{"id":84980,"date":"2020-11-15T12:50:50","date_gmt":"2020-11-15T17:50:50","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=84980"},"modified":"2020-11-15T12:50:52","modified_gmt":"2020-11-15T17:50:52","slug":"los-fuegos-de-otono-obra-cumbre-de-irene-nemirovsky-contra-el-fanatismo-e-intolerancia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/opinion\/los-fuegos-de-otono-obra-cumbre-de-irene-nemirovsky-contra-el-fanatismo-e-intolerancia\/","title":{"rendered":"Los fuegos de oto\u00f1o, obra cumbre de Ir\u00e8ne N\u00e9mirovsky contra el fanatismo e intolerancia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciudad de M\u00e9xico.- En <strong><em>Los fuegos de oto\u00f1o<\/em><\/strong>,\u00a0<strong>Ir\u00e8ne N\u00e9mirovsky<\/strong>\u00a0compone un sensacional fresco narrativo del envilecimiento de la<strong>\u00a0burgues\u00eda parisina<\/strong>\u00a0durante el vertiginoso\u00a0<strong>per\u00edodo de entreguerras<\/strong>. Esta novela sobrevivi\u00f3 a los estragos del fascismo, y el reciente descubrimiento de una copia con abundantes correcciones de la propia autora le confiere un valor adicional incalculable.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Escrita en la primavera de 1942, pocos meses antes de la muerte de la autora, y publicada a t\u00edtulo p\u00f3stumo en 1957,&nbsp;<em>Los fuegos de oto\u00f1o<\/em>&nbsp;cautiv\u00f3 al mundo al igual que&nbsp;<em><strong>Suite francesa<\/strong><\/em>, escrita al mismo tiempo. En ambas obras, la autora realiza un retrato \u00edntimo e implacable de una clase social presa de sus privilegios y costumbres, y habla sobre hombres y mujeres en busca de una libertad imposible.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre la trama: finalizada la Primera Guerra Mundial, Bernard Jacquelain regresa de las trincheras con una medalla, pero desilusionado ante la falta de perspectivas. Tras los horrores presenciados en el frente, lucha por hacerse un hueco en el mundillo de los negocios turbios que campan a sus anchas en Par\u00eds. \u00bfQu\u00e9 puede atraer a la bella y sensata Th\u00e9r\u00e8se del rebelde y un tanto desvergonzado Bernard? A pesar de los desenga\u00f1os y sufrimientos que puede acarrearle esa relaci\u00f3n, Th\u00e9r\u00e8se lo quiere y conf\u00eda en que la fuerza del amor acabe por imponerse. Durante diez a\u00f1os, gracias al dinero f\u00e1cil, ambos disfrutan de los mediocres placeres de la vida burguesa, pero cuando los tambores de guerra vuelven a sonar con fuerza y el futuro se torna incierto, todo empieza a desmoronarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n,<strong>&nbsp;SinEmbargo<\/strong>&nbsp;comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento de&nbsp;<strong><em>Los fuegos de oto\u00f1o<\/em><\/strong>&nbsp;(<strong>Salamandra<\/strong>, 2020), obra cumbre de<strong>&nbsp;Ir\u00e8ne N\u00e9mirovsky<\/strong>, una de las escritoras de mayor prestigio de Francia. La&nbsp;<strong>Segunda Guerra Mundial<\/strong>&nbsp;marc\u00f3 tr\u00e1gicamente su destino; fue deportada y muri\u00f3 en Auschwitz en 1942. Transcurridos 75 a\u00f1os desde su fallecimiento, las novelas de Ir\u00e8ne han sido traducidas a 39 idiomas. Cortes\u00eda otorgada bajo el permiso de&nbsp;<strong>Penguin Random House<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/sinembargo.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/700-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3891681\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">***<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">1<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la mesa hab\u00eda un ramillete de violetas frescas; una jarra amarilla con la tapa en forma de pico de pato, que se abr\u00eda con un leve chasquido para dejar pasar el agua; un salero de cristal rosa con la leyenda \u00abRecuerdo de la Exposici\u00f3n Universal, 1900\u00bb. (En doce a\u00f1os, las letras que la formaban se hab\u00edan descolorido y medio borrado.) Hab\u00eda