En 2002, la diplomacia tuvo un plazo, la soberanía una línea roja y las Fuerzas Armadas estuvieron preparadas para actuar. Veinticuatro años después, la crisis de Ceuta muestra una respuesta muy distinta: refuerzos tardíos, cautela frente a Marruecos y unos límites que el Gobierno todavía no ha marcado con la misma claridad.
Han pasado 24 años desde que España respondió a la ocupación marroquí del islote de Perejil con una operación militar que comenzó a prepararse desde el primer momento y que se ejecutó apenas seis días después.
Era julio de 2002. El Gobierno de José María Aznar agotó primero la vía diplomática, pero, mientras negociaba con Marruecos, ya tenía al Ejército preparando planes de contingencia por si era necesario actuar.
Hoy, la crisis de Ceuta plantea un escenario muy distinto.
La entrada masiva de más de 70.000 personas los días 30 y 31 de julio, con evidentes consecuencias humanitarias y de seguridad, todavía siguen condicionando la vida de la ciudad más de un mes después.
Son dos crisis diferentes, pero es inevitable comparar la respuesta que se dio entonces y cómo se está gestionando la crisis ahora.
Y, la comparación entre ambas, pone de manifiesto unos hechos difíciles de obviar: los tiempos, la anticipación y la contundencia con la que el Estado preparó su respuesta en 2002 para mostrar firmeza ante Marruecos… frente a la dudosa gestión que se está aplicando ahora en la ciudad autónoma.
Perejil: planes militares desde la misma tarde de la ocupación
El 11 de julio de 2002, un grupo de gendarmes marroquíes ocupó el islote de Perejil. España reclamó inmediatamente su retirada. Y, mientras los responsables políticos intentaban resolver la crisis por la vía diplomática, el Ejército ya trabajaba con otro escenario.
El propio Ejército de Tierra lo explicó pocos días después en el número 78 de su boletín ‘Tierra’, publicado el 26 de julio de 2002. El entonces jefe de la División de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, general Vega, relató que «la misma tarde en que el islote fue ocupado» el jefe del Estado Mayor del Ejército ordenó preparar planes de contingencia para poder responder con rapidez si la situación lo exigía.
A partir de ese momento se activó el Centro de Operaciones del Estado Mayor del Ejército de Tierra y comenzaron los trabajos para definir el concepto de la operación, que debía coordinarse además con el Estado Mayor Conjunto y con los otros dos Ejércitos.
«La operación se planeó sin garantías de que se iba a ejecutar»
No existía todavía una decisión política de intervenir militarmente.
De hecho, el general Vega explicaba algo especialmente significativo: «La operación se planeó sin garantías de que se iba a ejecutar».
Es decir, mientras la diplomacia seguía intentando desbloquear la crisis, las Fuerzas Armadas trabajaban ya sobre el peor escenario para evitar que una eventual decisión política encontrara al Estado sin capacidad de reacción.

«Rapidez, sorpresa y limpieza»: las características de la operación
El criterio operativo también estaba definido.
«Rapidez, sorpresa y limpieza», resumía Vega al explicar las características que debía tener la operación.
La rapidez era necesaria para impedir que la ocupación se consolidara; la sorpresa buscaba reducir la capacidad de reacción de las fuerzas marroquíes y la llamada «limpieza» perseguía que la intervención se desarrollara sin bajas.
El mando reconocía que existía tensión, pero también confianza en el planeamiento realizado.
«Había tensión, aunque teníamos confianza en que la operación iba a salir bien», explicaba en aquella entrevista publicada por el propio Ejército.
La secuencia de los hechos fue la siguiente: el 11 de julio un grupo de gendarmes marroquíes ocupó la isla Perejil. Agotada la vía diplomática, el Gobierno decidió intervenir militarmente. Al amanecer del día 17, una unidad de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra izó la Bandera de España en el islote. Y el 22 de julio se restableció el statu quo anterior a la ocupación.
