{"id":81010,"date":"2020-07-06T17:48:11","date_gmt":"2020-07-06T22:48:11","guid":{"rendered":"http:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/?p=81010"},"modified":"2020-07-06T17:48:14","modified_gmt":"2020-07-06T22:48:14","slug":"quien-mato-a-michael-jackson-la-historia-del-rey-del-pop-a-11-anos-de-su-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcuartopoder.com.mx\/nw\/entretenimiento\/espectaculos\/quien-mato-a-michael-jackson-la-historia-del-rey-del-pop-a-11-anos-de-su-muerte\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a Michael Jackson? La historia del Rey del Pop, a 11 a\u00f1os de su muerte"},"content":{"rendered":"\n<p>Ciudad de M\u00e9xico.- Michael Jackson muri\u00f3 el 25 de junio de 2009 en Los \u00c1ngeles de una sobredosis de propofol y benzodiazepinas. Para entonces, su agotamiento, paranoia y mala salud eran un secreto a voces; de alg\u00fan modo, era como si ya llevase muerto un tiempo y la muerte real no fuera sino un gran final dram\u00e1tico con el que se coronaba una existencia que, desde muy temprana edad, estuvo marcada por el talento y el estrellato, pero tambi\u00e9n por la infelicidad y la pol\u00e9mica: sus operaciones, el color de su piel y, muy especialmente, las grav\u00edsimas acusaciones de pederastia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la distancia que procuran los once a\u00f1os desde la muerte de Jackson \u2013a\u00f1os durante los cuales la controversia se ha impuesto al mito\u2013, Paul Morley reflexiona sobre la cultura medi\u00e1tica y nuestra obsesi\u00f3n con las celebridades; sobre el modo en que convertimos a la mayor estrella infantil de finales del siglo XX en un monstruo grotesco; sobre c\u00f3mo su decadencia puso banda sonora al final del pop y de la industria musical tal como se conceb\u00edan hasta ese momento; sobre c\u00f3mo su m\u00fasica, en su d\u00eda asombrosamente moderna y funky, acab\u00f3 siendo subsidiaria del disfuncional espect\u00e1culo freak de ver a un hombre desintegrarse, literalmente, ante nuestros ojos. Erudito y provocativo, este libro documenta una tragedia que lleg\u00f3 a sepultar el legado del \u00faltimo de los grandes iconos del espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, SinEmbargo comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento de\u00a0<strong><em>\u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a Michael Jackson? C\u00f3mo la sociedad crea y destruye \u00eddolos<\/em><\/strong>, libro de\u00a0<strong>Paul Morley<\/strong>, uno de los m\u00e1s prominentes periodistas musicales de Inglaterra, adem\u00e1s de ser manager, promotor y presentador de televisi\u00f3n. Cortes\u00eda otorgada bajo el permiso de\u00a0<strong>Sexto Piso<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQUI\u00c9N MAT\u00d3 AL CR\u00cdTICO MUSICAL? UNA INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No quiero estropearte la diversi\u00f3n revelando demasiado acer- ca del ensayo que viene a continuaci\u00f3n, una pieza que escrib\u00ed hace diez a\u00f1os sinti\u00e9ndome la mar de feliz de poder mostrar- me \u00fatil. Al leerlo de nuevo, despu\u00e9s de una d\u00e9cada sin ha- berme tomado la molestia de hacerlo \u2013la \u00faltima l\u00ednea del texto fue una especie de promesa que acab\u00e9 cumpliendo\u2013, me doy cuenta de que experiment\u00e9 la misma inquietud que unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, con la muerte de David Bowie, ante la posibilidad de que mi papel en esta vida hubiera cambiado. Me vi obliga- do a dejar de ser un cr\u00edtico musical especializado en ofrecer ideas originales, si bien para algunos notablemente irritan- tes y aleatorias. Se solicit\u00f3 mi opini\u00f3n profesional acerca de las estrellas del rock, sobre todo aquellas que hab\u00edan muer- to, pero mis respuestas concretas no fueron las que la gente esperaba o deseaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde finales de la d\u00e9cada de los setenta, yo hab\u00eda perte- necido a ese tipo de cr\u00edticos de rock que en su d\u00eda contaron con el poder suficiente para tutelar, con mejores o peores resulta- dos, la direcci\u00f3n creativa y cultural que segu\u00eda la m\u00fasica. Acep- t\u00e9 la responsabilidad, junto a un reducido grupo de personas, de se\u00f1alar sus mejores momentos \u2013designar a sus mejores bandas\u2013 e influir en las formas y contenidos de su pasado, presente y futuro. A principios del siglo xxi, ese tipo de cr\u00ed- tico excitable y diligente no hab\u00eda sido a\u00fan totalmente reem- plazado por las recomendaciones de Amazon, los algoritmos de la transmisi\u00f3n cibern\u00e9tica, los Wiki-res\u00famenes conden- sados, los contundentes jueces y votantes de los concursos de talentos, los oc\u00e9anos de listas de reproducci\u00f3n compartidas,&nbsp;los foros musicales