Las presiones económicas son uno de los principales factores por los que las mujeres en México están postergando o eliminando la maternidad en sus trayectorias de vida, pero no van solas. La individualidad como un proyecto en sí, la búsqueda de una pareja que comparta de manera equitativa la carga de cuidados y la falta de un sistema público que permita conciliar la vida profesional con la familiar, se suman como limitantes, de acuerdo con diversas investigaciones.
Hace casi un mes, la Encuesta Intercensal 2025 soltó una serie de datos que muestran cómo la población mexicana está envejeciendo más rápido de lo previsto y su reemplazo no llega a la misma velocidad. En un lustro, la tasa global de fecundidad cayó de 1.9 a 1.2 niños nacidos por mujer “en etapa reproductiva”, un símil a lo que pasa en Japón, Italia y Grecia; y lejos del 2.1 “ideal”. Con ello la pirámide de población en México no es más un triángulo, sino una especie de mantecada donde los adultos tienen un mayor peso.
Desde finales de 2024, el Fondo de Población de las Naciones Unidas preguntó en México y 13 países más –tanto a hombres como a mujeres– qué factores determinan sus decisiones para no procrear o tener menos hijos a los que hubieran deseado. Destacó sobre todos las restricciones económicas, con 35 por ciento; seguidas por las limitaciones en la vivienda, 23 por ciento; el desempleo o la precariedad laboral con 21 por ciento y opciones de cuidado insuficientes o de poca calidad con 14 por ciento.
También destacan la inquietud por la situación política o social, con un 21 por ciento, por el cambio climático un 14 por ciento, y la ausencia de una pareja adecuada, 16 por ciento. El resto, con menor peso son factores de salud, cambios de parecer y la propia convivencia con el compañero o compañera actual.
En entrevista con La Jornada, investigadoras explican no sólo los efectos que la caída en la fecundidad puede tener en la economía y en la estructura fiscal –sobre todo en los sistemas de cuidados y salud para una población envejecida– sino en cómo el mayor acceso a educación y empleos ha modificado la trayectoria de vida de las mujeres mexicanas y con ello la maternidad ya no es destino u obligación sino sólo una posibilidad.
Claro, con el apunte de que la mayoría de estos estudios y sondeos se realizan desde la Ciudad de México, donde la agenda de derechos reproductivos hizo cimientos legales desde 2007.
Paula Martes Camargo, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coautora de un estudio cualitativo realizado con población de la Ciudad de México, explica que la estabilidad laboral y las condiciones de vivienda destacan como los factores por los que las mujeres en el país, y particularmente en la capital, dicen postergar la maternidad o simplemente no llevarla a cabo.
Primero está “la incertidumbre en un sentido más económico”, explica la investigadora. “¿Qué estabilidad tengo dentro del mercado laboral, en qué condiciones estoy viviendo (…) tengo una vivienda digna, tengo una vivienda propia, tengo una vivienda lo suficientemente grande para albergar a una familia más grande?”, son algunas de las cuestiones que rondan las decisiones de maternar.
Sin embargo, no sólo los factores económicos juegan, subraya Martes Camargo. Al consultar a mujeres que tienen bajo cierto control el tema de ingresos, así como el acceso a un empleo, también pesa “la autorrealización” en su proyecto de vida, y el tener una pareja con la que las tareas del hogar y de cuidados se repartan por igual.
“Si bien se valora tener una pareja para la procreación, la falta de apoyo económico y de cuidado infantil por parte del hombre desincentiva la maternidad (…) también se percibe como una fuente potencial de desigualdad y conflicto debido a los persistentes desequilibrios de género”, señala el estudio de Nathaly Llanes, Víctor García y Martes Camargo.
Esta preocupación por los desequilibrios de género no se queda en recelo por parte de las mujeres. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones Domésticas 2021, también levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, mostró que cuatro de cada diez mujeres sufrieron violencia de pareja a lo largo de sus relaciones, y 20 por ciento reportó que las agresiones se habían registrado en el último año.
