{"id":85669,"date":"2020-12-05T12:21:37","date_gmt":"2020-12-05T17:21:37","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=85669"},"modified":"2020-12-05T12:21:40","modified_gmt":"2020-12-05T17:21:40","slug":"un-amor-cualquiera-la-novela-de-jane-smiley-que-desmonta-el-mito-de-la-familia-perfecta","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/entretenimiento\/espectaculos\/un-amor-cualquiera-la-novela-de-jane-smiley-que-desmonta-el-mito-de-la-familia-perfecta\/","title":{"rendered":"Un amor cualquiera: la novela de Jane Smiley que desmonta el mito de la familia perfecta"},"content":{"rendered":"\n<p>Ciudad de M\u00e9xico.- Hace ahora justo veinte a\u00f1os, los Kinsella eran, en apariencia, una familia id\u00edlica y feliz. De un d\u00eda para otro, el marido de Rachel vendi\u00f3 sin avisarle la casa en la que viv\u00edan y se llev\u00f3 a los cinco ni\u00f1os al extranjero. Ella tard\u00f3 un a\u00f1o en volver a verlos, y su p\u00e1nico era tan intenso que se tambaleaba por la acera a medida que se acercaba a su encuentro.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Hace ahora justo veinte a\u00f1os de la ruptura, este preciso fin de semana en que tres de los hijos de Rachel \u2014Ellen y los gemelos Joe y Michael\u2014, ya adultos, cada uno de ellos sumido en su particular crisis personal, se han reunido en la casa materna. Desde aquella separaci\u00f3n traum\u00e1tica, a los Kinsella no se les dan bien las despedidas, aunque tampoco las reuniones, en las que los ecos del pasado los desbordan.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Inevitablemente, con esos recuerdos tan vivos para Rachel, no es de extra\u00f1ar que una conversaci\u00f3n casual, en el porche, despu\u00e9s de cenar, derive en una confesi\u00f3n sobre los acontecimientos que propiciaron aquella ruptura; lo que sin duda ella no espera es que sus hijos tengan tambi\u00e9n algo que contarle\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>En una narraci\u00f3n que se despliega como una espiral de revelaciones emocionales que Rachel va desgranando a lo largo de un fin de semana, Smiley nos muestra las formas en que se desarrollan los amores comunes y corrientes, aquellos que vivimos todos los d\u00edas, y con exactitud, paciencia y ternura desmonta el mito de la familia perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n,&nbsp;<strong>SinEmbargo<\/strong>&nbsp;comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento de&nbsp;<strong><em>Un amor cualquiera<\/em><\/strong>, donde la&nbsp;<strong>Pulitzer<\/strong>&nbsp;y autora de una veintena de obras de ficci\u00f3n y ensayo&nbsp;<strong>Jane Smiley<\/strong>&nbsp;retoma el universo de las relaciones familiares, centr\u00e1ndose esta vez en el miedo que sentimos a herir de forma irreparable, con nuestras decisiones m\u00e1s \u00edntimas, a aquellos a quienes m\u00e1s amamos. Cortes\u00eda otorgada bajo el permiso de&nbsp;<strong>Sexto Piso<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/sinembargo.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/700-15.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3899797\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">***<\/h2>\n\n\n\n<p>No quiero que Joe aparezca y me encuentre de rodillas abrillantando el suelo de la cocina con un jersey viejo de algod\u00f3n a modo de trapo, pero llega y as\u00ed es como me encuentra.<br>\u2013\u00a1Mam\u00e1! \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo? \u00a1Rel\u00e1jate! \u2013dice.<br>Me siento sobre los talones y le digo:<br>\u2013\u00bfY t\u00fa qu\u00e9 haces despierto a las seis y media?