José A. Luengo, psicólogo: «Es una locura perder el tiempo pensando cuándo abrirán los colegios porque no depende de las familias»

El experto ofrece una serie de claves sobre cómo afrontar la desescalada en un momento en el que muchos progenitores tienen que volver a la oficina, la conciliación se hace de rogar y las incógnitas siguen minando la moral de padres y madres

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Las familias españolas no lo están teniendo nada fácil. El coronavirus ha hecho volar por los aires la conciliación mientras los colegios sigan cerrados. Porque el actual teletrabajo no está siendo una solución. Como muy bien ha dicho Jose Luis Casero, presidente de Arhoe, « lo que estamos haciendo ahora no es ni teletrabajar ni conciliar». « Estamos llevando a cabo un extenuante ejercicio de multitarea», opina por su parte Rita Alonso, fundadora de Dommuss, una aplicación pensada para organizarse en familia y conciliar.

La realidad está desbordando por completo a padres y madres que, ahora con la desescalada, tienen que ir afrontando nuevas y desconocidas situaciones. Y una de las que más estrés genera es la vuelta a la oficina: mientras que uno de los progenitores vuelve a su puesto de trabajo, el otro se queda en casa teletrabajando y atiendo a los niños a la vez. Y a medio plazo están los colegios: la incógnita sobre cómo y cuándo se reanudarán las clases mina la moral de todos los progenitores. De todo ello hablamos con Jose Antonio Luengo, psicólogo educativo y de la salud.

El confinamiento generó mucho estrés y ansiedad en las familias. Pero ahora con la desescalada se está generando un nuevo escenario también muy complicado. ¿Se generan también esos sentimientos u otros nuevos?

Todo lo que estamos viviendo está generando ciertos impactos: miedos, ansiedad, estrés, preocupación…. Durante el confinamiento, la situación se ha mantenido estable en cuanto a las condiciones que se nos pedían pero ha ido generando agotamiento y cansancio, la incertidumbre ha ido creciendo y todo ello nos va afectando, provocando que tengamos cada vez más sensación de inseguridad, miedos o desasosiego. Por tanto, lo que estamos viviendo ahora es el resultado, para lo bueno y para lo malo, de una carrera de fondo que cada uno ha ido afrontando con los medios que tenía. Los que los psicólogos estamos viendo ahora es fruto de un cansancio acumulado ante una situación desconocida y que va a generar muchos inconvenientes emocionales.

Así que aún queda un largo camino por recorrer

Lo que sabemos es que estamos desescalando pero no sabemos si los niños van a volver los colegios, que si los progenitores van a tener que volver a la actividad presencial… Todo ello genera nuevas incertidumbres pero muy lastradas por una mochila muy pesada de cansancio, agotamiento y miedo. No es lo mismo que estén los dos en casa a que uno se quede al cuidado prácticamente de todo. La irritabilidad, la falta de paciencia, el cansancio, la apatía… aparecen pero no por el momento exacto de ahora sino fruto de lo que hemos ido viviendo.

Resulta complicado ver algo de esperanza ¿no? Y más cuando están siendo las madres las que se están quedando en casa al cuidado de todo.

A lo que nos enfrentamos ahora hay que verlo como algo mejor y positivo de lo que hemos vivido. Hemos de intentar verlo así, no como un paso hacia atrás.«Los que los psicólogos estamos viendo ahora es fruto de un cansancio acumulado ante una situación desconocida y que va a generar muchos inconvenientes emocionales»

¿Cómo verlo de forma positiva?

En situaciones de cambio, los psicólogos siempre aconsejamos hacer una triada: pensamiento, emociones y actos o comportamientos.

¿Qué debemos hacer con los pensamientos?

