiezan a amarillear, a desgajarse poco a poco de las ramas y a amontonarse sobre el suelo, al igual que los recuerdos y los pesares, en Les feuilles mortes, el poema de Jacques Pr\u00e9vert al que puso m\u00fasica Joseph Kosma y que cambi\u00f3 su nombre al convertirse en una de las melod\u00edas predilectas de los m\u00fasicos de jazz y convertirse en Autumn Leaves (Hojas de oto\u00f1o). Parece que el oto\u00f1o invita a la soledad, como sucede en el segundo Lied de La canci\u00f3n de la tierra de Gustav Mahler, \u201cEl solitario en oto\u00f1o\u201d, que contiene un verso inolvidable en el que el compositor, ya herido de muerte cuando escribi\u00f3 esta obra que se cierra con una larga y emocionante despedida, tuvo que sentirse identificado: \u201cMi coraz\u00f3n est\u00e1 cansado\u201d. Otra canci\u00f3n de \u00faltima \u00e9poca, en este caso de Franz Schubert, Herbst, incide en la soledad y en el despojamiento progresivo de la naturaleza cuando se acerca el final del a\u00f1o: \u201cSoplan los vientos \/ oto\u00f1ales y fr\u00edos; \/ yerman los campos, \/ se deshoja el bosque\u201d. Pero oto\u00f1o es tambi\u00e9n sin\u00f3nimo de vendimia y, por tanto, de fiesta y alegr\u00eda, como nos recuerda uno de los coros de Las estaciones de Haydn. Y la melancol\u00eda no tiene por qu\u00e9 ser necesariamente dolorosa, o al menos as\u00ed la concibe Piotr Ilich Chaikovski en su Canci\u00f3n de oto\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay m\u00fasica m\u00e1s persistentemente invernal que la de Winterreise de Schubert, un viaje entre nieves y hielos de una persona innominada de la que lo ignoramos casi todo. Tampoco hay imagen de un fr\u00edo m\u00e1s extremo que el que transmite la tercera canci\u00f3n: \u201cL\u00e1grimas heladas \/ caen de mis mejillas: \/ \u00bfacaso no he advertido \/ que he estado llorando?\u201d. A estas alturas del viaje, el viajero a\u00fan conserva un calor en su interior que, sin embargo, ir\u00e1, canci\u00f3n tras canci\u00f3n, desapareciendo: \u201cCon todo, man\u00e1is de la fuente \/ de mi pecho tan candentes \/ como si quisierais fundir \/ el hielo de todo el invierno\u201d. Otra imagen no menos gr\u00e1fica es la que nos revela el \u00fanico indicio que nos permiten atisbar Wilhelm M\u00fcller (autor de los poemas) y Franz Schubert de la edad de su caminante solitario: \u201cLa escarcha ha esparcido \/ un brillo blanquecino sobre mi cabeza. \/ Bien pens\u00e9 que era ya un anciano, \/ y me puse muy contento\u201d, nos canta en La cabeza gris. Los momentos de alegr\u00eda en Viaje de invierno son siempre fugaces, o un espejismo, un sue\u00f1o: \u201cPero se ha derretido enseguida \/ y mi cabello vuelve a ser negro. \/ Mi juventud me produce pavor: \/ \u00a1cu\u00e1n lejos queda a\u00fan la tumba!\u201d<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2020\/08\/18\/babelia\/1597766774_028614_1597936153_sumario_normal.jpg\" alt=\"Carretera cubierta de nieve en Steamboat Springs, Colorado (Estados Unidos).\"\/><figcaption>Carretera cubierta de nieve en Steamboat Springs, Colorado (Estados Unidos).