{"id":84828,"date":"2020-11-10T11:27:50","date_gmt":"2020-11-10T16:27:50","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=84828"},"modified":"2020-11-10T11:27:52","modified_gmt":"2020-11-10T16:27:52","slug":"la-historia-negra-de-los-japoneses-en-mexico-y-una-peticion-de-perdon","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/varios\/la-historia-negra-de-los-japoneses-en-mexico-y-una-peticion-de-perdon\/","title":{"rendered":"La historia negra de los japoneses en M\u00e9xico y una petici\u00f3n de perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Hubo una vez en que unos samur\u00e1is que iban camino de Roma pararon en Cuernavaca y aprovecharon para bautizarse. Quiz\u00e1 fue la primera ocasi\u00f3n en que los japoneses cruzaron el Pac\u00edfico para entrar en M\u00e9xico, pero no la \u00faltima. Despu\u00e9s se contaron varias oleadas y el Pac\u00edfico siempre fue el protagonista de esta historia en que se mezclan xenofobia y geopol\u00edtica, cuyo momento m\u00e1s traum\u00e1tico, siglos despu\u00e9s, fue el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941. Las cosas no hab\u00edan sido f\u00e1ciles para los migrantes japoneses en Estados Unidos, pero a partir de \u201caquella fecha que vivir\u00e1 en la infamia\u201d, como la calific\u00f3 Roosevelt, todo se complic\u00f3, tambi\u00e9n para los que viv\u00edan en M\u00e9xico. Algunos de los descendientes de aquellos desventurados que sufrieron desplazamientos, persecuci\u00f3n y c\u00e1rcel piden ahora una reparaci\u00f3n al Gobierno mexicano. Que pida perd\u00f3n, claman; \u201cson solo unos minutos\u201d, dicen; pero se topan con el silencio administrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Jumko Ogata Aguilar tiene un abuelo de ojos verdes y ancestros en varios continentes. Se declara veracruzana, afrodescenciente, nikkei (como el \u00edndice burs\u00e1til) y chicana, porque es una de esas mexicanas que se cri\u00f3 en California, perfectamente biling\u00fce, ni de aqu\u00ed ni de all\u00e1, de las dos orillas. Ella, estudiante de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM), es la que encabeza esta petici\u00f3n de disculpas p\u00fablicas para una comunidad \u201cque sufri\u00f3 tremendos agravios en sus derechos civiles\u201d, algo que a\u00fan desconoce buena parte de los mexicanos, incluso aquellos con apellido japon\u00e9s. \u201cLos desplazaron a la fuerza, les desposeyeron de sus negocios, inmovilizaron sus cuentas bancarias, fueron encarcelados y eran ciudadanos mexicanos\u201d, dice. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que a\u00fan no se explica en las escuelas, lo cuenta con detalle, fruto de a\u00f1os de estudios, Sergio Hern\u00e1ndez, investigador del Instituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia (INAH), y el relato guarda tal paralelismo con la actualidad que recuerda lo c\u00edclico que es el mundo. Y sus atrocidades. \u201cTres o cuatro d\u00e9cadas antes de Pearl Harbor, ya los japoneses estaban en California, y en esos inicios del siglo XX se dictaron leyes que les prohib\u00edan comprar tierras o llevar a sus hijos a escuelas p\u00fablicas. Hab\u00eda un fuerte sentimiento antijapon\u00e9s, porque Jap\u00f3n era un imperio pujante, los estadounidenses tem\u00edan el dominio del Pac\u00edfico. Cuando se declar\u00f3 la II Guerra Mundial, Estados Unidos solicit\u00f3 a M\u00e9xico que los alejara de la frontera norte, [estaban asentados en la Baja California, Sonora, Chihuahua] y que los llevaran al centro del pa\u00eds para tenerlos vigilados\u201d. M\u00e9xico obedeci\u00f3. Pero qu\u00e9 hacer con los 120.000 japoneses, muchos de ellos ciudadanos naturalizados, que viv\u00edan en la California de Roosevelt. No sab\u00edan c\u00f3mo alejar del Pac\u00edfico a aquellos \u201cpotenciales esp\u00edas o enlaces de esp\u00edas\u201d. El FBI ten\u00eda sus planes, demoledores, pero finalmente el Ej\u00e9rcito impuso los propios, que no eran mucho mejores: \u201cCalifornia fue declarada \u00e1rea militar y sufrieron confinamiento. Se crearon 10 campos de concentraci\u00f3n donde malvivieron estadounidenses de origen japon\u00e9s y sus hijos por a\u00f1os\u201d, cuenta Hern\u00e1ndez.