Parecen confirmar que la estrategia está cambiando. Ya no se trata solamente de detener personas. Se trata de desmantelar el ecosistema criminal
Durante muchos años pensamos que ganar la batalla contra el crimen organizado era capturar a un capo. Cada detención se anunciaba como un golpe definitivo. Sin embargo, una y otra vez vimos la misma historia: alguien ocupaba su lugar y la organización seguía operando.
Por eso el anuncio del Departamento de Justicia de Estados Unidos merece verse con otros ojos. Las acusaciones contra cinco presuntos líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación y las recompensas millonarias que las acompañan hablan de algo mucho más importante que una lista de objetivos.
Parecen confirmar que la estrategia está cambiando. Ya no se trata solamente de detener personas. Se trata de desmantelar el ecosistema criminal.
¿Y qué significa eso? Entender que un grupo delictivo no es sólo quien aparece en los encabezados. También son quienes lavan el dinero, consiguen las armas, financian la operación, protegen a sus integrantes o les permiten seguir funcionando. Mientras esa red permanezca intacta, siempre habrá alguien dispuesto a ocupar el lugar del líder que cayó.
Por eso una acusación penal vale mucho más de lo que parece. Detrás de ella hay años de investigación, intercambio de información entre agencias, inteligencia financiera, seguimiento de comunicaciones y cooperación internacional. Todo ese trabajo tiene un propósito: construir un caso que pueda sostenerse ante un juez.
Y ahí está la diferencia.
Un operativo puede terminar en unas horas. Un expediente sólido puede perseguir durante años a personas, empresas, bienes, cuentas bancarias y redes completas de colaboración. En ocasiones, para una organización criminal resulta más preocupante estar sentada frente a una corte que frente a un operativo.
Las recompensas también deben entenderse de otra manera. No sólo buscan localizar a un delincuente. Buscan generar inteligencia. Cada llamada, cada dato y cada testimonio pueden ayudar a identificar quién mueve el dinero, quién toma las decisiones, quién protege la operación y cómo funciona realmente la organización. Esa información se convierte en evidencia y la evidencia permite construir nuevos casos.
En seguridad, muchas veces la información vale más que la captura. Porque una captura puede sacar de circulación a una persona; la inteligencia puede llevar al desmantelamiento de toda una organización.
Desde luego, esa estrategia también exige corresponsabilidad. México enfrenta organizaciones criminales cada vez más sofisticadas. Estados Unidos sigue siendo el principal mercado consumidor de drogas, origen de buena parte de las armas que llegan ilegalmente a nuestro país y escenario de importantes redes de lavado de dinero. Combatir sólo un lado de la cadena nunca será suficiente.
Quizá la pregunta ya no sea cuántos capos fueron detenidos este año. La pregunta es si realmente se está debilitando la organización.
Porque detener a un capo cambia una noticia. Desmantelar un ecosistema criminal puede cambiar las reglas del juego.
Fuente: Heraldo de México








