{"id":88017,"date":"2021-02-20T11:36:19","date_gmt":"2021-02-20T16:36:19","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=88017"},"modified":"2021-02-20T11:36:20","modified_gmt":"2021-02-20T16:36:20","slug":"lo-que-el-zoom-no-me-quito","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/editorial\/lo-que-el-zoom-no-me-quito\/","title":{"rendered":"Lo que el zoom no me quit\u00f3"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son las 11:25 de la ma\u00f1ana, la clase es a las 11:30. Se acab\u00f3 mi pr\u00f3rroga. No puedo con esta pinche m\u00e1quina. He invertido m\u00e1s de dos horas tratando de conectarme a esta cosa que no quiere funcionar; eso sin contar que no pegu\u00e9 el ojo en toda la noche repasando mentalmente las instrucciones escritas en mil papelitos de colores: c\u00f3mo encender el chunche este, c\u00f3mo entrar a zoom y c\u00f3mo impartir una clase superando las acostumbradas fallas t\u00e9cnicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de casi veinticinco a\u00f1os en los que me ha pasado todo como maestra, el zoom es otra cosa: me produce, no miedo, \u00a1p\u00e1nico! Es incre\u00edble, pero una m\u00e1quina se puede convertir en el m\u00e1s despiadado enemigo. Antes de la era COVID, dar una clase era un placer. El encuentro f\u00edsico, los saludos y comentarios espont\u00e1neos, captar las expresiones de acuerdo o desacuerdo, generar debates, interpretar los gestos, recibir las aportaciones. La interacci\u00f3n con los participantes, los di\u00e1logos enriquecedores se ponen en riesgo al tratar de descifrar los c\u00f3digos del zoom.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es que la cantidad de detalles y el mundo de cosas que sin remedio fallan, \u201ca la mera hora\u201d, nos convierten en simulacro de una misi\u00f3n a lo Sandra Bullock en&nbsp;<em>Gravity<\/em>. &nbsp;Ya s\u00e9 que a mi generaci\u00f3n se le llena la boca cuando maldecimos, nos peleamos, o incluso mentamos la madre y pateamos al aparato que no nos obedece. Y es que mudarse de los enchufes caseros que, lo peor lo peor, nos provocaban una descarga (como las de los toques en Garibaldi), ahora nos han vuelto rehenes de una m\u00e9ndiga aplicaci\u00f3n que nos hace sentir descalificados como si lo hiciera intencionalmente, adrede dec\u00eda mi abuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los malditos&nbsp;<em>devices,<\/em>&nbsp;o en el mejor de los casos \u201cdispositivos electr\u00f3nicos\u201d, como ahora los llaman, se cargan de una inexplicable voluntad. S\u00ed, como esa pel\u00edcula&nbsp;<em>Her<\/em>, en la que el disco duro era la voz de la cachonda Scarlett Johansen. Sin preocuparse por nuestros sentimientos e inseguridades, cosa que s\u00ed hace la chica de la pel\u00edcula, nos ignoran, nos hacen sentir impotentes, nos juegan las peores artima\u00f1as. Al final, nos enfrentan con la dura realidad: somos torpes y anticuados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De nada sirvieron los infinitos tutoriales&nbsp;<em>for<\/em>&nbsp;<em>dummies<\/em>&nbsp;de los creadores de la App. Las indicaciones y consejos de mi hijo aumentaron nuestra brecha generacional. Con la muy poca paciencia que lo caracteriza, burlas a su madre incluidas, y yo repitiendo para mis adentros un constante&nbsp;<em>ommm<\/em>, nos colocamos frente a la pantalla de mi vieja computadora. Estuve a punto de cometer filicidio, pero lo juro, era en defensa propia. Mi sarc\u00e1stico engendro me indic\u00f3 c\u00f3mo ten\u00eda que proceder, paso a paso, dibujando expresiones varias que dejo a la libre imaginaci\u00f3n de las que, como yo, son pobres e indefensas madres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta ma\u00f1ana me levant\u00e9 muy temprano para dar la clase. M\u00e1s bien, por el estado nervioso alterado, no dorm\u00ed nada. Sin atreverme a m\u00e1s, como en s\u00edndrome de Estocolmo, corr\u00ed a la fr\u00eda e inexpresiva computadora. Empezamos mal, algo no me permit\u00eda encenderla. Estoy segura, me sonre\u00eda maligna. Llamada despertando a mi peque\u00f1o. Esta cosa no jala, hijo m\u00edo. M\u00e1, con\u00e9ctala. Lo