un enorme pan dorado, vino y el plato \u00fanico: un estupendo rag\u00fa, con los jugosos trozos de ternera p\u00fadicamente cubiertos por la salsa cremosa, entre los tiernos y arom\u00e1ticos champi\u00f1ones y las rubias patatas. Ning\u00fan entrante, nada para abrir boca: la comida es cosa seria. En casa de los Brun, se atacaba el plato fuerte desde el principio. No hac\u00edan ascos a los asados, equiparables al arte cl\u00e1sico por la sencillez y la rigurosidad de sus reglas, pero la cocinera pon\u00eda todo su amor y todo su esmero en la preparaci\u00f3n de elaborados guisos. En casa de los Brun, la cocina era cosa de la suegra, la anciana se\u00f1ora Pain.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Brun eran peque\u00f1os rentistas parisinos. Como su mujer hab\u00eda muerto, Adolphe Brun presid\u00eda la mesa y serv\u00eda su raci\u00f3n a cada uno. A\u00fan era un hombre apuesto. Ten\u00eda la frente grande y despejada; la nariz, peque\u00f1a y respingona; las mejillas, gruesas, y un largo bigote pelirrojo, cuyos extremos retorc\u00eda y estiraba entre los dedos hasta que sus afiladas puntas casi se le met\u00edan en los ojos. Frente a \u00e9l, su suegra, menuda, rolliza, colorada y coronada de cabellos blancos, leves y vol\u00e1tiles como la espuma del mar, sonre\u00eda ense\u00f1ando los dientes intactos y, con un gesto de la peque\u00f1a y regordeta mano, rechazaba las alabanzas (\u00abDelicioso\u2026 Lo mejor que ha cocinado usted nunca, querida suegra\u2026\u00bb \u00ab\u00a1Est\u00e1 riqu\u00edsimo, se\u00f1ora Pain!\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/sinembargo.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/irc3a8ne-nc3a9mirovsky-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3891698\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, hoy el carnicero me ha atendido bien. Era un buen costillar \u2014murmuraba ella, esbozando una leve mueca de falsa modestia, como la prima donna que finge ofrecer a su compa\u00f1ero el ramo de rosas que le suben al escenario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adolphe Brun ten\u00eda a su derecha a sus invitados, los tres Jacquelain, y a su izquierda, a su sobrino Martial y a su hija adolescente, Th\u00e9r\u00e8se. Como hab\u00eda cumplido quince a\u00f1os hac\u00eda unos d\u00edas, Th\u00e9r\u00e8se se recog\u00eda los rizos en un mo\u00f1o; pero los sedosos mechones a\u00fan no hab\u00edan adoptado la forma que las horquillas quer\u00edan darles y escapaban en todas direcciones, lo que desesperaba a la joven, pese a los cumplidos que su t\u00edmido primo Martial le hab\u00eda hecho a media voz y poni\u00e9ndose muy rojo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2014Es muy bonito, Th\u00e9r\u00e8se. Tu peinado es\u2026 como una nube de oro.<br>\u2014La ni\u00f1a tiene mi pelo \u2014dijo la se\u00f1ora Pain, que hab\u00eda nacido en Niza y conservaba el acento de su tierra, sonoro y suave como un canto, pese a haberla abandonado a los diecis\u00e9is a\u00f1os para casarse con un comerciante de cintas y velos establecido en Par\u00eds.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ten\u00eda unos ojos negros muy bonitos y una mirada alegre. Su marido la hab\u00eda dejado en la ruina, hab\u00eda perdido una hija de veinte a\u00f1os \u2014la madre de Th\u00e9r\u00e8se\u2014 y viv\u00eda a expensas de su yerno, pero nada hab\u00eda hecho mella en su buen humor. A los postres, se beb\u00eda de buena gana una copita de licor dulce y canturreaba:&nbsp;<em>Alegres panderetas, acompa\u00f1ad la danza\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Brun y sus invitados estaban en un comedor muy peque\u00f1o, pero inundado de sol. Los muebles \u2014el aparador Enrique II, las sillas de rejilla con respaldo de columnitas, la chaise longue, tapizada con una tela oscura estampada con ramilletes de flores rosa, y el piano vertical\u2014 se apretujaban en el reducido espacio. Las paredes estaban decoradas con ilustraciones compradas en los Grandes Almacenes del Louvre, en las que aparec\u00edan muchachas jugando con gatitos o pastores napolitanos con el Vesubio al fondo, y una reproducci\u00f3n de La abandonada, obra conmovedora en la que se ve a una mujer visiblemente embarazada, llorando en un banco de m\u00e1rmol, en oto\u00f1o, mientras un h\u00fasar del ej\u00e9rcito napole\u00f3nico se aleja entre las hojas secas.