{"id":107280,"date":"2022-06-16T10:45:24","date_gmt":"2022-06-16T15:45:24","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=107280"},"modified":"2022-06-16T10:46:18","modified_gmt":"2022-06-16T15:46:18","slug":"es-morena-un-nuevo-pri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/editorial\/es-morena-un-nuevo-pri\/","title":{"rendered":"\u00bfEs Morena un nuevo PRI?"},"content":{"rendered":"\n<p>En d\u00edas recientes ha adquirido renovada actualidad la discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter del r\u00e9gimen pol\u00edtico que est\u00e1 construyendo desde la presidencia Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador. La victoria de su partido, Morena, en&nbsp;cuatro de los seis Estados&nbsp;en los que hubo elecci\u00f3n de gobernadores hace dos semanas ha obligado a reconsiderar el problema de la hegemon\u00eda pol\u00edtica en M\u00e9xico. En este momento cr\u00edtico no ayuda en nada repetir el mantra de que estamos ante la reconstituci\u00f3n de un nuevo PRI. M\u00e1s bien es necesario tratar de establecer el car\u00e1cter&nbsp;<em>sui generis&nbsp;<\/em>del r\u00e9gimen que se est\u00e1 instituyendo, y que por ahora no es mas que otra versi\u00f3n de los gobiernos de la larga transici\u00f3n a la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ha sido ya discutido en los c\u00edrculos acad\u00e9micos y pol\u00edticos mexicanos, L\u00f3pez Obrador y su partido representan, en principio, una peculiar actualizaci\u00f3n de una herencia pol\u00edtica que se remonta al siglo XIX y que es el jacobinismo. Se trata de la auto-comprensi\u00f3n por parte de una \u00e9lite pol\u00edtica en momento hist\u00f3rico cr\u00edtico de que le corresponde asumir una misi\u00f3n trascendente, que implica desplazar a los poderes constituidos, herencia del pasado, y construir una nueva relaci\u00f3n de fuerzas que debe expresarse en leyes e instituciones, la formaci\u00f3n de una nueva elite pol\u00edtica y de un nuevo gobierno, es decir, de un nuevo tipo de Estado. Tal fue el esp\u00edritu de los liberales en el siglo XIX en su larga confrontaci\u00f3n con los conservadores, con la iglesia cat\u00f3lica y con los invasores extranjeros, hasta que se lleg\u00f3 a una convivencia peculiar en el porfiriato a partir de la derrota pol\u00edtica del conservadurismo y la conversi\u00f3n del liberalismo en un r\u00e9gimen dictatorial que asumi\u00f3 como misi\u00f3n pol\u00edtica la modernizaci\u00f3n material del pa\u00eds y no la adopci\u00f3n de modelos pol\u00edticos democr\u00e1ticos liberales (eso s\u00ed, siempre respetados formalmente).<\/p>\n\n\n\n<p>La Revoluci\u00f3n Mexicana\u00a0cre\u00f3 un nuevo tipo de jacobinismo que mezcl\u00f3 en una forma novedosa el discurso de la justicia social emanado del pensamiento socialista, el anticlericalismo liberal decimon\u00f3nico y principios liberal-democr\u00e1ticos propios de la herencia constitucional del pasado. Esa nueva generaci\u00f3n estaba plenamente consciente de la imposibilidad de legitimar la sustituci\u00f3n de una dictadura (la porfiriana) por otra (la revolucionaria). Hab\u00eda por tanto la necesidad de institucionalizar un r\u00e9gimen pol\u00edtico formalmente basado en una constituci\u00f3n republicana, liberal y democr\u00e1tica, con promesa de justicia social. Sin embargo, la lenta construcci\u00f3n del nuevo r\u00e9gimen implic\u00f3 la prolongaci\u00f3n de la guerra civil revolucionaria de la segunda d\u00e9cada del siglo XX en la forma de una especie de guerra de guerrillas pol\u00edtica y a veces militar en que las disputas entre las facciones revolucionarias y entre \u00e9stas y las fuerzas olig\u00e1rquicas y empresariales construidas en la modernizaci\u00f3n porfirista se escenificaron en m\u00faltiples formas, espacios y niveles hasta llegar a un relativo equilibrio en el cardenismo. El cardenismo no s\u00f3lo fue el momento de la verdadera formaci\u00f3n del r\u00e9gimen de la revoluci\u00f3n, sino que represent\u00f3 la actualizaci\u00f3n del jacobinismo decimon\u00f3nico a los proyectos pol\u00edticos del siglo XX, en especial, el socialismo, en una peculiar versi\u00f3n nacionalista popular. Su misi\u00f3n fue recentralizar el poder pol\u00edtico disperso en los primeros 20 a\u00f1os de la posrevoluci\u00f3n. El resultado fue la creaci\u00f3n del r\u00e9gimen de la revoluci\u00f3n mexicana, una novedosa combinaci\u00f3n de autoritarismo presidencialista, corporativismo quasifascista, desarrollismo estatista y nacionalismo ideol\u00f3gico, que instituy\u00f3 reglas de sucesi\u00f3n y de reparto del poder sumamente exitosas, las cuales garantizaron la estabilidad pol\u00edtica. Ese