<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en realidad lo s\u00e9. Los dos lo sabemos. Atraviesa la cocina y se sirve su primera taza de caf\u00e9. Siempre se toma tres tazas seguidas, me he fijado este verano: caf\u00e9 caliente con un mont\u00f3n de leche y az\u00facar. Luego se aleja de la cafetera y, para cuando se sienta a la mesa, la taza ya va por la mitad. Est\u00e1 sonriendo. Michael llega hoy. Michael, el gemelo id\u00e9ntico de Joe, ha estado dos a\u00f1os dando clases de Matem\u00e1ticas en un instituto de secundaria de Benar\u00e9s, en la India. Por eso estoy abrillantando el suelo, por eso ninguno de los dos puede relajarse.<\/p>\n\n\n\n<p>El suelo es un entarimado de arce de unos setenta y cinco a\u00f1os. La longitud de los listones \u2013dispuestos diagonalmente\u2013 oscila entre cinco y trece cent\u00edmetros. En los \u00faltimos quince minutos he abrillantado todo el suelo desde la despensa hasta la puerta de atr\u00e1s, donde una hoja alargada de bronc\u00edneos rayos de sol ha iluminado mis antebrazos, haciendo que mis manos parezcan musculosas por el juego de sombras. Me gusta este suelo, a pesar de lo delicado que es y de todo el trabajo que da. Parezco mi madre. Y esta ciudad, por m\u00e1s \u00e1rboles que tenga, se parece bastante a Nebraska, donde crec\u00ed. Los movimientos amplios y r\u00edtmicos que hago con el trapo resultan bals\u00e1micos a la par que productivos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/sinembargo.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/jane-smiley-author-photo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3899803\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>\u2013A las nueve o as\u00ed saldr\u00e9 hacia el aeropuerto \u2013dice Joe.<br>La silla donde est\u00e1 sentado no deja de vibrar. Sonr\u00edo.<br>\u2013\u00bfPor qu\u00e9 no te vas ya? \u2013le pregunto.<br>\u2013Estoy tranquilo, mam\u00e1. \u00bfQu\u00e9 te hace pensar que no lo est\u00e9? \u2013Por su expresi\u00f3n parece estar al borde de la locura.<br>Tienen veinticinco a\u00f1os y llevan dos a\u00f1os sin verse\u2013. Mujer, haz el favor de levantarte y tomarte una taza de t\u00e9 o algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso mismo es lo que hago por el simple placer de sentarme a la mesa de la cocina con mi hijo. Dejo que me haga una tostada y que me pele una naranja y que cubra de leche mis Krispies de arroz. Hablamos de los geranios de la jardinera y del cortac\u00e9sped, que est\u00e1 roto, y de los cursos que Joe va a tomar dentro de dos semanas, cuando empiece de nuevo la universidad. No hablamos de Michael. Es un ritual en nuestra familia: no mencionamos a la persona que regresa de viaje mientras est\u00e9 todav\u00eda en camino. Normalmente nos conformamos con no pronunciar su nombre, pero esta vez Joe ni siquiera ha dicho \u00ab\u00e9l\u00bb o \u00abmi hermano\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Joe ha estado todo el verano conmigo, el per\u00edodo m\u00e1s largo que hemos pasado juntos en seis a\u00f1os, y me he acostumbrado a \u00e9l. A Joe le inquietaba la idea de vivir con su madre tanto tiempo, pero la verdad es que ha sido uno de los mejores veranos que recuerdo, con esa vidilla que te da tener a alguien agradable en casa todos los d\u00edas. Me va a dar pena cuando vuelva a la universidad, y lo sabe. Se levanta de la mesa y va al comedor. Pone un vinilo \u2013no sin antes limpiarlo con esmero\u2013 y empieza a sonar Hank Williams. Me lo deb\u00eda. Reanudo mi tarea en el suelo. Joe se trajo con \u00e9l su colecci\u00f3n de discos: me ha estado regalando momentos musicales inesperados a lo largo de todo el verano, aunque es un tanto exigente: me ha hecho escuchar a Elvis Costello, a los Talking Heads, los Flamin\u2019 Groovies, los Dire Straits. Yo hago como que aprecio las melod\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2013Dir\u00eda que esto es crucial para tu proyecto de madre ejemplar, si es que quieres tom\u00e1rtelo en serio, claro \u2013me dice \u00e9l medio en broma.