y las rese\u00f1as online, con sus estrellitas por ah\u00ed desperdigadas, tan c\u00f3modas para el cliente. Pero el cambio ya se estaba produciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto m\u00e1s me ped\u00edan los medios dominantes que co- mentara el fallecimiento de un m\u00fasico, especialmente tras el s\u00fabito deceso de Michael Jackson en 2009, m\u00e1s claro ten\u00eda yo que el cambio se acercaba. Curiosamente, ahora que se ha- b\u00eda vuelto importante para todo el mundo y se pod\u00eda acceder a ella de forma m\u00e1s o menos gratuita, la m\u00fasica hab\u00eda perdido la marcada significaci\u00f3n cultural de tiempos pasados. Mientras ciertas estructuras y sistemas jer\u00e1rquicos se derrumbaban, los guardianes tradicionales del asunto iban siendo reemplazados por otros que, aunque bienintencionados, se mostraban de hecho m\u00e1s tir\u00e1nicos y fantasmales. Aunque, cuando una estre- lla se mor\u00eda, los medios me interrogaban como experto apa- rentemente cualificado, esto suced\u00eda en un momento en que la anta\u00f1o irrefutable autoridad del experto autocertificado, con sus manifiestos grandilocuentes, sus conocimientos ocultos y sus explicaciones arcanas, iba disminuyendo con rapidez. La voz de la masa, el peso de las opiniones simples y apresura- das, y un entusiasmo apisonador estaban tomando el poder. Y, pese a ser alguien que presuntamente ten\u00eda la experiencia adecuada para que lo invitaran a los programas y le pidieran que impartiera los conocimientos que tanto le hab\u00eda costado adquirir, de hecho se esperaba de m\u00ed que ejerciera m\u00e1s bien de pla\u00f1idera profesional, de terapeuta del ocio; que expusiera discretamente un luto sentimental y poco exigente, y que ade- m\u00e1s a\u00f1adiera algunos detalles reales y tranquilizadores que f\u00e1cilmente se podr\u00edan haber tomado de Wikipedia, tan anodi- na y poco estimulante, pero siempre \u00fatil.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba all\u00ed para ayudar a que la masa afligida se recogiera en un momento de sufrimiento compartido, donde el di\u00e1logo deb\u00eda ser insulso pero elogioso, ante la \u00abtr\u00e1gica p\u00e9rdida\u00bb de alguien a quien \u00abse echar\u00eda terriblemente de menos\u00bb. No se ve\u00eda con agrado que a\u00f1adiera a aquella respuesta una dimen- si\u00f3n cr\u00edtica aplicada de manera personal, o cualquier textura&nbsp;conceptual m\u00e1s complicada y contemplativa, porque, al fin y al cabo, a ojos del entrevistador yo me lo estaba inventando todo, manejaba teor\u00edas precarias que con toda probabilidad iban a ser recibidas con irritaci\u00f3n, desconfianza e incluso repulsi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cr\u00edticos de rock, con su actitud hura\u00f1a y sabelotodo, con unos intereses que a menudo resultaban obstinadamen- te esot\u00e9ricos y con sus burlas esnobs hacia la mentalidad de reba\u00f1o, hab\u00edan sido arrastrados por la democratizaci\u00f3n tec- nol\u00f3gica y se encontraban ahora entre las filas de la supuesta intelectualidad, de las \u00e9lites dominantes empe\u00f1adas en per- petuarse en el poder. Todo ello pese a que los mejores cr\u00edticos de rock tend\u00edan a sentir que estaban all\u00ed para favorecer al des- amparado, al marginal, al rebelde radical; que se dedicaban a defender a quienes se estrellaban contra los l\u00edmites para ir recomponiendo progresivamente el entorno art\u00edstico. Se ex- puls\u00f3 a los cr\u00edticos de la ciudad, especialmente en un momen- to en que las redes sociales, tan f\u00e1ciles de activar, lanzaban al mundo millones de voces nuevas y volubles a fin de limpiar las cosas y se\u00f1alar fraudes, injusticias y disparidades tan alar- mantes como contaminantes, o a fin de montar la de Dios es Cristo con una realidad que para ellos no pod\u00eda ser peor que lo que hab\u00eda existido antes.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed no me interesaban demasiado \u00ablas noticias\u00bb; como mucho, quiz\u00e1, las noticias que segu\u00edan siendo noticias. La verdad es que no me interesaban los hechos esenciales, ciertamen- te no en un momento en que esos hechos eran recopilados repetitivamente en la Red y expuestos de manera autom\u00e1tica, como si hubieran de representar una gran ayuda para el mun- do; lo que deb\u00eda conformar el futuro se ve\u00eda reducido a un con- tenido envasado y etiquetado.