r\u00e9gimen entr\u00f3 en crisis en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo pasado, agotadas como estaban sus capacidades desarrollistas, su legitimidad hist\u00f3rica y su capacidad inclusiva. La salida a su crisis no fue revolucionaria, como en el pasado, sino democr\u00e1tica y tecnocr\u00e1tica. De un lado, el propio r\u00e9gimen autoritario propici\u00f3 la adopci\u00f3n del neoliberalismo como modelo econ\u00f3mico, y apost\u00f3 a la integraci\u00f3n con Norteam\u00e9rica; por otro lado, y ofreciendo una tenaz resistencia, dio paso a una lenta, penosa y al parecer nunca acabada transici\u00f3n a la democracia que no logr\u00f3 consolidar hasta la fecha un r\u00e9gimen democr\u00e1tico estable y basado en un estado de derecho.<\/p>\n\n\n\n<p>En el\u00a0contexto de la crisis de legitimidad de los partidos\u00a0que protagonizaron la disputa electoral en la transici\u00f3n, se abri\u00f3 un espacio pol\u00edtico para una salida populista a la crisis de la precaria democracia mexicana. L\u00f3pez Obrador, un consumado i<em>nsider<\/em>\u00a0de la pol\u00edtica de la transici\u00f3n, sin ser un ide\u00f3logo, se postul\u00f3 a s\u00ed mismo como el representante de una especie de actualizaci\u00f3n en el siglo XXI del viejo esp\u00edritu jacobino. En este momento hist\u00f3rico, AMLO se ofrece como el l\u00edder de un pueblo desplazado y olvidado en su confrontaci\u00f3n con una nueva oligarqu\u00eda, la surgida en el periodo neoliberal, aliada a los agentes e instituciones del nuevo capitalismo global. Pero, a diferencia de las dos generaciones previas de agentes del jacobinismo pol\u00edtico, L\u00f3pez Obrador ha llegado al poder por la v\u00eda democr\u00e1tica, y no mediante una guerra o una revoluci\u00f3n. Por tanto, su misi\u00f3n es m\u00e1s limitada, acotada, por un lado por las instituciones democr\u00e1ticas construidas en la larga transici\u00f3n a la democracia y por otro, por la inescapable realidad del mercado global en el cual M\u00e9xico est\u00e1 estructuralmente inserto. Por tanto, y a pesar de su propio discurso grandilocuente, L\u00f3pez Obrador no plantea una refundaci\u00f3n pol\u00edtica, sino un ajuste de los excesos de los gobiernos de la transici\u00f3n. Por m\u00e1s epop\u00e9yico que sea el relato, el proyecto es claramente reformista. En una \u00e9poca postrevolucionaria y en la que est\u00e1n en crisis todos los relatos, no hay espacio para ofrecer un mundo nuevo. De ah\u00ed que el discurso de la \u201cCuarta Transformaci\u00f3n\u201d suene a viejo, a restauraci\u00f3n simb\u00f3lica de un pasado m\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pr\u00e1ctica, el proyecto de L\u00f3pez Obrador es un intento de reformular, desde el gobierno, las relaciones entre Estado, mercado y sociedad en una forma m\u00e1s justa, equilibrada, en la que el Estado adquiera de nuevo un poder estructural suficiente como para someter a cierta disciplina al gran capital nacional, al capital extranjero y a las viejas corporaciones de la \u00e9poca pri\u00edsta, distribuyendo al mismo tiempo una renta mayor a los pobres. Siendo atendible este proyecto, lo malo han sido las formas de ejecutarlo. Las ideas de instituciones regulatorias, controles legales, equilibrio de poderes, contrapoderes ciudadanos, etc., tan caras a la tecnocracia (neo)liberal y al sector liberal-democr\u00e1tico de la sociedad civil le parecen a L\u00f3pez Obrador irreales, superfluas, ut\u00f3picas, pues, seg\u00fan su experiencia, en la pr\u00e1ctica lo que haga o deje de hacer el gobierno depende del poder relativo del Estado y de los actores econ\u00f3micos, pol\u00edticos y sociales, y no de los marcos legales. Por tanto, la estrategia de L\u00f3pez Obrador ha sido acumular y centralizar el poder r\u00e1pidamente mediante la suma de m\u00e1s y m\u00e1s miembros de la vieja clase pol\u00edtica a su partido, ocupar los espacios administrativos y pol\u00edticos en el estado con sus fieles, relanzar al estado como actor econ\u00f3mico central mediante el \u201crescate\u201d de la industria energ\u00e9tica y la realizaci\u00f3n de grandes obras p\u00fablicas, y finalmente, disciplinar en forma particularista, uno a uno, a los grandes capitalistas nacionales y extranjeros. Asimismo, y dado que su proyecto requiere concentrar el poder en su persona, ha tratado de debilitar y\/o deslegitimar a las instituciones y actores que tienen autonom\u00eda pol\u00edtica, especialmente los diferentes sectores de la sociedad civil, los medios de comunicaci\u00f3n, las universidades, que mantienen un pensamiento cr\u00edtico, gozan de una cierta posici\u00f3n privilegiada y exigen un m\u00ednimo respeto al estado de Derecho. Para\u00a0L\u00f3pez Obrador\u00a0las restricciones legales e institucionales son un estorbo a su urgente tarea, una mera herencia legal\/institucional que los gobiernos de la transici\u00f3n no respetaron y que ahora quieren que se cumpla para pausar el ritmo de la urgente \u201ctransformaci\u00f3n\u201d del pa\u00eds. De aqu\u00ed el car\u00e1cter iliberal de sus diarias peroratas, lo cual no implica que en verdad se proponga la transgresi\u00f3n del orden constitucional.