A ello se suma todo el debate del cuidado, refiere la investigadora de la UNAM. En el estudio realizado con mujeres de la Ciudad de México, algunos de los planteamientos fueron: “¿qué tipo de cuidado voy a poder ofrecer a mi futuro hijo o hija con una jornada laboral bastante extensa?; o, no tengo las condiciones laborales y financieras lo suficientemente fortalecidas para yo acceder a servicios de cuidado”, consigna Martes Camargo.
Los siguientes son algunos de los testimonios que La Jornada recogió aparte, también entre mujeres de la Ciudad de México:
“La maternidad no existe en mi proyecto de vida. No quiero tener hijos, no me gustan los niños más allá de dos o tres horas. Los veo, son simpáticos y todo, pero vivir con uno, no”.
Ana Martínez.
“En mi plan de vida sí está ser mamá. Es algo que deseo desde que soy consciente de que puedo tomar la decisión de serlo o no serlo. Creo que quiero experimentar ese amor tan profundo que dicen que es ser mamá, que va de la mano con aprender junto al bebé, acompañarlo, cuidarlo (…) Contrario a lo que se piensa, no creo que un bebé paralice tu vida, sino al contrario, la impulsa un poco más. Sin embargo, hay algunas cosas que me hacen replantearme si estoy preparada para ser mamá. Entre ellas lo costosa que es la vida últimamente; y de aquí para siempre. Además de la situación social, ambiental y política que está pasando no sólo en México sino en todo el mundo”.
Fernanda Murillo.
“Para mí la maternidad es una decisión que implica muchísimo amor, pero también renuncias. Y el factor económico creo que de hecho es lo que menos me mueve. No porque tenga mucho dinero o algo por el estilo; creo que hay malos momentos financieros y siempre se sale adelante. Más bien, aún no sé si el algo que quiero vivir, porque la maternidad para mí ni es destino ni deber, es una posibilidad”.
Nancy Rodríguez.
Triple jornada sin apoyo institucional
Justo esta incertidumbre sobre el respaldo institucional en el cuidado es un debate creciente, ante la mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral. En la actual administración se creó el Anexo 31. Consolidación de una Sociedad de Cuidados, pero además de nacer sin programas específicos para atender a infancias o adultos mayores, más allá de transferencias monetarias, se propone reducir en 1.2 por ciento sus recursos para 2027.
Judith Méndez, directora ejecutiva del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), agrega que justo la falta de un sistema de cuidados hace que las mujeres tengan doble o triple carga laboral porque además de estar en el mercado de trabajo con una ocupación o dos, en ellas recae el 80 por ciento de las labores domésticas no remuneradas y la crianza de las infancias.
De acuerdo con estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, publicado en noviembre del año pasado, la carga de trabajo doméstico no remunerado reduce a la mitad las posibilidades de movilidad social en las mujeres.
A la par, Méndez explicó que esta especie de “cup cake” en la que se ha convertido la pirámide poblacional del país exhibe las presiones que se vienen el gasto público. “Está mostrando que habrá muchas personas en la parte de los adultos y adultos mayores y cada vez menos niños (…) tal vez se necesite menos inversión en educación o en vacunación infantil, pero se necesita capacitar a la población de adultos y adultos mayores que probablemente tendrán que cambiar de ocupación”, explicó.
Sobre todo se viene una bola de nieve en salud. Actualmente el gasto público en este rubro es de alrededor de 3 por ciento del producto interno bruto (PIB), la mitad de lo recomendado por organismos internacionales. Esta población requerirá atención médica, lo que evidencia que se “está subestimando el envejecimiento de la población”, explica la economista.
También el cambio en cómo se construyen los hogares, afectará también a la estructura fiscal, señaló la directora ejecutiva del CIEP. “Desde una afectación en el impuesto sobre la renta (ISR) porque vas a tener una menor población en edad de trabajar frente a una población más dependiente, y ahí es donde vienen también las pensiones y se complica el escenario”, advirtió.
En este punto, Martes Camargo subrayó que, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en 2037 se igualará la proporción de la población menor a 15 años y la mayor 60 años lo que virará la tasa de dependencia en el país.
“Eso va a conllevar un cambio de cómo se entiende la provisión de cuidados y de servicio; así como de infraestructura para una población que cuyo perfil de dependencia va a ser más asociada a las necesidades que tengan los adultos mayores”, señaló.
Fuente: lajornada