<\/p>\n\n\n\n<p>No me interesaba demasiado que a alguien le gustara o le dejara de gustar algo, pues carec\u00eda de importancia: ni me dec\u00eda gran cosa sobre lo que le gustaba o disgustaba, ni me explicaba c\u00f3mo se hab\u00eda hecho o por qu\u00e9. Lo que me interesaba se hallaba en un lugar diferente, en el trabajo con las ideas, m\u00e1s all\u00e1 de los hechos repetidos y establecidos, y de la simple verdad&nbsp;de que a la gente le gustaban algunas cosas y le dejaban de gus- tar otras. Para m\u00ed, ese \u00ablugar diferente\u00bb era el espacio enig- m\u00e1tico y elemental del que proced\u00eda la m\u00fasica, era all\u00ed donde trabajaban quienes hac\u00edan la m\u00fasica; un lugar aparte, a oscu- ras, ajeno a los hechos, que se tornaban fijos y restrictivos, y ajeno tambi\u00e9n a la dependencia del fan, que se hab\u00eda conver- tido en una cuesti\u00f3n de estudios mercantiles, de f\u00f3rmulas co- merciales y de relaciones p\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el hallazgo de su cad\u00e1ver, despu\u00e9s de que fuera exhibido morbosamente en ese tipo de sitios web y de noticiarios des- bocados que se regodean con estas desgracias y que buscan co- mentaristas que les ofrezcan declaraciones inofensivamente neutras pero moderadamente emotivas, yo experiment\u00e9 un mayor inter\u00e9s por preguntarme: \u00bfqui\u00e9n o qu\u00e9 mat\u00f3 a Michael Jackson? No se trataba de una muerte normal, ni de una per- sona normal, ni de una superestrella normal. Se hallaba en un lugar completamente diferente. Deseaba contestar a aquella pregunta en profundidad, no durante los pocos minutos, o in- cluso segundos, de los que dispondr\u00eda cuando un reportero atareado y distra\u00eddo entrara en directo y me preguntara por la \u00abimportancia\u00bb de Jackson para a continuaci\u00f3n pisotear con intransigencia cualquiera de esos rodeos t\u00edpicos del cr\u00edtico de rock en pos de una elaboraci\u00f3n m\u00edtica sofisticada, petulante y autocomplaciente. Deseaba tomarme el tema con una seriedad que no ser\u00eda del inter\u00e9s de una cobertura informativa que co- menzaba a interesarse por la cultura popular tras muchos a\u00f1os de indiferencia hacia todo aquello que no fuera la generalidad t\u00f3pica acerca del sexo, las drogas o la pena por alguien que se ha suicidado. Deseaba tratar las cosas desde una perspectiva c\u00f3smica, no cosm\u00e9tica. Tal hab\u00eda sido mi trabajo en su d\u00eda, y dentro de mi cabeza segu\u00eda si\u00e9ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una revista publicada por Faber and Faber en 2009 bajo el nombre de Loops me dio la oportunidad de responder a esa pregunta en profundidad, y de comenzar a comprender lo que&nbsp;pensaba en realidad acerca de la vida y la muerte de Michael Jackson, la extra\u00f1a deidad de la m\u00fasica pop. Loops no dur\u00f3 de- masiado. Fue un intento, desesperado y ef\u00edmero, de revita- lizar la idea imperial de la revista de rock con sus redactores egoc\u00e9ntricos, sus rese\u00f1as intensas y especulativas, y sus p\u00e1- ginas exuberantemente impresas. Porque el cr\u00edtico de rock ya no era nada especial y, en la era de la democracia concebida desde Internet, cualquiera pod\u00eda probar suerte y decir la suya. Durante un n\u00famero o dos fue como en los viejos tiempos, ni buenos ni malos, donde las cosas no eran mejores y s\u00ed senci- llamente muy diferentes. Una \u00e9poca en la que una selecci\u00f3n relativamente peque\u00f1a de periodistas musicales con complejo de superioridad se pase\u00f3 por el planeta del rock de finales del siglo xx comport\u00e1ndose como si \u00e9ste les perteneciera, usan- do palabras \u2013muchas palabras\u2013 para generar una excitaci\u00f3n y un ansia de descubrimiento dirigidos siempre hacia el futu- ro, hasta que se quedaron sin gasolina o sin lugares externos a la Red desde donde dictar sus gustos, supervisar la historia, manufacturar escenas, promover cultos y dise\u00f1ar el canon con muy escasos competidores.<\/p>\n\n\n\n<p>De nuevo, sin revelar demasiado, a partir de las ideas expuestas en el texto siguiente, escrito originalmente para Loops, queda claro a qui\u00e9n consider\u00e9 en su d\u00eda responsable de la siniestra muerte de Michael Jackson. Como probablemente tambi\u00e9n quede claro en este pr\u00f3logo, con todas las pistas que han ido apareciendo desde entonces, que lo cierto es que no he cambiado de idea.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta a la cuesti\u00f3n de qui\u00e9n es el asesino yace en al- g\u00fan punto propio de la ciencia ficci\u00f3n, a medio camino entre la culpabilidad del propio Jackson y tambi\u00e9n la del resto de nosotros. Quiz\u00e1 no te cuentes a ti mismo dentro de ese \u00abres- to de nosotros\u00bb, pero la verdad es que todos fuimos culpa- bles, todos los que consumimos y nos vemos consumidos por la cultura popular.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente: <\/strong>SinEmbargo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciudad de M\u00e9xico.- Michael Jackson muri\u00f3 el 25 de junio de 2009 en Los \u00c1ngeles de una sobredosis de propofol y benzodiazepinas. 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