La contaminación generada por el tráfico y las actividades industriales podría representar un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades de la vista.
Madrid.- Las personas que viven en zonas con mayores niveles de contaminación del aire tienen más probabilidades de desarrollar glaucoma y cataratas, según un amplio estudio presentado por expertos del Hospital y Centro de Investigación Oftalmológica Rey Khaled, de Arabia Saudita, durante el 44º Congreso de la Sociedad Europea de Cirujanos de Cataratas y Cirugía Refractiva (ESCRS), celebrado en Londres, Reino Unido.
Actualmente existen pruebas contundentes de que la exposición al aire contaminado es perjudicial para el corazón y los pulmones. Se sabe mucho menos sobre los efectos de la contaminación del aire en los ojos, a pesar de que están directamente expuestos. Los investigadores afirmaron que sus hallazgos refuerzan la necesidad de establecer normas más estrictas sobre la calidad del aire y adoptar medidas para reducir la contaminación.
«Sabemos desde hace años que la contaminación del aire daña los pulmones y el corazón, pero sus efectos en los ojos se han estudiado mucho menos y la evidencia existente era dispersa y poco concluyente», señaló Ahmed Alnabihi, del Hospital y Centro de Investigación Oftalmológica Rey Khaled, en Riad, Arabia Saudita.
«A diario vemos pacientes que pierden la visión debido a afecciones como el glaucoma y las cataratas. Estas enfermedades se etiquetan como ‘relacionadas con la edad’, como si el envejecimiento fuera el único culpable, pero siempre me ha parecido una explicación incompleta. Si algún factor ambiental acelera estas afecciones, eso cambia nuestra perspectiva y sugiere que podríamos tomar medidas para reducir los riesgos».
El estudio consiste en una revisión sistemática y un metaanálisis, lo que significa que los investigadores recopilaron los estudios existentes en este campo y agruparon sus datos. El análisis incluyó 41 estudios observacionales independientes, basados en información de millones de personas de Asia Oriental y Reino Unido, así como algunas de las bases de datos sobre salud ocular más grandes del mundo.

Los investigadores analizaron los niveles de varios tipos de contaminantes del aire: partículas suspendidas (PM2.5 y PM10), dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono y monóxido de carbono. Posteriormente, compararon estos niveles con el número de personas diagnosticadas con glaucoma, cataratas o degeneración macular asociada con la edad.
Los resultados mostraron que cuanto mayores son los niveles de partículas finas (PM2.5), mayor es el riesgo de desarrollar glaucoma. Las personas que viven en las zonas más contaminadas tienen hasta 70 por ciento más probabilidades de padecer esta enfermedad en comparación con quienes habitan en las áreas menos afectadas.
Asimismo, quienes residen en lugares con mayor contaminación enfrentan un riesgo más elevado de desarrollar cataratas: a mayor exposición, mayor riesgo.
«El hallazgo más claro se observó en relación con las partículas finas: las diminutas partículas presentes en el humo, los gases de escape de los vehículos y la contaminación industrial, lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en el organismo. Por cada aumento significativo en la exposición a la contaminación, el riesgo de glaucoma se incrementó en torno a un ocho por ciento y el de cataratas en torno a un cuatro por ciento. La evidencia sobre la degeneración macular asociada a la edad fue menos consistente, aunque algunas investigaciones respaldaron una relación. Otros contaminantes, como el dióxido de nitrógeno y el ozono, mostraron asociaciones más débiles o mixtas», aseguró el doctor Alnabihi.
Se cree que las partículas finas causan inflamación y estrés oxidativo en el cuerpo. Tras años de exposición, estos efectos pueden dañar el nervio óptico, lo que resulta relevante para el glaucoma, o el cristalino, relacionado con las cataratas. A diferencia de la mayoría de los demás órganos, el ojo está directamente expuesto al ambiente.

La superficie ocular —la película lagrimal, la conjuntiva y la córnea— no cuenta con una barrera que la separe del aire exterior. Esto hace que la plausibilidad biológica en este caso sea mayor que en otros órganos.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de establecer estándares más estrictos de calidad del aire y adoptar medidas para reducir la contaminación, como la creación de espacios verdes y la disminución del tráfico en las ciudades.
Todas las políticas importantes de aire limpio se han justificado principalmente en función de la salud cardiovascular y pulmonar. Nuestro estudio añade un nuevo sistema orgánico a este debate.
Los responsables políticos que necesitan justificar la inversión en el control de emisiones ahora cuentan con una razón más, basada en la evidencia, para hacerlo, y es una razón que afecta a nuestra visión, un sentido que la gente teme perder.
Los investigadores afirmaron que es necesario continuar trabajando en este ámbito, incluidos estudios sobre la salud ocular en regiones con altos niveles de contaminación.

Fuente: sinembargo