&nbsp;GETTY IMAGES<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Schnee<\/em>\u00a0(Nieve) es una obra que ha adquirido ya estatus de culto del compositor dan\u00e9s Hans Abrahamsen, que estren\u00f3 hace pocos meses en M\u00fanich\u00a0la \u00f3pera\u00a0<em>La reina de las nieves<\/em>, basada en el cuento hom\u00f3nimo de su compatriota Hans Christian Andersen. Dos de sus diez c\u00e1nones llevan una indicaci\u00f3n que revela en parte su filosof\u00eda compositiva: \u201cEn el\u00a0<em>tempo<\/em>\u00a0del tai chi\u201d. Y otra obra de Abrahamsen que ha despertado admiraci\u00f3n all\u00ed donde la ha interpretado la soprano canadiense Barbara Hannigan, su musa inspiradora, es\u00a0<em>let me tell you<\/em>, un ciclo de siete canciones basadas en poemas de Paul Griffiths escritos con la limitaci\u00f3n de que no pueden utilizar otras palabras que las que Shakespeare pone en boca de Ofelia en\u00a0<em>Hamlet<\/em>. La \u00faltima canci\u00f3n, una lenta despedida, vuelve a colocar a un ser solitario sobre la nieve: \u201cLa nieve cae. \/ Seguir\u00e9, pues, en la nieve. \/ Tendr\u00e9 mi esperanza conmigo. \/ Miro hacia arriba, \/ como si pudiera ver la nieve mientras cae, \/como si pudiera mantener mi mirada en un peque\u00f1o fragmento de ella \/ y verlo descender \/ cayendo sin parar hasta el suelo. \/ No puedo. \/ Las flores de nieve son todas iguales unas a otras \/ y no puedo mantener mi mirada en una sola. \/ Renunciar\u00e9 a esto y seguir\u00e9. \/ Seguir\u00e9\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El fr\u00edo casi se ve, y se siente, en la&nbsp;<em>Sinfon\u00eda Ant\u00e1rtica<\/em>&nbsp;de Ralph Vaughan Williams, al igual que sucede en una obra juvenil que mostr\u00f3 el talento descomunal \u2013enseguida confirmado en muchas otras obras\u2013 de su compatriota George Benjamin,&nbsp;<em>A mind of winter<\/em>. El poeta Wallace Stevens y su poema&nbsp;<em>The snow man<\/em>&nbsp;(El hombre de nieve) son la fuente de inspiraci\u00f3n de esta m\u00fasica c\u00e1lidamente fr\u00eda: \u201cUno debe tener un esp\u00edritu de invierno \/ para observar la escarcha y las verdascas \/ de los pinos incrustadas de nieve; \/ y haber pasado fr\u00edo un largo tiempo \/ para contemplar los enebros mechados de hielo, \/ los encrespados abetos bajo el remoto resplandor \/ del sol de enero\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El invierno invita al refugio. As\u00ed lo hace la madre que canta a su ni\u00f1o en&nbsp;<em>Wiegenlied im Winter<\/em>&nbsp;(Canci\u00f3n de cuna en invierno), de Hugo Wolf: \u201cVe a dormir, mi dulce ni\u00f1o, \/ fuera est\u00e1 soplando el viento. \/ Golpea en la ventana y mira en el interior, \/ y si oye a un ni\u00f1o gritar, \/ le rega\u00f1a, gru\u00f1e y a\u00falla en voz alta, \/ prepara enseguida un lecho de nieve, \/ y lo deposita en la cuna \/ si el ni\u00f1o no quiere quedarse callado\u201d. Los j\u00f3venes protagonistas de&nbsp;<em>La boh\u00e8me<\/em>&nbsp;de Puccini luchan sin medios contra el fr\u00edo navide\u00f1o en sus pobres buhardillas parisienses: por eso la mano de Mim\u00ec, cuando la toca Rodolfo a tientas, est\u00e1 como un t\u00e9mpano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese contraste entre el fr\u00edo exterior y la reclusi\u00f3n interior est\u00e1 captado admirablemente en&nbsp;<em>Der Winterabend<\/em>&nbsp;(La tarde de invierno), otro&nbsp;<em>Lied<\/em>&nbsp;de Franz Schubert, una invitaci\u00f3n a la reflexi\u00f3n: \u201cAhora todo est\u00e1 tranquilo, no martillea el herrero \/ ni el fontanero, la gente se ha ido, cansada. \/ Y para evitar el traqueteo de los carros, \/ hasta un manto de nieve ha cubierto las calles. \/ \u00a1Qu\u00e9 bien me hace esta bendita paz! \/ Me siento en la oscuridad, totalmente apartado. \/ Embebido en m\u00ed mismo. S\u00f3lo la luz de la luna \/ entra suavemente en mi alcoba. [&#8230;] Rememoro el pasado, el lejano pasado, \/ un tiempo hermoso que desapareci\u00f3. \/ Pienso en ella, en la dicha del amor, \/ suspiro en silencio y pienso, pienso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Georg Trakl conoc\u00eda muy bien la nieve y el fr\u00edo como nativo de Salzburgo que era. Su poema&nbsp;<em>Winternacht<\/em>&nbsp;(Noche de invierno) inspir\u00f3 otra composici\u00f3n puramente instrumental de Hans Abrahamsen, mientras que quien ha sido quiz\u00e1s el m\u00e1s digno heredero de Franz Schubert en la composici\u00f3n de canciones alemanas en los siglos XX y XXI, el compositor b\u00e1varo Wilhelm Killmayer, convirti\u00f3 el poema&nbsp;<em>Ein Winterabend<\/em>&nbsp;(Una tarde de invierno) del austr\u00edaco en una de esas canciones suyas caracter\u00edsticas, que, despojadas de todo aquello que no sea absolutamente esencial, se asemejan casi a un \u00e1rbol sin hojas: \u201cCuando la nieve cae junto a la ventana \/ repica largamente la campana vespertina. [&#8230;] El viajero entra silencioso; \/ el dolor ha petrificado el umbral. \/ All\u00ed brillan con un puro resplandor \/ sobre la mesa pan y vino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2020\/08\/18\/babelia\/1597766774_028614_1597936338_sumario_normal.jpg\" alt=\"Un pasillo de jacarandas en flor, en Grafton (Australia).\"\/><figcaption>Un pasillo de jacarandas en flor, en Grafton (Australia).&nbsp;GETTY IMAGES<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Primavera y amor tienen una largu\u00edsima asociaci\u00f3n po\u00e9tica y musical. A veces, sin embargo, no est\u00e1 exenta de ambig\u00fcedades, como sucede en el primer y extraordinario&nbsp;<em>Lied<\/em>&nbsp;con que se abre&nbsp;<em>Dichterliebe<\/em>&nbsp;(Amor de poeta), un ciclo de Robert Schumann a partir de poemas de Heinrich Heine: \u201cEn el maravilloso mes de mayo, \/ cuando brotaban todos los capullos, \/ entonces en mi coraz\u00f3n \/ irrumpi\u00f3 el amor. \/ En el maravilloso mes de mayo, \/ cuando cantaban todos los p\u00e1jaros, \/ entonces le confes\u00e9 a ella \/ mis anhelos y mis deseos\u201d. Heine es tambi\u00e9n, como siempre, conciso y sus versos dejan abierta la puerta a distintas interpretaciones. Esa misma dualidad la encontramos en&nbsp;<em>Im Lenz<\/em>, de Peter Cornelius: \u201cEn primavera, cuando florecen un sinf\u00edn de violetas, \/ ten cuidado, porque despiertan las l\u00e1grimas. [&#8230;] Ten cuidado, porque \u00e9ste es el curso de las cosas: \/ las flores y las heridas se abren en primavera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El reverso del anterior \u201csolitario en oto\u00f1o\u201d de Gustav Mahler es el \u201cborracho en primavera\u201d de&nbsp;<em>La canci\u00f3n de la tierra<\/em>: \u201c\u00bfQu\u00e9 es lo que oigo al despertar? \u00a1Escucha! \/ Un p\u00e1jaro canta en el \u00e1rbol. \/ Le pregunto si ya ha llegado la primavera. \/ Para m\u00ed es como si fuera un sue\u00f1o. \/ El p\u00e1jaro gorjea: \u00ab\u00a1S\u00ed! \u00a1S\u00ed! \u00a1La primavera, \/ la primavera ya est\u00e1 aqu\u00ed, ha llegado esta noche!