DESNUDA PISA CAÍDA EDUCATIVA: Retrocede México en matemáticas y lectura y apenas uno de cada 200 destaca

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El nuevo diagnóstico de la OCDE deja poco margen para el triunfalismo: cuatro de cada 10 estudiantes mexicanos no alcanzan siquiera el nivel básico en las tres áreas evaluadas. El problema no es sólo de una administración, sino de un sistema que lleva años sin lograr que sus alumnos aprendan lo indispensable.

CIUDAD DE MÉXICO, MX.- Los resultados de la prueba PISA 2025 vuelven a colocar frente al espejo al sistema educativo mexicano y el diagnóstico es difícil de maquillar: México retrocedió en matemáticas y comprensión lectora, se mantiene muy por debajo del promedio de la OCDE y prácticamente no genera estudiantes con desempeños de excelencia.

El dato más preocupante quizá no sea siquiera el lugar que ocupa México en la comparación internacional, sino la magnitud del rezago dentro del propio país: 41.8% de los estudiantes mexicanos de 15 años evaluados no alcanzó el nivel básico de competencia simultáneamente en matemáticas, lectura y ciencias. Es decir, más de cuatro de cada diez jóvenes no llegaron al mínimo esperado en ninguna de las tres áreas. En el promedio de la OCDE esa proporción fue de 19.7%.

Matemáticas, el gran agujero

En matemáticas, México obtuvo 388 puntos, siete menos que los 395 registrados en 2022 y 75 puntos por debajo del promedio de la OCDE, que fue de 463.

Más grave aún: solamente 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2, considerado el umbral básico de competencia. En otras palabras, siete de cada diez alumnos quedaron por debajo de ese nivel, mientras que en la OCDE lo alcanzó 65%.

No se trata de que los jóvenes no puedan resolver una ecuación particularmente complicada. PISA mide capacidades mucho más elementales y, al mismo tiempo, indispensables para la vida cotidiana: interpretar información, plantear un problema matemáticamente, utilizar conocimientos para resolverlo y entender si el resultado tiene sentido.

Que 70 de cada 100 estudiantes no lleguen a ese umbral debería ser suficiente para encender todas las alarmas educativas.

También se está perdiendo la capacidad de comprender

En lectura, México obtuvo 408 puntos, frente a 415 en 2022 y 461 del promedio de la OCDE.

La diferencia de 53 puntos no es menor. La prueba busca determinar si los estudiantes pueden comprender un texto, localizar y utilizar información, analizarla y reflexionar sobre ella.

Y aquí aparece una paradoja especialmente preocupante: en una época en la que los jóvenes tienen acceso prácticamente ilimitado a información mediante teléfonos, redes sociales e internet, la capacidad para comprender, analizar y discriminar esa información no parece estar mejorando.

Por el contrario, el propio informe PISA 2025 pone atención en la relación entre el uso de dispositivos digitales y el desempeño académico. La discusión, por tanto, ya no puede reducirse a si los alumnos tienen acceso a tecnología, sino a para qué la utilizan y si las escuelas están enseñándoles a pensar críticamente frente a ella.

Ciencias mejora ligeramente, pero sigue lejos

En ciencias hubo una pequeña mejoría: México pasó de 410 puntos en 2022 a 414 en 2025. Sin embargo, el promedio de la OCDE fue de 482 puntos, por lo que la distancia sigue siendo de 68 puntos. Además, la OCDE señala que el cambio mexicano en ciencias no fue estadísticamente significativo.

Es decir, tampoco aquí hay elementos para hablar de una recuperación contundente.

El dato que debería preocupar más: casi no hay alumnos sobresalientes

Si el fracaso se encuentra en la parte baja de la distribución, la otra cara de la moneda resulta igualmente preocupante.

Solamente 0.5% de los estudiantes mexicanos alcanzó los niveles 5 o 6 —los más altos— en al menos una de las tres materias. Es aproximadamente uno de cada 200 alumnos.

En el conjunto de la OCDE, esa proporción fue de 11.9%.

México enfrenta así un problema doble: tiene demasiados estudiantes que no alcanzan los conocimientos básicos y, simultáneamente, muy pocos que desarrollan capacidades de alto nivel.