<\/p>\n\n\n\n<p>Estados Unidos solicit\u00f3 a los pa\u00edses latinoamericanos que enviaran a aquellos campos de internamiento a sus japoneses, pero ah\u00ed M\u00e9xico se neg\u00f3 (no as\u00ed Per\u00fa, que traslad\u00f3 a 2.000, por ejemplo) y les coloc\u00f3 en haciendas para que trabajaran y pudieran vivir mal que bien. \u201cPero no eran prisioneros estrictamente, pod\u00edan moverse, previo permiso, del campo a la ciudad, si encontraban trabajo all\u00e1\u201d, prosigue Hern\u00e1ndez. En todo caso, \u201cfue un drama social y econ\u00f3mico\u201d, se\u00f1ala. Los que pudieron vender alguna propiedad en el Norte, o traspasar un negocio, llegaron a la Ciudad de M\u00e9xico con un respaldo, los dem\u00e1s nada ten\u00edan\u00bb. En Guadalajara y en la capital se organizaron \u201ccomit\u00e9s de ayuda mutua\u201d, es decir, japoneses que ya viv\u00edan all\u00ed forjaron redes de solidaridad con sus compatriotas, quienes poco a poco fueron sacando cabeza. Hoy hay apellidos japoneses en cualquier esfera social y muchos han triunfado en sus \u00e1reas de negocio, cultura o arte.<\/p>\n\n\n\n<p>El se\u00f1or Ogata da para una novela que ahora su bisnieta, Jumko, ensaya en una tesis de final de licenciatura. \u201cLleg\u00f3 en 1907 como esclavo, le llamaban Coolie. Entr\u00f3 en las minas de carb\u00f3n de Coahuila, pero logr\u00f3 escapar a Veracruz\u201d dando inicio a un saga familiar que hoy exige perd\u00f3n. \u201cLe encarcelaron en la II Guerra Mundial, un conflicto que \u00e9l ni siquiera sab\u00eda que se estaba librando. Y tambi\u00e9n estuvo perdido por ah\u00ed con el Ej\u00e9rcito de Pancho Villa\u201d, recuerda con una sonrisa telef\u00f3nica Jumko. \u201cEn el fuerte de Perote, de Veracruz, hubo muchos encarcelados\u201d. Entonces todos eran sospechosos de ser esp\u00edas o colaboradores de una guerra que quedaba muy lejos. O simplemente chivos expiatorios de la xenofobia rampante. Las guerras abren camino a todas las miserias.<\/p>\n\n\n\n<p>La persecuci\u00f3n de aquellos mexicanos que ten\u00edan los ojos rasgados result\u00f3 tan traum\u00e1tica que las familias tendieron un manto de silencio durante d\u00e9cadas sobre lo ocurrido, sin que los hijos y los nietos sepan hoy, a ciencia cierta, qu\u00e9 pas\u00f3. Shinji Hirai ha podido comprobarlo en un curso impartido a los descendientes \u201cpara que investiguen, conozcan, conserven y trasmitan\u201d la historia verdadera. Muchos, casi todos, perdieron el idioma y la cultura japoneses. Se convirtieron al catolicismo y dejaron de celebrar los cumplea\u00f1os del emperador de los que d\u00e9cadas atr\u00e1s dejan constancia antiguas fotograf\u00edas de la colonia nipona en Monterrey, explica Hirai. Se acabaron las escuelas, las asociaciones. Las esposas mexicanas, madres y abuelas, apartaron a su descendencia de lo que pod\u00eda hacerles da\u00f1o, por lo que muchos entonces, ni a\u00fan ahora, no conoc\u00edan lo que envolv\u00eda aquel silencio y se criaron como mexicanos de pura cepa, ajenos a sus or\u00edgenes. \u201cEn el curso me han contado algunos c\u00f3mo ve\u00edan a sus abuelos llorar cuando pon\u00edan un disco de m\u00fasica japonesa\u201d, dice Hirai, antrop\u00f3logo que lleva 20 a\u00f1os en M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHay que pedir perd\u00f3n por todo aquello? A la luz de su experiencia, Hirai considera que falta mucho conocimiento entre la comunidad japonesa en M\u00e9xico para una iniciativa como esa, que puede resultarles inc\u00f3moda o causarles extra\u00f1eza. \u201cDeben hablar, en todo caso, los que nacieron en la generaci\u00f3n de los cuarenta o cincuenta, y dialogar con sus hijos y nietos. Pero, primero, hay que tener conocimiento de lo que pas\u00f3, que no es algo extendido. Hubo un silencio prolongado. Las reuniones de japoneses estuvieron prohibidas, la cultura silenciada\u201d, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hermanos de Tom\u00e1s Hirata aprendieron japon\u00e9s \u201ccomo un desaf\u00edo personal\u201d, porque los hijos de este licenciado en Inform\u00e1tica \u201cson m\u00e1s mexicanos que el mole\u201d, se r\u00ede. Este veracruzano de apellido inequ\u00edvoco cree que una petici\u00f3n de perd\u00f3n por parte del Estado s\u00ed ayudar\u00eda a las familias afectadas \u201ca reconciliar emociones, algo que en el presente no se percibe en toda su dimensi\u00f3n\u201d, afirma. \u00c9l ha conocido recientemente todo lo que ocurri\u00f3 en aquella guerra en la que M\u00e9xico se mov\u00eda al son de los aliados.