{"id":147658,"date":"2026-07-17T08:07:51","date_gmt":"2026-07-17T13:07:51","guid":{"rendered":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=147658"},"modified":"2026-07-17T08:07:53","modified_gmt":"2026-07-17T13:07:53","slug":"raulito-tenia-nombre-propio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/editorial\/raulito-tenia-nombre-propio\/","title":{"rendered":"Raulito ten\u00eda nombre propio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En septiembre de 1960, mientras Fidel Castro caminaba impaciente por una habitaci\u00f3n del Hotel Shelburne de Nueva York, un joven diplom\u00e1tico cubano record\u00f3 una propuesta que pod\u00eda cambiar aquella visita. El hotel acababa de exigir a la delegaci\u00f3n un dep\u00f3sito de 20,000 d\u00f3lares. Fidel decidi\u00f3 marcharse. Si era necesario, dormir\u00edan en tiendas de campa\u00f1a en los jardines de las Naciones Unidas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, Ra\u00fal Roa Kour\u00ed habl\u00f3 con su padre. D\u00edas antes, Bob Taber, el periodista que hab\u00eda entrevistado a Fidel en la Sierra Maestra en plena insurrecci\u00f3n, le hab\u00eda transmitido una propuesta de Malcolm X: alojar a la delegaci\u00f3n de la isla en el Hotel Theresa, en Harlem.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013D\u00edselo a Fidel \u2013le aconsej\u00f3 el canciller.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfEn el Harlem negro? \u2013pregunt\u00f3, encantado, el l\u00edder cubano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Roa Kour\u00ed busc\u00f3 a Malcolm X y telefone\u00f3 a su padre:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Tenemos dos pisos. Pueden venir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fidel fue recibido en Harlem por una multitud humilde y, en el Hotel Theresa, se reuni\u00f3 con Malcolm X. El intento de humillar a Cuba se convirti\u00f3 en un episodio emblem\u00e1tico de la diplomacia revolucionaria, que todav\u00eda hoy se recuerda en ese barrio de Nueva York. Pocos conocen que en el centro de esa historia estuvo un joven de 24 a\u00f1os a quien todos llamaban Raulito, por ser hijo de Ra\u00fal Roa Garc\u00eda, el Canciller de la Dignidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El diminutivo expresaba cari\u00f1o, pero tambi\u00e9n el peso que lo acompa\u00f1\u00f3 desde la infancia. Adoraba a su padre. Hablaba de \u00e9l con orgullo y ternura: no solo del canciller de verbo incendiario que estremec\u00eda la OEA, sino tambi\u00e9n del hombre flaco, humorista, lector de las aventuras de Salgari y delicado ante el dolor ajeno. De ni\u00f1o, pregunt\u00f3 a su madre c\u00f3mo una mujer tan hermosa hab\u00eda podido casarse con un hombre tan feo. La doctora Ada Kour\u00ed, cardi\u00f3loga eminente, contest\u00f3 al ni\u00f1o que Roa hab\u00eda tenido el cabello largo y rom\u00e1ntico y que bastaba escucharlo hablar para encontrarlo irresistible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llevar aquellos apellidos no era sencillo. En la escuela era el hijo de Roa; en la universidad, el hijo del antiguo decano; en la diplomacia, el hijo del ministro. \u00c9l mismo lo dijo: \u201cYo soy algo m\u00e1s que el hijo del Canciller de la Dignidad. Yo soy yo\u201d. No renegaba del apellido: reclamaba el derecho a merecerlo por su propia obra. Y lo consigui\u00f3. Represent\u00f3 a Cuba ante las Naciones Unidas y la Unesco, fue viceministro de Relaciones Exteriores, cumpli\u00f3 misiones en numerosos pa\u00edses y dej\u00f3 libros y cr\u00f3nicas atravesados por la memoria, la cultura y la cuban\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conoc\u00ed a Ra\u00fal en la casa de Lilian Lechuga, madre de su esposa, Lillian. Lo entrevist\u00e9 y lo quise por su inteligencia sin alardes, su conversaci\u00f3n deliciosa y su manera \u00fanica de enlazar la gran historia con los detalles \u00edntimos. Pod\u00eda hablar de pol\u00edtica internacional y, poco despu\u00e9s, contar un chiste, recordar una canci\u00f3n o reconstruir una escena familiar en el santuario de un hogar presidido por el imponente retrato de Ra\u00fal Roa Garc\u00eda que hiciera uno de los iniciadores de la vanguardia en la pintura cubana, V\u00edctor Manuel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Amaba a Bach, Mozart y Vivaldi, pero tambi\u00e9n la trova, el mambo y el danz\u00f3n. Hab\u00eda conocido al Che durante el exilio en M\u00e9xico, en 1955, antes de que el argentino se enrolara en la expedici\u00f3n del Granma, y recordaba, divertido, que a\u00f1os despu\u00e9s Guevara le pregunt\u00f3 c\u00f3mo era posible que hubiese llegado a embajador sin saber nada de nada. La larga sombra del Che pesaba cuando le preguntaban qu\u00e9 le habr\u00eda gustado hacer y no pudo: \u201cNo estuve en la Sierra\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 9 de julio de 2026 cumpli\u00f3 90 a\u00f1os. Silvio Rodr\u00edguez le dedic\u00f3 \u201cRechazos\u201d, un poema contra aquello que divide y degrada al ser humano: \u201cRechazo todo lo que nos separa\u201d, dice el primer verso. Le\u00eddo despu\u00e9s de su muerte, parece contener algo esencial de Ra\u00fal. Vivi\u00f3 estableciendo v\u00ednculos: entre generaciones, diplomacia y cultura, memoria familiar e historia nacional, Cuba y el mundo. Muri\u00f3 en La Habana el 12 de julio, apenas tres d\u00edas despu\u00e9s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Prestigi\u00f3 los apellidos que llevaba. Le dec\u00edan Raulito, y as\u00ed seguir\u00e1n llam\u00e1ndolo quienes tuvieron el privilegio de escucharlo. Pero ten\u00eda nombre propio. Fue Ra\u00fal Roa Kour\u00ed: el joven que enlaz\u00f3 a Malcolm X con Fidel, el diplom\u00e1tico, el hijo devoto, el padre de Mar\u00eda Carla, Patricia y Mariela, el abuelo, el esposo de Lilita, el testigo de una \u00e9poca irrepetible y el habanero enamorado de su ciudad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez aquella llamada desde Harlem siga siendo una buena manera de recordarlo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Tenemos dos pisos. Pueden venir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su memoria tambi\u00e9n hay espacio. All\u00ed caben el viejo Roa, Ada, Fidel, el Che, Silvio, La Habana, Harlem y Cuba entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente: La Jornada<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En septiembre de 1960, mientras Fidel Castro caminaba impaciente por una habitaci\u00f3n del Hotel Shelburne de Nueva York, un joven diplom\u00e1tico cubano record\u00f3 una propuesta que pod\u00eda cambiar aquella visita. El hotel acababa de exigir a la delegaci\u00f3n un dep\u00f3sito de 20,000 d\u00f3lares. Fidel decidi\u00f3 marcharse. 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