<br>Tom\u00e1rmelo en serio implica escuchar y tolerar armon\u00edas que poco o nada tienen que ver con lo que acostumbro a escuchar; eso s\u00ed, como parte de su proyecto de hijo ejemplar, \u00e9l pone \u00f3pera y m\u00fasica folk de la que me gusta a m\u00ed.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Joe viv\u00eda en Chicago, pero su novia lo dej\u00f3 en junio. Al poco de venirse conmigo, su novia le escribi\u00f3 cuatro cartas en dos d\u00edas, y as\u00ed termin\u00f3 todo. Louise, as\u00ed se llama ella. Estuvo aqu\u00ed de visita cuatro o cinco veces, y debo decir que me gust\u00f3, me pareci\u00f3 una chica agradable y franca. Varios d\u00edas despu\u00e9s de llegar aqu\u00ed, durante el almuerzo, Joe desliz\u00f3 una de sus cartas por encima de la mesa para que la leyese. El meollo de la cuesti\u00f3n, seg\u00fan hab\u00eda escrito ella, era que no ten\u00eda la capacidad de hacerlo feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Joe se puso de pie y se fue a echar semillas a los parterres. Recuerdo ese sentimiento: la vida con un hombre tan irritable, el techo parec\u00eda palpitar a cada hora, a cada minuto algunos d\u00edas. Pens\u00e9 que Louise era lista por haber sabido identificar sus limitaciones antes de casarse, antes de tener hijos, pero cuando Joe pas\u00f3 por la ventana de la cocina, pude ver por el \u00e1ngulo de sus hombros que estaba devastado, y las l\u00e1grimas acudieron a mis ojos por \u00e9l. Desde entonces no ha salido con ninguna chica.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Aqu\u00ed su vida social se reduce a Barbara y Kevin, dos amigos del instituto que se casaron al terminar la universidad. Cuando vienen, Barbara siempre quiere que me siente con ella en la cocina y hablemos de muebles, y Kevin siempre quiere llevarme fuera (para que nadie nos escuche, imagino) y poner a prueba mis conocimientos en administraci\u00f3n estatal. Tengo cincuenta y dos a\u00f1os, que es la edad en la que, al parecer, tus hijos y los amigos de tus hijos de pronto quieren usurpar toda la sabidur\u00eda y experiencia que, en su d\u00eda, no creyeron que tuvieras y que ahora les resulta de gran utilidad. Soy contable del estado, en el Departamento de Transporte, lo que seguramente explique el inter\u00e9s de Kevin.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Estuve casada una vez y a punto estuve de casarme una segunda. Tengo cinco hijos y cuatro nietos, lo que seguramente explique el inter\u00e9s de Barbara: para ella, amueblar la casa es lo m\u00e1s parecido a enfrentarse a cuestiones de vida familiar e hijos. Mi hija menor, Annie, que tuvo un beb\u00e9 en mayo, ahora me llama para todo a pesar de que durante a\u00f1os apenas supe de ella. La mayor, Ellen, vive a un kil\u00f3metro y medio. Tiene dos hijas y no hay d\u00eda que no me llame por tel\u00e9fono o venga a verme. Daniel, que es un a\u00f1o menor que Ellen, vive en Nueva York. Tiene un hijo y me llama todos los fines de semana. Hace tiempo s\u00ed fui la fuente de sabidur\u00eda materna que creen que soy ahora. Mis caderas estaban hechas para llevar ni\u00f1os en brazos, era capaz de abrirme paso entre juguetes y chiquillos sin tambalearme, sin apenas mirar al suelo salvo para admirar pintarrajos. Para m\u00ed, cuatro tronas alrededor de la mesa de la cocina y dos labradores retriever dando vueltas al acecho de la primera sobra que cayese al suelo era pan comido.