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Los Brun viv\u00edan en el coraz\u00f3n de un barrio populoso, cerca de la Gare de Lyon. Hasta ellos llegaban los melanc\u00f3licos y prolongados silbidos de los trenes, llenos de llamadas a las que no prestaban atenci\u00f3n. Pero les gustaba la argentina y a\u00e9rea vibraci\u00f3n musical que, a ciertas horas del d\u00eda, emit\u00eda el gran puente met\u00e1lico cuando, emergiendo de las profundidades subterr\u00e1neas, el metro aparec\u00eda unos instantes a la luz del sol, antes de desaparecer entre sordos gru\u00f1idos. Los cristales temblaban a su paso.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el balc\u00f3n, unos canarios cantaban en una jaula y unas t\u00f3rtolas zureaban en la de al lado. De abajo llegaban ruidos dominicales: tintineo de vasos y platos en todas las plantas, al otro lado de las ventanas abiertas, y alegres gritos infantiles en la calle. La piedra gris de las casas, ba\u00f1ada de claridad, parec\u00eda rosa. Hasta los cristales del piso de enfrente, sucios y oscuros todo el invierno, chorreaban ahora, reci\u00e9n fregados, una luz que parec\u00eda agua lustral. All\u00ed est\u00e1 el tabuco donde el casta\u00f1ero se ha resguardado del fr\u00edo desde octubre, pero el hombre ya no est\u00e1 y una chica pelirroja que vende violetas ha ocupado su lugar. Un humo dorado penetra tambi\u00e9n en ese cub\u00edculo: sol iluminando el polvo, ese polvo de Par\u00eds en primavera, en la estaci\u00f3n feliz, que parec\u00eda estar hecho de polvo de arroz y del polen de las flores (hasta que la gente se dio cuenta de que ol\u00eda a esti\u00e9rcol).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era un hermoso domingo. Martial Brun hab\u00eda llevado el postre: una tarta de moca que hizo brillar de alegr\u00eda los ojos del joven Bernard Jacquelain. Se la comieron en silencio. S\u00f3lo se o\u00eda el tintineo de las cucharillas en los platos y el crujido de los granos de caf\u00e9, ocultos en la nata y llenos de un licor arom\u00e1tico, entre los dientes de los comensales. Luego, tras esos instantes de recogimiento, se reanud\u00f3 la conversaci\u00f3n, tan tranquila, tan carente de pasi\u00f3n como el ronroneo de una tetera. Martial Brun, que ten\u00eda veintisiete a\u00f1os, la nariz alargada y puntiaguda, siempre un poco roja en el extremo, el cuello largo y c\u00f3micamente ladeado, como si escuchara una confidencia, y unos hermosos ojos de cervatillo, estudiaba Medicina y habl\u00f3 de los ex\u00e1menes que se acercaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Los hombres tienen que trabajar mucho \u2014dijo Blanche Jacquelain, y, soltando un suspiro, mir\u00f3 a su hijo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Lo quer\u00eda tanto que todo lo relacionaba con \u00e9l. No pod\u00eda leer que en Par\u00eds se hab\u00eda declarado una epidemia de tifus sin imagin\u00e1rselo enfermo, muerto quiz\u00e1, ni o\u00edr a la banda de un regimiento sin verlo soldado. Pos\u00f3 en Martial Brun una mirada triste y profunda, dibujando sobre sus rasgos anodinos otros adorables a sus ojos, los de su hijo, y pensando en el d\u00eda en que saldr\u00eda de una gran universidad cargado de laureles.