Tenemos que saber qué pensar, tanto con nosotros mismos como con el resto de miembros de la familia, y analizar qué ideas tenemos que incorporar a nuestros pensamientos para provocar una visión no positiva, pero sí optimista y realista. Hay que organizarse en casa para hacerlo de la mejor manera posible, bajar los niveles de autoexigencia, etc. Es bueno repasar y revisar lo que hemos vivido y fijarse objetivos a corto plazo, día a día, sencillos. Lo importante no es lo que lo que nos pasa sino qué hacemos con lo que nos pasa. Cuando el pensamiento es optimista, las emociones se tornan favorables y uno responde mejor. He de puntualizar que detrás del pensamiento positivo siempre está la idea de que hay que verlo todo como tal, y no es así, sino ver las cosas con perspectiva, pensando «lo voy a superar».

¿Y ello repercute a su vez en los actos?

Sí, cuando los pensamientos y las emociones van en esa línea, se es más eficiente. Uno sabe cuando parar, cómo planificarse, ser flexible con tus tiempos y el de tus hijos, que es muy importante en estos momentos..

Imagino que este plan habría que ponerlo en marcha con antelación, ¿no?

Sí, lo bueno que tiene hacerlo con anterioridad es que nos preparada desde la perspectiva de la construcción, no de la destrucción. A veces nos vienen problemas a la mente que tenemos que echar y atraer ideas positivas y optimistas sobre cómo resolverlos. Hay quien dice, «cuando llegue el problema ya me enfrentaré» y creo que es un error.

De hecho, muchas familias han optado por esa vía de cara a septiembre

Así como es bueno plantearse qué va a pasar la semana que viene porque «mi pareja se va a trabajar ya a la oficina», pensar en qué va a ocurrir dentro de unos meses con algo que «no depende de mi», es una locura. Lo que va a ocurrir en una semana dentro de casa y en nuestra vida, sí podemos analizarlo. Pero lo que ocurra con los colegios, no, cuya reapertura depende de aspectos que no contemplamos en estos momentos.

Por tanto, no hay que perder el tiempo con esa cuestión porque no vamos a encontrar respuesta. No depende de la familia. Dedicar tiempo a pensar en el colegio es un error que genera una preocupación vacía, a diferencia de lo que sí sucede.«Lo que va a ocurrir en una semana dentro de mi casa y en mi vida, sí podemos analizarlo. Pero lo que ocurra con los colegios, no, cuya reapertura depende de aspectos que no contemplamos en estos momentos»

Pero tampoco depende de uno mismo el hecho de tener que volver a la oficina y hay que enfrentarse a ello

Claro. El teletrabajo está suponiendo un agobio para los padres y madres. Conciliar no va a ser solo poder teletrabajar sino teletrabajar con suficiente flexibilidad porque tienes que atender a los hijos porque el sistema no lo está haciendo. En este sentido, considero que tiene que haber una exigencia social a los empleadores para que entiendan que el trabajador tiene que cumplir con los planificado, hará sus tareas, etc. pero también tiene que darle la posibilidad de establecer límites razonables para poder conciliar. El teletrabajo tiene que garantizar esa flexibilidad para que la autoexigencia razonable del teletrabajador no le haga enfermar, un riesgo que está muy alto en este momento de cansancio psicológico terrible. Si no se hace, estaremos habilitando nuevos riesgos en nuestra salud mental.«El teletrabajo tiene que garantizar esa flexibilidad para que la autoexigencia razonable del teletrabajador no le haga enfermar, un riesgo que está muy alto en este momento de cansancio psicológico terrible»

¿Afrontan de diferente manera todo esto los padres y las madres? Me refiero por diferencias de sexo

Es una cuestión que que está muy en debate. Las diferencias en cómo interpretamos las cosas, cómo leemos las respuestas del dolor y sufrimiento, lo ideal es que no hubiera diferencias. Lo importante no es la visión del género que puede desarrollar. Yo creo que ambos estamos capacitados para intentar interpretar lo positivo que tiene la lectura de los retos, dificultades… En mi opinión, más que la visión de género, depende más bien de la propia configuración del individuo. Es decir, de su capacidad para leer la realidad, para responder y sobre todo de su inteligencia emocional o capacidad para leer las cosas de una manera no solo racional, sino emocional. Quienes tengan esa competencia más desarrollada, lo tendrán más fácil.

Fuente: ABC

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