El complejo, previsto para empezar a funcionar en 2029, incluirá diez plataformas de lanzamiento para la nave Starship, capacidad de transporte marítimo en aguas profundas, un hangar para los cohetes y hasta un aeropuerto. El terreno abarca una superficie mayor a toda la superficie de la ciudad de Madrid
Después de un estreno en Bolsa histórico con SpaceX, su joya de la corona espacial, Elon Musk se prepara para ampliar sus dominios, aunque esta vez en la Tierra. El primer billonario de la historia anunció la creación de una enorme base de lanzamiento de cohetes en Luisiana, donde está previsto que despeguen «miles de vuelos al año de Starship», la nave con la que el magnate pretende llevar tripulaciones primero a la Luna y después a Marte. Su propio ‘Cabo Cañaveral’ para hacer realidad «un futuro multiplanetario», pregona la compañía en su página web.
El proyecto, bautizado como ‘Starbase Louisiana’ y con 100.000 millones de inversión, creará un complejo gigante de más de 50.000 hectáreas (el terreno que ocuparían más de 70.000 campos de fútbol, más grande que toda la superficie de Andorra) en la costa del Golfo de México, aspirando a convertirse en el mayor puerto espacial del mundo. La construcción, según ha adelantado la compañía, empezará en 2027 para que tan solo dos años después empiece a funcionar a pleno rendimiento.
«Estamos aquí para construir algo que abra un camino hacia las estrellas para las futuras generaciones», señaló Gwynne Shotwell, presidenta y directora de Operaciones de SpaceX, durante la presentación de la base espacial. Junto a ella, el gobernador de Luisiana, Jeff Landry, quien visiblemente emocionado con el anuncio llegó a comparar el proyecto con la compra de Luisiana de 1803: «Si aquella adquisición permitió a Estados Unidos abrirse hacia el Oeste, estas nuevas tierras permitirán al país darle las estrellas».
Quien no estuvo presente fue el propio Musk, que solo apareció en un vídeo grabado previamente en el que se le podía ver aterrizando con su helicóptero en los terrenos donde se asentará la futura base. «Si queremos propiciar la vida multiplanetaria y no solo ser turistas espaciales, necesitamos unas buenas instalaciones», se le escuchaba decir en conversación con Landry, que le apremiaba, entre risas, a contratar mano de obra local.
De hecho, en la rueda de prensa se explicó al respecto SpaceX calcula inicialmente la creación de 3.000 empleos directos permanentes durante los próximos diez años, 8.100 empleos indirectos. Shotwell dejó abierta la puerta a que la cifra sea mucho mayor. «Elon ha dicho 10.000», recordó durante su intervención.

Una pequeña ciudad dedicada al espacio
Shotwell explicó que la intención es construir algo parecido a una ciudad industrial dedicada al espacio en la que no solo habrá científicos e ingenieros, sino también técnicos, soldadores, constructores, personal de restauración, trabajadores para el aeropuerto y empleados capaces de mantener en funcionamiento un complejo que, por sus dimensiones, se parecerá a «una pequeña ciudad». SpaceX quiere levantar allí su propia producción de propelente, plantas de generación de energía, hangares para la construcción y el ensamblaje de cohetes, instalaciones con capacidad de transporte marítimo de aguas profundas y, probablemente, hasta un aeropuerto. El objetivo es que el complejo pueda funcionar con la menor dependencia posible del exterior.
El tamaño responde a una razón muy concreta: Starship necesita volar con una gran cadencia de despegues. El cohete, que SpaceX desarrolla como un sistema completamente reutilizable, está concebido para regresar a tierra después de cada misión y volver a despegar poco después. «No se trata simplemente de volar más a menudo. Hay que volar con tanta frecuencia que algo tan impresionante como el lanzamiento de un cohete pueda llegar a parecer algo rutinario», explicó Shotwell. Aunque inmediatamente matizó, entre risas: «Aunque los lanzamientos de cohetes nunca son rutinarios».
La compañía ya tiene una base en Boca Chica (Texas) y varios complejos en construcción en Florida para hacer frente a los «miles» de lanzamientos que previstos para los próximos años
La compañía ya tiene una plataforma de Starship operativa en su actual Starbase de Boca Chica, en Texas (que, de hecho, ya tiene estatus de ciudad), otra en construcción y varios complejos en desarrollo en Florida. Pero, según Shotwell, las misiones que SpaceX tiene por delante requieren una escala completamente distinta. «Necesitamos más. Y queremos hacerlo aquí», afirmó.