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, a diferencia del reclamo de perd\u00f3n que solicita el presidente Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador a Espa\u00f1a por la conquista en 1521, en este caso hay personas vivas que sufrieron aquello. \u201cQue vieron como se perd\u00eda la honorabilidad de aquel pueblo\u201d, dice Hirata, nieto de un inmigrante japon\u00e9s que entr\u00f3 por Chiapas y cultiv\u00f3 caf\u00e9 y arroz antes de poner alguna tienda de v\u00edveres o inaugurar una gasolinera. \u201cMalvivieron en aquellos beneficios [del arroz y el caf\u00e9] hasta caer en enfermedades\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPuede un perd\u00f3n oficial cerrar heridas o abrirlas en una comunidad dispersa como la japonesa en M\u00e9xico? \u201cQue no se hable de eso sigue siendo una herida abierta, son traumas colectivos y hay que remover esos sentimientos, sacarlos afuera, hacer una catarsis colectiva. Fue, m\u00e1s que otra cosa, una cuesti\u00f3n racista\u201d, asegura Jumko Ogata. \u201cHay que construir otras historias que revaloricen ese pasado, para que ayude a no repetirlo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la convivencia pac\u00edfica y la actual mezcla indisoluble entre ambos pueblos no parece reclamar a gritos una reparaci\u00f3n. Quiz\u00e1 se trate de la ignorancia que brot\u00f3 del silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el Pac\u00edfico entr\u00f3 el abuelo de Alejandro Hirashi a M\u00e9xico, precisamente huyendo de la II Guerra Mundial, y no como esp\u00eda, de lo que les acusaban a todos para encarcelarlos o vigilar sus pasos. \u201cLleg\u00f3 a Oaxaca con otros hombres, solos, que pronto se casaron con mexicanas\u201d. Ninguno de sus descendientes aprendi\u00f3 japon\u00e9s. \u201cLos contextos determinan las relaciones hist\u00f3ricas de los pa\u00edses y fuera de ellos todo parece ajeno a la realidad actual. [Pedir perd\u00f3n] escapa a cierta l\u00f3gica y da relevancia a aspectos que nada tienen que ver con un programa pol\u00edtico o cultural\u201d, dice este investigador de la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana. \u201cMejor es explicar lo que ocurri\u00f3, investigar, apoyar a la investigaci\u00f3n human\u00edstica, literaria, que eman\u00f3 de esas relaciones. Tienen que ver con la formaci\u00f3n de ambos pueblos. La educaci\u00f3n nos salva de pedir y ofrecer disculpas en un momento en que las relaciones son \u00f3ptimas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sergio Hern\u00e1ndez, que ha estudiado exhaustivamente lo que pas\u00f3 en aquellos a\u00f1os de ignominia, se pronuncia a favor del perd\u00f3n. \u201cTres d\u00e9cadas despu\u00e9s de que aquello ocurriera en Estados Unidos, el movimiento de japoneses no solo logr\u00f3 disculpas, tambi\u00e9n una indemnizaci\u00f3n. Se ha pedido perd\u00f3n de alguna manera en Per\u00fa, en tiempos de Alan Garc\u00eda. En Brasil, la iniciativa no prosper\u00f3. Yo creo que M\u00e9xico les debe una disculpa, pero eso lo tienen que decidir y plantear ellos mismos. El pueblo mexicano, en todo caso, debe conocer esta historia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente: <\/strong>elpa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo una vez en que unos samur\u00e1is que iban camino de Roma pararon en Cuernavaca y aprovecharon para bautizarse. Quiz\u00e1 fue la primera ocasi\u00f3n en que los japoneses cruzaron el Pac\u00edfico para entrar en M\u00e9xico, pero no la \u00faltima. 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