{"id":84316,"date":"2020-10-24T10:24:39","date_gmt":"2020-10-24T15:24:39","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=84316"},"modified":"2020-10-24T10:24:41","modified_gmt":"2020-10-24T15:24:41","slug":"deteccion-del-abuso-sexual","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/destacadas\/deteccion-del-abuso-sexual\/","title":{"rendered":"Detecci\u00f3n del abuso sexual:"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las conductas incestuosas tienden a mantenerse en secreto. Existen diferentes factores que pueden explicar los motivos de esta ocultaci\u00f3n: por parte de la v\u00edctima, el hecho de obtener ciertas ventajas adicionales, como regalos, o el temor a no ser cre\u00edda, junto con el miedo a destrozar la familia o a las represalias del agresor; y por parte del abusador, la posible ruptura de la pareja y de la familia y el rechazo social acompa\u00f1ado de posibles sanciones legales [7].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces la&nbsp;<em>madre<\/em>&nbsp;tiene conocimiento de lo sucedido. Lo que le puede llevar al silencio, en algunos casos, es el p\u00e1nico a la pareja o el miedo a desestructurar la familia; en otros, el estigma social negativo generado por el abuso sexual o el temor de no ser capaz de sacar adelante por s\u00ed sola la familia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed que el abuso sexual pueda salir a la luz de una forma accidental cuando la v\u00edctima decide revelar lo ocurrido -a veces a otros ni\u00f1os o a un profesor- o cuando se descubre una conducta sexual casualmente por un familiar, vecino o amigo. El descubrimiento del abuso suele tener lugar bastante tiempo despu\u00e9s (meses o a\u00f1os) de los primeros incidentes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, solo en el 50% de los casos los ni\u00f1os revelan el abuso; \u00fanicamente el 15% se denuncia a las autoridades; y tan solo el 5% se encuentran envueltos en procesos judiciales. Al contar los menores con muchas limitaciones para denunciar los abusos sexuales y no presentar habitualmente manifestaciones f\u00edsicas inequ\u00edvocas (debido al tipo de conductas sexuales realizadas: caricias, masturbaciones, etc.)&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Secuelas emocionales en las v\u00edctimas de abuso sexual:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los menores muy peque\u00f1os pueden no ser conscientes del alcance del abuso sexual en las primeras fases, lo que puede explicar la compatibilidad de estas conductas con el cari\u00f1o mostrado al adulto por el menor. As\u00ed, por ejemplo, hay ni\u00f1os que verbalizan el abuso sexual de la siguiente forma:&nbsp;<em>\u00abmi pap\u00e1 hace un pip\u00ed blanco\u00bb<\/em>,&nbsp;<em>\u00abyo no me enteraba porque estaba dormido\u00bb<\/em>,&nbsp;<em>\u00abme dice que no se lo diga a nadie\u00bb<\/em>, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>a) Consecuencias a corto plazo:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al menos un 80% de las v\u00edctimas sufren consecuencias psicol\u00f3gicas negativas. El alcance del impacto psicol\u00f3gico va a depender del grado de culpabilizaci\u00f3n del ni\u00f1o por parte de los padres, as\u00ed como de las estrategias de afrontamiento de que disponga la v\u00edctima. En general, las ni\u00f1as tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas; los ni\u00f1os, fracaso escolar y dificultades inespec\u00edficas de socializaci\u00f3n, as\u00ed como comportamientos sexuales agresivos [9] [10].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respecto a la edad, los ni\u00f1os muy peque\u00f1os (en la etapa de preescolar), al contar con un repertorio limitado de recursos psicol\u00f3gicos, pueden mostrar estrategias de negaci\u00f3n de lo ocurrido. En los ni\u00f1os un poco mayores (en la etapa escolar) son m\u00e1s frecuentes los sentimientos de culpa y de verg\u00fcenza ante el suceso. El abuso sexual presenta una especial gravedad en la adolescencia porque el padre puede intentar el coito, existe un riesgo real de embarazo y la adolescente toma conciencia del alcance de la relaci\u00f3n incestuosa. No son por ello infrecuentes en la v\u00edctima conductas como huidas de casa, consumo abusivo de alcohol y drogas, promiscuidad sexual e incluso intentos de suicidio (<a href=\"http:\/\/scielo.isciii.es\/img\/revistas\/cmf\/n43-44\/art06_tabla03.