s\u00e9, los nervios me traicionan y hago pendejadas. Ya. \u00a1Uf! La pantalla se ilumina y yo ansiosa espero el siguiente paso. Mientras, medito. Con pranayamas trato de derrotar a los demonios, dejo fluir mi ser interior, la imagen de la computadora aparece intermitente. Invitarla a ser tu amiga, como lo aconseja un respetable gur\u00fa. Nada de pelear con ella, dejar ir y sentirse bien. Un caf\u00e9 para mitigar el ansia y subir la estamina. Abro la ventana para sentir la frescura de la ma\u00f1ana. Los papelitos con las indicaciones de mi hijo vuelan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ordenarlos se convierte en una tarea equiparable a la de desentra\u00f1ar el mapa del tesoro. Un temblor recorre mi cuerpo. La computadora, impasible. Reviso mi presentaci\u00f3n para la clase, checo los videos, la m\u00fasica seleccionada. Todo listo para empezar. El Internet falla. Intermitente le dicen los que saben. Lo conecto y desconecto varias veces. Nada, decido llamar a la empresa que contrat\u00e9. Una grabadora contesta y me avienta cualquier cantidad de discursos de por qu\u00e9 es la mejor; sin m\u00e1s me pide que marque el n\u00famero de mi cuenta. No lo tengo conmigo. Esp\u00e9rese se\u00f1orita ruego\u2026 es una grabaci\u00f3n, tarada. Su n\u00famero no es v\u00e1lido, gracias por llamar, \u00a1cuelga! Le doy un largo trago al caf\u00e9 y resignada, marco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me siento tan desvalida como AMLO sin ma\u00f1anera. Me chuto la consabida grabaci\u00f3n de bienvenida. Digito mi n\u00famero. Espero. Veo el reloj, el tiempo corre. Respiro profundo. Por fin escucho una voz, \u201cmi nombre es Ramiro, estoy para servirle\u201d. Gracias Roberto. \u201cRamiro, para servirle\u201d. S\u00ed, s\u00ed, Ramiro, me urge checar mi Internet estoy a punto de iniciar una clase por zoom, soy maestra \u00bfsabes? El silencio me contesta; indiferencia absoluta, frialdad, supongo. \u201cVale, para validar su llamada, deme su nombre completo, direcci\u00f3n, n\u00famero de tel\u00e9fono\u201d. Y yo pienso, \u00bfqu\u00e9, me va a vacunar?, pero s\u00f3lo respondo: \u00bfNo lo tiene ya? Silencio. Es in\u00fatil, me resigno. Contesto lo que me pide en tono de s\u00faplica. \u201cVale, perm\u00edtame en la l\u00ednea\u201d. Silencio. Estoy en sus manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para experimentar la eternidad y un d\u00eda, basta con llamar a una de esas empresas. Desconectar, esperar treinta segundos, volver a conectar. Todo acompa\u00f1ado del \u00a1vale!, \u00bfpor qu\u00e9 si estamos en M\u00e9xico? Los minutos se vuelven un ej\u00e9rcito de soldados que se desplazan en mi contra. Paciencia. Resiliencia, como se dice ahora. Caigo en cuenta de la hora, es tard\u00edsimo. Me angustio. El tiempo vuela, por fin tengo se\u00f1al. Es un milagro, lo juro. Casi llorando le agradezco a Renato. \u201cVale, Ramiro, para servirle. \u00bfPuede responder una encuesta sobre mis servicios?\u201d Ricardo no tengo tiempo. \u201cVale, me llamo Ramiro, estamos para servirle\u201d. Se escucha una voz, \u201cesta es una encuesta para calificar nuestro servicio\u201d. Cuelgo el tel\u00e9fono con la culpa de no haber correspondido a las atenciones de Rub\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entro a zoom, me veo a trav\u00e9s de la pantalla, estoy espantosa. Ojeras, pelos pand\u00e9micos, canas, piel deshidratada, verde, expresi\u00f3n de muerta. Cuando me vean mis alumnos, dir\u00e1n para sus adentros, pero que mal la ha tratado la COVID. Quiero llorar. Corro. Me lavo los dientes y la cara, me enredo un chal tipo abuelita. Ni se me ocurre un regaderazo, ya no hay tiempo. Total, es zoom. Me acomodo el pelo como puedo. Me maquillo como pambazo. Me acuerdo de los consejos de mi amigo gay, \u201cMi reina, hay que pintarse la boquita\u201d. Saco el primer labial del caj\u00f3n. Es mate, rojo fuego. En este encierro conseguir\u00e9 ser inmune al COVID, pero no a la depresi\u00f3n. La pantalla de la computadora es como los ni\u00f1os y los borrachos, siempre dicen la verdad. Igualita al Guas\u00f3n. La luz de la ventana