\u00bb \/ \u00a1Le escucho mir\u00e1ndolo fijamente, \/ el p\u00e1jaro canta y se r\u00ede! \/ \u00a1Vuelvo a llenarme la copa \/ y la vac\u00edo hasta el fondo \/ y canto hasta que la luna destella \/ en el negro firmamento! \/ Y cuando ya no puedo cantar m\u00e1s, \/ vuelvo a dormirme, \/ \u00bfqu\u00e9 me importa a m\u00ed la primavera? \/ \u00a1Dejadme estar borracho!\u201d Y en&nbsp;<em>Viaje de invierno<\/em>&nbsp;de Schubert encontramos id\u00e9ntica asociaci\u00f3n de la primavera con un sue\u00f1o, fantas\u00edas en las que el compositor abandona moment\u00e1neamente el modo menor: \u201cSo\u00f1\u00e9 con flores de colores \/ como las que florecen en mayo; \/ so\u00f1\u00e9 con verdes praderas \/ y con alegres reclamos de p\u00e1jaros. \/ Y cuando cacarearon los gallos, \/ mis ojos se despertaron; \/ hac\u00eda fr\u00edo y estaba oscuro, \/ graznaban los cuervos desde el tejado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces la llegada de la primavera se percibe no en la aparici\u00f3n de las primeras flores, sino en que se escucha su propia voz, como en el vals de Johann Strauss, aunque el cantante y compositor sat\u00edrico vien\u00e9s Georg Kreisler utiliz\u00f3 el 3\/4 de la danza nacional austr\u00edaca para acompa\u00f1ar un pasatiempo primaveral mucho m\u00e1s macabro: \u201cCari\u00f1o, el tiempo es maravilloso, \/ no aguanto ya m\u00e1s tiempo en casa; \/ hoy hay que salir al parque, \/ a la primavera multicolor. \/ Todos los chicos y sus chicas \/ con una bolsa con comida \/ se sientan hoy en la hierba. \/ Cari\u00f1o, tengo una idea: \/ Mira, el sol calienta y el aire es tibio, \/ \u00a1vamos a envenenar palomas al parque! [&#8230;] \u00bfPuede haber en la vida un placer mayor \/ que envenenar palomas en el parque? \/ Hansl sale encantado con Mali, \/ porque es Mali la que paga el cianuro pot\u00e1sico. \/ Los corazones son d\u00e9biles y el amor es fuerte \/ al envenenar palomas en el parque&#8230; \/ Coge algo para picar nosotros \/ \u00a1en el otro bolsillo! \/ \u00a1Vamos a envenenar palomas al parque!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a la ortodoxia, para los campesinos, la primavera llega como un \u201cregalo del cielo\u201d que empezar\u00e1 a llenar los campos y sus cultivos de brotes: as\u00ed se canta en el primer gran coro de&nbsp;<em>Las estaciones<\/em>&nbsp;de Joseph Haydn. Chaikovski imagin\u00f3 un esplendor primaveral mucho m\u00e1s \u00edntimo y recogido a ritmo de barcarola, mientras que su compatriota Igor Stravinsky prefiri\u00f3 vincular la llegada s\u00fabita, brutal casi, de la primavera en una Rusia pagana a ritos ancestrales, danzas de la tierra, evocaciones de los ancestros, j\u00f3venes v\u00edrgenes y danzas sacrificiales.<\/p>\n\n\n\n<p>El verano ha quedado forzosamente fuera de esta lista, aunque tambi\u00e9n hay multitud de m\u00fasicas inspiradas por \u00e9l, algunas incluso refrescantes. Pero esas quedan de momento aparcadas para sus nost\u00e1lgicos hasta el invierno.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente:<\/strong> elpa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada invita a pensar que el pr\u00f3ximo oto\u00f1o vaya a ser mejor que el presente verano, o que la primavera previa. 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