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras abrillantar el suelo, voy al ba\u00f1o y le doy un repaso a la ba\u00f1era y al lavabo. Me encanta esta casa. Pasaba en coche por aqu\u00ed todos los d\u00edas de camino al trabajo. Un d\u00eda vi que estaba en venta y la compr\u00e9. Es de estilo neocolonial brit\u00e1nico, tiene cuatro habitaciones y est\u00e1 ubicada en una finca enorme que hace esquina, con un porche que rodea toda la planta baja y un segundo piso con balc\u00f3n, demasiado para una mujer sola, pero id\u00f3nea, en cierto modo, para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Pienso en ella como si fueran \u00abmis tierras\u00bb. Aqu\u00ed, sola \u2013que es como estoy normalmente\u2013, aprecio la extensi\u00f3n de su quietud, nada espectacular, pero tiene espacio y silencio de sobra. En el jard\u00edn hay tres casta\u00f1os que deben de ser indestructibles porque no hay tres casta\u00f1os que est\u00e9n tan pegados entre ellos en todo el estado.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Termino el ba\u00f1o, adecento el comedor y ya son casi las nueve. Joe est\u00e1 silbando por la casa, esperando \u2013lo s\u00e9\u2013 hasta el \u00faltimo minuto para irse. Me quedo bajo la sombra de la puerta del comedor y al momento lo veo bajar por las escaleras meti\u00e9ndose cosas en los bolsillos, alegre, ansioso. Me quedo embobada mir\u00e1ndolo. Es alto, esbelto, ancho de hombros. Anda muy erguido. Tiene las manos y los pies grandes, y aunque no tiene pinta de ser muy ma\u00f1oso \u2013a diferencia de su hermano Daniel\u2013, este verano ha reparado un mont\u00f3n de cosas de la casa y se ha hartado de cortar le\u00f1a con la motosierra que compr\u00f3 nada m\u00e1s llegar. El hombre que va a recoger al aeropuerto es su copia exacta de pies a cabeza: pelos, dedos, u\u00f1as. Hace a\u00f1os que no los veo a los dos juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Me voy, \u00bfvale? \u2013grita.<br>\u2013Vale \u2013respondo en voz baja y se da la vuelta.<br>\u2013No es nada del otro mundo, mam\u00e1 \u2013exclama.<br>\u2013Ah, s\u00ed. Ya recuerdo. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da?<br>Nada m\u00e1s irse, suena el tel\u00e9fono, es Ellen.<br>\u2013\u00bfA qu\u00e9 hora me dijiste que llegaba? \u2013pregunta.<br>\u2013Joe acaba de salir. Supongo que llegar\u00e1n antes del mediod\u00eda.<br>\u2013\u00bfPuedo acercarme?<br>\u2013Claro.<br>\u2013Conocimos a un tipo de Filadelfia que estuvo dos a\u00f1os en la India y cuando volvi\u00f3 estaba muy raro.<br>\u2013\u00bfRaro en qu\u00e9 sentido?<br>\u2013Bueno, no s\u00e9, igual estaban cenando y cog\u00eda la servilleta y dec\u00eda: \u00abCon este trozo de tela se podr\u00eda vestir a un ni\u00f1o indio\u00bb. No paraba de decir cosas de ese estilo. Me preocupa que Joe no sepa lo que podr\u00eda encontrarse.<br>\u2013Se han estado escribiendo todo el tiempo.<br>\u2013Las cartas enga\u00f1an mucho.<br>\u2013Mira, yo, por mi parte, estoy loca por ver\u2026, por verlo. \u2013Estoy tentada de decir su nombre, pero en el \u00faltimo momento me echo atr\u00e1s.<br>\u2013Odio esta costumbre familiar \u2013dice. Y a\u00f1ade\u2013: \u00bfVais a venir ma\u00f1ana a cenar?<br>\u2013\u00bfA qu\u00e9 hora quieres que vayamos?<br>\u2013A las seis. La verdad es que no creo que me d\u00e9 tiempo a ir hoy. Jerry est\u00e1 fuera y tengo un mont\u00f3n de cosas que hacer.<br>\u2013No pasa nada.<br>Espero un momento que se alarga bastante hasta que Ellen decide colgar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dirijo a la cocina y una conocida ola de p\u00e1nico me baja desde la cabeza hasta los pies. S\u00e9 perfectamente de d\u00f3nde viene. Cuando Ellen ten\u00eda diez a\u00f1os y los gemelos cinco, y hab\u00eda dos cr\u00edos m\u00e1s entremedias, Pat \u2013su padre\u2013 y yo nos separamos. Pat vendi\u00f3 nuestra casa sin decirme nada y se llev\u00f3 a los ni\u00f1os al extranjero. La ma\u00f1ana que los visit\u00e9 por primera vez despu\u00e9s de casi un a\u00f1o, el p\u00e1nico que sent\u00eda era tan intenso que empec\u00e9 a tambalearme por la acera a medida que me acercaba a la casa. Sab\u00eda que me estaban mirando desde las ventanas y yo hac\u00eda lo posible por centrarme y andar con normalidad, pero la perspectiva de verlos me hizo perder literalmente el equilibrio. Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia \u2013comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos\u2013, pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Michael entra en casa y no es el gemelo de Joe, sino la sombra de Joe: lleva ropa blanca de algod\u00f3n y est\u00e1 cadav\u00e9rico. La forma en que me saluda es cien por cien Michael:<br>\u2013\u00a1Hey, mam\u00e1! He vuelto. \u00bfMe ha llamado alguien?<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Sonr\u00ede, me agarra por la cintura y me besa en los labios; sus b\u00edceps son pura fibra y siento c\u00f3mo sus costillas se me clavan a trav\u00e9s de la camisa. Intento quedarme quieta y no pegar un respingo. Tratamos de mantener un ambiente distendido, ir\u00f3nico (aunque sombr\u00edo por momentos). Miro a Joe y veo en su apagada sonrisa que el aspecto de Michael tambi\u00e9n le ha calado. Pone el equipaje en el suelo. Estamos esperando a que Michael nos indique qu\u00e9 tenemos que hacer, c\u00f3mo actuar, y justo entonces acude irrefrenablemente un pensamiento a mi cabeza: nos han devuelto menos de lo que mandamos.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2013Has cambiado los cuadros \u2013dice Michael.<br>Mi mirada sigue a la suya y me doy cuenta de que faltan varias ilustraciones de p\u00e1jaros de Audubon.<br>\u2013He puesto aqu\u00ed las fotos de los girasoles que hab\u00eda en la habitaci\u00f3n de invitados. Mam\u00e1 ni siquiera se ha dado cuenta. Lleva as\u00ed desde finales de junio \u2013dice Joe.<br>\u2013Claro que me hab\u00eda dado cuenta.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Las fotos de los girasoles son muy bonitas: los cinco ni\u00f1os y yo de p\u00edcnic entre girasoles silvestres en la granja de mi madre, en Nebraska. Los gemelos acababan de aprender a andar. Tambi\u00e9n sale mi madre, enferma pero feliz. Sentada en una tumbona rodeada de girasoles, en la \u00fanica colina en kil\u00f3metros a la redonda. No me hab\u00eda dado cuenta de que las hab\u00eda cambiado de sitio porque aqu\u00ed es donde estaban antes de que yo quisiera darle a la casa un aire m\u00e1s decorativo, m\u00e1s impersonal. Lo cierto es que Joe tambi\u00e9n ha cambiado los muebles del comedor y de la habitaci\u00f3n de invitados, y cuando prepara la cena, siempre la sirve en los platos m\u00e1s antiguos. Se ha pasado el verano haci\u00e9ndome preguntas sobre el pasado, especialmente sobre su m\u00e1s tierna infancia con Michael en nuestra antigua casa. Yo no tengo ninguna objeci\u00f3n al respecto, pero no puedo evitar pensar: \u00abAl menos Michael quiere evolucionar y seguir adelante con su vida\u00bb. Y eso es exactamente lo que hace: mira las fotos con un inter\u00e9s m\u00ednimo, se dirige al comedor y deja el bolso que lleva al hombro encima de la mesa. Mira a su alrededor, aprecia todo lo que hay pero no se recrea. Visto por detr\u00e1s parece m\u00e1s \u00e9l mismo. Sus hombros no han debido de perder anchura, se mueve con agilidad y calma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cari\u00f1o, \u00bfest\u00e1s cansado? \u00bfTienes hambre? \u2013le pregunto.<br>Se vuelve y sonr\u00ede alegremente.<br>\u2013\u00bfEs que no tengo pinta de tener hambre?<br>\u2013Bueno\u2026<br>\u2013\u00a1Mam\u00e1! \u00a1Abre los ojos! Estoy fam\u00e9lico.<br>En cierto modo, a lo largo del almuerzo, nos damos cuenta de que lo que ha dicho es literalmente cierto. Joe sirve yogur con germen de trigo y pasas, s\u00e1ndwiches de mantequilla de cacahuete, un trozo de queso brie, melocotones frescos. Michael mezcla su yogur y dice en tono jocoso:<br>\u2013Mis intestinos est\u00e1n irreconocibles. Digamos que mi intestino grueso es como una tuber\u00eda de PVC, todo lo que entra sale al momento. Le pasa a todo el mundo.