Pachuca, Hgo. De imperdible actualidad temática, y por todo lo que revela sobre la nuez del negocio del futbol con el sello FIFA, el Museo Salón de la Fama del Futbol en México, ubicado en el conjunto Mundo Futbol, dentro de la plaza David Ben Gurión en la capital de Hidalgo, visto de fuera es un gran balón de aspecto metálico. Originalmente cubierto por multicolores banderas, pero ahora en blanco por reparaciones, consiste en una pelota monumental a la que uno se mete y escala peldaño a peldaño si desea ilustrarse de la cronología canónica del juego. Algo así como un Guggenheim de Nueva York invertido, pero estrecho y en penumbra como los museos del Virreinato.
Aunque sirve para contar la historia desde sus orígenes (1863: la primera Asociación de Futbol se fundó en la taberna Freemason de Londres, al cobijo de la ideología igualitaria de los francmasones, pero ya desde los romanos y los mayas), la misión del museo es celebrar a los dueños del balón mediante la premiación sobre seguro de las grandes estrellas nacionales e internacionales del balompié. Desde 2011 se ha distinguido a unos 200 jugadores que son parte del canon oficial. Se exhiben las listas de los investidos, sus retratos, alguna reliquia sagrada en forma de camiseta o cosas como los silbatos de plata de Brizio, González Archundia, Yamasaki y otros árbitros memorables. Qué sería de la trivia sin los detalles.
La misión del museo es enaltecer a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y a José Jesús Martínez Patiño (Pachuca, 1957), empresario y polémico dueño del Grupo Pachuca, que incluye al equipo de ese nombre, el León (aunque recientemente lo traspasó en familia), el Real de Oviedo en España, el Talleres de Córdoba en Argentina y el Everton de Viña del Mar en Chile.
Amplio despliegue se da al Comité de Honor que entrega el premio, así que uno apenas se va dando color del museo y ya vio varias veces la cara del publicista Carlos Alazraki, que resulta que participa en los círculos de poder del futbol. Pueden irse atando los cabos. El recinto se ubica en una plaza cultural-comercial que lleva el nombre de uno de los fundadores sionistas del Estado de Israel, David Ben Gurión, primer ministro un par de veces, secretario de Defensa, fundador de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y prohombre del sionismo hasta su muerte en 1973.
El hoy Parque Cultural Hidalguense, reseteado en 2025, lo inauguró el 13 de marzo de 2005 Silvan Shalom, quien había sido viceprimer ministro del régimen de Tel Aviv. Corrían el sexenio de Felipe Calderón y el gobierno estatal priísta de Manuel Ángel Núñez Soto. Bajo el esquema privatizador frecuente con los gobiernos del PAN y el PRI, la iniciativa se compartió con la comunidad judía, su red de empresas en México y la Fundación Keren Kayemeth Leisrael, dedicada a la reforestación y el cuidado de los bosques.
Mundo Futbol, obra del arquitecto Ricardo Calderón, abrió sus puertas en 2011. Cortaron el listón los presidentes Felipe Calderón, Sebastián Piñera y Joseph Blatter (México, Chile y FIFA, respectivamente). Asumió la misión de “eternizar la trayectoria de personajes nacionales e internacionales del futbol”. Ya para entonces la dirigencia de la FIFA estaba bajo el fuego de la geopolítica y la ley. Ese mismo año, el ex vicepresidente del organismo Jack Warner, de Trinidad y Tobago, según reportaba Reuters desde Puerto Príncipe, “culpó al sionismo por las circunstancias que lo llevaron a él y al ex titular de la Confederación Asiática de Futbol Mohammed Bin Hammam a alejarse del mundo del futbol”.
En su origen, el Museo Interactivo junto al balón gigante, una buena instalación dedicada a juegos y diversiones futbolísticas, estaba ideado para Museo de Arte Contemporáneo. Su promotora, Eva Beloglovsky, comerciante de las artes plásticas y viuda del creador de la idea, el gran pintor hidalguense Byron Gálvez (Mixquiahuala, 1941-2009) vinculó el proyecto a la comunidad judía. Al no concretarse el proyecto plástico, y con la inconformidad de Beloglovsky, se reorientó la misión del inmueble por la vía directa de la FIFA. Se dice incluso que es el único museo de dicha federación en el mundo.
De acuerdo con el medio independiente La Silla Rota, construir el recinto costó casi 64 millones de pesos del erario, pero el gobierno del estado de Hidalgo lo obsequió al Club de Futbol Pachuca en condiciones de opacidad. “El gobernador Miguel Ángel Osorio Chong (2005-2011) lo cedió bajo el argumento de que el edificio se encontraba en el abandono desde 2004” y era “inadecuado” para exponer obras plásticas. “La versión fue desmentida por el arquitecto y diseñador conceptual del Parque Cultural Ben Gurión, Manuel Pérez Salazar, quien dijo que era una farsa: “su donación (al Club Pachuca) se debe a intereses políticos”. En octubre de 2010, “tras ser reconocida en nombre de su esposo, la viuda de Byron Gálvez pidió detener lo que ya era inevitable: convertir en museo de futbol la obra de su esposo”.
En los terrenos que el gobierno le donó, el Club Pachuca construyó la Tuzo Plaza, la Tuza Quinta, la Escuela de Futbol y el Pabellón Joseph Blatter. También está la Biblioteca Ricardo Garibay. Al centro se encuentra un bello y vasto “mural peatonal” de Byron Gálvez.
Volviendo a la exhibición, cabe decir que las salas del Salón de la Fama son mercantilistas, inorgánicas y aburridas. Rescata del vacío al visitante la escalinata en caracol cronológico, con fotografías luminosas, datos, videos históricos y objetos simpáticos como los banderines y carnés de los clubes del pasado (Zacatepec, Oro, Celaya, Tampico) y los viejos clásicos en juego todavía.
La mejor pieza, una obra museográfica más original que tanto balón que anda por ahí en museos y galerías, son un par de muelas auténticas de puma. En una vitrina bien montada aparecen sendos molares de Enrique Borja y Hugo Sánchez, ambos extraídos por el jugador puma, luego entrenador y siempre dentista Javier Mejía Barón. Y sus retratos.
Por lo demás, es un mausoleo a los “hombres de pantalón largo” y sus productos favoritos. Entre todos sabemos la trivia histórica e inútil, aquí condicionada por el poder económico y político.
Fuente: LA JORNADA