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">tabla 3<\/a>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>b) Consecuencias a largo plazo:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los efectos a largo plazo son menos frecuentes y m\u00e1s difusos que las secuelas iniciales, pero pueden afectar, al menos, al 30% de las v\u00edctimas (<a href=\"http:\/\/scielo.isciii.es\/img\/revistas\/cmf\/n43-44\/art06_tabla04.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">tabla 4<\/a>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los problemas m\u00e1s habituales son las alteraciones en la esfera sexual -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la depresi\u00f3n y el trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, as\u00ed como un control inadecuado de la ira (en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas) [11].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otros casos, sin embargo, el impacto psicol\u00f3gico a largo plazo del abuso sexual puede ser peque\u00f1o (a menos que se trate de un abuso sexual grave con penetraci\u00f3n) si la v\u00edctima no cuenta con otras adversidades adicionales, como el abandono emocional, el maltrato f\u00edsico, el divorcio de los padres, una patolog\u00eda familiar grave, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el punto de vista del trauma en s\u00ed mismo, lo que predice una peor evoluci\u00f3n a largo plazo es la presencia de sucesos traum\u00e1ticos diversos en la v\u00edctima, la frecuencia y la duraci\u00f3n de los abusos, la posible existencia de una violaci\u00f3n y la vinculaci\u00f3n familiar con el agresor, as\u00ed como las consecuencias negativas derivadas de la revelaci\u00f3n del abuso (por ejemplo, romperse la familia, poner en duda el testimonio del menor, etc.) [3].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Factores mediadores del abuso sexual infantil:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la experiencia de victimizaci\u00f3n, ni todas las experiencias comparten las mismas caracter\u00edsticas. El impacto emocional de una agresi\u00f3n sexual est\u00e1 modulado por cuatro variables: el&nbsp;<em>perfil individual<\/em>&nbsp;de la v\u00edctima (estabilidad psicol\u00f3gica, edad, sexo y contexto familiar); las&nbsp;<em>caracter\u00edsticas del acto abusivo<\/em>&nbsp;(frecuencia, severidad, existencia de violencia o de amenazas, cronicidad, etc.); la&nbsp;<em>relaci\u00f3n existente con el abusador<\/em>; y, por \u00faltimo, las&nbsp;<em>consecuencias asociadas al descubrimiento del abuso<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En general, la gravedad de las secuelas est\u00e1 en funci\u00f3n de la&nbsp;<em>frecuencia y duraci\u00f3n<\/em>&nbsp;de la experiencia, as\u00ed como del&nbsp;<em>empleo de fuerza y de amenazas<\/em>&nbsp;o de la existencia de una&nbsp;<em>violaci\u00f3n<\/em>&nbsp;propiamente dicha (penetraci\u00f3n vaginal, anal o bucal). De este modo, cuanto m\u00e1s cr\u00f3nico e intenso es el abuso, mayor es el desarrollo de un sentimiento de indefensi\u00f3n y de vulnerabilidad y m\u00e1s probable resulta la aparici\u00f3n de s\u00edntomas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respecto a la&nbsp;<em>relaci\u00f3n de la v\u00edctima con el agresor<\/em>, lo que importa no es tanto el grado de parentesco entre ambos, sino el nivel de intimidad emocional existente. De esta forma, a mayor grado de intimidad, mayor ser\u00e1 el impacto psicol\u00f3gico, que se puede agravar si la v\u00edctima no recibe apoyo de la familia o se ve obligada a abandonar el hogar. Por otro lado, en lo que se refiere a la edad del agresor, los abusos sexuales cometidos por adolescentes resultan, en general, menos traumatizantes para las v\u00edctimas que los efectuados por adultos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, no se puede soslayar la importancia de las&nbsp;<em>consecuencias derivadas de la revelaci\u00f3n del abuso<\/em>&nbsp;en el tipo e intensidad de los s\u00edntomas experimentados. La reacci\u00f3n del entorno desempe\u00f1a un papel fundamental. El apoyo parental -dar cr\u00e9dito al testimonio del menor y protegerlo-, especialmente de la madre, es un elemento clave para que las v\u00edctimas mantengan o recuperen su nivel de adaptaci\u00f3n general despu\u00e9s de la revelaci\u00f3n. Probablemente la sensaci\u00f3n de ser cre\u00eddos es uno de los mejores mecanismos para predecir la evoluci\u00f3n a la normalidad de los ni\u00f1os v\u00edctimas de abuso sexual.