me da de lado y me parte en dos, la mitad maquillada, la otra mitad oscura. Soy una m\u00e1scara de teatro griego, por un lado, tragedia, comedia por el otro. Los a\u00f1os se me vinieron encima, \u00bfa qu\u00e9 hora? Ah menos mal que en la pantalla no se ver\u00e1n los kilos de m\u00e1s. Con un pa\u00f1uelo rebajo el exceso de maquillaje. El pulso acelera, creo que estoy al borde de un ataque de nervios. Deb\u00ed tomar el tutorial de maquillaje. Las 11:30 en punto, suspiro. Ok, creo que todo est\u00e1 en orden, un \u00faltimo vistazo. Afino la vista. Atr\u00e1s de m\u00ed, en el librero, descubro&nbsp;<em>Por qu\u00e9 los hombres aman a las cabronas<\/em>. En un segundo, estiro la mano y me deshago del libro vergonzante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno a uno, aparecen mis alumnos, mi pulso tiembla. Un mill\u00f3n de posibilidades de fracaso se abren ante m\u00ed. Trato de relajar y me consuelo pensando que ellos me ver\u00e1n s\u00f3lo a trav\u00e9s de un cuadrito. Saludo a todos. Y de pronto, me descubro entre mis semejantes igual de torpes que yo, quien no tiene la c\u00e1mara apuntando la papada, parece estar a punto de com\u00e9rsela, alguien m\u00e1s no ha podido conectarse, otra se levant\u00f3 al ba\u00f1o y se escuch\u00f3 el jal\u00f3n de la cadena. Inicio la clase contra todo. T\u00e9cnicamente, cuando tengo que compartir pantalla, me equivoco, y me salgo de la presentaci\u00f3n. Los videos invariablemente se&nbsp;<em>frezzean<\/em>, una alumna avezada me hace saber que en otra clase todo funciona perfectamente. Me siento punto menos que retrasada mental. S\u00e9 que no fluyo como debiera, respiro profundo. Despu\u00e9s de todo dar una clase es mi disfrute m\u00e1ximo y no lo arruinar\u00e9 por la est\u00fapida tecnolog\u00eda. Con todos los tropiezos estoy tratando de incorporarme a los nuevos tiempos. Y eso me libera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apagar los micr\u00f3fonos para que no haya interferencia. Alguien habla y no se escucha. \u00a1Ups! prender el micro. Apago el video por error. Otra da \u00f3rdenes a sus hijos, no se da cuenta, todos escuchamos. En las casas priva la neurosis. El famoso \u201cse compran aparatos, colchones ropa usada que vendan\u201d se deja escuchar. Los ladridos de un perro, el llanto de un beb\u00e9, claxonazos. Solicito que abran sus c\u00e1maras para poder verlos y captar sus expresiones. Los primeros diez minutos se van en ajustes t\u00e9cnicos. Otra vez, el gran consuelo: todos nos vemos bastante desmejorados y es que no nos hemos preparado para estar a cuadro. No somos estrellas. Sin producci\u00f3n, iluminaci\u00f3n, ambientaci\u00f3n y todos los apoyos t\u00e9cnicos, la c\u00e1mara nos juega en contra. Comentarlo nos provoca risa. Nos relajamos y la clase inicia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Y la nave va! Contra todo, logramos entrar a la magia que el arte propicia. Conforme voy mostrando las im\u00e1genes, los planetas se alinean a mi favor. El gozo profundo que significa dar una clase parece sobreponerse a todos los imponderables. Fallan los videos, se ralentizan, qu\u00e9 m\u00e1s da, lo importante es hablar de arte. Alguien agradece el esfuerzo, a pesar de los malos tiempos tenemos que seguir adelante. La m\u00fasica nos da un remanso que se conjuga con las obras que eleg\u00ed: Schumann, un poco de jazz, Philip Glass. La energ\u00eda humana logra insuflar a los fr\u00edos dispositivos. Por fin, todo fluye.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La clase acaba con una sonrisa y la emoci\u00f3n de que hemos logrado un acto de comuni\u00f3n, aunque sea\u00a0<em>on line<\/em>\u00a0y a pesar de la distancia. Lo dem\u00e1s es tan s\u00f3lo un proceso de adaptaci\u00f3n. \u00a1Vendr\u00e1n otros tiempos, seguro que ser\u00e1n mejores!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fuente: <\/strong>sinembargo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las 11:25 de la ma\u00f1ana, la clase es a las 11:30. Se acab\u00f3 mi pr\u00f3rroga. No puedo con esta pinche m\u00e1quina. 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