‘Romeo-Sierra’: una operación conjunta de Tierra, Armada y Ejército del Aire
La recuperación de Perejil se ejecutó mediante la operación ‘Romeo-Sierra’ (Recuperación del Statu o de la Soberanía) una acción en la que participaron medios de los Ejércitos de Tierra y Aire y la Armada, y que había sido preparada durante los días anteriores para poder activarse en cuanto el Gobierno diese la orden.
La madrugada del 17 de julio, una vez agotada la vía diplomática, comenzó el despliegue. La fuerza encargada de llegar hasta Perejil estaba formada principalmente por militares del Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra, a los que se incorporaron efectivos de Infantería de Marina de la Armada.
Los miembros de Operaciones Especiales fueron trasladados hasta el islote en helicópteros Cougar de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). El propio Ejército recuerda la recuperación de Perejil como una de las operaciones «más breves y a la vez más intensas» protagonizadas por las FAMET.
Mientras se desarrollaba el asalto, la Armada desplegó sus buques en aguas próximas al Estrecho, Ceuta y Melilla, con la misión de controlar el espacio marítimo y estar preparada ante una eventual reacción de Marruecos.
El Ejército del Aire completaba el dispositivo desde el aire. Durante los días previos ya había empleado aeronaves de reconocimiento y patrulla marítima para obtener información sobre la posición marroquí en Perejil. Y, cuando se puso en marcha la operación, cazas F-18 y Mirage F-1 despegaron para proporcionar cobertura aérea y responder si Marruecos intentaba intervenir militarmente.
Poco después de las seis de la mañana, los helicópteros alcanzaron Perejil. Los militares españoles tomaron el islote sin que se produjeran bajas y los seis soldados marroquíes que permanecían allí fueron detenidos y trasladados posteriormente a Ceuta.
Cumplido el objetivo, una unidad de La Legión relevó a las fuerzas que habían ejecutado el asalto y permaneció temporalmente en Perejil para impedir una nueva ocupación mientras continuaban las negociaciones con Marruecos. Una publicación oficial del Ministerio de Defensa cifraba ese destacamento posterior en 75 legionarios.
La operación había conseguido exactamente lo que había planteado el general Vega: rapidez, sorpresa y ausencia de bajas. Y había puesto en práctica, además, una utilización coordinada de las capacidades de las Fuerzas Armadas: Operaciones Especiales para recuperar el terreno, helicópteros para proyectar la fuerza, la Armada para controlar el espacio marítimo y el Ejército del Aire para garantizar la cobertura aérea.
De la contundencia de Perejil a una respuesta sin límites claros en Ceuta
Por tanto, y ateniéndonos a los datos que hay sobre la mesa, es evidente que la forma de afrontar ambas crisis ha sido muy diferente.
En 2002, el Gobierno dio a las Fuerzas Armadas una orden clara: prepararse desde el primer momento para actuar si fracasaba la vía diplomática. Seis días después, España recuperó el islote.
En la actual crisis de Ceuta, los refuerzos militares tardaron en llegar, pese a que desde el Ejército se habían solicitado desde los primeros días (y no sólo para Ceuta).
También ha cambiado la actitud frente a Marruecos. Entonces, el Ejecutivo marcó un límite y actuó cuando consideró agotada la negociación. Ahora, después de que más de 70.000 personas cruzaran desde territorio marroquí, Pedro Sánchez sigue evitando responsabilizar a Rabat y mantiene el relato de una “crisis migratoria”.
Son escenarios distintos, pero la comparación deja una diferencia difícil de obviar: en Perejil hubo anticipación, una misión clara para las Fuerzas Armadas y voluntad de marcar un límite a Marruecos.
En Ceuta, los refuerzos llegaron tarde y el Gobierno sigue optando por la cautela frente a Rabat, sin trasladar hasta ahora unos límites políticos tan claros como los que España marcó en 2002, cuando la diplomacia tuvo un plazo, la soberanía una línea roja y el Estado estuvo preparado para actuar en cuanto esa línea fue traspasada.
Fuente: estrelladigital