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Martial describi\u00f3 sus estudios y sus noches en vela con cierta complacencia. Era modesto hasta el exceso, pero un dedo de vino le daba unas repentinas ganas de charlar, de mostrar su val\u00eda. Mientras peroraba, se pasaba el dedo \u00edndice bajo el cuello alto, que le molestaba, y sacaba pecho como un gallo. Pero, de pronto, son\u00f3 el timbre de la puerta de entrada. Th\u00e9r\u00e8se quiso levantarse para ir a abrir, pero se le adelant\u00f3 el peque\u00f1o Bernard, que volvi\u00f3 al cabo de unos instantes acompa\u00f1ado por un joven barbudo y m\u00e1s bien grueso, amigo de Martial, que estudiaba Derecho: Raymond D\u00e9tang. La vivacidad, el don de palabra, la hermosa voz de bar\u00edtono y el \u00e9xito con las mujeres del tal Raymond inspiraban a Martial una mezcla de envidia y melanc\u00f3lica admiraci\u00f3n. Al verlo, se call\u00f3 al instante y se puso a recoger las migas de pan de alrededor de su plato con gestos nerviosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Est\u00e1bamos hablando de sus estudios, muchachos \u2014dijo Adolphe Brun, y se volvi\u00f3 hacia Bernard\u2014. Y, t\u00fa, apl\u00edcate el cuento \u2014a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>El chico no rechist\u00f3, porque, a sus quince a\u00f1os, el trato con las personas mayores a\u00fan lo intimidaba. Llevaba pantal\u00f3n corto. (\u00abPero es el \u00faltimo a\u00f1o \u2014dec\u00eda su madre con una mezcla de orgullo y pena\u2014. Pronto ser\u00e1 demasiado mayor.\u00bb) Tras la exquisita comida, las mejillas le ard\u00edan y la corbata no paraba de torc\u00e9rsele. Bernard le daba una en\u00e9rgica sacudida y se echaba hacia atr\u00e1s los mechones rizados que le ca\u00edan sobre la frente.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tiene que salir de la Polit\u00e9cnica entre los primeros \u2014dijo su padre con voz cavernosa\u2014. He hecho locuras respecto a su educaci\u00f3n: los mejores profesores particulares, y todo eso. Pero \u00e9l sabe lo que me debe: tiene que salir de la Polit\u00e9cnica entre los mejores. De todos modos, es muy estudioso. Va el primero de su clase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos miraron al chico. El coraz\u00f3n de Bernard se llen\u00f3 de orgullo. Era una sensaci\u00f3n tan agradable que casi no se pod\u00eda soportar. Se puso a\u00fan m\u00e1s rojo.<br>\u2014\u00a1Bah, eso no es nada! \u2014exclam\u00f3 con una voz en pleno cambio, tan pronto aguda, casi chillona, como suave y grave.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego hizo un gesto de desaf\u00edo con la barbilla, como si dijera \u00ab\u00a1Lo que sea ya se ver\u00e1!\u00bb, y se tir\u00f3 del nudo de la corbata hasta casi romperla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bernard se entreg\u00f3 a una confusa enso\u00f1aci\u00f3n en la que se ve\u00eda como un gran ingeniero, matem\u00e1tico, inventor, o quiz\u00e1 explorador y soldado, con toda una comitiva de mujeres brillantes en su camino, y a su alrededor, fieles amigos y disc\u00edpulos. Entretanto, no le quitaba ojo al trozo de tarta que le quedaba en el plato, pregunt\u00e1ndose c\u00f3mo se las arreglar\u00eda para com\u00e9rselo, con todas aquellas miradas posadas en \u00e9l. Por suerte, su padre se dirigi\u00f3 a Martial y, desviando la atenci\u00f3n de \u00e9l, lo devolvi\u00f3 a la oscuridad, lo que Bernard aprovech\u00f3 para zamparse el trozo de tarta de moca de un solo bocado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfEn qu\u00e9 rama de la Medicina piensa usted especializarse? \u2014le pregunt\u00f3 el se\u00f1or Jacquelain a Martial.<br>El se\u00f1or Jacquelain padec\u00eda una dolorosa enfermedad de est\u00f3mago. Ten\u00eda el bigote amarillo, p\u00e1lido como el heno, y una cara que parec\u00eda de arena gris, con la piel surcada de arrugas, como la superficie de las dunas barrida por el viento del mar. Miraba a Martial con una expresi\u00f3n \u00e1vida y triste, como si el simple hecho de hablar con un futuro m\u00e9dico tuviera alguna virtud curativa de la que, sin embargo, \u00e9l no pod\u00eda beneficiarse.