«Habría que preguntarse ¿qué tanto está extendida la violencia y la cultura homicida en nuestra sociedad?».
¿De dónde viene tanta violencia? ¿cuánta enloquecida furia debe de tener alguien para asesinar a una familia entera, matar a sangre fría a dos mujeres, una de ella embarazada, la otra empleada doméstica, a una niña de tres años, y a su padre en su propia casa y hasta su mascota? La noticia es escalofriante, querido lector. El músico Jonathan Meléndez, tecladista de la banda Camilo Séptimo, fue asesinado junto con su familia por un socio y “amigo” en su casa en Atizapán.
Según refieren las investigaciones de las autoridades, el asesino llegó a su departamento y debido a que lo conocían aprovechó para entrar, maniatar a sus habitantes y masacrar a todos. Sólo sobrevivió de la familia el hijo de siete años que se escondió debajo de una cama y se encontraba en otro cuarto.
El presunto asesino, un empresario argentino, fue posteriormente detenido por la policía, junto con su chofer. La policía pudo seguirlos a través de cámaras de seguridad, detenerlos y entregarlos a la justicia, afortunadamente.
Este horror recuerda al terrible multihomicidio que se cometió en la colonia Narvarte, hace poco más de una década con una pulsión asesina total y que no ha sido esclarecido del todo.
Aunque este caso se ha resuelto muy rápidamente, y parece que no ha caído en la espiral de la impunidad, no deja de asombrar. Y no porque este país no conozca la peor violencia homicida, que vaya que la conocemos. Sino precisamente porque este caso no parece estar relacionado con drogas o “delincuencia organizada”, al menos como la conocemos. Lo cual es muy inquietante, querido lector, porque indica que los niveles de descomposición en que vivimos son verdaderamente terribles. Y es que matar, en México, es algo que se volvió ordinario, por desgracia. Los asesinos, mexicanos o extranjeros, creen que pueden cometer las peores atrocidades y salirse con la suya. Aunque, como decía, en esta ocasión las autoridades actuaron de manera pronta y expedita lo que nos ha posibilitado conocer, al menos parcialmente, cómo se cometió el multihomicidio y quién lo cometió lo que ciertamente es una anomalía entre tanta impunidad, una anomalía que da cierto alivio y esperanza en que las autoridades pueden hacer bien su trabajo.
Sin embargo, habría que preguntarse ¿qué tanto está extendida la violencia y la cultura homicida en nuestra sociedad? Tras décadas de padecer la violencia más atroz ¿se ha convertido en algo mucho más extendido donde cualquiera puede ejercerla? ¿pertenece a la misma violencia que calcina y descompone cuerpos o a otro tipo de violencia? Y si es así ¿de dónde viene ese nivel de deshumanización?
A mí me horroriza, querido lector, pensar que alguien puede asesinar a toda una familia por un pleito de dinero, por ejemplo. ¿Qué pasa por la cabeza de esos seres desalmados para maniatar a una niña de tres años, a una mujer embarazada, a un perro y matarlos? ¿Por qué asesinar a una empleada también?
Le confieso que me declaro totalmente incapaz de entender ese abismo de crueldad criminal. No sé exactamente cómo alguien puede cometer esa atrocidad “por un pleito”. Esa atrocidad planeada y llevada a cabo con total frialdad contra toda una familia. No sé si el odio explique ese fenómeno o qué podría echar luz sobre esa densa oscuridad. Afortunadamente, las instituciones judiciales se encargarán de juzgar el crimen y el asesino tendrá que pagar con el tiempo que le queda de vida la atrocidad que cometió. Claro, eso no borra la enorme tragedia que sufrió la familia, sus seres queridos y amigos. El hijo que ha quedado huérfano y ha perdido a todo su mundo por la mano de un homicida desalmado.
Esto me lleva a otro punto, querido lector. Si la policía pudo detener a este criminal ¿por qué no han podido esclarecer tantos casos de personas desaparecidas o asesinadas? ¿Por qué no sabemos qué les ocurrió a tantos otros que sencillamente no aparecen, parece que se los tragó la tierra sin que la policía haya podido hacer nada en semanas, meses, años?
Yo quisiera preguntarle a Omar García Harfuch ¿qué le ocurrió a Kimberly Moya, la estudiante raptada en Naucalpan? ¿dónde está? y ¿dónde está Ana Ameli García, estudiante de la UNAM que desapareció en el Ajusco hace más de un año? ¿por qué nadie ha podido encontrarlas ni decir qué les ocurrió? ¿y los responsables quiénes son y por qué no han sido presentados ante la justicia?
Hay que hacer estas preguntas, querido lector. Por supuesto, uno agradece y celebra que un crimen como el que sufrió el músico Jonathan Meléndez y su familia sea rápidamente atendido y los responsables llevados ante la justicia. Lo que una no puede celebrar es que detrás haya miles de casos ante los cuales no hay súper policía que responda, sino un silencio tan atroz y ominoso como el que dejó a su paso el multihomicida en Atizapán cuando asesinó a toda una familia.
Fuente:lajornada