Un sistema educativo que no consigue garantizar ni el piso ni el techo está formando una estructura profundamente desigual.

No todo puede atribuirse a la pandemia

Sería sencillo —y políticamente cómodo— atribuir estos resultados exclusivamente al cierre de escuelas provocado por la pandemia de COVID-19. Pero los números cuentan una historia más larga.

México ya arrastraba una tendencia negativa antes de 2020. De acuerdo con los datos de PISA, entre 2012 y 2025 la puntuación mexicana en matemáticas pasó de 413 a 388 puntos y en lectura de 424 a 408.

Por ello, el resultado de 2025 no puede explicarse únicamente por la pandemia. Hay un problema estructural que atraviesa gobiernos, reformas educativas y generaciones de estudiantes.

Y aquí es donde el debate político se vuelve inevitable.

La Nueva Escuela Mexicana llega a su primera gran prueba

Los resultados también representan un duro examen para la política educativa de la llamada Cuarta Transformación.

Durante estos años se desmontó buena parte del esquema de evaluación estandarizada nacional y se impulsó la Nueva Escuela Mexicana, un modelo que ha puesto mayor énfasis en la comunidad, la inclusión y los procesos formativos que en la lógica tradicional de medición.

El propio secretario de Educación Pública, Mario Delgado, había cuestionado la utilidad de PISA y sostuvo en 2025 que las pruebas estandarizadas internacionales no eran suficientes para evaluar la realidad educativa mexicana.

El problema es que descalificar el termómetro no desaparece la fiebre.

PISA podrá tener limitaciones y no puede ser el único instrumento para juzgar un sistema educativo. Pero ofrece una referencia internacional comparable y, sobre todo, permite observar si los jóvenes están adquiriendo competencias fundamentales.

Y el diagnóstico actual es contundente.

Un resultado que tampoco debe utilizarse de manera simplista

Hay que reconocer un elemento importante señalado por la OCDE: México ha ampliado la incorporación de jóvenes de sectores históricamente marginados al sistema educativo. Esa mayor cobertura puede influir negativamente en los promedios, porque ahora son evaluados jóvenes que anteriormente tenían menos posibilidades de permanecer en la escuela.

Pero esta explicación no puede convertirse en coartada.

La inclusión educativa y la calidad educativa no deberían ser objetivos contrapuestos. El desafío precisamente consiste en conseguir que más jóvenes ingresen, permanezcan y aprendan.

Además, las desigualdades económicas siguen reflejándose en el aula. En México, los estudiantes con mejores condiciones socioeconómicas superaron por 68 puntos en ciencias a los de menores recursos.

El fracaso no pertenece a un solo gobierno

Hay una conclusión incómoda que conviene plantear: convertir PISA en un arma partidista sería tan fácil como inútil.

El retroceso mexicano es producto de años de decisiones educativas insuficientes, cambios constantes de modelo, desigualdad social, deficiencias escolares, problemas de formación docente, pérdida de hábitos de lectura y una política de evaluación que ha sido intermitente.

Pero eso tampoco exime al gobierno actual.

La administración de Claudia Sheinbaum y la Secretaría de Educación Pública tienen ahora la responsabilidad de demostrar que la Nueva Escuela Mexicana puede traducirse en algo más que un discurso sobre transformación, inclusión y justicia social: debe conseguir que los estudiantes aprendan matemáticas, comprendan lo que leen, sepan interpretar información científica y puedan resolver problemas.

Las becas ayudan a que un estudiante permanezca en la escuela. Las mejoras de infraestructura son necesarias. La inclusión es indispensable. Pero ninguna de esas políticas sustituye el aprendizaje.

PISA 2025 deja precisamente esa pregunta sobre la mesa: ¿de qué sirve tener más jóvenes dentro de las aulas si una parte considerable sale de ellas sin dominar las competencias básicas?

México no necesita esconder el resultado ni pelearse con el mensajero. Necesita asumirlo como lo que es: una radiografía incómoda de un sistema educativo que lleva demasiado tiempo prometiendo transformaciones mientras sus alumnos siguen rezagándose.

Fuente: NC

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