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2014L\u00e1stima que a\u00fan no tenga el t\u00edtulo en el bolsillo, mi querido amigo \u2014repiti\u00f3 varias veces, llev\u00e1ndose la mano mec\u00e1nicamente al lugar del cuerpo donde punzaba el dolor, justo debajo del enjuto pecho\u2014. L\u00e1stima. Le habr\u00eda consultado. L\u00e1stima. \u2014Y se sumi\u00f3 en una amarga cavilaci\u00f3n.<br>\u2014Dentro de dos a\u00f1os \u2014respondi\u00f3 Martial t\u00edmidamente.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acribillado a preguntas, confes\u00f3 que ten\u00eda en perspectiva una consulta en la rue Monge. Conoc\u00eda a un m\u00e9dico que quer\u00eda jubilarse y se la ceder\u00eda. Mientras hablaba, ve\u00eda pasar ante \u00e9l una sucesi\u00f3n de d\u00edas apacibles\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tendr\u00e1s que casarte, Martial \u2014dijo la anciana se\u00f1ora Pain con una sonrisa p\u00edcara.<br>Nervioso, hizo una bolita de miga con los dedos, la estir\u00f3, le dio la forma de un monigote y luego la atraves\u00f3 sa\u00f1udamente con el tenedor de postre.<br>\u2014Pienso en ello \u2014reconoci\u00f3, alzando hacia Th\u00e9r\u00e8se sus ojos de cervatillo\u2014. No crea que no pienso en ello.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>En ese instante, a Th\u00e9r\u00e8se se le ocurri\u00f3 que aquello iba por ella y le entraron ganas de re\u00edr, aunque al mismo tiempo se sent\u00eda tan avergonzada como si la hubieran desnudado en p\u00fablico. Entonces, \u00bfera verdad lo que le dec\u00edan su padre, su abuela y sus compa\u00f1eras del internado, que desde que se recog\u00eda el pelo parec\u00eda una mujer hecha y derecha? Pero casarse con el bueno de Martial\u2026 Lo observ\u00f3 con curiosidad con los p\u00e1rpados entornados. Lo conoc\u00eda desde la ni\u00f1ez y le ten\u00eda cari\u00f1o; con \u00e9l vivir\u00eda como deb\u00edan de haber vivido sus propios padres hasta la temprana muerte de su madre.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPobre chico\u2026 \u2014se dijo de pronto\u2014, es hu\u00e9rfano\u2026 \u2014Su coraz\u00f3n ten\u00eda ya una ternura, una solicitud casi maternales. Pero acto seguido pens\u00f3\u2014: No es guapo. Se parece a la llama del Jard\u00edn Bot\u00e1nico. Tiene el mismo aire tierno y ofendido\u00bb.<br>El esfuerzo que le cost\u00f3 contener una risa burlona hizo aparecer dos hoyuelos en sus mejillas, un poco p\u00e1lidas, de chica de Par\u00eds. Era esbelta, graciosa, de rostro serio y dulce, ojos grises y cabellos vaporosos como el humo.<br>\u00ab\u00bfC\u00f3mo iba a querer que fuera mi marido?\u00bb, se pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus dulces y vagas fantas\u00edas se llenaron de j\u00f3venes atractivos parecidos al h\u00fasar del ej\u00e9rcito napole\u00f3nico del grabado que ten\u00eda enfrente. Un guapo y dorado h\u00fasar, un soldado cubierto de polvo y sangre, arrastrando el sable por las hojas secas\u2026 Se levant\u00f3 de un salto para ayudar a su abuela a recoger la mesa. En su interior se produjo una especie de ajuste entre el sue\u00f1o y la realidad. Era un fen\u00f3meno extra\u00f1o y un poco doloroso, como si alguien le abriese los ojos a la fuerza e hiciera pasar ante ellos una luz demasiado intensa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHacerse mayor es un fastidio \u2014pens\u00f3\u2014. Si pudiera seguir siempre as\u00ed\u2026\u00bb Suspir\u00f3 con un poco de hipocres\u00eda. Gustarle a un chico, aunque fuera el pobre Martial, era halagador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bernard Jacquelain hab\u00eda salido al balc\u00f3n, y Th\u00e9r\u00e8se se reuni\u00f3 con \u00e9l entre la jaula de los canarios y la de las t\u00f3rtolas. El puente met\u00e1lico vibr\u00f3: acababa de pasar el metro. Al cabo de unos instantes, Adolphe Brun se uni\u00f3 a los dos chicos.<br>\u2014Han venido las Humbert \u2014dijo.<br>Eran una viuda y su hija de quince a\u00f1os, Ren\u00e9e, amigas de la familia Brun.