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ocasiones, la respuesta de los padres ante la revelaci\u00f3n del abuso puede ser m\u00e1s intensa que la del propio ni\u00f1o, sobre todo en los casos en que la madre se percata del abuso sexual a su hijo protagonizado por su propia pareja. Los sentimientos de verg\u00fcenza y culpa, de c\u00f3lera y pena, de miedo y ansiedad, pueden afectar a los padres de tal manera que se muestran incapaces de proteger al ni\u00f1o adecuadamente y, en los casos m\u00e1s graves, pueden llegar incluso a culparlo de lo sucedido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No deja de ser significativa la influencia de situaciones de estr\u00e9s adicionales, como consecuencia de la revelaci\u00f3n del abuso, sobre la estabilidad emocional de la v\u00edctima. En concreto, la posible ruptura (legal o de hecho) de la pareja, el encarcelamiento del padre o padrastro, la salida de la v\u00edctima del hogar (\u00fanica v\u00eda a veces para garantizar su seguridad, pero que supone un coste emocional y de adaptaci\u00f3n importante) o la implicaci\u00f3n en un proceso judicial (con las posibles consecuencias penales para el abusador) son algunas de estas situaciones. Respecto al \u00faltimo punto se\u00f1alado, los juicios largos, las testificaciones reiteradas y los testimonios puestos en entredicho suponen una victimizaci\u00f3n secundaria y ofrecen un peor pron\u00f3stico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Conclusiones:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abuso sexual en la infancia es un fen\u00f3meno invisible porque se supone que la infancia es feliz, que la familia es protectora y que el sexo no existe en esa fase de la vida. Sin embargo, el abuso sexual infantil puede llegar a afectar a un 15%-20% de la poblaci\u00f3n (a un 4%-8% en un sentido estricto), lo que supone un problema social importante y que afecta a uno y otro sexo (especialmente a ni\u00f1as). Los menores no son, sin embargo, solo v\u00edctimas de las agresiones sexuales, sino que tambi\u00e9n pueden ser agresores. De hecho, el 20% de este tipo de delitos est\u00e1 causado por otros menores [12].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las consecuencias de la victimizaci\u00f3n a corto plazo son, en general, devastadoras para el funcionamiento psicol\u00f3gico de la v\u00edctima, sobre todo cuando el agresor es un miembro de la misma familia y cuando se ha producido una violaci\u00f3n. Las consecuencias a largo plazo son m\u00e1s inciertas, si bien hay una cierta correlaci\u00f3n entre el abuso sexual sufrido en la infancia y la aparici\u00f3n de alteraciones emocionales o de comportamientos sexuales inadaptados en la vida adulta. No deja de ser significativo que un 25% de los ni\u00f1os abusados sexualmente se conviertan ellos mismos en abusadores cuando llegan a ser adultos. El papel de los factores amortiguadores -familia, relaciones sociales, autoestima, etc.- en la reducci\u00f3n del impacto psicol\u00f3gico parece sumamente importante, pero est\u00e1 a\u00fan por esclarecer [13].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la perspectiva de la evaluaci\u00f3n, el diagn\u00f3stico precoz, por un lado, tiene una enorme importancia para impedir la continuaci\u00f3n del abuso sexual, con las consecuencias que ello implica para el desarrollo del ni\u00f1o [14]. Por otro, el an\u00e1lisis de la validez del testimonio desempe\u00f1a un papel fundamental. Las implicaciones legales y familiares de este problema, as\u00ed como la corta edad de muchas de las v\u00edctimas implicadas, requieren una evaluaci\u00f3n cuidadosa, en donde se analicen con detalle -y mediante procedimientos m\u00faltiples- la capacidad de fabulaci\u00f3n y la posible distorsi\u00f3n de la realidad, as\u00ed como la veracidad de las retractaciones. En concreto, hay una tendencia al aumento del&nbsp;<em>abuso de las denuncias de abuso<\/em>, sobre todo en el caso de mujeres que denuncian a sus ex parejas con acusaciones hechas en litigios por la custodia de los hijos, por un deseo de venganza o por una situaci\u00f3n de despecho. Se echa en falta una mayor finura en los procedimientos de diagn\u00f3stico actualmente disponibles [14] [15] [16] [17].&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, un reto de futuro es ahondar en el papel mediador de los factores de vulnerabilidad y de protecci\u00f3n. Solo de este modo se puede abordar una toma de decisiones adecuada entre las distintas alternativas posibles y no necesariamente excluyentes: el tratamiento de la v\u00edctima, la salida del agresor del hogar, la separaci\u00f3n del menor de los padres, el apoyo social a la familia, la terapia del agresor, etc. [18].