Los Amodio, dos discretos hermanos a la caza de OHL

Los empresarios mexicanos son propietarios de la constructora Caabsa, impulsora de desarrollos de lujo en Ciudad de México

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Los hermanos mexicanos Luis y Mauricio Amodio prefieren evitar los focos. No salen en las listas de Forbes ni en las revistas del corazón a las que parte de la élite mexicana es asidua. Tampoco se dejan ver en los congresos y foros donde empresarios y autoridades se codean para estrechar lazos. Pero los días de discreción pueden estar contados. Los hermanos, especializados en desarrollos de lujo en la capital, acaban de dar un paso al frente al anunciar una oferta para tomar el control de OHL, una de las mayores constructoras españolas.

Caabsa, propiedad de los empresarios mexicanos, adquiriría entre un 31% y un 35% de las acciones de OHL, poseedora de una cartera que supera los 5.500 millones de dólares. Si la oferta prospera, estos hermanos se pueden convertir en los principales accionistas y desbancar así a Juan Miguel Villar Mir, cuyo control de la constructora ha quedado tocado tras una hilera de problemas financieros que han situado a la empresa al borde de la quiebra. La oferta está sujeta a que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) les permita la compra sin lanzar una opa.

La maniobra es el punto culminante de la carrera empresarial de estos dos ingenieros civiles, formados en universidades privadas de la capital mexicana. En 1979 fundaron Caabsa, el germen de un conglomerado dedicado a la construcción y a la administración inmobiliaria que engloba a 19 empresas y 10 sociedades patrimoniales y que se considera a sí mismo un “referente obligado en la infraestructura nacional”. Los hermanos se reparten los papeles; el primero es presidente del Grupo y el segundo, director de desarrollo.

Son el rostro desconocido tras algunos de los espacios más emblemáticos del lujo capitalino. Fueron pioneros en el desarrollo urbanístico del barrio de Santa Fe de Ciudad de México. Allí aterrizaron a principios de los años 90, justo cuando el Gobierno decidió convertir este antiguo basurero en un Wall Street ultramoderno. Entre las joyas de cemento que desarrollaron y ahora administran está el Centro Comercial Santa Fe, terminado en 1993 y considerado el mayor del país. Tiene pista de hielo, medio millón de metros cuadrados y 500 espacios comerciales.

El consultor Luis Medina, de Softec, ve en la entrada en OHL un intento de los Amodio por “expandir y diversificar” sus productos. “Su especialidad no es la infraestructura pública”, dice. Aunque el corazón del negocio continúa siendo el ladrillo, los hermanos ya han probado suerte en el comercio minorista con las franquicias de La Martina, una marca argentina de ropa deportiva que tiene como logo a dos jugadores de polo, y Just Juicy, una cadena de tiendas de jugos.

Pese a la expansión, Caabsa es un actor que pasa desapercibido incluso dentro del sector. Un ranking de las 100 mayores constructoras del país, elaborado por el Centro de Estudios Económicos del Sector de la Construcción (CEESCO) con datos de 2017, muestra a OHL en cabeza con ventas superiores a los 1.200 millones de dólares (1.100 millones de euros). La empresa de los Amodio, en cambio, no figura. “Tienen muchas filiales, lo que dificulta cuantificar el tamaño”, explica el analista José Antonio Hernández Balbuena, de CEESCO. “Es su estrategia de negocio; no dejarse ver y enseñar sus cartas en el momento oportuno”. Este periódico solicitó sin éxito una entrevista con la cúpula de Caabsa. “Son muy reservados”, se excusan desde el Grupo.

Pero el perfil bajo de los hermanos y sus negocios —el grupo no tiene un departamento de comunicación externa—, ha sufrido grietas por su participación en la fallida obra del tren de alta velocidad entre Ciudad de México y la ciudad de Toluca. Un consorcio encabezado por Caabsa ganó la adjudicación de un tramo de 17 kilómetros. Este proyecto del anterior Gobierno de Enrique Peña Nieto ha arrastrado retrasos y sobrecostes —de los casi 2.000 millones de dólares presupuestados a los aproximadamente 4.800 millones previstos— hasta el punto de que la actual Administración canceló en agosto pasado el contrato y anunció que se haría cargo de las obras.

Esa no fue la única vez en que los hermanos pujaron por jugosos contratos de obra pública durante el Gobierno de Peña Nieto (2012-2018). La empresa también concursó para construir la segunda pista del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, proyecto que fue finalmente desechado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018.

La fusión con OHL, con presencia en una docena de países —el 43% de su negocio de construcción está en Estados Unidos, frente al 36% en Europa—, será previsiblemente el primer gran salto internacional de los hermanos. Aunque Luis Amodio ya figura como administrador de un holding en el registro mercantil de Madrid desde 2010, el grupo todavía se define como “100% mexicano”.

Fuente: elpaís

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