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La se\u00f1ora Humbert hab\u00eda perdido muy pronto a su brillante y encantador marido. Era una historia triste, pero una buena ense\u00f1anza para la juventud, dec\u00edan. El pobre se\u00f1or Humbert, abogado de talento, hab\u00eda muerto a los veintinueve a\u00f1os por exceso de amor al trabajo y al placer, una mala combinaci\u00f3n, como remarcaba Adolphe Brun.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2014Era un don juan \u2014dec\u00eda, moviendo la cabeza con una mezcla de admiraci\u00f3n y rechazo, sazonada con una min\u00fascula pizca de lujuria\u2014. Se hab\u00eda vuelto presumido \u2014a\u00f1ad\u00eda, atus\u00e1ndose el bigote con una mirada pensativa\u2014. Ten\u00eda treinta y seis corbatas. \u2014Empleaba el n\u00famero treinta y seis como equivalente de una cantidad exagerada\u2014. Hab\u00eda adquirido costumbres caras: se ba\u00f1aba todas las semanas. Fue precisamente al salir de una casa de ba\u00f1os cuando cogi\u00f3 el resfriado que acab\u00f3 con \u00e9l.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para vivir, su viuda, carente de recursos, hab\u00eda tenido que abrir un taller de modista, una tienda pintada de azul celeste en la avenue des Gobelins, con el r\u00f3tulo MODASGERMAINE en letras doradas a la entrada. La se\u00f1ora Humbert luc\u00eda sus propias creaciones sobre su cabeza y la de su hija. Era una atractiva morena y avanzaba majestuosamente, ofreciendo a los rayos de sol uno de los primeros sombreros de paja puestos a la venta esa primavera, en el que abr\u00edan sus p\u00e9talos una profusi\u00f3n de amapolas artificiales. Su hija llevaba un virginal modelo de tul y cintas: un sombrero r\u00edgido y liviano como la pantalla de una l\u00e1mpara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Brun esperaban a esas se\u00f1oras para salir y acabar la jornada dominical al aire libre. As\u00ed pues, en cuanto ellas llegaron, se pusieron en camino hacia el metro de la Gare de Lyon. Los ni\u00f1os iban delante. Entre las dos chicas, Bernard, dolorosamente consciente de sus pantalones cortos, miraba con inquietud y verg\u00fcenza el dorado vello que reluc\u00eda en sus vigorosas piernas, pero se consolaba pensando: \u00abEs el \u00faltimo a\u00f1o.\u00bb Adem\u00e1s, su madre, que siempre lo mimaba, le hab\u00eda comprado un junco, un bastoncillo con pomo dorado, con el que jugaba descuidadamente. Por desgracia, Adolphe se dio cuenta y canturre\u00f3: \u00abComo un currutaco, bast\u00f3n en mano\u2026\u00bb, lo que le agu\u00f3 la fiesta. Vivo, delgado y alegre, era, con sus bonitos ojos, la personificaci\u00f3n de la belleza masculina para su madre, que, con una punzada de celos en el coraz\u00f3n, pensaba: \u00abLa de conquistas que har\u00e1 a los veinte a\u00f1os\u2026\u00bb, pues hasta entonces contaba con tenerlo para ella sola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las chicas llevaban trajes chaqueta que les cubr\u00edan p\u00fadicamente las rodillas y medias negras de algod\u00f3n. La se\u00f1ora Humbert le hab\u00eda hecho a Th\u00e9r\u00e8se un sombrero parecido al de Ren\u00e9e, una imponente creaci\u00f3n adornada con muselina y lacitos, y dec\u00eda: \u00abParec\u00e9is hermanas\u00bb, pero pensaba: \u00abMi hija, mi Ren\u00e9e, es m\u00e1s guapa. Es una mu\u00f1eca, una gata, con su pelo rubio y sus ojos verdes. Los hombres mayores ya la miran\u00bb, se dec\u00eda a continuaci\u00f3n, porque era una madre ambiciosa y que pensaba en el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Emergiendo de las profundidades de la tierra, el grupito sali\u00f3 de la parada de metro de Concorde y baj\u00f3 la avenue des Champs-Elys\u00e9es. Las se\u00f1oras se levantaban con delicadeza el bajo de la falda, de donde asomaba un discreto volante de popelina gris del vestido de la se\u00f1ora Jacquelain, y de rasete pardo del de la anciana se\u00f1ora Pain, mientras que la se\u00f1ora Humbert, de opulentos pechos, moviendo los negros ojos \u00aba la italiana\u00bb, dejaba ver como al descuido un tafet\u00e1n atornasolado que produc\u00eda un suave frufr\u00fa. Las se\u00f1oras hablaban del amor. La se\u00f1ora Humbert daba a entender que, con sus rigores, hab\u00eda llevado a un hombre a la desesperaci\u00f3n; para olvidarla, hab\u00eda tenido que irse a las colonias, desde donde le escrib\u00eda que hab\u00eda adiestrado a un negrito para que fuera todas las noches a su tienda a la hora de acostarse y le dijera: \u00abGermaine te ama y piensa en ti.