<br>Coge la servilleta pero no dice nada de cu\u00e1ntos ni\u00f1os podr\u00edan vestirse con ese trozo de tela.<br>\u2013\u00bfC\u00f3mo que le pasa a todo el mundo? \u2013dice Joe.<br>\u2013Disenter\u00eda amebiana. La tengo desde hace un a\u00f1o. Tomo Bactrim. Aunque ahora ya podr\u00eda curarme. Aqu\u00ed es posible.<br>\u2013\u00bfAll\u00ed no?<br>\u2013Te reinfectas una y otra vez, no merece la pena.<br>\u2013Qu\u00e9 alentador \u2013apunta Joe.<br>\u2013Bueno, cuando me enter\u00e9 de que ten\u00eda disenter\u00eda me puse como loco a buscar alg\u00fan m\u00e9dico que me la curara, o por lo menos alguno que se preocupara. Ahora casi ni me acuerdo de que la tengo.<br>\u2013Podr\u00edas ganarte la vida como fideo. \u2013Se r\u00eden.<br>Michael suelta el melocot\u00f3n que se estaba comiendo, apoya los codos sobre la mesa y se sujeta la cabeza con las manos.<br>\u2013\u00bfCansado? \u2013le pregunto.<br>\u2013Desorientado por el jet lag. Veinticuatro horas viajando no es moco de pavo. Los aviones siempre salen de madrugada, y encima la noche anterior estuve por ah\u00ed con colegas. Eso s\u00ed, me alegro de haber volado hacia el oeste. Por lo visto puedes tardar semanas en recuperarte como vayas por Haw\u00e1i. Una azafata me cont\u00f3 que llevaba un a\u00f1o sin que le viniera la regla porque hac\u00eda el vuelo Nueva York-Nueva Delhi. En trayectos de norte a sur, la regla baja puntual como un reloj, pero las azafatas que hacen los vuelos oeste-este parece que lo tienen crudo para quedarse embarazadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se aclara la garganta y me doy cuenta de que es un h\u00e1bito nuevo que ha adquirido. Me recuerda a mis t\u00edos granjeros.<br>Esperaba alg\u00fan relato m\u00e1s ex\u00f3tico y supongo que estaba, que debo estar, decepcionada. Hago un intento:<br>\u2013\u00bfLo echas de menos? \u00bfTe ha gustado?<br>Me mira pensativo.<br>\u2013Consegu\u00ed acostumbrarme \u2013dice.<br>Ya est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Joe y yo intercambiamos miradas subrepticias de vez en cuando, sonrisas de alivio. En cierto momento del almuerzo nuestro Michael de siempre parece regresar buceando de entre la extra\u00f1eza de su atuendo y su discurso y su demacraci\u00f3n, un Michael familiar al que podemos reconocer y querer.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Una vez que fui a Washington D. C. me encontr\u00e9 con una amiga del colegio haciendo cola en una charcuter\u00eda. No la ve\u00eda desde quinto; por aquella \u00e9poca siempre almorz\u00e1bamos juntas al lado de los columpios del patio. La reconoc\u00ed por una vena que le bajaba desde su suave pico de viuda hasta el centro de la frente.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ella no me mir\u00f3, as\u00ed que me qued\u00e9 callada un momento, y justo entonces ocurri\u00f3 lo mismo, el rostro de aquella ni\u00f1a de diez a\u00f1os que recordaba a la perfecci\u00f3n floreci\u00f3 sobre la superficie de esa mujer desconocida que, por cierto, parec\u00eda estar bastante preocupada. Antes de recordar siquiera su nombre, una ternura de treinta a\u00f1os me inund\u00f3 al ver que mi amiga apenas hab\u00eda cambiado. Es tentador pensar que esto va a ser sencillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy pensando en preparar un p\u00edcnic esta tarde, en Eagle Point Park, pero no he ca\u00eddo en hacer la compra. Joe est\u00e1 detr\u00e1s de m\u00ed fregando los platos. Michael, arriba.<br>\u2013Filtros de caf\u00e9. Y helado. Bolsas de basura \u2013dice Joe.<br>Lo apunto\u2013. Brotes de alfalfa. Un poco de tofo marinado \u2013contin\u00faa Joe\u2013. Ojal\u00e1 fuera ya la semana que viene. Ojal\u00e1 pudiera pasar de \u00e9l.<br>\u2013\u00bfCrees que le gustar\u00e1 la leche acid\u00f3fila?<br>\u2013Me encantar\u00eda poder decir: \u00abHey, qu\u00e9 bien que hayas vuelto, luego nos ponemos al d\u00eda, \u00bfvale?