Miles de lanzamientos para la Luna, Marte y la IA
El corazón del proyecto seguirá siendo Starship, el megacohete de dos etapas totalmente reutilizable que aún se encuentra en periodo de pruebas y que, de hecho, acumula importantes retrasos (por ejemplo, aún no ha conseguido dar una vuelta a la órbita terrestre y acabar con una explosión o en llamas es uno de los finales habituales de los test, de los que ya se han realizado una docena). «Dentro de unos pocos años, Starship permitirá que los estadounidenses regresen a la superficie de la Luna», señaló Shotwell, en referencia al Programa Artemis de la NASA, que se ha propuesto el regreso de personas a nuestro satélite en 2028.
Pero este no es el único proyecto en el que SpaceX colabora con la agencia espacial estadounidense. La compañía de Musk es su principal contratista, y utiliza sus Falcon para enviar tanto carga como tripulación a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). SpaceX cuenta, además, con su propia nave, la Crew Dragon, con la que también realiza viajes espaciales no solo con las principales agencias espaciales, sino también con empresas privadas. La Luna es el siguiente gran paso, aunque Musk siempre ha apuntado su ambición hacia Marte, su obsesión en la última década. «Me gustaría morir en Marte, pero no estrellándome«, explicó al periodista Ashlee Vance para su libro ‘Elon Musk, el empresario que anticipa el futuro’ (Ed. Península, 2016). »Lo ideal sería ir de visita, volver a la Tierra por un tiempo y, después, regresar allí cuando tenga unos setenta años y quedarme definitivamente».

Pero el gigantesco puerto espacial de Luisiana no estará dedicado únicamente a las misiones tripuladas. Uno de sus principales clientes potenciales será la propia SpaceX. La nave Starship está llamada a convertirse en la pieza clave para desplegar las próximas generaciones de satélites Starlink, la constelación de internet de la compañía y que pretende poner en órbita entre 30.000 y 40.000 sondas más. Shotwell aseguró que el cohete permitirá llevar al espacio más satélites y ofrecer conexiones más rápidas y fiables en cualquier punto del planeta.
Aparte de los vuelos tripulados a la Luna y Marte, el objetivo de las nuevas instalaciones es dar apoyo a los lanzamientos de la constelación de satélites Starlink
También se desgranó más información sobre un nuevo proyecto todavía más ambicioso y del que apenas aún se han dado algunas pinceladas: llevar los procesadores para alimentar los sistemas de inteligencia artificial al espacio. La compañía pretende utilizar Starship para desplegar enormes cantidades de satélites dedicados a la supercomputación, aprovechando los recursos disponibles fuera de la Tierra. «A medida que la inteligencia artificial siga avanzando, podrá aprovechar los recursos ilimitados que existen fuera del planeta», explicó Shotwell.
La suma de todos estos objetivos explica la obsesión de SpaceX por aumentar la cadencia de lanzamientos. El nuevo puerto espacial se diseña desde el principio para soportar «miles» de despegues anuales.
Un puerto espacial entre marismas
El emplazamiento elegido tampoco es casual. Starbase Louisiana se levantará en Pecan Island, en la parroquia de Vermilion, sobre una enorme extensión de humedales costeros. El lugar ofrece acceso al Golfo de México, gas natural y espacio suficiente para desarrollar una infraestructura de una escala extraordinaria.
Precisamente el entorno es uno de los puntos más delicados del proyecto. Shotwell quiso adelantarse a las críticas y dedicó buena parte de su intervención a explicar cómo SpaceX pretende compatibilizar los lanzamientos con la conservación de los humedales.
La compañía asegura que no construirá sobre toda la superficie adquirida, sino únicamente sobre el suelo necesario para las operaciones. El resto, según Shotwell, se mantendrá como hábitat para aves y fauna silvestre y continuará permitiendo actividades tradicionales de la zona, como la caza, la pesca, la observación de aves y la navegación. «No queremos que esta tierra simplemente sobreviva gracias a nuestra presencia. Queremos que prospere», aseguró. Y Shotwell lo dejó claro al terminar su intervención: «Estamos aquí para quedarnos».
Fuente: ABC