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2014A veces \u2014dijo la se\u00f1ora Humbert tras soltar un suspiro\u2014, los hombres tienen un coraz\u00f3n m\u00e1s sensible que nosotras.<br>\u2014\u00a1Oh! \u00bfUsted cree? \u2014exclam\u00f3 Blanche Jacquelain, que la hab\u00eda escuchado con la actitud agria y remilgada con la que una gata acecha la leche que hierve en un cazo: acercando la pata y apart\u00e1ndola con un breve maullido ofendido\u2014. Las \u00fanicas que sabemos querer desinteresadamente somos nosotras.<br>\u2014\u00bfQu\u00e9 entiende usted por inter\u00e9s? \u2014replic\u00f3 la se\u00f1ora Humbert, alzando la cabeza y ensanchando las ventanas de la nariz, como una yegua a punto de relinchar.<br>\u2014Lo sabe usted perfectamente, querida \u2014respondi\u00f3 la se\u00f1ora Jacquelain con repugnancia.<br>\u2014Pero, querida, es la naturaleza\u2026<br>\u2014S\u00ed, s\u00ed \u2014dec\u00eda entretanto la anciana se\u00f1ora Pain, agitando su gorrito de azabache recubierto de violetas artificiales.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero en realidad no escuchaba. Pensaba en el trozo de ternera que hab\u00eda sobrado del rag\u00fa; lo servir\u00eda esa noche. \u00bfTal cual o con salsa de tomate? Detr\u00e1s iban los hombres, perorando con grandes aspavientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por los Campos El\u00edseos deambulaba el tranquilo gent\u00edo de los domingos. Caminaba con lentitud, entorpecido seguramente por la pesada digesti\u00f3n, el prematuro calor y la sensaci\u00f3n de asueto. Era una pac\u00edfica, alegre y discreta muchedumbre de peque\u00f1os burgueses. El pueblo llano no aparec\u00eda por all\u00ed, mientras que los grandes de este mundo no enviaban a los Campos El\u00edseos m\u00e1s que a los miembros m\u00e1s j\u00f3venes de la familia, custodiados por ni\u00f1eras ataviadas con vistosas cintas. En la avenida se ve\u00edan cadetes de Saint-Cyr dando el brazo a sus queridas abuelas, alumnos de la Polit\u00e9cnica, p\u00e1lidos y con gafas, vigilados por la mirada inquieta de la familia, colegiales con chaquet\u00f3n cruzado y gorra de uniforme, se\u00f1ores bigotudos, ni\u00f1as con vestido blanco que bajaban hacia el Arco de Triunfo entre una doble hilera de sillas ocupadas por m\u00e1s alumnos de Saint-Cyr y la Polit\u00e9cnica, se\u00f1ores, se\u00f1oras y ni\u00f1os id\u00e9nticos a los primeros en la ropa, la mirada, la sonrisa y la actitud, cordial, curiosa y ben\u00e9vola a un tiempo, de tal suerte que cada viandante parec\u00eda ver a su lado a su propio hermano. Todas aquellas caras se parec\u00edan: tez p\u00e1lida, ojos sin brillo, boca abierta.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Bajaban hasta la explanada del Arco de Triunfo, hasta la avenue du Bois de Boulogne, hasta la mansi\u00f3n de Boni de Castellane, en cuyos balcones unos visillos de seda lila ondeaban con la suave brisa. Y por fin\u2026 Envueltos en una gloriosa polvareda, aparec\u00edan los carruajes, de regreso de las carreras.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sentadas en sus sillitas de hierro, las familias ve\u00edan pasar a los pr\u00edncipes, los millonarios y las grandes cortesanas. La se\u00f1ora Humbert esbozaba sombreros febrilmente en un cuaderno que hab\u00eda sacado del bolso. Los ni\u00f1os miraban, admiraban. Los adultos se sent\u00edan pl\u00e1cidos, satisfechos, sin envidia, pero llenos de orgullo: \u00abPor las cuatro perras de las sillas y el billete del metro \u2014se dec\u00edan los parisinos\u2014, podemos ver todo esto, disfrutarlo. No somos meros espectadores de la obra, sino tambi\u00e9n actores (figurantes de lo m\u00e1s humilde), con nuestras hijas bien arregladas, con sus sombreros nuevos, nuestra labia y nuestra alegr\u00eda proverbial. Despu\u00e9s de todo, habr\u00edamos podido nacer en otro sitio \u2014pensaban\u2014, en uno de esos pa\u00edses donde s\u00f3lo con ver los Campos El\u00edseos en postal todos los corazones bien nacidos laten m\u00e1s deprisa.