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema del jacobinismo presidencial es su precariedad pol\u00edtica e institucional. Es una limitaci\u00f3n que comparte con los populismos contempor\u00e1neos. En efecto, en tanto respuesta coyuntural a los problemas estructurales de la democracia de partidos que experimentan en general las democracias liberales de casi todo el mundo, el populismo de nuestro tiempo es un fen\u00f3meno transicional. Es una forma de lidiar con las crisis simult\u00e1neas de representaci\u00f3n y de legitimidad que afectan desde hace ya un par de d\u00e9cadas a la democracia en general. El populismo hist\u00f3rico era fundacional, implicaba crear algo nuevo. Los nuevos populismos son mucho m\u00e1s limitados: carecen de ideolog\u00eda definida, se basan en orientaciones afectivas y sostienen la gobernanza mediante la centralizaci\u00f3n del poder en la figura del l\u00edder, quien reclama representar a un pueblo abstracto en permanente lucha contra unas \u00e9lites ventajosas. Pero estos no son fundamentos duraderos para un r\u00e9gimen. Es una soluci\u00f3n temporal que se mueve entre los extremos de la democracia y el autoritarismo. Y conforme evoluciona su desarrollo, estos gobiernos populistas se cargan m\u00e1s y m\u00e1s hacia un lado o hacia otro, terminando su ciclo o en el reforzamiento de la democracia electoral o en el autoritarismo. Por fortuna, hasta ahora son los menos los que han derivado hacia un franco autoritarismo, y m\u00e1s los que conviven con la democracia. En el caso de L\u00f3pez Obrador debe reconocerse que hasta ahora no ha hecho nada que nos haga sospechar que pretenda convertirse en un Ch\u00e1vez o en un Ortega.<\/p>\n\n\n\n<p>Los populismos son personalistas, dependen de un l\u00edder y, por tanto, en ausencia de \u00e9ste, por t\u00e9rmino de periodo de gobierno, muerte o retiro, no es f\u00e1cil establecer una sucesi\u00f3n ordenada y leg\u00edtima. Menos aun cuando el l\u00edder no crea instituciones, sobre todo un partido digno de ese nombre. Este es el caso del actual gobierno. Morena es un mero instrumento electoral, no un cuerpo articulador ni program\u00e1tico. El gobierno es una administraci\u00f3n improvisada e informal, cada vez m\u00e1s en manos de militares y fieles, lo cual ha conducido a la profundizaci\u00f3n de su disfuncionalidad hist\u00f3rica. M\u00e1s temprano que tarde mostrar\u00e1 sus fracturas. Y sin un l\u00edder cuyo sentido de misi\u00f3n sea la base de la confianza ciudadana y de su legitimidad, un gobierno gen\u00e9rico de la \u201c4T\u201d no ser\u00e1 mas que otro gobierno com\u00fan y corriente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ahora el de L\u00f3pez Obrador es un Gobierno m\u00e1s de la larga transici\u00f3n a la democracia, y no un nuevo tipo de r\u00e9gimen. Los gobiernos anteriores tampoco respetaron la ley, hicieron uso de las ventajas de ser Gobierno en los procesos electorales, recurrieron a pactos particularistas para resolver conflictos, cooptaron a pol\u00edticos de otros partidos cuando fue necesario y conveniente, fueron muy corruptos y trataron de imponerse a otros actores pol\u00edticos y sociales por la fuerza cuando fue necesario. Lo que ha cambiado es el estilo, el discurso, y la aparici\u00f3n de un l\u00edder omnipresente que acapara el espacio p\u00fablico y presume con descaro su desprecio por las formas. Su gesta constituye un correctivo iliberal y populista a los problemas de legitimidad y representaci\u00f3n de un sistema de partidos que se autoinmol\u00f3 en 2018 por exceso de ambici\u00f3n y escasez de inteligencia. Pero, a como van las cosas, parece que el propio L\u00f3pez Obrador se autoinmolar\u00e1 por las mismas razones en 2024.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: elpa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En d\u00edas recientes ha adquirido renovada actualidad la discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter del r\u00e9gimen pol\u00edtico que est\u00e1 construyendo desde la presidencia Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador. 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