{"id":80924,"date":"2020-07-05T11:14:11","date_gmt":"2020-07-05T16:14:11","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=80924"},"modified":"2020-07-05T11:14:14","modified_gmt":"2020-07-05T16:14:14","slug":"la-vida-en-las-azoteas-de-ciudad-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/destacadas\/la-vida-en-las-azoteas-de-ciudad-de-mexico\/","title":{"rendered":"La vida en las azoteas de Ciudad de M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando uno contempla Ciudad de M\u00e9xico a trav\u00e9s de la ventana del avi\u00f3n lo primero que ve son edificios. Cientos, miles de edificios que llegan hasta donde la vista alcanza. Se comen los cerros y rodean el aeropuerto de la ciudad m\u00e1s poblada de Latinoam\u00e9rica. Torres de departamentos y oficinas, casas se\u00f1oriales, casas bajas, casas min\u00fasculas, fraccionamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronavirus oblig\u00f3 a la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n a quedarse en casa y cuando la ansiedad, la tensi\u00f3n y los espacios cerrados nos dejaron al borde del colapso, muchos chilangos recurrieron a vivir en las azoteas la vida que no pod\u00edan hacer en las calles. Utilizadas para lavar y tender la ropa al sol, en muchos barrios acomodados las azoteas tambi\u00e9n albergaron los cuartos en los que viv\u00eda el personal de servicio de las casas, como se ve en la pel\u00edcula\u00a0<em>Roma<\/em>\u00a0de Alfonso Cuar\u00f3n. Pasados aquellos a\u00f1os, la parte de arriba de los edificios qued\u00f3 vac\u00eda, sin apenas m\u00e1s habitantes que los tinacos (dep\u00f3sitos de agua) y sin uso, hasta que lleg\u00f3 la cuarentena y la gente recurri\u00f3 al ingenio para sobrellevar el confinamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un martes de finales de junio y para el fil\u00f3sofo Fernando Bustos nunca hab\u00eda sido un problema trabajar desde su casa. De hecho siempre hab\u00eda formado parte de su rutina. Su casa era su \u201cguarida\u201d hasta que la pandemia convirti\u00f3 la guarida en \u201cuna prisi\u00f3n\u201d fue el momento de resignificar nuevos espacios y dedicar una parte del d\u00eda a cuidarse. Ah\u00ed estaba la azotea.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComo no puedo salir a correr y es algo que sol\u00eda hacer, sub\u00ed a la azotea. Necesitaba m\u00e1s aire y sol para ubicarme temporalmente. Comenc\u00e9 a leer, hacer ejercicio y echarme una cerveza\u201d, dice Bustos, de 36 a\u00f1os. Salir a la azotea de su edificio en la colonia Roma supuso para \u00e9l tomar las riendas de su tiempo libre y asegura que no volver\u00eda al gimnasio pudiendo hacer ejercicio desde aqu\u00ed. \u201cMe gusta volver a encontrar estos espacios olvidados en los edificios y ver la ciudad desde otro punto de vista. Creo que quiz\u00e1 quienes hemos agarrado el h\u00e1bito sigamos haci\u00e9ndolo despu\u00e9s\u201d, agrega.<\/p>\n\n\n\n<p>A cinco kil\u00f3metros de ah\u00ed, Emmanuel Escobar monta en bici en la colonia San Rafael acompa\u00f1ado de sus cuatro gatos. Pedalea mucho pero no va a ning\u00fan lado porque desde que empez\u00f3 la cuarentena hace ejercicio desde la terraza de su casa gracias a un soporte donde coloc\u00f3 la bicicleta. \u201cMe siento libre, no se me hace pesada la pandemia gracias a la azotea\u201d, dice. Desde su casa ve el Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revoluci\u00f3n y Polanco. \u201cMe ayuda pensar que esto se va a acabar, que no es para siempre\u201d, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Astrid y su marido Miguel se toman una cerveza mientras juegan a las cartas. Han puesto dos toallas de playa en el suelo. La azotea de su edificio en la colonia Narvarte se convirti\u00f3 en un lugar donde desconectar despu\u00e9s de trabajar todo el d\u00eda. \u201cHe hecho de ese espacio una extensi\u00f3n de mi departamento\u201d, dice la joven de 32 a\u00f1os. \u201cDespu\u00e9s de estos meses, hemos descubierto la azotea m\u00e1s que como un lugar, como un momento para ver el cielo, sentir el aire y escuchar a nuestro vecino adolescente practicar la gaita\u201d, cuenta a Verne.