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfHan visto esa sombrilla rosa con medallones de chantill\u00ed? \u2014dec\u00eda la gente, arrellan\u00e1ndose en las sillas con un airecillo cr\u00edtico de propietario\u2014. No me gusta, es de ricachona.<br>Reconoc\u00edan a las celebridades que pasaban:<br>\u2014Mira, es Monna Delza. \u00bfCon qui\u00e9n va?<br>Los padres rememoraban hechos hist\u00f3ricos para sus hijos.<br>\u2014All\u00ed, hace cinco a\u00f1os, vi a la Cavalieri desayunando con Caruso \u2014dec\u00eda alguien, se\u00f1alando los ventanales de un restaurante\u2014. La gente hac\u00eda corro a su alrededor y los miraba como si fueran animales ex\u00f3ticos, pero ellos no perdieron el apetito.<br>\u2014\u00bfQui\u00e9n es la Cavalieri, pap\u00e1?<br>\u2014Una actriz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con la ca\u00edda de la tarde, los peque\u00f1os empezaron a arrastrar los pies. El fino az\u00facar de los gofres volaba por el aire, mientras que el polvo, un polvo dorado que cruj\u00eda entre los dientes, ascend\u00eda lentamente al cielo, ocultaba el Obelisco hasta media altura y corro\u00eda las ros\u00e1ceas flores de los casta\u00f1os. El viento lo llevaba hacia el Sena, donde descend\u00eda poco a poco, a medida que se alejaban los \u00faltimos carruajes y los parisinos volv\u00edan a casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Brun, los Jacquelain, las Humbert y Raymond D\u00e9tang se sentaron en la terraza de un caf\u00e9 para merendar.<br>\u2014Dos granadinas y nueve vasos \u2014pidieron.<br>Bebieron en silencio, un poco cansados, un poco aturdidos, pero satisfechos de la jornada. Raymond D\u00e9tang se rizaba la barba rala entre dos dedos y sacaba pecho para su vecina. Hac\u00eda calor. Se encend\u00edan los primeros faroles y el aire se volv\u00eda malva, se dir\u00eda que azucarado, como un caramelo de violeta. Daban ganas de lamerlo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2014\u00a1Oh, qu\u00e9 bien se est\u00e1! \u2014suspiraban las mujeres. O bien dec\u00edan\u2014: No volver\u00eda uno a casa, \u00bfeh, Eug\u00e8ne?<br>Pero Eug\u00e8ne, o \u00c9mile (el marido), asent\u00eda, consultaba el reloj y se limitaba a responder:<br>\u2014\u00a1A por la sopa!<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto ser\u00edan las siete y en todos los peque\u00f1os hogares parisinos se sentar\u00edan a la mesa. El aroma del caldo y el pan reci\u00e9n cocido batallar\u00eda unos instantes con el olor del perfumado aroma que las mujeres caras hab\u00edan dejado a su paso, luchar\u00eda con \u00e9l y, al final, lo cubrir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Brun se despidieron de sus amigos en el metro de L\u2019\u00c9toile. Echaron las \u00faltimas cuentas.<br>\u2014Y tambi\u00e9n le debo diez c\u00e9ntimos por la propina al camarero\u2026<br>\u2014Eso, eso, que quien paga descansa.<br>Despu\u00e9s, cada cual se fue a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fuente: <\/strong>sinembargo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciudad de M\u00e9xico.- En Los fuegos de oto\u00f1o,\u00a0Ir\u00e8ne N\u00e9mirovsky\u00a0compone un sensacional fresco narrativo del envilecimiento de la\u00a0burgues\u00eda parisina\u00a0durante el vertiginoso\u00a0per\u00edodo de entreguerras. Esta novela sobrevivi\u00f3 a los estragos del fascismo, y el reciente descubrimiento de una copia con abundantes correcciones de la propia autora le confiere un valor adicional incalculable. 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