&nbsp;q&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda:<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Echebur\u00faa, E. y Guerricaechevarr\u00eda, C. (2000). Abuso sexual en la infancia: v\u00edctimas y agresores. Barcelona. Ariel.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Noguerol, V. (1997). Aspectos psicol\u00f3gicos del abuso sexual infantil. En J. Casado, J.A. D\u00edaz y C. Mart\u00ednez (Eds.) (1997). Ni\u00f1os maltratados. Madrid. D\u00edaz de Santos, pp. 177-182.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Finkelhor, D. (1999). Victimolog\u00eda infantil. En J. Sanmart\u00edn (Ed.). Violencia contra ni\u00f1os. Barcelona. Ariel, pp. 149-218. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. V\u00e1zquez Mezquita, B. (1995). Agresi\u00f3n sexual. Evaluaci\u00f3n y tratamiento en menores. Madrid. Siglo XXI.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Madansky, D. (1996). Abusos sexuales. En S. Parker y B. Zuckerman (Eds.). Pediatr\u00eda del comportamiento y del desarrollo. Barcelona. Masson, pp. 355-362.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Milner, J.S. y J.L. Crouch (2004). El perfil del ni\u00f1o v\u00edctima de violencia. En J. Sanmart\u00edn (Ed.). El laberinto de la violencia. Causas, tipos y efectos. Barcelona. Ariel, pp. 195-203.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. Horno, P., Santos, A. y Molino, C. (2001). Abuso sexual infantil: manual de formaci\u00f3n para profesionales. Madrid. Save the Children Espa\u00f1a.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Echebur\u00faa, E. y Guerricaechevarr\u00eda, C. (1999). Abuso sexual en la infancia: concepto, factores de riesgo y efectos psicopatol\u00f3gicos. En J. Sanmart\u00edn (Ed.). Violencia contra ni\u00f1os. Barcelona. Ariel, pp. 81-106.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Cant\u00f3n, J. y Cort\u00e9s, M.R. (1996). Malos tratos y abuso sexual infantil. Madrid. Siglo XXI.\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. Cant\u00f3n, J. y Cort\u00e9s, M.R. (2001). Sintomatolog\u00eda, evaluaci\u00f3n y tratamiento del abuso sexual infantil. En V.E. Caballo y M.A. Sim\u00f3n (Eds.). Manual de psicolog\u00eda cl\u00ednica infantil y del adolescente. Madrid. Pir\u00e1mide, pp. 293-321.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. Mas, B. y Carrasco, M.A. (2005). Abuso sexual y maltrato infantil. En M.I. Comeche y M.A. Vallejo (Eds.). Manual de terapia de conducta en la infancia. Madrid. Pir\u00e1mide, pp. 231-266.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. L\u00f3pez, F. (1997). Abuso sexual: un problema desconocido. En J. Casado, J.A. D\u00edaz y C. Mart\u00ednez (Eds.) (1997). Ni\u00f1os maltratados. Madrid. D\u00edaz de Santos, pp. 161-168.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Lameiras, M. (Ed.) (2002). Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicol\u00f3gico y jur\u00eddico. Madrid. Biblioteca Nueva.\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. Cant\u00f3n, J. y Cort\u00e9s, M.R. (2000). Gu\u00eda para la evaluaci\u00f3n del abuso sexual infantil. Madrid. Pir\u00e1mide.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. Cant\u00f3n, J. y Cort\u00e9s, M.R. (2002). Evaluaci\u00f3n pericial de los abusos sexuales en la infancia. En M. Lameiras (Ed.). Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicol\u00f3gico y jur\u00eddico. Madrid. Biblioteca Nueva, pp. 85-113.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. Echebur\u00faa, E., Guerricaechevarr\u00eda, C. y Vega-Os\u00e9s, A. (1998). Evaluaci\u00f3n de la validez del testimonio de v\u00edctimas de abuso sexual en la infancia. Revista Espa\u00f1ola de Psiquiatr\u00eda Forense, Psicolog\u00eda Forense y Criminolog\u00eda, 5, 7-16.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. V\u00e1zquez Mezquita, B. (Ed.) (2004). Abuso sexual infantil. Evaluaci\u00f3n de la credibilidad del testimonio. Valencia. Centro Reina Sof\u00eda para el Estudio de la Violencia.\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Bonner, B.L. (1999). Abuso sexual infantil: prevenci\u00f3n y tratamiento. En J. Sanmart\u00edn (Ed.). Violencia contra ni\u00f1os. Barcelona. Ariel, pp. 125-146.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Echebur\u00faa, E. y Guerricaechevarr\u00eda, C. (1998). Abuso sexual en la infancia. En M.A. Vallejo (Ed.). Manual de terapia de conducta. Madrid. Dykinson, vol. 2\u00ba, pp. 563-601.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las conductas incestuosas tienden a mantenerse en secreto. 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