\u00bb.<br>Me levanto despreocupadamente, voy a la despensa y miro los estantes. Joe alza la voz:<br>\u2013Esto me lo ve\u00eda venir yo. Mira que estuve a punto de comprarme una entrada para el concierto de Bruce Springsteen. Para esta noche. En Detroit. Ten\u00eda la chequera en la mano y el tipo me pidi\u00f3 ciento cincuenta. Yo le dije: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tal doscientos?\u00bb. En fin, que no me lo quer\u00eda perder.<br>No digo nada. Joe cierra el grifo.<br>\u2013Pero en el fondo sab\u00eda que no iba a ir. Sab\u00eda que al final me quedar\u00eda aqu\u00ed escuchando c\u00f3mo respira.<\/p>\n\n\n\n<p>El supermercado es mi lugar favorito, una suerte de centro de meditaci\u00f3n que siempre me despeja, pero hoy no consigue despejarme del todo. A\u00fan me resisto a volver a casa cuando salgo del aparcamiento y mi reticencia crece a medida que me acerco a ella. Lo m\u00e1s sencillo \u2013igual que cuando te tiras de un trampol\u00edn que est\u00e1 muy alto\u2013 es seguir adelante sin mirar atr\u00e1s, de modo que diez minutos m\u00e1s tarde me sorprendo a m\u00ed misma en otro centro comercial a pesar de que la leche acid\u00f3fila y el helado se est\u00e1n echando a perder.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Los espejos de los escaparates me devuelven mi imagen y me quedo un rato mir\u00e1ndome sin saber qu\u00e9 estoy mirando. Lo cierto es que este fin de semana estamos de aniversario: veinte a\u00f1os desde que Pat y yo nos separamos. Si mis hijos se acuerdan, no lo van a mencionar, claro que no. Ni yo tampoco, aunque en esta \u00e9poca del a\u00f1o no puedo evitar acordarme de c\u00f3mo era mi vida antes.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Me encant\u00f3 tener gemelos a pesar de que ya hab\u00eda tres cr\u00edos de menos de cinco a\u00f1os correteando por la casa. Viv\u00edamos en una casa antigua, enorme, en una finca de dos hect\u00e1reas. Mi momento favorito del d\u00eda era por la ma\u00f1ana, cuando me tumbaba en la cama a amamantar a los gemelos, uno a cada lado; luego llegaban sus hermanos y se met\u00edan debajo de la manta, y los perros tambi\u00e9n. Y yo all\u00ed, sepultada en carne y ruidos, los pensamientos se desparramaban por todas partes. Ten\u00edamos veintisiete a\u00f1os y est\u00e1bamos obnubilados por la inmensidad del mundo que hab\u00edamos creado.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio que hizo Pat sobre alergias infantiles obtuvo un gran reconocimiento. Gracias a su trabajo se descubri\u00f3 que la pared estomacal de los reci\u00e9n nacidos es una membrana semipermeable y que la leche no humana puede atravesarla sin haber sido previamente digerida y provocar en el beb\u00e9 una reacci\u00f3n al\u00e9rgica. No obstante, su aut\u00e9ntico \u00eddolo era Piaget. Adoraba la idea de que el desarrollo cerebral de un ni\u00f1o fuese un proceso ordenado, una m\u00e1quina natural en continuo movimiento que s\u00f3lo ten\u00eda que ponerse en marcha una vez. Si alguien objetaba que esta visi\u00f3n era demasiado mecanicista, \u00e9l arg\u00fc\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El cerebro es algo palpable, tan f\u00edsico como cualquier otra cosa. No es que genere orden, es que es orden. Siente el orden. El orden sienta bien. Pensar sienta bien. Mmmm. \u2013Se rascaba la cabeza, los ni\u00f1os se re\u00edan\u2013. Un cerebro jam\u00e1s ser\u00e1 mec\u00e1nico, por eso no hay peligro, pero alg\u00fan d\u00eda las m\u00e1quinas s\u00ed ser\u00e1n de carne.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n le encantaba la idea de investigar a sus propios hijos, pero admit\u00eda que, a d\u00eda de hoy, incluso la muestra poblacional del estudio de Piaget ser\u00eda irrisible e insignificante. En El libro Guinness de los r\u00e9cords sal\u00eda una rusa que hab\u00eda tenido sesenta y nueve hijos. A Pat esto no le parec\u00eda imposible.