Aliados inconformes

0
58

Los migrantes cubanos y venezolanos se sentían seguros en Estados Unidos, incluso los indocumentados. Por más de medio siglo los cubanos fueron los privilegiados del continente, en cuanto a tener la condición de refugiado asegurada. Luego los venezolanos, también se sintieron acogidos en Miami, especialmente los más adinerados, que llegaron a comprar casas y a invertir sus ahorros por miedo al llamado socialismo del siglo XXI.

Era casi una norma que los aliados de Washington en cualquier conflicto que afectara sus intereses fueran acogidos como refugiados, para vivir del sueño americano. Así les pasó a los japoneses, coreanos, vietnamitas, sirios, ucranios y demás ciudadanos del mundo que optaran por apoyar al imperio.

Pero esa regla ya no aplica. Llegó Mr. Donald Trump y ni siquiera los canadienses se libran. La frontera más larga y segura de Estados Unidos, la de Canadá, descansaba sobre la base de un acuerdo no firmado de absoluta confianza. No pasa lo mismo con México, donde los estadunidenses tienen sus bases militares más importantes en la frontera: Texas, Nuevo México y California. 

Ahora que todo es posible, hasta lo impensable, les llegó la amenaza de la migra a los cubanos y venezolanos, que se sentían protegidos de manera muy particular. Los “hispanos” del estado de Florida, que le dieron el triunfo a Trump, ahora han empezado a dudar y a compartir su miedo con peruanos, ecuatorianos y demás latinoamericanos. 

No se trata de un caso o dos, ya son cientos y miles de afectados. Ahora la migra deporta a los cubanos y venezolanos a países, como la República Centroafricana o Sudán del Sur. Una opción mucho peor que volver a La Habana o a Caracas. No es algo menor, es una política de deportación despiadada que nunca hubieran imaginado, más aún al considerarse “aliados” de Estados Unidos y republicanos de corazón. Ya ni siquiera Marco Rubio los puede proteger. 

Peor aún, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, se ha distinguido por sus políticas antimigratorias en un estado donde fueron los latinoamericanos los que convirtieron a Miami en una gran ciudad, que sólo era conocida por su clima cálido y una playa con vetustos hoteles de la época del Art Déco, que ahora son reconocidos como patrimonio nacional. 

Miami, como centro financiero internacional, se debe a las centenas de grandes capitales latinoamericanos que durante décadas arribaron a sus costas. La industria inmobiliaria debe gran parte de su éxito a los miles de compradores latinoamericanos de casas y departamentos. Miami es el centro de la industria musical en español, donde muchos de los grandes artistas tienen sus residencias; es también un centro de comunicaciones televisivas en español muy importante y que compite directamente con Los Ángeles. Miami es el punto de referencia para todos los sudamericanos, que no para los mexicanos, que tienen como punto de referencia a Los Ángeles o Houston. 

El agua les ha llegado a los pies a los cubanos, que ya no se protegen por la política de pies secos y pies mojados que se gestó precisamente en México, cuando Bill Clinton llamó a Carlos Salinas de Gortari para que intermediara con Fidel Castro y llegaran a un acuerdo sobre el problema de los balseros. En efecto, Salinas llamó a su “amigo” Gabo –García Márquez– quien hizo el contacto con Fidel y se iniciaron las negociaciones. 

Paradójicamente, esta intermediación afectó seriamente a México porque la ruta directa a los Cayos de la Florida se redirigió hacia Yucatán y desde ahí empezaron a transitar migrantes hasta la frontera, y la cruzaban alegando que tenían “los pies secos” y tenían derecho a refugio. De manera concomitante llegó a México la mafia cubana de traficantes que financiaba y organizaba muchas veces el traslado. 

El agua le ha llegado también a los políticos republicanos, como a María Elvira Salazar, que ha empezado a poner distancia con Trump y con MAGA porque puede perder su escaño. La representante Salazar es un ave rara en ese medio; hace un tiempo propuso una reforma migratoria, que obviamente no tuvo ningún respaldo. Pero ella ha hecho y hace campaña, con el tema migratorio, pero a la inversa de Trump y del gobernador DeSantis. 

La población “hispana”, que no latina, en la Florida es de cerca de 7 millones y destacan cubanos, portorriqueños, venezolanos, mexicanos, peruanos, y muchos otros. En el condado de Miami-Dade, 70 por ciento son de origen hispano. No es fácil, pero el voto hispano podría cambiar, cuando les afecta directa o indirectamente. 

Así pasó en Arizona después de que se promulgara la ley SB 1070, que perseguía a los latinos por “portación de cara”, que no por documentos. En Texas también hay indicios de las preferencias electorales puedan cambiar, sobre todo cuando un senador como Tex Cruz afirma que su misión principal es defender los intereses del estado de Israel, que lo subvenciona y no solucionar las necesidades de los ciudadanos de Texas, que le dan los votos. 

Veremos qué pasa en un par de meses con las elecciones de medio término. 

Fuente: lajornada

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here