FMI: recetas letales

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En la declaración final de su evaluación periódica de la economía mexicana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció que el país mantiene una senda de consolidación fiscal (control de la deuda pública). Además, previó que el ritmo de crecimiento económico se acelere, aunque seguirá limitado por la incertidumbre externa. Sin embargo, también señaló la necesidad de mayores esfuerzos para fortalecer las finanzas públicas y colocar la deuda en una trayectoria descendente, por lo que hizo una serie de recomendaciones, entre las cuales destacan una mayor focalización de programas sociales, eliminación progresiva de subsidios a los combustibles, estimular la inversión privada para elevar el crecimiento potencial, y reducir la “incertidumbre” y las cargas regulatorias.

Si bien las evaluaciones a la evolución económica son obligadas para todos los Estados miembros del FMI, el organismo debería ser más prudente al prescribir recetas y recordar el historial de catástrofes que ha dejado por donde pasa. El ejemplo argentino ilustra a la perfección lo que ocurre cuando un país hace tratos con el Fondo: en 2018, el FMI prestó 57 mil millones de dólares al gobierno de Mauricio Macri, quien los canalizó a una fuga masiva de capitales por parte de la oligarquía a la que él mismo pertenece. En 2021, un informe del organismo reconoció que el programa de 2018 fracasó en todos sus objetivos centrales, pues no restauró la confianza del mercado, no redujo la carga de la deuda soberana, no disminuyó la inflación y falló rotundamente en proteger a los sectores más vulnerables. Pese a ello, en 2024 entregó otros 20 mil millones de dólares a la administración de Javier Milei, pese a que el partido de Macri forma parte de ella y a que el actual ministro de Economía, Luis Caputo, ocupó la cartera de Finanzas y la presidencia del Banco Central durante el macrismo.

Decir que las fórmulas del FMI son letales para las poblaciones que las padecen no es un recurso retórico. Además de las muertes causadas por los recortes en salud y pensiones allí donde se aplican sus condiciones, en Corea del Sur el organismo provocó un aumento súbito de los suicidios. Hubo padres que dejaron a sus hijos en orfanatos para después quitarse la vida, durante una crisis que todavía se recuerda como “los suicidios del FMI”. En Ecuador, el régimen de Lenín Moreno (2017-2021) ocasionó decenas de muertes en la represión desatada para imponer a sangre y fuego las exigencias del organismo.

Los países nunca se recuperan después de caer en las garras de la tecnocracia neoliberal. En Corea del Sur, los empleos de por vida desaparecieron para siempre, y la desigualdad jamás volvió a los niveles previos a la intervención. En Argentina, 25 por ciento de la población se encontraba bajo la línea de pobreza antes del acuerdo con Macri, 40 por ciento vivía en esa condición en 2023, y la mitad del país ya era pobre en el primer año de aplicación de la motosierra de Milei, a quien el FMI no para de elogiar por poner a los dueños de grandes capitales por encima de cualquier consideración. Bajo este fundamentalismo neoliberal, el poder adquisitivo de la clase trabajadora se ha evaporado, la informalidad laboral se ha convertido en refugio ante la destrucción de la industria y el comercio, los recursos naturales se han rematado libres de impuestos, y la otrora clase media suma deudas para pagar alimentos y servicios básicos.

Es preciso entender que los efectos nocivos de los programas de ajuste del FMI no son un daño colateral ni inesperado; por el contrario, están en el corazón de su diseño: el propósito del organismo no es y nunca ha sido el bienestar de las mayorías, sino garantizar a los acreedores de los países el cobro completo del capital y los intereses, sin importar lo abusivos que sean los términos de los créditos ni la irresponsabilidad de los prestamistas. Por ello, sus recomendaciones no pueden ser tomadas como consejos de buena fe basados en el conocimiento y en la imparcialidad de los datos, sino que han de recibirse como lo que son: intentos de orientar las políticas públicas a favor del sector financiero global y del gran empresariado a fin de profundizar el neoliberalismo, es decir, la transferencia de recursos desde abajo hacia arriba.

Fuente: lajornada

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