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Marisol Duarte, su azotea en la colonia Campestre Arag\u00f3n funciona como un lugar donde sus hijos se divierten y donde ella puede conciliar su trabajo con la crianza, una de las tareas m\u00e1s complicadas durante el confinamiento. \u201cTenemos un brincol\u00edn y ahora es el lugar donde pasamos todas las tardes\u201d, cuenta que despu\u00e9s de tomar clases por Zoom y hacer la tarea, la azotea se convirti\u00f3 en el sustituto del parque. \u201cIntentamos hacer una actividad diferente cada d\u00eda, hacemos ejercicio, subimos palomitas y vemos pel\u00edculas en el iPad, pintamos con gises y dibujamos autopistas para jugar a los cochecitos\u201d, dice Marisol a trav\u00e9s de mensajes de voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Luis Iborra ya hab\u00eda cultivado el huerto de su azotea varios a\u00f1os, vive en una casa en la colonia Narvarte y decidi\u00f3 aprovechar el espacio para cultivar tomates, epazote, lechugas, amaranto, chiles y otras plantas. Cuando lleg\u00f3 la pandemia encontr\u00f3 en el huerto urbano una forma de que los d\u00edas no pasaran tan lentos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/verne\/imagenes\/2020\/07\/04\/mexico\/1593822394_876666_1593825843_sumario_normal.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Luis Iborra riega las plantas de su azotea en la colonia Narvarte.&nbsp;Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>\u201dAl mes de estar confinados sali\u00f3 el primer brote de jitomate, fue una motivaci\u00f3n\u201d, reconoce que le ayud\u00f3 a pensar en que pese a todo, \u201chay esperanza\u201d fue algo terape\u00fatico. \u201cTocar la tierra y trasplantar me ayud\u00f3 a bajar la ansiedad, porque el huerto est\u00e1 lleno de vida: vienen los p\u00e1jaros a comer amaranto, hay abejas polinizando&#8230;\u201d, Luis, de 40 a\u00f1os, admite que tener una azotea como la suya en Ciudad de M\u00e9xico es un privilegio y que si hubiera pol\u00edticas p\u00fablicas enfocadas en impulsar huertos comunitarios y recogida de lluvia en los edificios, mejorar\u00eda la calidad de vida en la jungla de concreto que es la capital.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/verne\/imagenes\/2020\/07\/04\/mexico\/1593822394_876666_1593826053_sumario_normal.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Tomates, epazote, amaranto y chiles. Algunas de las plantas de Luis.&nbsp;Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>El 23 de junio Ciudad de M\u00e9xico vivi\u00f3 un terremoto de intensidad 7,5 que agreg\u00f3 m\u00e1s tensi\u00f3n a la dif\u00edcil situaci\u00f3n del confinamiento. Nuestra compa\u00f1era de&nbsp;<em>Verne M\u00e9xico<\/em>, Darinka Rodr\u00edguez, reconoce que su relaci\u00f3n con la azotea no ser\u00e1 la misma despu\u00e9s de estos meses. \u201cJam\u00e1s la vi como lo que es ahora: un espacio de liberaci\u00f3n de mi estrecho departamento\u201d. El d\u00eda del sismo a ella y a sus vecinos de los pisos m\u00e1s altos les toc\u00f3 resguardarse en el techo mientras pasaba el temblor. \u201cMe toc\u00f3 ver una azotea distinta: con los vecinos que rara vez veo esperando a que temblara. Ni ganas de saludarlos con lo fuerte que estuvo\u201d, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Cae el sol en Ciudad de M\u00e9xico en medio de un verano raro con pocas lluvias. Los atardeceres desde la azotea se han convertido en uno de los pocos espect\u00e1culos de los que disfrutar en mitad del caos. Elo\u00edsa Farrera y Dianna Dill\u00f3n procuran reservarse este momento del d\u00eda para descansar. Suben al techo de su edificio y bailan a ritmo de Radiohead entre ropa tendida, cables y antenas de televisi\u00f3n. Astrid, Miguel, Emmanuel, Marisol, Luis y los dem\u00e1s tambi\u00e9n se quedar\u00e1n un rato en la azotea despidiendo otro d\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda Elena Poniatowska\u00a0que las azoteas \u201cviven estrictamente ligadas al alba y al crep\u00fasculo\u201d y que cuando uno est\u00e1 arriba de ellas, la ciudad \u201cno es m\u00e1s que un solo techo, la c\u00faspide de monta\u00f1as de concreto\u201d. Quienes han podido subir a las alturas durante estos meses estar\u00e1n de acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/verne\/imagenes\/2020\/07\/04\/mexico\/1593822394_876666_1593826478_sumario_normal.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Atardecer desde una azotea.&nbsp;Elo\u00edsa Farrera<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/verne\/imagenes\/2020\/07\/04\/mexico\/1593822394_876666_1593828631_sumario_normal.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Buenas noches, Ciudad de M\u00e9xico.&nbsp;Emmanuel Escobar<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Fuente:<\/strong> elpa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando uno contempla Ciudad de M\u00e9xico a trav\u00e9s de la ventana del avi\u00f3n lo primero que ve son edificios. Cientos, miles de edificios que llegan hasta donde la vista alcanza. 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