El correo de Abelardo de la Espriella aparece en la dark web: el rastro conduce a doce teléfonos

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Menos de un mes después de su toma de posesión, fuentes de alta credibilidad especializadas en ciberseguridad han confirmado a Estrella Digital que una dirección personal del presidente de Colombia figura en compilaciones de datos filtrados. El cruce técnico de ese correo conduce a una docena de referencias telefónicas y a una cuenta de Google

Menos de un mes después de que Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia de Colombia el 7 de agosto, una dirección de correo personal vinculada a su identidad aparece en compilaciones de datos robados que circulan por la dark web. No hay constancia de que sus cuentas hayan sido atacadas ni de que los sistemas del Estado colombiano hayan sufrido una intrusión.

La dirección coincide con el correo de contacto asociado al perfil público de Instagram desde el que el mandatario se comunica con millones de seguidores. Según fuentes de alta credibilidad especializadas en ciberseguridad han confirmado a ESTRELLA DIGITAL, aparecen doce referencias a números de teléfono, diez con prefijo colombiano y dos estadounidenses, además de una cuenta de Google y dos nombres de usuario relacionados con la misma identidad.

El dato relevante no es cada pieza por separado, sino la posibilidad de reunirlas. Un correo conocido, varios teléfonos plausibles y unos alias reutilizados ofrecen materia prima para campañas de suplantación, intentos de recuperación de contraseñas o ataques de ingeniería social.  ESTRELLA DIGITAL alerta igual que hizo en marzo al informar de la exposición de datos personales de Benjamin Netanyahu: contar la brecha tiene interés público; reproducir los datos ampliaría el riesgo.

El rastro que deja una sola dirección

El material revisado tiene tres niveles. El primero parte del perfil de Instagram: junto al identificador interno, el nombre de usuario, la biografía y las cifras de actividad figura una dirección de Gmail utilizada como contacto. No se trata de una cuenta institucional de la Presidencia, sino de un buzón personal vinculado públicamente a De la Espriella.

El segundo nivel aparece al cruzar ese correo con bases formadas a partir de filtraciones acumuladas durante años. Esas herramientas devuelven una docena de referencias telefónicas relacionadas con la dirección. El tercer nivel conecta el mismo correo con una cuenta de Google que utiliza una fotografía del presidente y con dos alias asociados.

El resultado exige cautela. Estas bases mezclan información reciente con datos antiguos, duplicados, líneas que pudieron pertenecer a colaboradores y atribuciones incorrectas. Este periódico no ha podido confirmar que los doce números sigan activos ni que todos hayan estado bajo control directo del presidente. La comprobación sí permite afirmar que la dirección personal funciona como punto de unión entre varias capas de información expuesta.

Una fuente lo resume así: «Cuando se te filtra un correo, miras cuántas filtraciones hay con ese correo y te salen los teléfonos de contacto». La frase explica el problema sin necesidad de imaginar un ataque sofisticado: datos dispersos, reunidos en una sola búsqueda, pueden dibujar un mapa útil de la vida digital de una persona.

No es un hackeo, pero sí una superficie de ataque

La presencia del correo en estas compilaciones no demuestra que alguien haya entrado en el Gmail del mandatario, en sus redes sociales o en una plataforma oficial. Tampoco acredita que las contraseñas actuales estén expuestas. Presentar el hallazgo como un «hackeo al presidente» sería inexacto. Lo que existe es una superficie de ataque construida con datos procedentes de brechas anteriores y con información que puede enlazarse con una identidad pública.

El riesgo depende de factores que este periódico no puede conocer desde fuera: si alguno de los teléfonos continúa asociado a procesos de recuperación, si las cuentas utilizan autenticación resistente al phishing, si el correo mantiene privilegios sobre otros perfiles o si el equipo de seguridad presidencial ya ha detectado el rastro. Aun así, disponer de varios canales plausibles facilita mensajes personalizados, llamadas falsas a operadoras o intentos de engañar a miembros del entorno.

La dimensión política eleva el impacto potencial. Las cuentas personales del jefe del Estado funcionan también como canales de comunicación pública. Una suplantación, aunque durase pocos minutos, podría difundir una orden falsa, una destitución inexistente o un mensaje diplomático inventado antes de que llegara el desmentido. No consta que ese escenario se haya producido; es precisamente el tipo de riesgo que aconseja actuar antes de que ocurra.

La primera medida sería desvincular el correo expuesto de cualquier función sensible y revisar los teléfonos y direcciones utilizados para recuperar las cuentas. A ello se suman los controles habituales para perfiles de alto riesgo: llaves físicas de autenticación, alertas frente a duplicados de SIM, separación estricta entre identidades personales e institucionales y una auditoría de los alias empleados durante años.

La campaña ya sufrió una exposición masiva de datos

El hallazgo llega después de otro episodio que afectó al movimiento con el que De la Espriella alcanzó la Presidencia. Una investigación publicada el 31 de mayo por Cuestión Pública, el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, Vorágine, El Veinte y Rutas del Conflicto reveló que una base de la campaña Defensores de la Patria había quedado accesible en internet sin protección.

Aquella base contenía 1,4 millones de registros con nombres, documentos de identidad, correos, teléfonos y direcciones. La alianza periodística identificó unos 17.000 registros que corresponderían a funcionarios públicos y 224 policías en activo. También advirtió de la presencia de datos falsos o incorporados sin que la base permitiera saber con certeza quién había dado su consentimiento.

Los dos episodios no tienen el mismo origen. La filtración de la campaña afectaba a una base gestionada por la organización electoral; la exposición examinada ahora se alimenta de brechas ajenas, acumuladas en el tiempo, y se concentra en una identidad personal. No existe prueba de que ambas estén técnicamente conectadas. Sí comparten una lección: los datos que una organización deja al alcance de terceros pueden seguir circulando mucho después de que desaparezca la brecha inicial.

Colombia cuenta con normas sobre delitos informáticos y protección de datos, además de un modelo de gobernanza de seguridad digital reforzado por el Decreto 338 de 2022, que atribuye a ColCERT funciones nacionales de coordinación y respuesta. La existencia de esa estructura no elimina un problema frecuente en gobiernos y empresas: las cuentas personales de quienes ocupan puestos sensibles pueden quedar fuera de los controles aplicados a la infraestructura oficial.

La respuesta que falta de la Casa de Nariño

La exposición puede reducirse sin hacer público ningún dato. La Presidencia puede comprobar en privado qué números siguen asociados al correo, retirar los que ya no correspondan, cambiar los mecanismos de recuperación y vigilar posibles intentos de suplantación. También puede pedir a las plataformas que refuercen la protección de las cuentas del mandatario y de su equipo inmediato.

Fuente: estrelladigital

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