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Daba igual lo liado que estuviese, Pat siempre quer\u00eda que cen\u00e1semos juntos, en familia, y durante la cena se mostraba radiante. Daba igual lo peque\u00f1os que fuesen los ni\u00f1os, \u00e9l les contaba todo tipo de hip\u00f3tesis sorprendentes aderezadas con preguntas mordaces y opiniones sobre sus opiniones. Era su forma de encandilarlos. A m\u00ed me hab\u00eda encandilado de la misma manera. La verdad es que era dif\u00edcil apartar la mirada de su rostro, tanto si eras su hijo como su esposa.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Y bueno, en medio de todo esto, yo me enamor\u00e9 de un hombre del vecindario. Pat vendi\u00f3 la casa, se llev\u00f3 a los ni\u00f1os a Inglaterra y mi vida se desmoron\u00f3, qued\u00f3 reducida a nada, tan rayana en la inexistencia que todas las ma\u00f1anas, cuando abr\u00eda el armario y ve\u00eda que mi ropa segu\u00eda all\u00ed, me llevaba una sorpresa. Cuando pienso en aquella \u00e9poca \u2013veinte a\u00f1os atr\u00e1s\u2013, la luz que me rodeaba se me antoja cegadora. No era posible proyectar ni una sola sombra. Recuerdo estar en la calle, caminando por la acera, perdida en aquel destello. Siempre me despertaba en mitad de la noche por miedo a que todas las luces de mi nuevo y extraordinario apartamento estuviesen encendidas. No existe ning\u00fan motivo que explique por qu\u00e9 recuerdo aquella \u00e9poca de esa manera. No es algo que pueda entenderse. En realidad, s\u00f3lo es posible revivirlo cuando menos te lo esperas. Que es lo que me pasa a veces.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/sinembargo.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/ows_144797327822608.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3899804\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Pat dej\u00f3 sus investigaciones sobre alergias hace doce a\u00f1os, despu\u00e9s de que el eje de su furgoneta se rompiese cerca de Winter Park, Colorado, y provocase que \u00e9sta diese una vuelta de campana y cayese valle abajo. No sali\u00f3 ardiendo, gracias a Dios. Annie, Michael, Tatty (la segunda esposa de Pat), sus dos hijos (Sara, Kenny) y Daniel cayeron desperdigados por la ladera como un pu\u00f1ado de guijarros. Michael, Tatty y Daniel consiguieron salir por su propio pie. Annie se rompi\u00f3 la pierna. Sara, varias costillas y la pelvis. Kenny y Pat quedaron inconscientes tras el golpe. El peque\u00f1o volvi\u00f3 en s\u00ed tres d\u00edas despu\u00e9s, pero Pat necesit\u00f3 tres semanas y media, y cuando despert\u00f3, el acto de pensar ya no le sentaba tan bien, ni resultaba tan seductor ni efectivo como antes. Los m\u00e9dicos no cre\u00edan que pudiese practicar la Medicina de nuevo, y mucho menos seguir con sus investigaciones, pero subestimaron su voluntad, al igual que yo la subestim\u00e9 una vez (y no volv\u00ed a hacerlo nunca m\u00e1s). No obstante, el accidente fue una bendici\u00f3n para m\u00ed porque Pat se relaj\u00f3 completamente con respecto a los acuerdos de custodia. De hecho, la primera vez en seis a\u00f1os que Joe y Michael pasaron m\u00e1s de varias semanas juntos fue el per\u00edodo en que Pat estuvo en rehabilitaci\u00f3n y Michael se vino a vivir conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente:<\/strong>&nbsp;sinembargo<br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciudad de M\u00e9xico.- Hace ahora justo veinte a\u00f1os, los Kinsella eran, en apariencia, una familia id\u00edlica y feliz. De un d\u00eda para otro, el marido de Rachel vendi\u00f3 sin avisarle la casa en la que viv\u00edan y se llev\u00f3 a los cinco ni\u00f1os al extranjero. 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